Lope en Valencia: fiestas y amoríos

Y los amoríos no se detienen…[1] Estando lejos de su amante Micaela (y de su esposa Juana), Lope se consuela con los amores fugaces que mantiene con una mujer valenciana, de los que nacerá un hijo, Fernando Pellicer (al que se aludirá años después, en unas cartas de 1616, como excusa para hacer un viaje a Valencia). Bien puede Lope, que ha conocido y tratado a tantas mujeres, ofrecernos en las Rimas este ejemplo típico de soneto-definición:

Es la mujer del hombre lo más bueno,
y locura decir que lo más malo,
su vida suele ser y su regalo,
su muerte suele ser y su veneno.

Cielo a los ojos, cándido y sereno,
que muchas veces al infierno igualo,
por raro al mundo su valor señalo,
por falso al hombre su rigor condeno.

Ella nos da su sangre, ella nos cría;
no ha hecho el cielo cosa más ingrata:
es un ángel, y a veces una arpía.

Quiere, aborrece, trata bien, maltrata,
y es la mujer, al fin, como sangría,
que a veces da salud y a veces mata.

Mujer

En julio, una vez acabadas las fiestas valencianas, en las que la compañía de Villalba ha representado su auto Las bodas entre el Alma y el Amor divino, el de Sarria y Lope regresan a Madrid. El día 26 de ese mismo mes es bautizada Jacinta, hija legítima de Lope y Juana de Guardo, primer fruto de su matrimonio, que morirá joven. Pasa el resto del verano acompañando al marqués en Chinchón, donde escribe y firma su comedia El blasón de los Chaves de Villalba, pero pronto dejará de estar bajo su amparo, tras haberle servido unos dos años.


[1] El texto de esta entrada está extractado del libro de Ignacio Arellano y Carlos Mata Induráin Vida y obra de Lope de Vega, Madrid, Homolegens, 2011. Se reproduce aquí con ligeros retoques.

Lope de Vega: dos mujeres, dos familias, dos hogares

Mientras Lope mantiene esta larga y prolífica relación con Micaela de Luján, su esposa Juana de Guardo sigue viva y Lope es bien consciente de ello[1]; en tal sentido se ha interpretado el último terceto de su soneto «A don Luis de Vargas»:

¡Ay del que tiene, por su mal consejo,
el remedio imposible de su vida
en la esperanza de la muerte ajena!

Así pues, durante varios años, Lope llevará una vida doble, manteniendo dos mujeres, dos familias, dos hogares. Irá creciendo así el número de sus hijos, y crecerá igualmente el de sus obras, junto con su fama y popularidad: a estas alturas de su vida Lope se ha convertido ya en el Fénix de los ingenios españoles.

En abril de 1599 acompaña al marqués de Sarria a Valencia, para asistir a las dobles bodas de Felipe III con Margarita de Austria y de su hermana Isabel Clara Eugenia con el archiduque Alberto. Lope, que tiene el encargo de hacer el relato de los festejos para la madre de su señor, describirá las celebraciones en la composición titulada Fiestas de Denia.

Matrimonio de Felipe III con Mariana de Austria en la catedral de Valencia, de Vicente Lluch

Esas celebraciones de Denia fueron organizadas por don Francisco de Sandoval y Rojas, duque de Lerma y marqués de Denia, que muy pronto se convertirá en el valido del rey. Las fiestas de Valencia coinciden con el Carnaval: Lope sale disfrazado de botarga, y un bufón del rey de Ganassa, representando respectivamente al Carnaval y la Cuaresma.


[1] El texto de esta entrada está extractado del libro de Ignacio Arellano y Carlos Mata Induráin Vida y obra de Lope de Vega, Madrid, Homolegens, 2011. Se reproduce aquí con ligeros retoques.

Segundas nupcias de Lope: Juana de Guardo

El año de 1598 Lope contrae su segundo matrimonio, con Juana de Guardo, hija de Antonio de Guardo y María de Collantes[1]. Los esponsales se celebraron el 25 de abril de 1598 en la parroquia de la santa Cruz de Madrid y el 3 de mayo se veló el matrimonio en la iglesia de san Blas. El padre de la novia era un rico mayorista que abastecía la Corte de carnes y pescados, propietario de unas casas y saladero junto al rastro y de un mesón. Juana lleva como dote al matrimonio 22.382 reales de plata doble, mientras que el novio le promete 500 ducados en arras.

Los matarifes

Pero el nuevo suegro de Lope era bastante avariento y, al parecer, esa cuantiosa dote no se llegó a hacer efectiva, al menos no en su totalidad. En cualquier caso, Góngora y otros enemigos literarios del Fénix no desaprovecharon la ocasión de zaherirlo acusándole de casarse por dinero; se trataba ciertamente de un matrimonio en apariencia muy ventajoso pero que, con sus tintes burgueses, le apartaba del mundo nobiliario al que pretendía acercarse. Estos versos alusivos pertenecen a una décima atribuida a Góngora y también a Quevedo:

Fue paje, poco estudiante,
sempiterno amancebado,
casó con carne y pescado…


[1] El texto de esta entrada está extractado del libro de Ignacio Arellano y Carlos Mata Induráin Vida y obra de Lope de Vega, Madrid, Homolegens, 2011. Se reproduce aquí con ligeros retoques.