Subgéneros del teatro breve del Siglo de Oro: la mojiganga

«La palabra mojiganga — escribe Huerta Calvo — parece provenir de boxiganga, y esta de bojigón, alteración de vejigón, luego mojigón, un tipo de máscara que llevaba unas vejigas atadas a un palo, que le servían para sacudir a quienes contemplaban los festejos carnavalescos»[1]. Existió, pues, primero la mojiganga como una fiesta pública típica de Carnaval, especie de comparsa de máscaras o cabalgata grotesca, caracterizada por el empleo de disfraces ridículos, exóticos y vistosos, organizada a veces por los distintos gremios, y con carácter eminentemente burlesco (temas y personajes de la mitología, la historia o la literatura). Más tarde, pasa al teatro y a Palacio, y se convierte en mojiganga teatral, siempre ligada al Carnaval. La mojiganga dramática supone la carnavalización del teatro breve: como bien escribe Madroñal,

si algún subgénero de teatro breve tiene que ver con el Carnaval, ese es precisamente la mojiganga dramática. La mojiganga, en cuanto significa presentación deliberada de confusión, mundo al revés, parodia, disfraz y otros componentes, es específicamente carnavalesca[2].

Según la define Cotarelo[3], la mojiganga dramática es una mascarada grotesca —procedente de la fiesta callejera— que se representaba como fin de fiesta teatral, y consistía en una serie de danzas descompuestas (entre ellas los matachines, a los que me referiré en una próxima entrada) y movimientos ridículos, disfraces de animales, etc. Igual de ridícula que la coreografía lo era la música, producida con instrumentos absurdos (el barullo estrepitoso que se formaba recibía el nombre de pandorga). Buezo ha establecido los principales rasgos definitorios de este género que alcanza su apogeo en torno a 1640[4]: estructura de desfile, disfraz, carácter grotesco o bufo, confusión y movimientos rápidos, abundancia de palos… Arellano, al tiempo que destaca el carácter elemental de estas piezas, basadas en el caos del movimiento y del ruido y en los vestidos ridículos y bufonescos, puntualiza que, como en el resto de géneros breves, «un examen sistemático revela, debajo de la aparente simplicidad, una variedad compleja y una serie de objetivos y funciones, según los ámbitos (cortesano, urbano, eclesiástico, etc.) en los que se desarrolla»[5].

Mojiganga del grupo de Teatro Experimental del Centro Asturiano

Para Asensio, el entremés de Los refranes del viejo celoso de Quevedo sería un antecedente claro de mojiganga. Algunas piezas breves de Quiñones de Benavente como El mago, Los planetas, La capeadora (segunda parte) o El casamiento de la Calle Mayor con el Prado Viejo han sido consideradas mojigangas. En cualquier caso, una de las mejores piezas del género se debe a Calderón, autor de La mojiganga de las visiones de la muerte, cuya trama presenta un mayor grado de elaboración. En ella,

un borracho se despierta para encontrarse con los actores de una compañía de cómicos (que van a representar un auto sacramental y han volcado el carro) vestidos de ángeles, demonios y Muerte, desorientando al pobre pasajero que no comprende dónde se encuentra ni a qué lógica responden un ángel jurador y un demonio que se santigua como buen cristiano[6].

Otros títulos de mojigangas calderonianas son Los sitios de recreación del Rey, El pésame de la viuda, La garapiña o Los guisados. También compusieron mojigangas otros autores como Juan Vélez de Guevara (Mojiganga de las figuras), Simón Aguado (Mojiganga de los niños de la Rollona), Suárez de Deza (Lo que pasa en el río de Madrid en el mes de julio, La ronda en noche de Carnestolendas, La ronda del alcalde, La encantada, Personajes de títulos de comedias), Monteser (La mojiganga de la ballena), Bances Candamo (Mojiganga para «El primer duelo del mundo»), Rodríguez de Villaviciosa (Las figuras y lo que pasa en una noche), León Merchante (Los motes, La manzana) o Francisco de Castro (El barrendero).


[1] Javier Huerta Calvo, El teatro breve en la Edad de Oro, Madrid, Laberinto, 2001, p. 73.

[2] Abraham Madroñal, «Quiñones de Benavente y el teatro breve», en Javier Huerta Calvo (dir.), Historia del teatro español, Madrid, Gredos, 2003, vol. I, p. 1050.

[3] Colección de entremeses, loas, bailes, jácaras y mojigangas, ed. de Emilio Cotarelo y Mori, Madrid, Bailly-Baillière (NBAE), 1911, vol. I, p. CCXCI.

[4] Ver Catalina Buezo Canalejo, La mojiganga dramática. De la fiesta al teatro, Kassel, Reichenberger, 1993. Y también Mojigangas dramáticas (siglos XVII y XVIII), ed. de Catalina Buezo, Madrid, Cátedra, 2005.

[5] Ignacio Arellano, Historia del teatro español del siglo XVII, Madrid, Cátedra, 1995, p. 677.

[6] Arellano, Historia del teatro español del siglo XVII, p. 677.

6 pensamientos en “Subgéneros del teatro breve del Siglo de Oro: la mojiganga

  1. La primera celebración del Quijote en América, que fue una “máscara de mojiganga” en el Potosí (1607), una rara combinación de espectáculo elegante y fiesta callejera, en la que desfilaron, entre caballeros, tahúres y ladrones, el amo y el criado Sancho. Dos años antes, en Valladolid, se había dado la primera celebración del Quijote en España, de la que se escribió una relación —anónima pero atribuída a Cervantes— y un soneto:

    “quedamos pobres, fue Lutero rico; / mandáronse escribir estas hazañas/ a Don Quijote, a Sancho, su jumento”.

    El nexo entre las obras cervantinas y las farsas/bailes burlescos de Indias es un tema complejo que Catalina Buezo, de la Universidad Europea-CEES Madrid, ha estudiado por décadas y quiero citar sus trabajos en secuencia y los títulos de éstos. De 1988 es una ponencia aún inédita “Bailes burlescos en el Nuevo Mundo”, leído ante el I Congreso Internacional de Lengua y Literaturas Hispánicas (CSIC): en España, “tanto el público como los autores se habían familiarizado con esos sones a causa de su aparición en máscaras, mojigangas y entremeses callejeros ejecutados en la plaza pública”, a partir de 1599, es decir, una vez muerto Felipe II.

    Buezo luego publicó sobre el tema dos ensayos y finalmente un libro. Su primer ensayo salió en La mojiganga dramática: de la fiesta al teatro (1993, Reichenberger) —siendo editora de la segunda edición (2005), en cuya introducción alerta de los “problemas que plantea la edición crítica del género ‘mojiganga dramática’” (1)— y su segundo ensayo, “El Rufián viudo … una boda burlesca entremesada de Cervantes”, fue incluído en Cervantes, (1994, Reichenberger). Finalmente dio a luz su libro Prácticas festivas en el teatro breve del s. XVII (2008), del que cito el ensayo “Mascaradas y mojigangas de los ss. XVI y XVII y su relación con el Nuevo Mundo”. Es así pues que en este tema Buezo lleva cuarto de siglo de investigaciones, antes de llegar a la siguiente observación:

    Es interesante notar que la primera mojiganga conocida se llama “mojiganga o entremés”, pero no lo es menos el que en ella desfile ya Don Quijote poco tiempo después de la impresión de la obra de Cervantes.
    En una sortija celebrada en 1607 en Cuzco volvieron a intervenir Don Quijote y Sancho, [y ese] año salieron en una encamisada [en Potosí] […] el nombre de mojiganga no se había aplicado a un divertimento de este tipo hasta 1605. Interesa, además, por tratarse de una referencia al Nuevo Mundo. (30)
    [Pocas líneas antes Buezo se refirió a una celebración de 1599 con la que el gremio de los mercaderes de Toledo recibió a la pareja real de recién casados, honrándolos con una cabalgata que representaba la corte de Moctezuma; y acota que se] trata de una de las mojigangas o comparsas más tempranas que hemos encontrado … [y, añade en la nota 4 que] podían confundirse ‘mojiganga’ y ‘máscara’ o ‘mascarada’, aunque estas dos últimas voces solían emplearse en el s. XVII para designar un espectáculo noble, no burlesco” (29-30).

    Buezo expuso los problemas de terminología y cronología de la ‘mojiganga’, un género indócil e inédito, híbrido de español y negro, cabalgata y tamborín, fiesta callejera y función cortesana.

    En Potosí desfiló Don Quijote en una “máscara de mojiganga” o “encamisada” y fue probablemente con música de tambores negros, como se acostumbraba allí por el Corpus.

    Yo sigo preguntándome si es válido zanjar la cuestión de una vez por todas y decir con toda autoridad que ‘mojiganga’ viene de ‘boxiganga’ —mamarracho con ‘vejiga’— o si todavía merece la pena argüir, con el cubano Fernando Ortiz, que es palabra afrocaribeña.

    …. las mascaradas tempranas relacionadas con el Nuevo Mundo … en muchas ocasiones son comparsas parateatrales con diálogo que acaban subiendo a escena. Así se llega de la mojiganga o comparsa callejera de danzantes a la mojiganga dramática o entremés cómico-burlesco cantado y bailado para fin de fiesta, es decir, al teatro breve del s. XVII (Buezo Prácticas festivas 28)

    Lo que me queda claro en torno al tema ‘mojiganga’ es que: 1. la primera mojiganga americana fue la del Quijote en 1607; 2. la celebración del Quijote en las calles de Valladolid en 1605 no parece haber sido una mojiganga o al menos no menciona esa palabra la experta Patricia Marín Cepeda, editora de la relación correlativa a la fiesta.

    • Muchas gracias, “Urganda”, por tu extenso y muy erudito comentario. Se me ocurre añadir que el Prof. Ignacio Arellano publicó en el 2005 un trabajo titulado
      “Mascaradas quijotescas”, en la colección “Pliegos volanderos del GRISO”, núm. 8, septiembre 2005. Y se reprodujo en Leyendo el Quijote, volumen especial de la revista Príncipe de Viana, núm. 236, 2005, pp. 947-961. Si no lo tienes y te interesa, puedo enviártelo. Un abrazo.

    • Muchas gracias, Juan. Son entradas didácticas que pueden ser de utilidad, quizá, a alumnos, a personas interesadas en el teatro del Siglo de Oro, pero que no sean especialistas en la materia, etc. Por eso el enfoque es muy amplio y no siempre cito, como es lógico, toda la bibliografía existente ni la más actualizada… Un abrazo.

  2. Pingback: Imos á comedia | Club de lectura BiblioTea

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