Personajes del «Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha» de Francisco de Ávila: Sancho Panza

En el entremés de Francisco de Ávila[1], Sancho Panza es el escudero juicioso, pragmático, que ve la realidad tal cual es (la venta como venta), y advierte a su amo de los peligros que les amenazan. Se caracteriza por su buen apetito y sus ganas de dormir «a placer como los pícaros» (v. 198). Continuamente recuerda las fatigas, palizas y penalidades (naufragios había dicho don Quijote en el v. 56) que ha sufrido por servir a su amo, por ejemplo:

SANCHO.- Lo que podré decir es que anteanoche
me dieron, por detrás, cuatro bien dados
porque quise volver por tu persona (vv. 66-68).

Un motivo recurrente es el hambre padecida estando al servicio de don Quijote:

SANCHO.- Decidle a Dulcinea del Toboso
que estamos pereciendo de hambre entrambos;
que nos envíe algunas zarandajas,
que tenemos las tripas hechas rajas (vv. 141-144).

Luego insistirá en que «nos morimos / ambos a dos de hambre» (vv. 283-284). Por supuesto, las ganas de comer van unidas a las de sestear:

SANCHO.- Yo quiero echarme
y dormir a placer como los pícaros,
que no quiero estar hecho un estafermo,
que si no como y duermo estoy enfermo (vv. 197-200).

Con distintas quejas y lamentos verbaliza su esperanza de que no caigan sobre él males mayores:

SANCHO.- ¡Plegue a Dios que después no lo lloremos
en algún hospital, cuando tengamos
abiertas por ventura las cabezas! (vv. 73-75).

SANCHO.- ¡Plegue a Dios que con estas aventuras
no quedemos los dos después a escuras! (vv. 126-127).

SANCHO.- ¡Plegue a Dios que algún día no me vea,
por tu temeridad y tu locura,
metido en una sarta de galeotes,
rapadita la barba y los bigotes! (vv. 272-275).

No podía faltar tampoco la nota de cobardía, en una reprensión de don Quijote: «De presto te acobardas, Sancho Panza» (v. 62). Y aunque apenas usa refranes (solo uno) y no comete prevaricaciones idiomáticas, Sancho es, como en el Quijote, un escudero gracioso y hablador:

VENTERO.- Vuestro paje, señor, es muy satírico.

DON QUIJOTE.- Tiene donaire en cuanto dice y habla.

SANCHO.- Y si callo, no soy más que una tabla (vv. 292-294).

sanchopanza

Por cierto, ese endecasílabo «Tiene donaire en cuanto dice y habla» es una magnífica fórmula para caracterizar al Sancho Panza cervantino. En conjunto, los dos protagonistas, amo y escudero, sufren en el entremés una constante degradación resultado de la abrasión paródica a que se ven sometidos: para el apicarado ventero, quienes llegan a la venta «dos pícaros son desarrapados» (v. 28); la acotación los presenta indicando que «salen a lo pícaro» y «lo más ridículo que ser pudiere» (acot. tras v. 30); el ventero comenta que son «linda gente» (v. 79, en sentido figurativo y negativo), y los saluda llamándolos «bribones»:

VENTERO.- Vengan muy noramala los bribones.

SANCHO.- De presto nos han dicho lo que somos (vv. 91-92);

y, en definitiva, muy bien podrían servir como bufones para entretenimiento regio, según sugiere este diálogo:

VENTERO.- ¿Qué os parece, señora, desta gente?

MUJER.- Que el rey puede gustar de sus donaires (vv. 128-129)[2].


[1] Citaré por la edición de Carlos Mata Induráin, «Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha», en Ignacio Arellano (ed.), Leyendo el «Quijote». IV Centenario de la publicación de «Don Quijote de la Mancha», número monográfico de Príncipe de Viana, año LXVI, núm. 236, septiembre-diciembre 2005, pp. 935-945, con algún ligero retoque. Las citas del Quijote serán por: Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, ed. del Instituto Cervantes dirigida por Francisco Rico, Barcelona, Instituto Cervantes / Crítica, 1998, 2 vols.

[2] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «Don Quijote salta al teatro breve: el Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha, de Francisco de Ávila», en Germán Vega García-Luengos y Rafael González Cañal (eds.), Locos, figurones y quijotes en el teatro de los Siglos de Oro. Actas selectas del XII Congreso de la Asociación Internacional de Teatro Español y Novohispano de los Siglos de Oro, Almagro 15, 16 y 17 de julio de 2005, Almagro, Festival de Almagro / Universidad de Castilla-La Mancha, 2007, pp. 299-313.

El «Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha» de Francisco de Ávila: el personaje de don Quijote

Examinemos ahora los personajes que intervienen en el entremés[1] y su relación con los del modelo cervantino, comenzando en esta entrada por don Quijote.

En líneas generales, el personaje del entremés responde al patrón: es un loco que se cree caballero, consciente de su misión, y continuamente deforma la realidad, como revelan sus primeras palabras:

DON QUIJOTE.- Yo espero, Sancho Panza, en la fortuna
que tengo de salir con esta empresa,
sacando a Dulcinea del Toboso
del castillo encantado donde asiste
en poder de gigantes y leones.

SANCHO.- Primero quedaremos hechos piezas
a manos de villanos forajidos,
que siempre nos persiguen y atropellan
con chuzos, con ballestas y asadores (vv. 47-55).

Sancho es el encargado de poner de manifiesto con sus comentarios las locuras de su amo: «¡Plegue a Dios que no pagues tu locura!» (v. 88); «¡Gentil locura!» (v. 161); «Y yo pienso que entrambos quedaremos / con aquesta locura que emprendemos» (vv. 195-196); «Mejor fuera dejar esas locuras / y volvernos a casa poco a poco / antes que te persigan como a loco» (vv. 267-269), y alude después a «tu temeridad y tu locura» (v. 273); aunque también los comentarios de otros personajes la subrayan: «Si es loco, por la pena será cuerdo», dice el arriero (v. 242). Es, pues, un personaje cegado por su monomanía caballeresca: la venta es castillo, el ventero es castellano, el arriero con su caldero será un «gigante calderero»[2], la moza Marina aparecerá ante sus ojos como la infanta Dulcinea, etc.

Don Quijote

Otro motivo recurrente en su caracterización es el de la fama que espera alcanzar con sus hechos de armas: indica que desea «dejar nombre en la Mancha» (v. 76) y «levantar mi nombre en todo el mundo» (v. 125) a través de sus aventuras[3]. No se da la caracterización lingüística a través de la fabla medievalizante. En cuanto a su descripción física, sabemos que es flaco (cfr. los vv. 250-253); y que porta unas armas ridículas, que son una «lancilla y murrión de papel»: notemos, por un lado, el empleo del diminutivo lancilla (no lanza o lanzón), y por otro el hecho de que el morrión sea de papel, lo que recuerda la celada de cartón que Alonso Quijano se fabrica en I, 1. Igualmente ridículas son las armas «de esparto o de guadamací que provoquen la risa» que le trae el ventero para velarlas[4].


[1] Citaré por la edición de Carlos Mata Induráin, «Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha», en Ignacio Arellano (ed.), Leyendo el «Quijote». IV Centenario de la publicación de «Don Quijote de la Mancha», número monográfico de Príncipe de Viana, año LXVI, núm. 236, septiembre-diciembre 2005, pp. 935-945, con algún ligero retoque. Las citas del Quijote serán por: Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, ed. del Instituto Cervantes dirigida por Francisco Rico, Barcelona, Instituto Cervantes / Crítica, 1998, 2 vols.

[2] Son varias las alusiones a los gigantes: Dulcinea está «en poder de gigantes y de leones» (v. 51); don Quijote saluda al ventero y la ventera como «valerosos gigantes denodados» (v. 90); cree que el arriero que le ataca es un «gigante calderero» (v. 244); tras la batalla con el arriero, comenta a Sancho «que me cercan el cuerpo mil gigantes / y me han hecho pedazos las corazas» (vv. 247-248), lo que motiva la respuesta de Sancho: «¿Qué es eso de gigantes, señor mío?» (v. 249). Don Quijote insiste: «Heme visto cercado de gigantes, / de tigres, de leones, de panteras / y puesto en gran peligro» (vv. 259-261). En cambio, no aparece el motivo de los encantadores.

[3] La palabra ventura se reitera igualmente con frecuencia: «Quiero probar, amigo, mi ventura» (v. 87); «y así vengo / a probar, como debo, mi ventura, / que espero en la fortuna y en el tiempo / que tengo de salir con esta empresa» (vv. 101-104); «¿Qué te parece, amigo Sancho Panza? / ¿No somos de ventura?» (vv. 147-148); «Después verás el fin de mis venturas» (v. 302); mientras que la palabra aventuras aparece una sola vez (v. 126); también rastreamos la presencia de hazaña («heroica hazaña», v. 124; «hazaña famosa», v. 194) y de empresa (vv. 48, 104, 185, 348).

[4] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «Don Quijote salta al teatro breve: el Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha, de Francisco de Ávila», en Germán Vega García-Luengos y Rafael González Cañal (eds.), Locos, figurones y quijotes en el teatro de los Siglos de Oro. Actas selectas del XII Congreso de la Asociación Internacional de Teatro Español y Novohispano de los Siglos de Oro, Almagro 15, 16 y 17 de julio de 2005, Almagro, Festival de Almagro / Universidad de Castilla-La Mancha, 2007, pp. 299-313.

El «Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha» de Francisco de Ávila, una adaptación libre del «Quijote»

Los críticos que se han ocupado del Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha[1] han señalado unánimemente los importantes cambios operados por el entremesista con relación al modelo cervantino. Así, Pérez Capo habla de las libertades que se tomó Ávila al llevar a escena el capítulo I, 3:

La presentación de don Quijote, «vestido a lo pícaro con una lancilla y morrión de papel»; la presencia de Sancho Panza, que no sirvió de escudero al héroe manchego hasta su segunda salida, lamentándose ya de sus trabajos, hambres y malandanzas, y hablando nada menos que de la venta de su rucio; las ridículas armas de esparto, que el mismo ventero proporciona a don Quijote para que las vele, cuando sabido es que éste veló las que había sacado de su casa y habían sido de sus bisabuelos; y para no cansar refiriendo todas las burdas extravagancias del entremés, la conversión de la moza de la venta en Dulcinea del Toboso, que se presenta como reina, acompañada de una corte de pícaros, y el grotesco acto de la recepción y besamanos con que la obrilla acaba, demuestran que el autor tuvo inventiva tan desdichada como falta de respeto a la novela de cuya popularidad se aprovechaba[2].

Y añade:

Francisco de Ávila, indudablemente, no se propuso llevar a la escena un episodio de la obra ingeniosa, regocijada y popular; lo que quiso fue hacer una parodia en el estilo chocarrero y disparatado de las comedias burlescas que entonces se escribían y pueden tenerse por precursoras de las obras que en nuestros tiempos hemos conocido formando parte del llamado género bufo[3].

Notemos que, aunque Pérez Capo apunta muy bien el contexto en que se produce el entremés (el auge de la literatura burlesca), interpreta los cambios en sentido muy negativo, hasta el punto de calificarlos de «despropósitos, incongruencias y frialdades»[4]. Muy distinta es la actitud de Luciano García Lorenzo, quien considera la pieza como «una valiosa muestra de las habituales parodias que, desde principios del XVII, se realizaron por muy diferentes escritores de comedias y entremeses»[5]. Dice así:

En esta misma línea de obras bufas y disparatadas, el Entremés de Francisco de Ávila no desmerece lo más mínimo. Compuesto totalmente en endecasílabos (excepto el baile final), la pieza dramatiza muy libremente el capítulo III de la Primera parte de la novela cervantina, aunque es evidente también el recuerdo de los episodios narrados en los capítulos XVI y XVII y XXXII y siguientes, también en la Primera parte. Efectivamente, recordemos que Sancho no acompaña al hidalgo hasta que éste inicia la segunda salida, aunque sí tiene el escudero participación (y destacada) en los sucesos que acaecen posteriormente en la venta, precisamente «espanto y asombro de Sancho Panza» (cap. XXXII). La comicidad es manifiesta en la pieza, y los recursos para conseguirla son tanto de tipo lingüístico como por el juego escénico y también (las acotaciones ya lo indican) por los vestidos y objetos que completan las figuras de los personajes[6].

Vilches de Frutos, tras comentar que este entremés es «el primer testimonio teatral impreso en España que dé prueba de la creciente atracción por parte del público hacia la obra» cervantina, insiste en su relación con el auge de la comedia burlesca; esa influencia se muestra en que Ávila opta por la utilización de técnicas paródicas en su adaptación teatral. También pondera la libertad del autor a la hora de llevar a cabo su adaptación:

La base de esta pieza se encuentra fundamentalmente en los capítulos dos y tres de la primera parte del Quijote, a los que se le añaden pasajes del resto de la novela y algunos hechos de absoluta invención. Argumento, estructura, caracterización de personajes y lenguaje, sufren una extraordinaria deformación paródica que evidencia una gran libertad en la adaptación por parte de este autor, del que apenas se conoce algún dato. De esta manera, se convierte en uno de los primeros representantes del género burlesco, siendo fundamental reconocer su mérito al haber sabido captar y transmitir la vis comica de la obra cervantina[7].

No me propongo una comparación detenida del esquema argumental del entremés con el modelo cervantino[8]. Me limitaré a señalar que los personajes de don Quijote y Sancho Panza responden, en su caracterización general, a los cervantinos, como tendremos ocasión de ver en próximas entradas. También es importante la evocación de Dulcinea, con una función similar a la del Quijote. Entre esas libertades del autor entremesil, una de las más notables es que don Quijote llega a la venta donde va a ser armado caballero acompañado de Sancho (recordemos que en la novela cervantina es precisamente el pícaro ventero quien le recomienda llevar un escudero; una posible explicación de esto es que el público deseaba ver juntos a don Quijote y Sancho Panza, que forman la pareja protagonista del libro, y que igualmente aparecían juntos en bailes y mascaradas). Este detalle ya había sido notado por la crítica; pero hay además una incoherencia temporal, pues don Quijote va a recibir la caballería después de mucho tiempo de andanzas, según sugieren sus palabras en un par de ocasiones: «después del discurso de mi vida, / donde he peregrinado tantas veces» (vv. 32-33), «los muchos trabajos que he pasado / en el largo discurso de mi vida» (vv. 317-318).

Don Quijote es armado caballero

En el entremés no se menciona a Rocinante y, en cuanto al rucio, Sancho alude a su venta (no a su robo). La recompensa de Sancho por sus servicios queda sugerida en los vv. 70-72, cuando don Quijote le asegura que «ninguna cosa perderás conmigo», pero no se concreta en la promesa de una ínsula o gobierno. Hay, en fin, algunos ecos textuales de detalle; por ejemplo, don Quijote llama a su escudero «amigo Sancho Panza» (vv. 31, 147 y 245), «amigo» (v. 87), «Sancho querido» (v. 39), como ocurre en la novela cervantina en los momentos de mayor sintonía espiritual entre amo y escudero[9].


[1] Citaré por la edición de Carlos Mata Induráin, «Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha», en Ignacio Arellano (ed.), Leyendo el «Quijote». IV Centenario de la publicación de «Don Quijote de la Mancha», número monográfico de Príncipe de Viana, año LXVI, núm. 236, septiembre-diciembre 2005, pp. 935-945, con algún ligero retoque. Las citas del Quijote serán por: Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, ed. del Instituto Cervantes dirigida por Francisco Rico, Barcelona, Instituto Cervantes / Crítica, 1998, 2 vols.

[2] Felipe Pérez Capo, El «Quijote» en el teatro. Repertorio cronológico de 290 producciones escénicas relacionadas con la inmortal obra de Cervantes, Barcelona, Editorial Millá, 1947, p. 14.

[3] Pérez Capo, El «Quijote» en el teatro…, p. 14.

[4] Pérez Capo, El «Quijote» en el teatro…, p. 149.

[5] Luciano García Lorenzo, «Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha de don Francisco de Ávila», Anales Cervantinos, XVII, 1978, p. 260.

[6] García Lorenzo, «Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote…», p. 260.

[7] María Francisca Vilches de Frutos, «Don Quijote y el Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha, de Francisco de Ávila: dos exponentes del paso de la novela al entremés a través de la parodia», Criticón, 30, 1985, p. 185.

[8] Ver Vilches de Frutos, «Don Quijote y el Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha…», pp. 186-191.

[9] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «Don Quijote salta al teatro breve: el Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha, de Francisco de Ávila», en Germán Vega García-Luengos y Rafael González Cañal (eds.), Locos, figurones y quijotes en el teatro de los Siglos de Oro. Actas selectas del XII Congreso de la Asociación Internacional de Teatro Español y Novohispano de los Siglos de Oro, Almagro 15, 16 y 17 de julio de 2005, Almagro, Festival de Almagro / Universidad de Castilla-La Mancha, 2007, pp. 299-313.

El «Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha» de Francisco de Ávila: resumen de la acción

Examinaré ahora la relación con el modelo cervantino. El entremés de Francisco de Ávila[1] tiene evidentes puntos de contacto con el Quijote (sobre todo, con los capítulos I, 2-3), pero se aparta del modelo en otros momentos. En cualquier caso, creo que no debemos juzgarlo por su mayor o menor fidelidad al texto cervantino: el Quijote es el punto de partida, que proporciona los personajes y algunos detalles de la acción (la llegada de don Quijote a la venta para ser armado caballero); pero, a partir de ahí, Ávila opera con libertad creadora, componiendo una pieza dramática independiente, que debe ser estimada en sí misma, por sus valores dramáticos y literarios. Para el análisis posterior, tal vez no esté de más ofrecer un breve resumen, no tanto del argumento, sino de las secuencias de acción que se pueden deslindar dentro del entremés. Son las siguientes:

1) Vv. 1-30. Breve diálogo entre el ventero y su mujer, que podríamos subdividir en dos micro-secciones: vv. 1-14, enfado de la ventera por las pullas que le echan en la venta; y vv. 15-30, repaso de la situación de la venta (huéspedes y alimentos) y anuncio de la llegada de dos personajes. Es una secuencia mínima, pero importante porque nos sitúa en un contexto de burlas y bromas, subrayado por algunas palabras del diálogo: bernardinas (v. 5), disparates (v. 7), regodeo (v. 10), echar pullas (v. 12). Esta concentración de expresiones procedentes del campo léxico de la burla nos anticipa que la venta —como ocurría con frecuencia— va a constituir un espacio especialmente apto para las bromas.

2) Vv. 31-78. Diálogo entre don Quijote y Sancho, en el que el hidalgo manchego anuncia su misión caballeresca, que consiste en liberar a la infanta Dulcinea, encantada en el castillo, y ser armado caballero por ella.

3) Vv. 79-146. El ventero y la ventera comentan la aparición de los dos nuevos personajes con estas palabras:

VENTERO.- Digo que es linda gente, por mi vida,
la que ha llegado agora a nuestra venta.
Medraremos con ellos.

MUJER.- Por tus ojos,
que procures hacer que aquí se alleguen,
pues reposan agora nuestros huéspedes
y está la venta quieta.

VENTERO.- ¡Que me place! (vv. 79-84).

A continuación, el ventero se ofrece a armar caballero a don Quijote (que de inmediato acepta la propuesta, olvidando lo dicho poco antes de que sería Dulcinea quien le armase) y a llevar un recado para la dama.

4) Vv. 147-167. Don Quijote y Sancho conversan acerca de Dulcinea; se contrapone la visión idealizada de don Quijote y la Dulcinea «sanchificada».

5) Vv. 168-188. El ventero trae unas armas (ridículas) para que don Quijote las vele.

7) Vv. 189-214. Mientras Sancho se duerme, don Quijote vela las armas y recita un soneto pseudo-amoroso de ridículas rimas esdrújulas.

VelaArmas

8) Vv. 215-275. Riña con el arriero (don Quijote cree que es un gigante) y posterior comentario con Sancho acerca de la pelea sostenida.

9) Vv. 276-302. El ventero arma caballero a don Quijote.

10) Vv. 303-358. Según la traza dispuesta por el ventero, secundado por su mujer, aparece la moza Marina en el papel de Dulcinea, vestida ridículamente y acompañada de un cortejo de «caballeros» igualmente ridículos, rematándose todo con un baile final[2].


[1] Citaré por la edición de Carlos Mata Induráin, «Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha», en Ignacio Arellano (ed.), Leyendo el «Quijote». IV Centenario de la publicación de «Don Quijote de la Mancha», número monográfico de Príncipe de Viana, año LXVI, núm. 236, septiembre-diciembre 2005, pp. 935-945, con algún ligero retoque. Las citas del Quijote serán por: Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, ed. del Instituto Cervantes dirigida por Francisco Rico, Barcelona, Instituto Cervantes / Crítica, 1998, 2 vols.

[2] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «Don Quijote salta al teatro breve: el Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha, de Francisco de Ávila», en Germán Vega García-Luengos y Rafael González Cañal (eds.), Locos, figurones y quijotes en el teatro de los Siglos de Oro. Actas selectas del XII Congreso de la Asociación Internacional de Teatro Español y Novohispano de los Siglos de Oro, Almagro 15, 16 y 17 de julio de 2005, Almagro, Festival de Almagro / Universidad de Castilla-La Mancha, 2007, pp. 299-313.

«El amor hace milagros» de Pedro Benito Gómez Labrador: valoración

A modo de resumen, puede afirmarse que esta comedia El amor hace milagros[1] de Pedro Benito Gómez Labrador nos ofrece tres núcleos de interés: 1) en primer lugar, el propio hecho de ser una recreación quijotesca, un eco más de los muchos generados por la inmortal novela cervantina; como ya he señalado, en ella la presencia de los personajes de don Quijote y Sancho es más bien testimonial, y se da además la comentada sanchificación de Ginesillo y quijotización de Basilio; 2) un segundo aspecto es de orden sociológico; me refiero a ese conflicto amor / interés, en el marco del debate dieciochesco sobre los matrimonios de los hijos, la libertad de elección de los jóvenes, etc.; y 3) en fin, quizá la cuestión más interesante, sería de orden artístico-literaria: se trataría de ver en qué medida esta obra publicada en 1784 refleja —si es que realmente lo hace— una cierta sensibilidad prerromántica o se trata, sencillamente, de un sentimentalismo neoclásico[2].

Caspar_David_Friedrich_-_Wanderer_above_the_sea_of_fog

Como he tratado de mostrar a lo largo de varias entradas anteriores, el Basilio y la Quiteria de Gómez Labrador no son, ciertamente, héroes románticos: estamos todavía lejos de 1834-1835, años de eclosión del Romanticismo, y sería exagerado considerarlos así, pero no deja de ser cierto también que se perciben tanto en su retrato (en sus actitudes, comportamientos y palabras) como en la atmósfera o tonalidad general de la obra (las alusiones a la fortuna, al hado, la posibilidad —meramente apuntada— de su posible muerte por amor…) algunos atisbos de los rasgos que, unas décadas después, caracterizarán al drama romántico español[3].


[1] Pedro Benito Gómez Labrador, El amor hace milagros. Comedia nueva, tomada del capítulo veinte del Libro II de la historia de don Quijote de la Mancha, Salamanca, en la imprenta de la viuda de Nicolás Villargordo, 1784. En la actualidad estoy preparando una edición anotada de esta obra.

[2] De hecho, en varias obras literarias neoclásicas se percibe una marcada presencia del sentimentalismo. Como escribe Emilio Martínez Mata, introducción a Leandro Fernández de Moratín, El sí de las niñas, Madrid, Cátedra, 2003, p. 52: «La exaltación del sentimiento que se produce en Europa desde mediados del XVIII no se opone a la razón, al contrario, es un componente esencial de la Ilustración».

[3] Remito para más detalles a Carlos Mata Induráin, «“¿Por qué me has tirado, Amor, / todo el metal de tu aljaba?”: el episodio de las bodas de Camacho en El amor hace milagros (1784), de José Benito Gómez Labrador», eHumanista/Cervantes, 1, 2012, pp. 103-119.

El «Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha» de Francisco de Ávila: panorama textual

Francisco de Ávila es un ingenio secundario dentro del panorama literario del siglo XVII. Él mismo, al final del entremés que nos ocupa, se declara «natural y vecino de Madrid»[1]. Es autor, entre otras obras, de Villancicos y coplas curiosas (1606), Loa en alabanza de las mujeres feas (1615) y el Entremés famoso del mortero y chistes del sacristán. Fue recopilador de la Flor de las comedias de España de diferentes autores (1615), y se le concedió el privilegio para imprimir la VII y VIII parte de las Comedias de Lope de Vega[2]. Según declara La Barrera, el Entremés «bastó para dar nombradía» al autor y, ciertamente, si Ávila ocupa hoy un lugar en las historias de la literatura es, sin duda, por esta obrita que toma como punto de partida el Quijote.

En cuanto al panorama textual del entremés, tras publicarse en 1617 fue reimpreso en Verdores del Parnaso por Gil de Armesto y Castro (Pamplona, 1697), donde se presentaba como mojiganga. Se publicó suelto en 1846 (Madrid, imprenta de la Viuda de Calero). Fue reeditado en 1905, con motivo del III Centenario del Quijote, por Felipe Pérez Capo, quien indicaba que lo ponía en circulación como documento histórico o curiosidad bibliográfica. Está incluido en la Colección de entremeses… de Emilio Cotarelo y Mori (1911). En fin, más recientemente lo publicó, en 1978, Luciano García Lorenzo en la sección «Scripta rediviva» de Anales Cervantinos[3]; y hay también una edición del año 2005 a cargo de Carlos Mata Induráin[4].

Cotarelo.jpg

Por lo que toca a su datación, Pérez Capo escribe:

Lógico es suponer que el entremés de Francisco de Ávila sería escrito mucho antes [de su publicación en 1617], aunque tampoco pueda determinarse con exactitud su antigüedad, porque en el mencionado tomo hay comedias de Lope escritas en distintos años, y algunas anteriores a la publicación de la primera parte de Don Quijote. La índole de la obrilla permite creer, sin embargo, que sería escrita a raíz de aquella publicación y aprovechando el grandísimo éxito que, desde luego, tuvo la novela de Cervantes[5].

Pérez Capo parece referirse a la publicación de la Primera parte en 1605. Por lo que a mí respecta, me inclino a creer que es posterior a 1615. Los tres detalles que apuntaba en una entrada anterior revelan, en mi opinión, la influencia clara de la Segunda parte[6].


[1] A título de curiosidad, recordaré que el entremés se ha representado en Pozuelo de Alarcón (Madrid), en abril de 2005, a cargo de la Compañía «Grupo Ateneo de Pozuelo», bajo la dirección de Alberto López Gimeno, con motivo de la entrega de premios del II Concurso de Cuento Corto del Ayuntamiento de Pozuelo de Alarcón.

[2] Ver Emilio Cotarelo y Mori, Colección de entremeses, loas, bailes, jácaras y mojigangas, Madrid, Bailly-Baillière (BAE, tomo XVII), 1911, p. LXIX; y María Francisca Vilches de Frutos, «Don Quijote y el Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha, de Francisco de Ávila: dos exponentes del paso de la novela al entremés a través de la parodia», Criticón, 30, 1985, p. 185, nota 4.

[3] Luciano García Lorenzo, «Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha de don Francisco de Ávila», Anales Cervantinos, XVII, 1978.

[4] Carlos Mata Induráin, «Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha», en Ignacio Arellano (ed.), Leyendo el «Quijote». IV Centenario de la publicación de «Don Quijote de la Mancha», número monográfico de Príncipe de Viana, año LXVI, núm. 236, septiembre-diciembre 2005, pp. 935-945. Cito el entremés por esta edición, con algunos ligeros retoques. Las citas del Quijote son por: Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, ed. del Instituto Cervantes dirigida por Francisco Rico, Barcelona, Instituto Cervantes / Crítica, 1998, 2 vols.

[5] Felipe Pérez Capo, El «Quijote» en el teatro. Repertorio cronológico de 290 producciones escénicas relacionadas con la inmortal obra de Cervantes, Barcelona, Editorial Millá, 1947, p. 12 habla del «extraño e injustificado título de Los invencibles (¡!) hechos de Don Quijote de la Mancha». En el texto del entremés encontramos reiterado ese mismo adjetivo: «reales y invencibles ceremonias» (v. 280), con el significado de ‘insuperables, prodigiosas’.

[6] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «Don Quijote salta al teatro breve: el Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha, de Francisco de Ávila», en Germán Vega García-Luengos y Rafael González Cañal (eds.), Locos, figurones y quijotes en el teatro de los Siglos de Oro. Actas selectas del XII Congreso de la Asociación Internacional de Teatro Español y Novohispano de los Siglos de Oro, Almagro 15, 16 y 17 de julio de 2005, Almagro, Festival de Almagro / Universidad de Castilla-La Mancha, 2007, pp. 299-313.

Los personajes de «El amor hace milagros» de Pedro Benito Gómez Labrador: Camacho, Bernardo y Ginesillo

Amor-InteresEn cuanto al retrato de Camacho el rico en El amor hace milagros de Pedro Benito Gómez Labrador, así es visto por Basilio: «este que en tener bienes / me excede, mas no me iguala / ni en nobleza, ni en persona» (vv. 329-331)[1]. Recordemos que el binomio amor vs. interés es una de las claves de interpretación de la comedia, y así le responde el criado:

GINESILLO.- ¡Y lo dice usted, señor,
como quien no dice nada!:
si tiene muchos escudos,
¿qué falta le hacen las armas?
Él siendo rico será
cuanto le diere la gana (vv. 333-338).

Bernardo no puede menos que ensalzarlo ante Quiteria, y lo hace con estas palabras:

tienes novio noble y rico,
con donaire y gentileza,
afable, urbano, discreto,
persona en todo completa (vv. 533-536).

Por lo que toca a la caracterización de Bernardo es la de un padre interesado, condición que él mismo reconoce paladinamente en el momento del desenlace, cuando le dice a Basilio:

BERNARDO.- Dame tú los tuyos, hijo, [se refiere a sus brazos]
y olvida cosas pasadas,
que aunque ingenuo te confieso
que el interés me cegaba,
no dejaba de advertir
que, según tus prendas raras,
con ningún otro Quiteria
iría mejor empleada (vv. 1883-1890).

En cuanto a Ginesillo[2], ya he señalado en una entrada anterior que usurpa la función de criado gracioso, robando de alguna manera el protagonismo cómico a Sancho. Es caracterizado por Basilio como «parlanchín sin sustancia» (v. 122), como «hablador maldito, / mentecato y majadero» (vv. 959-960). Juana dice de él:

JUANA.- Eres tan grande hablador
que, por hacerlo a tus anchas,
te pones contigo a solas
a decir extravagancias (vv. 1198-1201).

Se caracteriza además por sus continuos juegos de palabras y chanzas: «Serio jamás estarás» (v. 1151), le reprocha Basilio; y, por lo general, se muestra en exceso confianzudo con su amo, casi deslenguado en ocasiones. Él es quien pone el contrapunto chancero al sentimiento de Basilio, con un discurso desmitificador de los parlamentos lírico-amorosos de aquel. A ello hay que sumar, como en cualquier buen gracioso que se precie, la afición por la comida y la bebida, la cobardía[3]


[1] Pedro Benito Gómez Labrador, El amor hace milagros. Comedia nueva, tomada del capítulo veinte del Libro II de la historia de don Quijote de la Mancha, Salamanca, en la imprenta de la viuda de Nicolás Villargordo, 1784. Las referencias a los versos remiten a la edición que estoy preparando en la actualidad.

[2] La información de que este Ginesillo es Ginés de Pasamonte se da en la acotación inicial de la tercera jornada («Ginesillo, que se supone ser aquel famoso galeote a quien libró don Quijote en Sierra Morena»).

[3] Remito para más detalles a Carlos Mata Induráin, «“¿Por qué me has tirado, Amor, / todo el metal de tu aljaba?”: el episodio de las bodas de Camacho en El amor hace milagros (1784), de José Benito Gómez Labrador», eHumanista/Cervantes, 1, 2012, pp. 103-119.