Aproximación a la narrativa de Rafael García Serrano

Comentaba en una entrada anterior que la producción literaria del escritor pamplonés Rafael García Serrano (1917-1988) es amplia y muy variada: novelas, relatos, libros de viajes y reportajes, colecciones de artículos, ensayos, diccionarios y obras misceláneas; pero que destaca sobre todo por su obra novelística centrada en el tema de la guerra civil española, que se inscribe dentro de una literatura militante, de propaganda y combate, profundamente comprometida con unos valores y con una ideología, la de Falange Española.

Efectivamente, García Serrano es uno de los mejores novelistas que han escrito sobre la guerra, de la que hizo «su tema». Antonio Valencia ha hablado de «fidelidad absoluta a un tiempo-eje»; y así es, en efecto: Eugenio o Proclamación de la primavera (1938), La fiel Infantería (1943) y Plaza del Castillo (1951) constituyen una «colecta de novelas» —al autor no le gustaba la palabra trilogía— que fue reunida en 1964 bajo el significativo rótulo común de La guerra. Otras tres novelas, La ventana daba al río, Los ojos perdidos y La paz dura quince días fueron agrupadas también posteriormente con el título de Frente Norte. Estas seis novelas constituyen una serie que García Serrano denominó «Ópera Carrasclás, novelas de la gran guerra española (1936-1939)». El valor testimonial de todas estas novelas es parcial, ya que García Serrano utiliza su pluma como un instrumento propagandístico, casi como un arma: «Yo sirvo en la literatura como serviría en una escuadra. Con la misma intensidad y el mismo objetivo. Cualquier otra cosa me parecería una traición», escribió.

García de Nora ha señalado que sus novelas son «un apasionado canto al espíritu de guerra, una especie de apología de la violencia cívica». Tal afirmación resulta especialmente acertada para su primera novela, Eugenio o Proclamación de la primavera (de 1938, con reediciones en 1964, 1982 y 1995, y alguna más en fechas recientes), obra mitificadora del joven protagonista —que elige una muerte heroica «por la Patria, la Falange y el César» en las luchas de la primavera sangrienta de 1936— y que exalta el empleo de las armas —«Pedagogía de la pistola» se titula un capítulo—. García Serrano se nos muestra en esta novela con todo el apasionamiento de sus veinte años, aumentado por la falta de perspectiva respecto a los hechos narrados. Algo de ese violento ardor queda todavía en las novelas posteriores, si bien con el paso del tiempo la acritud inicial se irá atenuando un tanto. Es más, hay que destacar cierta actitud comprensiva —que apunta con frecuencia en los escritos de García Serrano— hacia quienes combatieron en el bando contrario; así, leemos por ejemplo en Plaza del Castillo (1951, reeditada en 1964 y 1981): «No hay que odiar a nuestros enemigos, porque mañana hemos de vivir con ellos». Y, con independencia de las ideas políticas defendidas por este autor, resulta innegable que García Serrano sabe moldear la prosa castellana con un estilo sencillo, castizo y directo —que no renuncia a los rasgos coloquiales y hasta vulgares—, bronco en muchas ocasiones y a veces poético, y casi siempre ameno.

Rafael García Serrano

Por otra parte, García Serrano es autor también de una novela histórica sobre la conquista de México, Cuando los dioses nacían en Extremadura (Madrid, Instituto de Cultura Hispánica, 1949); en el prólogo el novelista explica su intención: «El argumento se lo inventó Cortés y el libro lo escribió Bernal. De modo y manera que hay bien poco margen para quienes nos aventuramos por el camino maravilloso de la Conquista de México. Tentado por cuanto de humanidad y de puro prodigio —esto es, de español— hay en Cortés y en sus hombres, intenté una especie de modesta biografía de la Conquista, un reportaje sencillo y admirativo» (p. 9). Después se encarga de explicitar los paralelismos existentes entre la epopeya mexicana y la contienda española, que son —para el escritor falangista— dos momentos distintos de la continuidad histórica del Imperio español. García Serrano ofrece, en fin, una visión idealizada de la conquista, entendida como misión divina: retrata en los conquistadores una raza de héroes-dioses que lucha providencialmente y refleja los valores patrióticos y religiosos del Régimen.

Escribió también una novela de anticipación política, V Centenario (1986), y algunos libros de relatos como Los toros de Iberia (1945, con reediciones en 1964 y 1995), El domingo por la tarde (1962), Retrato (al minuto) de un cabrón contemporáneo (1977), El obispo de Gambo (progre) (1978) y Las vacas de Olite (y otros asuntos de toros) (1980). Su producción se completa con otros títulos (ensayos, libros de viajes, memorias, recopilaciones de artículos periodísticos o diccionarios): Notas de un viaje de Roma a Buenos Aires (1949), Bailando hasta la Cruz del Sur (1953), Madrid, noche y día, itinerarios de la capital de España (1956), Feria de restos (paisajes, manjares, hombres y vinos de España) (1959), Franco y nuestro tiempo (1963), Los sanfermines, itinerario de una fiesta (1963), Diccionario para un macuto (1964 y 1979), El pino volador y otras historias militares (1964), Historia de una esquina (1964), La paz ha terminado: los «Dietarios personales» de 1974-1975 (1980), La gran esperanza (1983), Concierto para máquina de escribir y cinco toques de corneta (1984) y, póstumo, Cantatas de mi mochila (1992). Aunque no es la parte más importante de su producción, también podemos recordar dos libros de poemas: Cock-tail (1934), en colaboración con José María Pérez-Salazar, y Poemas desangelados (escritos durante la guerra civil, pero no publicados hasta 1982). Aparte quedarían sus guiones cinematográficos[1].


[1] Una buena aproximación al conjunto de su obra literaria puede verse en el capítulo que le dedica José Luis Martín Nogales en su estudio Cincuenta años de novela española (1936-1986). Escritores navarros, Barcelona, PPU, 1989, pp. 27-102. Ver también Alberto Ballestero Izquierdo, «Un escritor falangista navarro durante la guerra civil española: Rafael García Serrano», Príncipe de Viana, año LIV, anejo 15, 1993, Segundo Congreso General de Historia de Navarra, 24-28 de septiembre de 1990, pp. 385-396; Carlos Mata Induráin, «La guerra civil y la ideología falangista en La fiel infantería, de Rafael García Serrano», Anthropos (Barcelona), núm. 148, septiembre de 1993, pp. 83-87; y Rubén González Martín y Pascual Tamburri Bariain, «Falangismo, guerra civil y Navarra en Rafael García Serrano», en Mito y realidad en la historia de Navarra. Actas del IV Congreso de Historia de Navarra, Pamplona, Septiembre de 1998, Pamplona, Sociedad de Estudios Históricos de Navarra, 1998, vol. II, pp. 43-54.

Breve semblanza de Rafael García Serrano (1917-1988)

Figura destacada en el panorama de la literatura navarra de posguerra es la de Rafael García Serrano (Pamplona, 1917-1988). Escribe José María Romera:

Si en [Ángel María] Pascual la sensibilidad literaria se impone sobre la ideología, no puede afirmarse lo mismo de otro importante escritor navarro que surge de la misma tendencia: Rafael García Serrano […]. La guerra civil, vista desde el frente vencedor, es el tema casi único de sus escritos (cuentos, novelas, artículos de prensa), agitadas soflamas del más exagerado fascismo que se mueven entre la evocación del levantamiento y, posteriormente, la lamentación por el declive de un régimen en decadencia. […] Pese a esta declarada subordinación de la literatura a la causa política, García Serrano se revela pronto como un buen novelista. […] Pero es su militancia activa en el terreno del periodismo la que más destaca a partir de los años 50; en sus artículos está perfectamente reflejada su prosa vehemente, ácida, no pocas veces ingeniosa, panfletaria, procaz, que, de no haber sido puesta al servicio único de su ideología, podría haber dado mejores frutos[1].

En efecto, Rafael García Serrano es un caso de vocación literaria precoz y jamás desatendida en esas dos vertientes fundamentales del libro y del periodismo. Falangista desde 1934, al producirse el Alzamiento Nacional el 18 de julio de 1936, García Serrano —Rafael García Serranoque tiene diecinueve años y se encuentra en Pamplona— se integra en una escuadra falangista y se incorpora a la columna de autobuses que, al día siguiente, transporta a los voluntarios que marchan hacia Madrid. Combatirá con las tropas de García Escámez en las alturas de Somosierra. Al poco tiempo, tiene que ser evacuado a un hospital de Pamplona al infectársele una herida. Tras dos meses de convalecencia, se incorpora a la redacción de Arriba España y, en octubre, pasa a ser su subdirector, trabajando como corresponsal de este periódico en el frente Norte, en el de Madrid y en el de Huesca.

Se integra después en una bandera en formación que será destinada a realizar patrullas por las mugas del Roncal, en la frontera con Francia. Más tarde sigue el curso de alféreces provisionales en la Academia de Ávila. Es enviado ahora al frente de Teruel pero, aquejado de una enfermedad, en el invierno de 1937 tiene que ser nuevamente evacuado: una pulmonía doble será el principio de un proceso tuberculoso que le obliga a pasar la última fase de la guerra alejado de los combates; es más, García Serrano habrá de vivir cinco años en sanatorios y hospitales. Me he detenido en la peripecia vital de García Serrano porque hay mucho de autobiográfico en su obra, en especial en el personaje de Ramón de su novela La fiel Infantería.

Tras publicar sus primeras novelas, Eugenio (1938) y La fiel Infantería (1943), García Serrano se convierte en Jefe Nacional de Prensa y Propaganda del Frente de Juventudes. Ejerce el periodismo en la prensa del Movimiento; así, de 1945 a 1957 trabaja para Arriba, periódico del que será corresponsal en Roma. Realiza dos viajes por Hispanoamérica con el grupo de Coros y Danzas de la Sección Femenina de Falange. Escribe también en Primer plano, Siete flechas y, desde 1974, en El Alcázar. García Serrano permanecerá siempre fiel a su ideología falangista, incluso tras la incorporación de la Falange a los principios del Movimiento Nacional. A la muerte del general Franco, con el proceso de transición hacia la democracia, verá derrumbarse todo su entramado ideológico: según García Serrano, los vencedores de la guerra se encuentran ahora derrotados, de ahí que simpatice con la intentona golpista de 1981. Falleció el día de la Hispanidad de 1988, sin haberse desviado un ápice de las ideas que venía sosteniendo desde 1934.

La producción literaria de este escritor pamplonés es amplia y muy variada: novelas, relatos, libros de viajes y reportajes, colecciones de artículos, ensayos, diccionarios y obras misceláneas. Pero destaca sobre todo por su obra novelística centrada en el tema de la guerra civil española, que se inscribe dentro de una literatura militante, de propaganda y combate, profundamente comprometida con unos valores y con una ideología, la de Falange Española. Tendremos ocasión de comprobarlo en una próxima entrada.


[1] José María Romera Gutiérrez, «Literatura», en AA. VV., Navarra, Madrid, Mediterráneo, 1993, p. 190a. Una buena aproximación al conjunto de su obra literaria puede verse en el capítulo que le dedica José Luis Martín Nogales en su estudio Cincuenta años de novela española (1936-1986). Escritores navarros, Barcelona, PPU, 1989, pp. 27-102. Ver también Alberto Ballestero Izquierdo, «Un escritor falangista navarro durante la guerra civil española: Rafael García Serrano», Príncipe de Viana, año LIV, anejo 15, 1993, Segundo Congreso General de Historia de Navarra, 24-28 de septiembre de 1990, pp. 385-396; Carlos Mata Induráin, «La guerra civil y la ideología falangista en La fiel Infantería, de Rafael García Serrano», Anthropos (Barcelona), núm. 148, septiembre de 1993, pp. 83-87; y Rubén González Martín y Pascual Tamburri Bariain, «Falangismo, guerra civil y Navarra en Rafael García Serrano», en Mito y realidad en la historia de Navarra. Actas del IV Congreso de Historia de Navarra, Pamplona, Septiembre de 1998, Pamplona, Sociedad de Estudios Históricos de Navarra, 1998, vol. II, pp. 43-54.