El retrato de don García Hurtado de Mendoza en «Algunas hazañas…», comedia de nueve ingenios (8)

En la comedia vamos a asistir al enfrentamiento personal de don García con Caupolicán[1]. En efecto, se da en algunos pasajes de la pieza la caracterización en paralelo de ambos caudillos, que no solo rivalizan en armas, sino también en cortesía[2]. En efecto, en el momento del ataque de los indios al fuerte español, don García se enfrentará cuerpo a cuerpo al toqui araucano (vv. 1041-1049)[3]. En medio del combate, Orompello logra entrar en el fuerte, mientras que el reformado Rebolledo, que ha perdido su arma, se echa fuera de la empalizada para pelear contra los indios. Caupolicán, que ve el valor con que se defiende, ordena que no lo ataquen varios, sino solamente Orompello. A su vez, cuando los españoles vayan a disparar sus arcabuces, don García lo impedirá por ser «acción vergonzosa»: «¿Pues no fuera afrenta / que estos bárbaros conozcan / la ley de la cortesía, / pues la publican con obras, / y que me faltase a mí?» (vv. 1092-1096). Y luego Caupolicán y don García pelearán cuerpo a cuerpo (ver vv. 1179-1217 acot.).

Batalla entre mapuches y españoles

Más adelante, al comienzo de la segunda jornada, en el tramo dramático de Ruiz de Alarcón, don García en diálogo con Chilindrón pondera que lo que mueve su actuación es el deseo de aumentar la fama y el honor de sus antepasados (vv. 1258b-1275).

Su cortesía con el enemigo es un rasgo de su carácter, que se aprecia incluso cuando este intenta atentar contra su vida. La excusa es una nueva embajada de paz cuyas condiciones (que incluyen la retirada de los españoles) él no puede aceptar. Rechaza igualmente una corona de flores que se le ofrece, pues la acción de ser coronado —explica— corresponde únicamente a su soberano. En realidad, la embajada de paz ocultaba un plan de atentado contra don García, que falla porque a Nacol se le cae la daga que lleva escondida entre las flores. Una vez más, don García da muestras de su nobleza al perdonar a sus agresores (ver vv. 1516-1525 y 1532-1543), y ambos indios, Tucapel y Nacol, no pueden menos que reconocer su valor (vv. 1568-1571) y dedicarle nuevos elogios.


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Es algo muy similar a lo que sucedía en los romances fronterizos, o en la deliciosa novela morisca Historia del Abencerraje y de la hermosa Jarifa, entre personajes moros y cristianos que entablaban una lucha caballeresca de valor, honor y galanía. Ver Fausta Antonucci, «El indio americano y la conquista de América en las comedias impresas de tema araucano (1616-1665)», en Relaciones literarias entre España y América en los siglos XVI y XVII, coord. Ysla Campbell, Ciudad Juárez, Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, 1992, pp. 33-34.

[3] Cito por la edición moderna de Lerzundi, que cuenta con numeración de los versos, pero modificando levemente, sin indicarlo, algunas grafías y la puntuación: Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, edited and annotated, with an Introduction, by Patricio C. Lerzundi, Lewiston / Queenston / Lampeter, The Edwin Mellen Press, 2008. Para más detalles sobre la comedia, ver Carlos Mata Induráin, «Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, comedia genealógica de nueve ingenios», Revista Chilena de Literatura, núm. 85, noviembre de 2013, pp. 203-227.

El retrato de don García Hurtado de Mendoza en «Algunas hazañas…», comedia de nueve ingenios (7)

Cabe señalar la escasa presencia del elemento religioso[1], aspecto que en esta comedia no adquiere la importancia que sí tiene en otras piezas del corpus, en especial en El gobernador prudente de Gaspar de Ávila[2]. Todo queda aquí en ligeros apuntes, como el contenido en este pasaje. Reinoso comenta que don García no quiere salir a la campaña hasta que pase el invierno. Los indios, argumenta un soldado, tal vez juzgarán esa decisión como señal de temor, pero Reinoso sentencia: «Verán su engaño las obras» (v. 971)[3]. Más adelante don García arengará a sus hombres para animarlos a pelear contra los araucanos, y es en las palabras de su hermano don Felipe donde apunta levemente el sentido providencialista de la conquista: «Si son de Dios las vitorias, / Él las dará a quien le sirve» (vv. 1039-1040).

Parlamento de Quilín

Sí se pone de relieve el carácter galante de don García o, por mejor decir, su caballerosidad con las damas. En esta comedia no vemos a don García implicado en una trama amorosa con una india[4], pero sí apunta algún detalle de su caballerosidad en la escena en que describe cómo cruza el río Gualeva. Don García usa un lenguaje galante, con imágenes y metáforas cultistas, al describir la acción de la india y su belleza (vv. 1678b-1695). A su vez, las palabras de la india acumularán nuevos elogios dedicados al gobernador: «español Atlante» (v. 1710), «Hijo del sol, dios del mar, / Apó de la Europa» (vv. 1816-1817), etc.


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Es aspecto ya señalado por Fausta Antonucci, «El indio americano y la conquista de América en las comedias impresas de tema araucano (1616-1665)», en Relaciones literarias entre España y América en los siglos XVI y XVII, coord. Ysla Campbell, Ciudad Juárez, Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, 1992, pp. 32-33: «El protagonista aquí también es don García, cuyo personaje encarna sin embargo un modelo muy distinto del modelo lopesco. Es, en primer lugar, un modelo más laico, en el que faltan todos los episodios de devoción religiosa representados en Arauco domado. La humildad de don García se nos presenta ahora como la virtud del jefe que no rehúsa compartir el trabajo y las dificultades de sus inferiores».

[3] Cito por la edición moderna de Lerzundi, que cuenta con numeración de los versos, pero modificando levemente, sin indicarlo, algunas grafías y la puntuación: Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, edited and annotated, with an Introduction, by Patricio C. Lerzundi, Lewiston / Queenston / Lampeter, The Edwin Mellen Press, 2008. Para más detalles sobre la comedia, ver Carlos Mata Induráin, «Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, comedia genealógica de nueve ingenios», Revista Chilena de Literatura, núm. 85, noviembre de 2013, pp. 203-227.

[4] Ver para este tema Carlos Mata Induráin, «Cautivo quedo en tus ojos: el cautiverio de amor en el teatro del Siglo de Oro sobre la conquista de Arauco», en El cautiverio en la literatura del Nuevo Mundo, eds. Miguel Donoso, Mariela Insúa y Carlos Mata, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2011, pp. 169-193, 2011a.

El retrato de don García Hurtado de Mendoza en «Algunas hazañas…», comedia de nueve ingenios (6)

La perspicacia de don García para descubrir los engaños de los enemigos se evidencia en el episodio de la falsa embajada de Guacolda[1]. El protagonista  intuye que se trata de una falsa embajada de paz que tiene por objeto distraer a los españoles de las verdaderas intenciones de los araucanos, por lo que ordena dar tormento a Coquín, lo que suscita las quejas de la bella araucana: «No publica esa crueldad / tu fama» (vv. 772-773a)[2]. Pero aplicado efectivamente el tormento al indio, cuenta este que vienen contra ellos tres escuadrones de indígenas. Don Felipe comenta el malintencionado intento de entretenerlos por parte de la bárbara, pero el marqués, a fuer de español y caballero, perdona generosamente a Guacolda (vv. 826-836).

Lautaro y Guacolda

Por otra parte, las hazañas europeas de don García se recuperan en un diálogo entre Guacolda y Rebolledo, en el que además se acumulan varios calificativos como «hijo del Sol hermoso», «Gran discípulo de Marte»… (vv. 857-875). El soldado se refiere a su paso por Italia y Flandes, donde llevó a cabo numerosas hazañas:

… que aunque es un rayo su espada,
como la vio vencedora
Marte, la juzgó prodigio
y el Sol valor de Mendoza (vv. 884-887).

Y se mencionan expresamente algunas de las batallas en las que participó antes de pasar al Perú (vv. 904-911), concluyendo de esta manera:

REBOLLEDO.- Este es el rayo de Arauco,
que desde el cielo de Europa,
Filipo, Júpiter nuevo,
para abrasaros lo arroja (vv. 932-935).


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Cito por la edición moderna de Lerzundi, que cuenta con numeración de los versos, pero modificando levemente, sin indicarlo, algunas grafías y la puntuación: Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, edited and annotated, with an Introduction, by Patricio C. Lerzundi, Lewiston / Queenston / Lampeter, The Edwin Mellen Press, 2008. Para más detalles sobre la comedia, ver Carlos Mata Induráin, «Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, comedia genealógica de nueve ingenios», Revista Chilena de Literatura, núm. 85, noviembre de 2013, pp. 203-227.

El retrato de don García Hurtado de Mendoza en «Algunas hazañas…», comedia de nueve ingenios (5)

Otro rasgo que destaca la comedia es la clemencia de don García[1]. Toda la escena siguiente se refiere al episodio de Rebolledo (que tiene su precedente en la comedia lopesca Arauco domado), que ha quedado de posta en el lugar más peligroso, mirando a la campaña por donde se presume atacarán los araucanos. El soldado, solo, da muestras del miedo que le embarga y termina por quedarse dormido. Don García, general previsor que acude a supervisar personalmente las postas (porque «el descuido no dejó / honra ni lugar seguro», vv. 582-583[2]) lo descubre pero lo perdona, pese a la gravedad de la falta, en atención al mucho trabajo y cansancio de la jornada.

Don García se marcha y el soldado se vuelve a dormir. Reaparece el general, ahora muy enfadado y dando muestras de su rigor al mandar colgar de un roble al descuidado posta, porque la reiteración de una falta tan grave está poniendo en peligro la vida de todos, sin que le convenzan los ruegos de Reinoso ni de don Felipe: «Si este delito sufrimos, / no habrá en los demás cuidado» (vv. 674-675). Rebolledo pide al general que no lo mate, porque ya ha quedado muerto en la opinión (la pérdida del honor, según los códigos sociales del momento, era peor que la propia muerte física), pero afirma que renacerá como un hombre nuevo, «afrentado por dormir / y honrado por pelear» (vv. 706-707). Hecho este propósito de enmienda, don Felipe pide que le den una bandera a Rebolledo y, efectivamente, lo nombran inmediatamente alférez.

Escena bélica

La tensión dramática acumulada se diluye al rematarse la escena con un chiste del gracioso Chilindrón[3], quien señala que, si se conceden banderas por dormir, él perfectamente podría ser maestre de campo[4].


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Cito por la edición moderna de Lerzundi, que cuenta con numeración de los versos, pero modificando levemente, sin indicarlo, algunas grafías y la puntuación: Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, edited and annotated, with an Introduction, by Patricio C. Lerzundi, Lewiston / Queenston / Lampeter, The Edwin Mellen Press, 2008. Para más detalles sobre la comedia, ver Carlos Mata Induráin, «Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, comedia genealógica de nueve ingenios», Revista Chilena de Literatura, núm. 85, noviembre de 2013, pp. 203-227.

[3] El contrapunto cómico de las acciones serias lo ponen los dos graciosos, el español Chilindrón y el araucano Coquín; ver Fausta Antonucci, «El indio americano y la conquista de América en las comedias impresas de tema araucano (1616-1665)», en Relaciones literarias entre España y América en los siglos XVI y XVII, coord. Ysla Campbell, Ciudad Juárez, Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, 1992, 1992, p. 35.

[4] En Arauco domado se salva por el ingenio, al mencionar que Cristo perdonó a los discípulos que se quedaron dormidos en el Huerto de los Olivos mientras él oraba.

El retrato de don García Hurtado de Mendoza en «Algunas hazañas…», comedia de nueve ingenios (4)

La comedia va a poner de relieve la humildad de don García[1]. En el siguiente bloque dramático, correspondiente a Belmonte Bermúdez —el presunto coordinador de los nueve ingenios y autor él de un mayor número de versos—, asistimos a la construcción de un fuerte. La escena sirve en esta ocasión para subrayar la humildad y el valor del capitán español, quien no duda en poner su esfuerzo y sus riquezas al servicio de la conquista. Reinoso pondera el ejemplo que da don García, quien ayuda a los soldados transportando él también espuertas de tierra con las que reforzar la fortificación, acción con la que dilata su fama «con prudencia y con valor» (v. 456)[2].

Fuerte de Arauco

El ejemplo de un noble tan encumbrado que no le hace ascos al trabajo físico anima, claro está, a los soldados; pero no es solo eso, sino que don García ha mandado sacar las bandejas de plata de su ajuar para acarrear con ellas la tierra. Cuando don Felipe le indique que el valor se enoja de verlo en tan humilde acción (recordemos la idea extendida en aquella sociedad de que el trabajo manual era impropio de nobles, pues deshonraba), estas son las palabras de respuesta de don García:

MARQUÉS.- Hoy haré mi nombre eterno
donde el vuestro el tiempo escriba,
porque en esta tierra estriba
el peso de mi gobierno.
Y así, dejando apariencias
de culpadas gravedades,
siembro en la tierra humildades
para coger obediencias (vv. 501-507).

Así pues, este episodio cumple en la comedia de los nueve ingenios la función de poner de relieve la humildad de don García, pero no aparecerá aquí, en cambio, la escena del tenderse el gobernador al paso del Santísimo Sacramento (para que el sacerdote que lo porta pase por encima de él), de gran eficacia dramática, que está presente en el Arauco domado de Lope y en otras piezas.


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Cito por la edición moderna de Lerzundi, que cuenta con numeración de los versos, pero modificando levemente, sin indicarlo, algunas grafías y la puntuación: Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, edited and annotated, with an Introduction, by Patricio C. Lerzundi, Lewiston / Queenston / Lampeter, The Edwin Mellen Press, 2008. Para más detalles sobre la comedia, ver Carlos Mata Induráin, «Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, comedia genealógica de nueve ingenios», Revista Chilena de Literatura, núm. 85, noviembre de 2013, pp. 203-227.

El retrato de don García Hurtado de Mendoza en «Algunas hazañas…», comedia de nueve ingenios (3)

Un pasaje de la comedia nos recuerda la genealogía del marqués de Cañete[1]. Cuando los araucanos, espoleados por la briosa arenga de Galvarino, van a lanzarse al combate, los detiene el anciano Colocolo, quien traza la ascendencia del preclaro enemigo español:

COLOCOLO.- ¿Dónde vais a morir determinados
cuando se os llega el postrimero día?
¿Habéis previsto el orden de los hados?
¿Sabéis quién es aqueste don García?
Volved a detener los pies airados:
no os admiréis de que la lengua mía
os refiera de quién ha procedido,
que en libros españoles lo he leído.
Deste, pues, don García, cuya extraña
majestad es de Júpiter desmayo,
pues ya le tiembla la divina hazaña,
de aquestas Indias generoso rayo,
su primero ascendiente fue de España
tan gran restaurador como Pelayo (vv. 260-273)[2].

Ciertamente, en la realidad histórica era imposible, y así lo ha puesto de relieve la crítica[3], que Colocolo hubiese leído esa ascendencia de don García, y nada menos que «en libros españoles», pero la mención resulta especialmente significativa, precisamente porque el autor (se trata aquí de la contribución debida al conde del Basto) muestra al personaje araucano habiendo asimilado ya por completo el discurso del enemigo, de su futuro vencedor.

El cacique Colocolo

Escribe Moisés R. Castillo a este respecto:

Algunas hazañas sigue en esto [en el resumen genealógico] los Hechos de Don García de Suárez de Figueroa; lo interesante es que aquí las gestas las narra un indio —mientras que en Ávila lo hace Don Luis y en Lope, Rebolledo— añadiendo así un grado más a la gloria que supone la empresa de los peninsulares[4].

Este pasaje estrictamente genealógico es bastante extenso (va desde el verso 274 hasta el 375) y se remonta desde los orígenes más remotos de la familia hasta el padre de don García. Concluye con una nueva alusión elogiosa, con la petición de Colocolo a los suyos para que no peleen contra quien es dominador de los elementos de la naturaleza (vv. 356-363).


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Cito por la edición moderna de Lerzundi, que cuenta con numeración de los versos, pero modificando levemente, sin indicarlo, algunas grafías y la puntuación: Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, edited and annotated, with an Introduction, by Patricio C. Lerzundi, Lewiston / Queenston / Lampeter, The Edwin Mellen Press, 2008. Para más detalles sobre la comedia, ver Carlos Mata Induráin, «Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, comedia genealógica de nueve ingenios», Revista Chilena de Literatura, núm. 85, noviembre de 2013, pp. 203-227.

[3] Escribe Mónica Lucía Lee, De la crónica a la escena: Arauco en el teatro del Siglo de Oro, Columbia, University of British Columbia, 1993, p. 189: «Las posibilidades de que Colo Colo supiera leer español y, más aún, de que tuviera acceso a textos sobre la genealogía del joven gobernador son más que escasas. Sin embargo, lo que interesa es cómo el autor da por sentado el proceso de asimilación del discurso español por el Nuevo Mundo»; y Germán Vega García-Luengos, «Las hazañas araucanas de García Hurtado de Mendoza en una comedia de nueve ingenios. El molde dramático de un memorial», Edad de Oro, X, 1991, p. 207: «nunca comprenderemos cómo se las ha arreglado para leer tantas crónicas españolas».

[4] Moisés R. Castillo, Indios en escena: la representación del amerindio en el teatro del Siglo de Oro, West Lafayette (Indiana), Purdue University Press, 2009, p. 120.

El retrato de don García Hurtado de Mendoza en «Algunas hazañas…», comedia de nueve ingenios (2)

La primera mención de don García[1] está puesta en boca de Galvarino, que se presenta con las manos cortadas en medio de la fiesta con que los araucanos están celebrando la victoria obtenida sobre Valdivia y Villagrán, bebiendo sangre en la calavera del primero, convertida en macabro vaso[2], y compitiendo entre ellos en pruebas de fuerza y habilidad.

Galvarino

La alegría generalizada se ve interrumpida por la irrupción de Galvarino, quien avisa de la llegada de los españoles en seis navíos:

GALVARINO.- Domar quieren a Arauco
sobre los reinos de Neptuno y Glauco,
y su gente gobierna
un joven de valor y fama eterna
que llaman don García
Hurtado de Mendoza, luz del día.
El marqués de Cañete
victorias desde Lima al rey promete;
la Fama al Virrey dijo
que Arauco está rebelde, y a su hijo,
mancebo bravo y fuerte,
envía con poderes de la muerte (vv. 230-241)[3].

En este pasaje, correspondiente a la parte escrita por Mira de Amescua, me parece que no resulta gratuita la elección del verbo domar, en tanto en cuanto todos los espectadores sabrían que el resultado final de la acción del nuevo gobernador sería un Arauco domado (con un claro eco de los títulos de Oña y Lope).


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Ver para este motivo Miguel Donoso, «Pedro de Valdivia tres veces muerto», Anales de Literatura Chilena, 7, 2006, pp. 17-31.

[3] Cito por la edición moderna de Lerzundi, que cuenta con numeración de los versos, pero modificando levemente, sin indicarlo, algunas grafías y la puntuación: Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, edited and annotated, with an Introduction, by Patricio C. Lerzundi, Lewiston / Queenston / Lampeter, The Edwin Mellen Press, 2008. Para más detalles sobre la comedia, ver Carlos Mata Induráin, «Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, comedia genealógica de nueve ingenios», Revista Chilena de Literatura, núm. 85, noviembre de 2013, pp. 203-227.

El retrato de don García Hurtado de Mendoza en «Algunas hazañas…», comedia de nueve ingenios (1)

En esta y en las sucesivas entradas me centraré en el análisis de la imagen que de don García Hurtado de Mendoza nos ofrece esta pieza dramática escrita por los nueve ingenios capitaneados por Luis de Belmonte Bermúdez[1]. Acierta Fausta Antonucci al señalar: «Evidentemente la comedia quiere construir en el personaje de don García un modelo de noble guerrero, y con este fin acentúa sus virtudes caballerescas»[2]; y al añadir después:

El don García de los nueve dramaturgos no remite pues, a todas luces, al modelo lopesco del jefe-padre severo, sino a un modelo más moderado (aunque por lo visto también paternalista), el del jefe cortés, del jefe-amigo, que trata de entablar relaciones de paridad, más favorables al éxito de su programa de conquista[3].

Para Germán Vega García-Luengos,

El planteamiento de estos nueve plumíferos aduladores no ha sido el de erigir a D. García en protagonista de acciones virtuosas, como le correspondería al género dramático, sino, más bien, el de sacar a escena gente, de variada condición, que proclame una y otra vez que es virtuoso[4].

En fin, coincido plenamente con Moisés R. Castillo cuando afirma que «Se trata de una obra completamente encomiástica de la conquista y colonización de Chile sin la menor crítica a la actuación española en dicha empresa»[5].

Escena de batalla

En las próximas entradas iré comentando los hitos principales de la comedia, aquellos pasajes que me parecen más significativos en la construcción dramático-literaria del protagonista.


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Fausta Antonucci, «El indio americano y la conquista de América en las comedias impresas de tema araucano (1616-1665)», en Relaciones literarias entre España y América en los siglos XVI y XVII, coord. Ysla Campbell, Ciudad Juárez, Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, 1992, p. 33. Citaré por la edición moderna de Lerzundi, que cuenta con numeración de los versos, pero modificando levemente, sin indicarlo, algunas grafías y la puntuación: Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, edited and annotated, with an Introduction, by Patricio C. Lerzundi, Lewiston / Queenston / Lampeter, The Edwin Mellen Press, 2008. Para más detalles sobre la comedia, ver Carlos Mata Induráin, «Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, comedia genealógica de nueve ingenios», Revista Chilena de Literatura, núm. 85, noviembre de 2013, pp. 203-227.

[3] Antonucci, «El indio americano y la conquista de América…», p. 34.

[4] Germán Vega García-Luengos, «Las hazañas araucanas de García Hurtado de Mendoza en una comedia de nueve ingenios. El molde dramático de un memorial», Edad de Oro, X, 1991, p. 207.

[5] Moisés R. Castillo, Indios en escena: la representación del amerindio en el teatro del Siglo de Oro, West Lafayette (Indiana), Purdue University Press, 2009, p. 115.

«Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza» ante la crítica

La crítica se ha mostrado unánime al señalar la mala calidad de esta comedia, que se resiente precisamente, como ya he indicado en alguna entrada anterior, del propio carácter de obra en cuya composición intervinieron muchas plumas[1]. En realidad, el principal defecto deriva de esa circunstancia de la autoría múltiple, lo que hace que la acción no sea unitaria ni se desarrolle de forma coherente, sino que asistamos más bien a una sucesión de parlamentos excesivamente largos colocados unos detrás de otros. Mediocridad, falta de coherencia organizativa y de intensidad dramática, yuxtaposición de episodios y parlamentos (la palabra prevalece con mucho sobre la acción, grave defecto tratándose de una obra de teatro…), reiteraciones innecesarias, cabos sueltos e hilvanes a la vista en el “cosido” de las distintas piezas que forman la comedia, tales son los mayores defectos señalados por distintos estudiosos, algunas de cuyas opiniones acopiaré a continuación.

combate2

Muy negativa fue, por ejemplo, la opinión de Marcelino Menéndez Pelayo, radical y tajante como otras muchas suyas: «En conjunto, la obra es monstruosa, como podía esperarse de un poema dramático repartido entre nueve personas que destrozan un texto histórico para hacer mangas y capirotes de él»[2]. Bernard Moses se refería a ella como «mediocre work by a number of authors»[3]. Para Rodolfo Usigli, se trata de un «Vergonzoso engendro en general; se perciben todas las junturas, y caracteriza en su falta de unidad y en su desequilibrio los defectos capitales del teatro romántico español y ninguna de sus virtudes líricas»[4]. Guillermo Lohman-Villena la presenta como «la desatinadísima comedia que compuso Belmonte con ocho ingenios más»[5]; y opiniones similares de valoración negativa han sido vertidas por otros muchos críticos. Veamos por ejemplo este comentario de Mónica Lucía Lee:

En el análisis de Algunas hazañas… deben considerarse, pues, dos factores determinantes: el carácter apologético y la autoría múltiple. Ambos imponen restricciones que alteran el producto final; al primero se debe que la obra sea un compendio de escenas y desarrollo de temas destinados a ensalzar la figura de don García, en tanto que el segundo resulta en una obra estructurada como un “mosaico”, cuyas piezas, si bien caben dentro de un patrón intencional y argumental común, difieren una de otras. Esta fragmentación resta coherencia al nivel de la fábula, resultando en una pieza pobremente estructurada[6].

También Germán Vega García-Luengos ha insistido en la falta de coherencia organizativa, en el carácter deshilvanado de los distintos segmentos escénicos, así como en el desorden cronológico y la libertad en el uso de los datos por parte de los autores:

En relación con estos aspectos intertextuales, hay que subrayar la libertad en el manejo de los datos. La figura de Don García está ligada a una serie de episodios, gestos, palabras, que tienen un orden, más o menos respetado en las obras anteriores, aunque se pueden mencionar unos y callar otros. En nuestra comedia se selecciona y trastueca la secuencia con total desparpajo. Cada autor parece gozar de más autonomía de la conveniente, para la coherencia del producto final, a la hora de escoger del plantel de episodios los que considera más oportunos[7].

En fin, para Moisés R. Castillo, «la múltiple autoría fragmenta y deslavaza el hilo argumental y las conexiones internas de la acción para dar como resultado una comedia muy pobre»[8].


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Marcelino Menéndez Pelayo, estudio preliminar a Obras de Lope de Vega, Madrid, Sucesores de Rivadeneyra, 1890, vol. XII, p. 289. Citaré por la edición moderna de Lerzundi, que cuenta con numeración de los versos, pero modificando levemente, sin indicarlo, algunas grafías y la puntuación: Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, edited and annotated, with an Introduction, by Patricio C. Lerzundi, Lewiston / Queenston / Lampeter, The Edwin Mellen Press, 2008. Para más detalles sobre la comedia, ver Carlos Mata Induráin, «Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, comedia genealógica de nueve ingenios», Revista Chilena de Literatura, núm. 85, noviembre de 2013, pp. 203-227.

[3] Bernard Moses, Spanish Colonial Literature in South America, New York, HSA, 1922, p. 210.

[4] Citado por Patricio C. Lerzundi, Arauco en el teatro del Siglo de Oro, Valencia, Albatros Hispanófila Ediciones, 1996, pp. 326-327.

[5] Guillermo Lohman-Villena, Arte dramático en Lima durante el Virreinato, Madrid, Escuela de Estudios Hispano-Americanos, 1945, p. 110.

[6] Mónica Lucía Lee, De la crónica a la escena: Arauco en el teatro del Siglo de Oro, Columbia, University of British Columbia, 1993, p. 184.

[7] Germán Vega García-Luengos, «Las hazañas araucanas de García Hurtado de Mendoza en una comedia de nueve ingenios. El molde dramático de un memorial», Edad de Oro, X, 1991, p. 207. Y añade: «Aunque la obra pretende conducirse intermitentemente por los cauces habituales del género de la comedia “histórica”, es decir, la guerra y el amor, son pocos los pasos que logran darse en la maraña de intervenciones desorganizadas. Más pendientes de hablar que de actuar, los guerreros andan huidizos y los enamorados se despistan. Toda la acción se resuelve en conatos de enfrentamiento, en idas y venidas de espías, traidores, desertores y amantes» (p. 207).

[8] Moisés R. Castillo, Indios en escena: la representación del amerindio en el teatro del Siglo de Oro, West Lafayette (Indiana), Purdue University Press, 2009, p. 116.

«Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza»: datos de representación y publicación

Gracias a los asientos contables correspondientes a los gastos de la comedia[1], recuperados y estudiados por Shergold y Varey[2], sabemos que Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, fue representada en Palacio, en el cuarto de la Reina, entre el 5 de octubre de 1622 y el 8 de febrero de 1623, en la que fue la primera campaña teatral cortesana de Felipe IV; y que la obra se llevó a las tablas con mucha pompa y riqueza de decorados, a cargo de dos compañías, la de Cristóbal de Avendaño y la de Pedro de Valdés, algo que no resultaba estrictamente necesario atendiendo al reparto. El objetivo habría sido entonces el de dar la mayor vistosidad posible a las escenas bélicas, a los combates de españoles y araucanos, según argumenta Vega García-Luengos: «El número de dramatis personae no lo exige. Se trataría de engrosar los ejércitos castellano y araucano en aras de una mayor espectacularidad»[3].

combate

En la misma línea, Fausta Antonucci ha puesto de relieve que

nos encontramos con un texto que supone un espectáculo de cierto aparato: 18 actores en el reparto más comparsas y dos coros de música, desfiles de ejércitos, peñas que se abren y figuras que se hunden, sonidos de guerra y tempestades fingidas[4].

Por su parte, Miguel Zugasti ha comentado asimismo la abundancia de medios económicos con que se contó para la ocasión, lo que parece desprenderse no solo de la rumbosa representación sino además del hecho de que el texto se imprimiera exento, y con mucha calidad en comparación con lo que era habitual, ese mismo año de 1622:

Especial consideración merece el magno estreno que tuvo lugar en palacio en 1622 Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, que corrió a cargo de dos compañías: la de Cristóbal de Avendaño y la de Pedro de Valdés […]. El texto se imprimió de forma independiente y en edición lujosa, lo que junto a la cantidad de colaboradores hace suponer que los Hurtado de Mendoza seguían perseverando en su tarea de autopromoción, ahora con el nuevo rey Felipe IV, recién llegado al trono[5].

Portada de Algunas hazañas...En efecto, la publicación en Madrid, por Diego Flamenco, 1622 no se corresponde con el de una suelta al uso, sino que se trata de una edición mucho más cuidada en la que el texto de la comedia va antecedido por una portada que incluye el escudo nobiliario familiar y el pie de imprenta; se utiliza una buena tipografía y se añaden filetes y grabados de adorno, a lo que hay que sumar la inclusión de varias hojas preliminares con los «Personajes desta comedia»; una dedicatoria «Al marqués de Cañete» firmada por Belmonte (comienza: «Rasgos humildes y dibujos pequeños de las hazañas ilustres de don García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, padre de Vuestra Señoría, están pidiendo con dichoso acuerdo un heroico mecenas que los ampare…»); y unas palabras dirigidas a los lectores, que van sin firma pero son también de Belmonte, donde los araucanos son presentados como «los indomables bárbaros de Chile» y se lee además lo siguiente: «El estado de Arauco, breve en el sitio, pues contiene solas diez y ocho leguas, está labrado con güesos de españoles, que con menos soldados de los que ha costado Chile se hizo Alejandro señor de todo Oriente»; y, en fin, la tabla de «Poetas que escribieron esta comedia», con una sumaria indicación de las partes redactadas por cada uno de ellos.

Son, por tanto, dos los indicios —el de la representación a cargo de dos compañías y el de la cuidada impresión exenta— los que parecen estar indicando que la familia apoyó con abundantes recursos económicos el proyecto de esta comedia. Y es que, como han destacado varios críticos (Ferrer Valls, Vega García-Luengos, Dixon…), los Hurtado de Mendoza intentaron su autopromoción con Felipe IV, por medio de una campaña que se extendió por más de treinta años, para tratar de alcanzar —«al parecer sin el éxito esperado», matiza Ferrer Valls[6]— las mercedes regias en reconocimiento a los muchos y buenos servicios prestados a la Corona por don García.

Otro detalle interesante que ha señalado la crítica, y que conviene hacer notar aquí, es que Algunas hazañas fue una pieza bastante popular que contó con numerosas representaciones en el Chile del siglo XVIII, según refiere el historiador Francisco Encina:

En la segunda mitad del siglo [se refiere al XVIII, y al territorio chileno] se generalizó la representación de verdaderas piezas teatrales, todas de autores españoles o peruanos. Parece que la más popular fue la intitulada Algunas hazañas de las muchas de Don García Hurtado de Mendoza, Marqués de Cañete, escrita en colaboración por siete [sic] ingenios[7].


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Ver John E. Varey y Norman D. Shergold, «Some Palace Performances of Seventeenth Century Plays», Bulletin of Spanish Studies, XL, 1963, pp. 212-244; y Comedias en Madrid: 1603-1709. Repertorio y estudio bibliográfico, London, Tamesis Books, 1989, p. 128. Escribe Teresa Ferrer Valls en Nobleza y espectáculo teatral (1535-1622). Estudio y documentos, Sevilla / Valencia, UNED / Universidad de Sevilla / Universitat de València, 1993, p. 116): «No podemos saber a ciencia cierta hasta qué punto la obra compuesta por Juan Ruiz de Alarcón, Mira y los otros dramaturgos sobre las hazañas de García Hurtado de Mendoza se escribió bajo el impulso de la familia o a iniciativa de los mismos dramaturgos, pero la obra fue representada ante la reina entre octubre de 1622 y febrero de 1623». Germán Vega García-Luengos recuerda el detalle de que «En la documentación palatina la comedia recibe los títulos de Las victorias del Marqués de Cañete y Las hazañas del Marqués de Cañete» («Las hazañas araucanas de García Hurtado de Mendoza en una comedia de nueve ingenios. El molde dramático de un memorial», Edad de Oro, X, 1991, p. 199, n. 2). Citaré por la edición moderna de Lerzundi, que cuenta con numeración de los versos, pero modificando levemente, sin indicarlo, algunas grafías y la puntuación: Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, edited and annotated, with an Introduction, by Patricio C. Lerzundi, Lewiston / Queenston / Lampeter, The Edwin Mellen Press, 2008. Para más detalles sobre la comedia, ver Carlos Mata Induráin, «Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, comedia genealógica de nueve ingenios», Revista Chilena de Literatura, núm. 85, noviembre de 2013, pp. 203-227.

[3] Vega García-Luengos, «Las hazañas araucanas de García Hurtado de Mendoza…», p. 205.

[4] Fausta Antonucci, «El indio americano y la conquista de América en las comedias impresas de tema araucano (1616-1665)», en Relaciones literarias entre España y América en los siglos XVI y XVII, coord. Ysla Campbell, Ciudad Juárez, Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, 1992, p. 32.

[5] Miguel Zugasti, «El encargo literario», en Las palabras a los reyes y gloria de los Pizarros by Luis Vélez de Guevara, eds. William R. Manson y George Peale, Newark (Delaware), Juan de la Cuesta, 1996, p. 58.

[6] Teresa Ferrer Valls, Nobleza y espectáculo teatral (1535-1622). Estudio y documentos, Sevilla / Valencia, UNED / Universidad de Sevilla / Universitat de València, 1993, p. 116.

[7] Citado por Patricio C. Lerzundi, «Introducción», en Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, Marqués de Cañete, Lewiston / Queenston / Lampeter, The Edwin Mellen Press, 2008, p. 7.