El soneto de Lope de Vega «Por labios de coral la blanca aurora»

De la serie de sonetos de los Triunfos divinos con otras rimas sacras de Lope de Vega dedicados a la moralidad de la rosa, añadamos hoy el que comienza «Por labios de coral la blanca aurora». En este caso, son los trece primeros versos los que describen los efectos que causa el paso del tiempo (solo un día: desde el alba hasta la noche, pasando por el mediodía: ver los vv. 1-2, 6 y 9) en la belleza de la rosa. El sujeto lírico la contempla primero en todo su esplendor, para descubrirla, al cabo de unas horas marchita y agostada. Y el último verso funciona a modo de epifonema que resume la moralidad del caso: «¡oh, belleza mortal, fímera breve!».

Rosa marchita

Por labios de coral la blanca aurora
pronósticos del sol introducía,
cuando la rosa, que a su luz se abría,
en hojas de rubí perlas colora.

Sentada en esmeraldas granos dora,
coronel de carmín al mediodía,
púrpura enciende y vana desafía
cuantas lluvioso abril le debe a Flora.

Volví a la noche y vi que el nácar puro,
los pirámides verdes mal doblados,
quebró la copa en que el aljófar bebe,

y que, plegado el pabellón escuro,
ocultaba los átomos dorados:
¡oh, belleza mortal, fímera breve![1]

 


[1] Tomo el texto de la Colección de obras sueltas, así en prosa como en verso, de D. Frey Lope Félix de Vega Carpio, del hábito de San Juan, tomo XIII, Madrid, en la imprenta de don Antonio de Sancha, 1777, p. 93.

El soneto de Lope de Vega «Cortada en un cristal, en agua pura»

Otro soneto lopesco que desarrolla el mismo tópico de la brevedad de la rosa, perteneciente a esa serie de los Triunfos divinos con otras rimas sacras (1625),  es el que comienza «Cortada en un cristal, en agua pura». Tanto la estructura (cuartetos / tercetos) como las imágenes y el léxico, e igualmente la enseñanza moral que se desprende, son muy similares a lo que encontrábamos en el soneto de la entrada anterior; el texto es una variación lírica sobre el mismo tema tópico: la «pompa vana» de la rosa, en el agua corrompida del vaso, muestra bien a las claras «el fin que tiene la belleza humana» (v. 14).

Vaso con rosas marchitas, de Josep Carretero Gomis

Cortada en un cristal, en agua pura
tenía el verde pie rosa encarnada,
y aun presumía, con estar cortada,
en fe de ajeno humor firme hermosura.

Mas desmayose, cuando más segura,
y cayendo en su margen desmayada,
ofendió con el agua inficionada:
así el deleite de los ojos dura.

¡En qué breves espacios interrompe
de su beldad la juventud lozana
quien, como flores, edificios rompe!

Mostrando, ¡oh, rosa!, de tu pompa vana
el agua, que en el vidrio se corrompe,
el fin que tiene la belleza humana[1].

 


[1] Tomo el texto de la Colección de obras sueltas, así en prosa como en verso, de D. Frey Lope Félix de Vega Carpio, del hábito de San Juan, tomo XIII, Madrid, en la imprenta de don Antonio de Sancha, 1777, p. 96.

El soneto de Lope de Vega «Doncella en los pimpollos de abril nace»

En los Triunfos divinos con otras rimas sacras (en Madrid, por la viuda de Alonso Martín, a costa de Alonso Pérez, mercader de libros, 1625) Lope incluye una serie de doce sonetos que desarrollan el tópico de la brevedad de la rosa (relacionado con otros cercanos, dentro de esta temática del desengaño barroco, como el «Collige, uirgo, rosas» o el «Carpe diem»), que encontraremos repetido también en otros autores y textos del Siglo de Oro[1]. La rosa, reina de las flores, se marchita pronto, siendo así ejemplo de la fugacidad de la belleza, de la caducidad de todas las cosas humanas.

En cuanto a la estructura de este soneto, se sigue una construcción habitual, en la que los dos cuartetos presentan un suceso concreto (en este caso, lo que sucede con la rosa en el transcurso de un solo día) en tanto que los tercetos elevan ese hecho particular a categoría general; es decir, los seis últimos versos explicitan el sentido moral de la enseñanza, a saber, el necesario desengaño de todo lo mundano, ya que «todo el bien mortal es pompa vana, / y cuanto nace sol fenece sombra» (vv. 12-14).

Rosa marchita

Doncella en los pimpollos de abril nace
la fresca rosa de su vida incierta,
y en su casa de aljófares cubierta
de cinco trenzas verdes muros hace.

La abeja aguarda, y de otras flores pace
hasta que ve los granos de oro abierta;
declina el día, y en los brazos muerta
del encendido sol, marchita yace.

Así comienza la belleza humana,
que nuestro loco error deleite nombra,
y a la verde sucede la edad cana;

mas ver su breve fin ¿de qué me asombra,
si todo el bien mortal es pompa vana
y cuanto nace sol fenece en sombra?[2].


[1] Una aproximación general al tema puede verse en el estudio, ya antiguo, de Blanca González de Escandón, Los temas del «Carpe-diem» y la brevedad de la rosa en la poesía española, Barcelona, Universidad de Barcelona, 1938.
[2] Tomo el texto de la Colección de obras sueltas, así en prosa como en verso, de D. Frey Lope Félix de Vega Carpio, del hábito de San Juan, tomo XIII, Madrid, en la imprenta de don Antonio de Sancha, 1777, p. 97.

 

Motivos y símbolos de la literatura barroca del desengaño

El desengaño propio del Barroco se reflejará en la literatura por medio del tratamiento de determinados temas, con reiteración de una serie de motivos y símbolos heredados del Renacimiento y aun de la Edad Media. Por ejemplo, tendrá una importancia enorme el retrato de la fugacidad de la belleza. Dado que en el Barroco predomina este sentimiento de crisis y desengaño que estamos describiendo, será habitual el tratamiento preferente de temas como la fugacidad de la vida, la presencia inexorable de la muerte, el paso irremisible del tiempo, la vanidad de pompas y honores y, en fin, la inestabilidad de todas las cosas. El existir humano se concibe como un camino hacia la muerte. La vida es sueño, apariencia, fugacidad. Por la misma razón, habrá una gran floración de temas religiosos y morales. Símbolos repetidos en este tipo de literatura serán: las flores que se marchitan, los árboles caídos, las cenizas, las mariposas, el fuego, la llama, la espuma, el humo, los relojes, etc.

Vanitas, de Jan Vermeulen

Se aprovechan además los topoi o lugares comunes clásicos (de la Edad Media y el Renacimiento), pero intensificados ahora con nuevas perspectivas barrocas:

1) El Carpe diem o el Collige, virgo, rosas, relacionados con los temas del amor y belleza, pero cargados ahora del sentimiento de la fugacidad de la vida. Cobra gran vigencia el tema de la brevedad de la rosa, repetido hasta la saciedad (y por ello dará lugar a versiones paródicas).

2) El Beatus ille, unido al motivo de la aurea mediocritas, es otro de los temas favoritos del Barroco, muy apto para expresar ese desengaño Se asocia también al tema del menosprecio de corte y alabanza de aldea.

3) El Ubi sunt?, el Tempus fugit y el Memento mori, ligados al tema de la muerte: se subraya la fugacidad de la vida, lo que fue y ya no es.