«El mariscal de Virón»: el modelo serio y su parodia burlesca

No es nuestra intención trazar aquí una comparación exhaustiva de las dos versiones de El mariscal de Virón[1]. Diremos tan solo que la parodia burlesca de Juan de Maldonado difiere muy poco del modelo serio de Juan Pérez de Montalbán[2] en lo que respecta a los personajes que intervienen y en la estructura compositiva general, que en realidad es prácticamente la misma en ambas comedias. En la seria hay tan solo dos personajes que no aparecen en la burlesca, Clavela y Monteni, de importancia secundaria. Los cambios relevantes se dan sobre todo en la caracterización de los personajes, siendo completamente disparatada en la burlesca, lo mismo que las situaciones que protagonizan. Mientras que en la seria encontramos caballeros virtuosos, sabios, galantes y valerosos, como son el Mariscal y el Rey, en la burlesca el de Virón queda reducido a un hidalgo pobre, bobo, borracho y cornudo; y el Rey es un puro «rey de mojiganga» (v. 421)[3], «más baldado que un buboso» (v. 369), etc., etc.

Sobre el final de la trama, queda añadir que en la comedia burlesca el Mariscal revive después de ser ejecutado (hay otros casos de «muertos resucitados» en estas comedias burlescas del Siglo de Oro, género carnavalesco donde todo es posible) y el Rey avisa a Blanca que la casará esa misma tarde. En la versión seria de Pérez de Montalbán, como es lógico, una vez muerto el Mariscal, muerto queda. A su vez, el Rey demuestra ser justo y noble, ya que respeta la decisión de Blanca de jamás contraer matrimonio.

Ejecución del mariscal de Biron


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Para este autor, remitimos al Portal a él dedicado en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, Juan Pérez de Montalbán, dirigido por Claudia Demattè, donde el lector interesado encontrará datos sobre su vida y obra, bibliografía, imágenes, etc.

[3] La numeración de las citas responde a la siguiente edición: Juan de Maldonado, El Mariscal de Virón, ed. de Milena M. Hurtado y Carlos Mata Induráin, en Comedias burlescas del Siglo de Oro, VII, El Mariscal de Virón. No hay vida como la honra. El robo de Elena. El muerto resucitado, ed. del GRISO, volumen dirigido por Carlos Mata Induráin, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2011, pp. 27-187 (que utiliza como texto base el de 1658). Más detalles sobre la pieza se pueden ver en el estudio preliminar a esa edición y también en Milena M. Hurtado y Carlos Mata Induráin, «Algo más sobre comedia burlesca y Carnaval: a propósito de El Mariscal de Virón, de Juan de Maldonado», eHumanista. Journal of Iberian Studies, 2, 2002, pp. 161-175. El texto de esta entrada actualiza lo recogido en esos dos trabajos conjuntos de Hurtado y Mata Induráin.

«El mariscal de Virón», comedia seria de Juan Pérez de Montalbán: resumen de la acción

En la entrada anterior[1] examinamos el resumen de la acción de la comedia burlesca de Juan de Maldonado[2]. A continuación, más brevemente, resumiremos la acción de El mariscal de Virón de Juan Pérez de Montalbán, que constituye el modelo serio sobre el que se construye la parodia[3].

Juan Pérez de Montalbán

Jornada I

Comienza la obra con la presencia de Carlos, mariscal de Virón, y su criado Jaques, que van a Palacio, donde el Rey espera al Duque de Saboya con toda su Corte. El Mariscal acude para ver a Blanca y Jaques a Belerma. El Rey, el Duque y la Reina hablan de la paz entre Saboya y Francia, que se da por hecha. Cuando se marchan las damas, los caballeros alaban la belleza de estas. La burlesca sigue de cerca este arranque de la comedia seria. El Rey asegura que el Mariscal es su mejor amigo. Blanca le cuenta a Belerma su encuentro con el Mariscal y cómo se enamoró de él. Luego narra un extraño sueño en el que el Rey mata a Carlos en duelo. Continúa la trama, y el Rey se entera de los amores de Carlos y Blanca, a los que da su consentimiento. En otra escena aparecen el Mariscal y el Duque de Saboya. Por consejo de Lafín, el de Saboya ofrece al de Virón riquezas, y a su hermana en matrimonio, a cambio de que traicione al Rey.

Jornada II

Guerra entre Francia y Saboya. Lafín cuenta al Rey la traición del Mariscal, para así lavarse las manos. En los siguientes versos, Blanca lee una carta dirigida a Carlos, por la que se entera de que está comprometido con otra mujer y de que ha traicionado al Rey. Ella afea al Mariscal su acción, mientras el Rey los escucha sin ser visto. El Rey exige a Carlos que confiese, pero este se niega. El Mariscal es encarcelado y condenado a muerte.

Jornada III

Finalmente el Mariscal pide perdón al Rey, pero no cambia su suerte: es ejecutado por traidor. Blanca recibe al Rey, y este le da el pésame, a la vez que le aconseja que busque otro marido. Ella se niega, pues nunca podrá dejar de amar a Carlos. El Rey acepta esta decisión. Belerma y Jaques anuncian que se casarán en el plazo de un mes. Termina la comedia con las nobles palabras del Rey sobre el mariscal de Virón:

REY.- Y con esto tendrá fin
la prodigiosa fortuna
del mariscal de Virón,
que fue, de la patria suya,
el más valiente francés
aunque de menor fortuna.


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Salvador Crespo Matellán, La parodia dramática en la literatura española, menciona impresiones en las Partes veinticinco y cuarenta y cuatro de Partes de afuera, Zaragoza, 1632, 1633 y 1652; también en el primer tomo de Comedias de Montalbán, Madrid, 1635, 1638 y 1652, y Valencia, 1652. Ver Esther Borrego Gutiérrez y María Moya García, «Fortuna editorial y escénica de Juan Pérez de Montalbán en los siglos XVII y XVIII: el caso de El mariscal de Virón», en José María Díez Borque (dir.), Álvaro Bustos Táuler y Elena Di Pinto (eds.), Miscelánea teatral áurea, Madrid, Visor Libros, 2015, pp. 27-46. Las citas de la comedia burlesca serán por la siguiente edición: Juan de Maldonado, El Mariscal de Virón, ed. de Milena M. Hurtado y Carlos Mata Induráin, en Comedias burlescas del Siglo de Oro, VII, El Mariscal de Virón. No hay vida como la honra. El robo de Elena. El muerto resucitado, ed. del GRISO, volumen dirigido por Carlos Mata Induráin, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2011, pp. 27-187 (que utiliza como texto base el de 1658). Más detalles sobre la pieza se pueden ver en el estudio preliminar a esa edición y también en Milena M. Hurtado y Carlos Mata Induráin, «Algo más sobre comedia burlesca y Carnaval: a propósito de El Mariscal de Virón, de Juan de Maldonado», eHumanista. Journal of Iberian Studies, 2, 2002, pp. 161-175. El texto de esta entrada actualiza lo recogido en esos dos trabajos conjuntos de Hurtado y Mata Induráin.

[3] Para este autor, remitimos al Portal a él dedicado en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, Juan Pérez de Montalbán, dirigido por Claudia Demattè, donde el lector interesado encontrará datos sobre su vida y obra, bibliografía, imágenes, etc.

«El mariscal de Virón», comedia burlesca de Juan de Maldonado: resumen de la acción

Antes de analizar la comicidad escénica y verbal de la comedia burlesca de El mariscal de Virón, convendrá resumir, con cierto detalle, la acción. En este repaso podremos advertir ya ciertos detalles de la caracterización ridícula de los personajes y lo grotesco de muchas de sus acciones[1].

Charles de Gontaut

Jornada I

Vv. 1-70[2]. Hablan el mariscal de Virón y su criado Jaques. Por el diálogo nos damos cuenta de que Carlos, el Mariscal, que anda vestido con ropas viejas y pobres y parece «queso añejo / metido en la ratonera» (vv. 39-40), ha venido a Palacio a entrevistarse con su amada Blanca, mientras Jaques piensa hacer lo propio con la criada Belerma. Ambos nos ofrecen una poco idealizada descripción de Blanca, que es una dama matadora: pero no mata metafóricamente de amor, con los rayos de su mirada, sino en sentido real, por la sífilis que transmite a cuantos caballeros la tratan y frecuentan. En su conversación mencionan también al Rey y su «cortijo» (v. 11). Comenta el Mariscal que él hubiera acompañado al Duque de Saboya, pero ya el Rey ha salido a recibirlo.

Vv. 71-106. El Rey, el Duque de Saboya, el Conde de Fuentes, la Reina, Blanca y Belerma. El Rey da la bienvenida al Duque, quien se queja de jaqueca y almorranas (enfermedades muy poco heroicas que sufren varios personajes de comedias burlescas). Luego el de Saboya dedica varios piropos a la Reina (sin importarle demasiado la presencia del Rey), pero ella se alegra más de ver al Mariscal. Blanca y Belerma alaban la valentía de Carlos; luego ellas y todas las damas se van y quedan el Rey, el Duque de Saboya, el Conde de Fuentes y el Mariscal.

Vv. 107-205. El Rey y el Duque hablan de la belleza de las damas, que comparan grotescamente con «ranas en laguna» (v. 112). El Duque de Saboya elogia a la reina (la llama «buena pieza», v. 108) en presencia del Rey. Este cree que Blanca está perdida por él. Siguen después disparatando sobre la idea ser soldados. El Mariscal se ofrece para alojar al Duque. Mientras, el Conde de Fuentes busca al de Virón. Dialogan los dos, sin darse cada uno cuenta de la identidad del otro. Luego se dan a conocer y hablan todos de la paz entre Francia y Saboya.

Vv. 206-367. Blanca y Belerma conversan sobre un sueño que ha tenido la primera, en el que Carlos y el Rey, en vez de batirse en duelo por el amor de la dama, apostaban a «quién más comía buñuelos» (v. 281). En tan peculiar desafío, ganaba el Rey y Carlos moría, pero comenta que ella se holgó con su muerte. Belerma, que confiesa amar a Jaques, queda asombrada por el sueño de su señora. En esto divisan a un hombre que se acerca (se trata del Rey, que también persigue a Blanca). En los vv. 328-363, dos músicos glosan unos versos disparatados que aluden al amor y al engaño.

Vv. 368-427. Llega el Rey con el rostro encubierto. Blanca y Belerma creen que el hombre que viene es Jaques, que debe estar acompañado del Mariscal. Pero se trata del Rey, que busca a Blanca, quien se ha ido de la Corte porque, según explica, no tenía qué comer (los nobles se retiraban de la Corte a sus posesiones rurales porque allí los gastos eran menores). El Rey también tiene ahora hambre y pide que le guisen unas espinacas. Él mismo manifiesta que es un rey que siempre hace su gusto (vv. 410-411): un mal rey, por tanto.

Vv. 428-523. El Mariscal y un criado hablan desde adentro. Carlos quiere entrar donde están el Rey y Blanca; el criado se lo quiere impedir porque Blanca está espulgando al Rey (y quizá algo más…). Entra Carlos, los encuentra solos y a oscuras y pide cuentas al Rey por esta acción. El Rey le cede a Blanca y, de paso, lo nombra Duque de Virón y Par de Francia. Se marcha el Rey y Carlos se despide de su dama (vv. 508-523), en una escena en la que los dos intercambian apodos ridículos. El Mariscal anuncia que se va a las Vistillas (alusión costumbrista madrileña).

Jornada II

Vv. 524-564. Jaques busca al Duque de Saboya para anunciarle que el Mariscal viene a visitarlo; el criado del Duque dice que está jugando a los toros con Lafín.

Vv. 565-618. El Duque de Saboya y el Mariscal, con Lafín, conspiran contra el Rey de Francia; el Duque, siguiendo el consejo de Lafín, ofrece a Carlos la mano de su hermana, con una dote ridícula: la ropa de un paje, los mendrugos de una dueña, el haca de un rodrigón, unos juros que «en mi tierra / son como pueblos en Francia» (vv. 605-606), etc. El Mariscal acepta, aunque lamenta haber dado ya su amor a Blanca. El Duque le pide que deje a la «gabacha».

Vv. 619-740. Batalla entre franceses y españoles. El Mariscal, que se duerme, y el Conde de Fuentes se enfrentan, y luego este se marcha. Llega Jaques y Carlos le dice que tiene sueño. El Mariscal se dispone a dormir y Jaques se va «a espulgar / detrás de aquel alcacer» (vv. 661-662). Vuelve el Conde de Fuentes y el Mariscal le revela el trato que ha hecho con el Duque de Saboya, que le ofrece a cambio la mano de su hermana. El Conde lo llama traidor. Se insultan mutuamente, hasta que se oye el grito de guerra de los franceses. Los vv. 721-740 son un breve soliloquio del Mariscal.

Vv. 741-780. El Rey y el Mariscal hablan con Lafín acerca del desarrollo de la batalla. Carlos parece arrepentido de haber pactado con el Duque, cosa que Lafín advierte; para no ser acusado, decide informar al Rey sobre la traición de Carlos y matarlo. Anochece y la victoria queda por los franceses.

Vv. 781-876. Blanca y Belerma conversan, mientras un músico entona una canción sobre los ojos de la dama, que grotescamente compara a «abrojos» y «luciérnagas en rastrojos» (vv. 791-806). Blanca pregunta a Belerma quién le ha mandado esta música infernal, y la criada responde: «trújotela Barrabás» (v. 813). Llega Jaques con una carta y Blanca la lee, enterándose así de que Carlos se va a casar con Margarita, la hermana del Duque de Saboya.

Vv. 877-1036. Aparece el Mariscal y Blanca le reprende por haberse olvidado de ella, mientras el Rey y Lafín escuchan escondidos, al paño. Carlos explica que se rindió al Rey y que ya no quiere la boda con Margarita. Blanca advierte que el Rey ha escuchado sus reproches a Carlos y trata de disfrazar sus palabras. El Rey se desemboza y, sabedor de que ha sido traicionado, exige al mariscal de Virón que confiese sus culpas. Blanca dice que todo lo que ha referido ha sido soñado. El Mariscal se disculpa ante el Rey.

Vv. 1037-1166. El Mariscal y el Rey. El Mariscal relata su enfrentamiento con el Conde de Fuentes. Discuten.

Vv. 1167-1192. Soliloquio del Mariscal en el que asegura que se vengará de Lafín por parlero. Después, se queda dormido.

Vv. 1193-1228. El Rey viene con Suisón y varios soldados a prender al Mariscal, al que descubren durmiendo. Carlos habla entre sueños y dice que Lafín engaña al Rey. Suisón pide al Rey que llame a más gente para hacer prisionero al Mariscal, pero el Rey responde con una alusión escatológica: «Yo no he menester ayuda […]. Antes pienso que me he ido…» (vv. 1211-1215). El Rey ordena prender a Carlos y encerrarlo en el castillo de la Bastida.

Jornada III

Vv. 1229-1306. El Rey, el Mariscal preso, Suisón y el Canciller. Por el diálogo de los personajes nos enteramos de que el Mariscal ha sido sentenciado a muerte por traidor.

Vv. 1307-1708. Primero el Rey y Lafín. Luego, largo monólogo del Mariscal en el que, para disculparse, enumera sus dilatadas hazañas bélicas, apelando al perdón del Rey. Insiste en que quiere a Blanca. El Rey confirma al Mariscal que no hay perdón y que va a ser ejecutado: es más, le pide que se deje ahorcar sin hacer mayores aspavientos.

Vv. 1709-1773. Soliloquio del Mariscal en el que apela al honor y se lamenta por su mala suerte. Se despide del público pues «tocan a degollar» (v. 1773).

Vv. 1774-1997. Jaques y Belerma, escondidos, planean huir (vv. 1774-1805). Llegan Lafín, el Rey y Suisón buscando a Blanca. Jaques y Belerma salen de su escondite y afirman que no han tenido nada que ver con los hechos del Mariscal. El Rey dice que no teman, pues solo le interesa encontrar a Blanca. Belerma le dice que Blanca se fue a ver la ejecución de Carlos. Sale luego Blanca y cuenta al Rey con todo lujo de detalles cómo fue degollado el Mariscal: Carlos murió, pero ha resucitado (son habituales en las comedias burlescas estos «muertos resucitados»). El Rey responde que tendrá que matar al Mariscal «a la jineta» (v. 1973), es decir, tendrá que darle una segunda muerte (como eran dos las formas de montar a caballo). El Rey anuncia a Blanca que la va a casar inmediatamente, esa misma tarde. La comedia se cierra con la disparatada indicación de Jaques a Belerma: «quiero ser tu casamiento / dando a aquestos disparates / feliz fin en un convento» (vv. 1195-1197).


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] La numeración de las citas responde a la siguiente edición: Juan de Maldonado, El Mariscal de Virón, ed. de Milena M. Hurtado y Carlos Mata Induráin, en Comedias burlescas del Siglo de Oro, VII, El Mariscal de Virón. No hay vida como la honra. El robo de Elena. El muerto resucitado, ed. del GRISO, volumen dirigido por Carlos Mata Induráin, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2011, pp. 27-187 (que utiliza como texto base el de 1658). Más detalles sobre la pieza se pueden ver en el estudio preliminar a esa edición y también en Milena M. Hurtado y Carlos Mata Induráin, «Algo más sobre comedia burlesca y Carnaval: a propósito de El Mariscal de Virón, de Juan de Maldonado», eHumanista. Journal of Iberian Studies, 2, 2002, pp. 161-175. El texto de esta entrada actualiza lo recogido en esos dos trabajos conjuntos de Hurtado y Mata Induráin.

«El mariscal de Virón»: del modelo serio a la versión paródica

Anteriormente[1], el dramaturgo Juan Pérez de Montalbán[2], también editor y biógrafo de Lope de Vega, había publicado una comedia seria homónima de nuestra burlesca, que alcanzó un gran éxito ya que se reimprimió varias veces entre 1632 y 1652[3].

El mariscal de Virón, de Juan Pérez de Montalbán

La seria «cuenta la historia de Biron, ese gran señor del tiempo de Enrique IV de Francia, a quien su dudosa actuación le valió el patíbulo»[4]. En efecto, el monarca francés tuvo al mando de su ejército a Charles de Gontaut, Barón y Duque de Biron (1562-1602). Hijo de Armand de Gontaut, Charles se ganó el favor del rey por sus numerosas victorias. En 1592, después de la muerte de su padre, fue nombrado mariscal y en 1598 Duque y Par de Francia. Secretamente, el Duque de Saboya, Charles Emmanuel I, le ofreció la mano de su hija en matrimonio a cambio de información sobre los planes de la armada francesa. Biron fue encarcelado y condenado a muerte por su traición a la Corona, y decapitado en La Bastilla en 1602.

Charles Gontaut, mariscal de Biron

La versión burlesca mantiene el aire histórico[5] de la seria, pero aquí no encontraremos a «ese gran señor» que fue el mariscal, ni al distinguido rey Enrique IV, sino a una serie de personajes ridículos y hasta grotescos que, en una continuada sarta de disparates, protagonizan la Comedia burlesca del mariscal de Virón[6].


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Para este autor, remitimos al Portal a él dedicado en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, Juan Pérez de Montalbán, dirigido por Claudia Demattè, donde el lector interesado encontrará datos sobre su vida y obra, bibliografía, imágenes, etc.

[3] Salvador Crespo Matellán, La parodia dramática en la literatura española, menciona impresiones en las Partes veinticinco y cuarenta y cuatro de Partes de afuera, Zaragoza, 1632, 1633 y 1652; también en el primer tomo de Comedias de Montalbán, Madrid, 1635, 1638 y 1652, y Valencia, 1652. Ver Esther Borrego Gutiérrez y María Moya García, «Fortuna editorial y escénica de Juan Pérez de Montalbán en los siglos XVII y XVIII: el caso de El mariscal de Virón», en José María Díez Borque (dir.), Álvaro Bustos Táuler y Elena Di Pinto (eds.), Miscelánea teatral áurea, Madrid, Visor Libros, 2015, pp. 27-46. Se ha conservado una Relación del Mariscal de Biron, Sevilla, por Francisco de Leefdael, s. a.

[4] Charles V. Aubrun, La comedia española (1600-1680), Madrid, Taurus, 1968, p. 152. Citado por Crespo Matellán, La parodia dramática en la literatura española, p. 25. Nosotros mantenemos en el título y en el texto de la comedia la forma españolizada Virón.

[5] Frédéric Serralta la clasifica como comedia de tipo histórico junto con El rey don Alfonso, el de la mano horadada, en su artículo «Comedia de disparates», Cuadernos Hispanoamericanos, 311, 1976, p. 451.

[6] Las citas serán por la siguiente edición: Juan de Maldonado, El Mariscal de Virón, ed. de Milena M. Hurtado y Carlos Mata Induráin, en Comedias burlescas del Siglo de Oro, VII, El Mariscal de Virón. No hay vida como la honra. El robo de Elena. El muerto resucitado, ed. del GRISO, volumen dirigido por Carlos Mata Induráin, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2011, pp. 27-187 (que utiliza como texto base el de 1658). Más detalles sobre la pieza se pueden ver en el estudio preliminar a esa edición y también en Milena M. Hurtado y Carlos Mata Induráin, «Algo más sobre comedia burlesca y Carnaval: a propósito de El Mariscal de Virón, de Juan de Maldonado», eHumanista. Journal of Iberian Studies, 2, 2002, pp. 161-175. El texto de esta entrada actualiza lo recogido en esos dos trabajos conjuntos de Hurtado y Mata Induráin.

«El mariscal de Virón», comedia burlesca: datos externos, texto y autoría

La Comedia burlesca del mariscal de Virón, de don Juan de Maldonado[1], parodia de la homónima seria de Juan Pérez de Montalbán[2], fue impresa, con su loa, en Madrid en 1658, en la Parte duodécima de Comedias nuevas escogidas de los mejores ingenios de España. Fue reimpresa en Madrid, 1679, en Primavera numerosa de muchas armonías lucientes, en doce comedias fragantes. Parte duodécima. El texto de la comedia, que se conserva también en una suelta (s. l., s. e., s. a.) y en un manuscrito de la Biblioteca March (sign. 19-5-15, I-IV, fols. 50r-64r), consta de 1997 versos, y la loa de 298[3].

Comedias burlescas GRISO

Sobre el autor de El mariscal de Virón, Juan de Maldonado, se sabe muy poco. No debió de ser muy conocido en su época, al menos no se han conservado muchos textos suyos. Sabemos que escribió, junto con Diego la Dueña y Jerónimo de Cifuentes, otra comedia burlesca, La más constante mujer, publicada en la Parte once de Comedias nuevas escogidas de los mejores ingenios de España (Madrid, 1659)[4]. En cuanto a posibles representaciones de El mariscal de Virón, no disponemos de datos que las confirmen; en la edición de 1658 se presenta bajo el marbete de «comedia famosa»[5], epígrafe que solía aplicarse a las comedias ya estrenadas. De ser así, probablemente fuera puesta en escena durante unas Carnestolendas, época en que solían representarse estas comedias burlescas. De hecho, las alusiones carnavalescas son muy abundantes a lo largo de la obra, como veremos en próximas entradas.


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Para este autor, remitimos al portal a él dedicado en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, Juan Pérez de Montalbán, dirigido por Claudia Demattè, donde el lector interesado encontrará datos sobre su vida y obra, bibliografía, imágenes, etc.

[3] Hay edición moderna: Juan de Maldonado, El Mariscal de Virón, ed. de Milena M. Hurtado y Carlos Mata Induráin, en Comedias burlescas del Siglo de Oro, VII, El Mariscal de Virón. No hay vida como la honra. El robo de Elena. El muerto resucitado, ed. del GRISO, volumen dirigido por Carlos Mata Induráin, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2011, pp. 27-187 (que utiliza como texto base el de 1658). Más detalles sobre la pieza se pueden ver en el estudio preliminar a esa edición y también en Milena M. Hurtado y Carlos Mata Induráin, «Algo más sobre comedia burlesca y Carnaval: a propósito de El Mariscal de Virón, de Juan de Maldonado», eHumanista. Journal of Iberian Studies, 2, 2002, pp. 161-175. El texto de esta entrada actualiza lo recogido en esos dos trabajos conjuntos de Hurtado y Mata Induráin.

[4] Ver Salvador Crespo Matellán, La parodia dramática en la literatura española, Salamanca, Universidad de Salamanca, 1979, p. 25.

[5] Este adjetivo aparece en el encabezado de los folios en «vuelto».

Don García Hurtado de Mendoza en «Arauco domado» de Lope de Vega: balance final

Como hemos podido apreciar en la serie de entradas precedentes[1], en la comedia de Lope de Vega Arauco domado[2] los elogios de don García Hurtado de Mendoza son continuos y vienen de todas partes: lo elogian todos, amigos y enemigos, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, hasta formar un panegírico completo. Además de la heterocaracterización, se da la autocaracterización del personaje, que queda retratado por sus propios hechos y palabras en escena. La obra nos lo presenta como un general valiente y previsor, generoso, nada codicioso (no son posibles las acusaciones de codicia porque, se insiste, la tierra de Chile es pobre), un magnífico gobernador, fiel a su monarca y a su proyecto de pacificar el difícil territorio araucano, piadoso y cristiano. Es decir, un gobernante cuyo objetivo es lograr la monarquía católica y universal. Entre los recursos empleados por el dramaturgo para lograr su objetivo enaltecedor, cabe destacar la continua alusión a elementos ennoblecedores de la mitología y la antigüedad grecolatina, el uso simbólico de la palabra sol, etc. Todo ello hace que en Arauco domado no solo tengamos el retrato de un «heroico César cristiano», sino de un verdadero «san García»[3].

Don García Hurtado de Mendoza

Terminaré con un último apunte: cuando san Andrés salva —indirectamente— a los españoles del sorpresivo ataque araucano, don García exclama: «¡Qué presto los buenos pagan! / ¡Bien haya quien sirve a buenos!» (p. 809). Sin duda, este enunciado constituía todo un aviso para navegantes: don García Hurtado de Mendoza había servido al rey de España y era justo el premio del reconocimiento y las mercedes: para ello se escribieron esta comedia y las demás obras de la campaña de propaganda nobiliaria; pero no me parece descabellado pensar que Lope, al escribir tales versos, también estaría pensando interesadamente en sí mismo: en lo beneficioso que es servir a una familia noble que le había encargado un trabajo y que, como buenos, deberían pagarle presto y generosamente por sus servicios…


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Todas las citas (con algún ligero retoque en la puntuación) son por la edición de Jesús Gómez y Paloma Cuenca, en Lope de Vega, Comedias, IX, Madrid, Biblioteca Castro/Turner, 1994. Para más detalles sobre la comedia, ver Carlos Mata Induráin, «Linaje y teatro: Arauco domado de Lope de Vega como comedia de propaganda nobiliaria», en David García Hernán y Miguel F. Vozmediano (eds.), La cultura de la sangre en el Siglo de Oro. Entre Literatura e Historia, Madrid, Sílex, 2016, pp. 325-348.

[3] En cualquier caso, la versión más hagiográfica de don García como san García la encontramos en la comedia El gobernador prudente de Gaspar de Ávila. Ver Carlos Mata Induráin, «Del panegírico a la hagiografía: don García Hurtado de Mendoza en El gobernador prudente de Gaspar de Ávila», Hispanófila, 171, junio de 2014, pp. 113-137.

«Arauco domado» de Lope de Vega como comedia genealógica

La pieza de Lope se hace eco también de la nobleza familiar de don García[1]. Se trata de un aspecto más general, en el que los elogios vertidos por el dramaturgo no son referidos al noble individual, sino al conjunto de su linaje. Esto lo encontramos, por ejemplo, en la escena en que Rebolledo acompaña a Gualeva, devuelta a Tucapel, y este le pregunta al soldado español por la nobleza de don García. Rebolledo hace un resumen de su prosapia, señalando que es la suya una sangre emparentada con la realeza:

TUCAPEL.- Dime, español, ¿qué tan noble
es este Mendoza?

REBOLLEDO.- Toma
veintitrés generaciones
la prosapia de Mendoza.
No hay linaje en toda España,
Tucapel, de quien conozca
tan notable antigüedad.
De padres a hijos se nombran,
sin interrumpir la línea,
tan excelentes personas,
y de tanta calidad,
que fuera nombrarlas todas
contar estrellas al cielo
y a la mar arenas y ondas.
[…]

TUCAPEL.- Dime: ¿en la sangre del rey
de España y Castilla toca
este Mendoza?

REBOLLEDO.- ¡Pues no!
Juan Hurtado de Mendoza,
alférez mayor y ayo
del rey, tuvo por esposa
a la gran doña María
de Castilla; esta señora
fue hija del conde Tello,
hermano del rey.

TUCAPEL.- Sus obras
muestran bien su calidad,
porque estas la sangre adornan.
¿Cómo se llama ese rey?

REBOLLEDO.- Enrique.

TUCAPEL.- Pues como pongas
un rey de España en su sangre,
no le pidas mayor gloria (pp. 822-823)[2].

Y por todo ello el soldado español les aconseja que se inclinen por la paz:

REBOLLEDO.- Mucho yerra el que os provoca
a no rendiros en paz,
que si te dijese cosas
que estos Mendozas han hecho
con la gente alarbe y mora,
las batallas que han vencido,
las ciudades, las coronas
que han añadido a sus reyes
con tan ilustres victorias,
echaríades de ver
que es imposible que ahora
os libréis deste mancebo,
de cuyo sol seréis sombra (pp. 823-824).

Hay también un par de alusiones puntuales al escudo de los Hurtado de Mendoza: la primera, cuando los músicos que cantan en honor de san Andrés aluden a «los veinte corazones / que pone Hurtado en sus armas» (p. 808); la segunda, cuando el araucano Engol da también muestras de conocer la heráldica cristiana («más corazones que ha puesto / por armas en sus banderas», p. 813).

Escudos de los Hurtado de Mendoza

En fin, también se usa el apellido Mendoza para apellidar al entrar en combate, igual que los gritos de «¡España!» o «¡Santiago!» (p. 836).


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Todas las citas (con algún ligero retoque en la puntuación) son por la edición de Jesús Gómez y Paloma Cuenca, en Lope de Vega, Comedias, IX, Madrid, Biblioteca Castro/Turner, 1994. Para más detalles sobre la comedia, ver Carlos Mata Induráin, «Linaje y teatro: Arauco domado de Lope de Vega como comedia de propaganda nobiliaria», en David García Hernán y Miguel F. Vozmediano (eds.), La cultura de la sangre en el Siglo de Oro. Entre Literatura e Historia, Madrid, Sílex, 2016, pp. 325-348.