Don Quijote y Sancho Panza en «El amor hace milagros» de Pedro Benito Gómez Labrador

Comenzaré por el retrato de don Quijote y Sancho, aunque la importancia de ambos personajes en la comedia es bastante circunstancial, y de hecho solo intervienen en la tercera jornada[1]. Don Quijote, como no podía ser de otra manera, queda caracterizado lingüísticamente por su fabla arcaizante, y en lo que respecta a su carácter, por su locura, su monomanía caballeresca y su amor a Dulcinea. Sí tiene importancia en el desenlace, al sancionar la boda de Basilio y Quiteria. Cuando Camacho afirma que lo sucedido constituye una traición, replicará:

DON QUIJOTE.- No es traición lo que decís
nin debe ser castigada,
que en el amor y en la guerra
son lícitamente usadas
todas aquellas astucias
que el sutil ingenio traza,
conque es sandez conocida
el querer tomar venganza;
así, quien tomalla quiera
cuenta de luego se haga
que antes habrá de pasar
por la punta de esta lanza (vv. 1827-1838).

DonQuijote_Enojado

Respecto a Sancho, tampoco tiene una presencia destacada. Interviene, sí, para ponderar lo excelso de las bodas y la abundancia de los manjares preparados (como en la novela, su espíritu pragmático le hace atenerse a la espuma de las ollas de Camacho, no a los amores de Basilio). Lo que ocurre, en realidad, es que en esta comedia su papel protagonista viene a ser usurpado, valga decirlo así, por Ginesillo, el criado de Basilio, que desempeña la función de gracioso: podría afirmarse que hay una sanchificación de Ginesillo, lo mismo que cierta quijotización de Basilio. ¿A qué me refiero con ello? No es solo que el esquema de la relación amo-escudero que se mantiene entre don Quijote y Sancho en el Quijote se traslade en la obra teatral a Basilio y Ginesillo, sino que además hay algunos episodios en esta pieza aplicados a —o protagonizados por— Basilio y Ginesillo que son trasunto de otros que en la novela cervantina correspondían al caballero andante y su escudero. Veamos un par de ejemplos muy claros. El primero es cuando Basilio le manda a Ginesillo con una carta suya para que la entregue a Quiteria; le pide que observe atentamente la reacción de la muchacha para que luego se la pueda contar, igual que sucede en el Quijote con la embajada sanchopancesca al Toboso:

BASILIO.- La carta tómala, y ve,
cuando llegues a entregarla,
cómo se queda aquel ángel,
si grave o sobresaltada;
de todos sus movimientos
me has de dar noticia exacta,
porque de ello he de sacar
lo que ella oculta en el alma.

GINESILLO.- De todo daré noticia
sin que se me escape nada.

BASILIO.- Si como dices lo hicieses,
no será mala la paga (vv. 433-444).

En otro momento, Basilio reprocha a Ginesillo su locuacidad y su gusto por los refranes y las frases hechas, como hace don Quijote con Sancho en distintos pasajes de la novela cervantina:

BASILIO.- Ensarta, hablador maldito,
mentecato y majadero,
ensarta, digo, sentencias
traídas por los cabellos (vv. 959-962)[2].


[1] Pedro Benito Gómez Labrador, El amor hace milagros. Comedia nueva, tomada del capítulo veinte del Libro II de la historia de don Quijote de la Mancha, Salamanca, en la imprenta de la viuda de Nicolás Villargordo, 1784. Las referencias a los versos remiten a la edición que estoy preparando en la actualidad.

[2] Remito para más detalles a Carlos Mata Induráin, «“¿Por qué me has tirado, Amor, / todo el metal de tu aljaba?”: el episodio de las bodas de Camacho en El amor hace milagros (1784), de José Benito Gómez Labrador», eHumanista/Cervantes, 1, 2012, pp. 103-119.

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