Santa Teresa de Jesús en la ficción narrativa española contemporánea: introducción

Bien sabida es la trascendencia y el legado inmenso que ha dejado tras de sí la ingente figura de santa Teresa de Jesús[1]. Más allá de su santidad, de su acción como reformadora del Carmelo, de su labor como escritora y su impronta en el terreno espiritual, la santa de Ávila ha dado lugar a muchas recreaciones, en diversas artes (pintura, escultura, etc.) y también —lo que ahora me interesa— en la literatura. En el terreno literario, su figura ha sido evocada en todos los géneros: teatro, poesía, ensayo y, por supuesto, en la narrativa. En las próximas entradas, tras ofrecer un listado con el corpus de obras que muestran su presencia en la ficción narrativa española contemporánea (siglos XX y XXI), me detendré en el análisis de la novela El castillo de diamante (2015) de Juan Manuel de Prada, una de las de mayor interés y mayor calidad literaria de cuantas aparecieron en torno al centenario teresiano de ese año.

Santa Teresa de Jesús. Pintura al óleo de fray Juan de la Miseria (1576).
Santa Teresa de Jesús. Pintura al óleo de fray Juan de la Miseria (1576).

Antes de entrar en materia, y a modo de preliminar, señalaré tres premisas de las que parten mis reflexiones. La primera es, aunque resulte un hecho bastante obvio, que la novela histórica está de moda de unas décadas a esta parte. Basta con acercarse a la sección de novedades de cualquier librería para comprobarlo. Hay para ello poderosas razones de márquetin (premios, estrategias editoriales…), a lo que se suma el sostenido gusto por la historia (la sentencia ciceroniana «Historia, magistra vitae» sigue teniendo valor y vigencia a día de hoy: en un mundo complejo como el nuestro, saber de nuestro pasado nos ayuda a entender mejor nuestro presente, de forma que podamos afrontar en mejores condiciones nuestro futuro). Además, la novela histórica se desarrolla con mayor intensidad en épocas de crisis, entre otras razones porque es un molde que permite establecer paralelismos entre el pasado y el presente (y por ello es, también, un subgénero que se presta a la carga ideológica, en un sentido conservador o progresista). En las primeras décadas del siglo XIX, tras el éxito de Walter Scott y las Waverley Novels, los imitadores del maestro escocés fueron legión en toda Europa: escribir “a la manera de Scott” se convirtió en garantía de éxito editorial[2]. Mutatis mutandis, hacia finales del siglo XX el éxito de Umberto Eco con El nombre de la rosa (que —entre otras cosas— es una memorable novela histórica) relanzó el subgénero, y no solo en esa modalidad de ʻuna investigación detectivesca ambientada en algún momento de la Edad Mediaʼ; a ese cultivo del género se ha sumado la modalidad de la novela “del código” (asimilable en ocasiones —no siempre— al subgénero novela histórica).

La segunda premisa es que la novela histórica, en los últimos tiempos, siente predilección por el Siglo de Oro español, y así, no resulta difícil encontrar a distintos escritores áureos convertidos en personajes de ficción. El asunto, por supuesto, no es nuevo, pues ya desde el Romanticismo aparecen con frecuencia Cervantes, Lope de Vega, Quevedo o Villamediana (y algo menos Garcilaso, Calderón, Tirso o Góngora) protagonizando relatos de ficción histórica, ya sea como personajes principales, ya interviniendo en ellos de forma secundaria. Sin embargo, esta tendencia se ha multiplicado considerablemente en las últimas décadas (sobre todo en lo que llevamos de siglo XXI, podría decirse).

La tercera y última premisa es que a la novela histórica “le sientan muy bien” los centenarios. Un ejemplo señero lo tenemos con Cervantes; en lo que va de siglo se han acumulado las conmemoraciones cervantinas: en 2005, de la Primera parte del Quijote; en 2013, de las Novelas ejemplares; en 2014, del Quijote de Avellaneda; en 2015, de la Segunda parte del Quijote y de las Ocho comedias y ocho entremeses; en 2016, de la muerte del escritor, y en 2017, de la publicación póstuma del Persiles. Pues bien, en todos esos años hemos visto aparecer un verdadero aluvión de novelas con Cervantes convertido en personaje de ficción (y no hablo ahora de las recreaciones narrativas de don Quijote, que es otra materia distinta). Algo similar ocurrió con el centenario del nacimiento de santa Teresa en 2015, momento en el que se dieron a las prensas bastantes recreaciones novelescas de su vida, algunas en el año 2014 (adelantándose un poco a la conmemoración), varias más en el 2015 y algunas otras rezagadas que se sumaron en el año 2016, valga decir, en el “post-centenario”[3].


[1] Ver especialmente para su legado y trascendencia Esther Borrego y José Manuel Losada (eds.), Cinco siglos de Teresa. La proyección de la vida y los escritos de Santa Teresa de Jesús. Actas selectas del Congreso Internacional «Tan alta vida espero. Santa Teresa o la llama permanente de 1515 a 2015». Universidad Complutense de Madrid, 20-23 de octubre de 2015, Madrid, Fundación María Cristina Masaveu Peterson, 2016; y Esther Borrego y Jaime Olmedo Ramos (coords.), Santa Teresa o la llama permanente. Estudios históricos, artísticos y literarios, Madrid, Centro de Estudios Europa Hispánica (CEEH), 2017. Para el personaje de santa Teresa de Jesús, en general, remito también a Joseph Pérez, Teresa de Ávila y la España de su tiempo, Madrid, Algaba, 2007; Rosa María Alabrús y Ricardo García Cárcel, Teresa de Jesús. La construcción de la santidad femenina, Madrid, Cátedra, 2015; o Carlos Ros, Teresa de Jesús: vida, mensaje y actualidad de la santa de Ávila, Madrid, San Pablo, 2015, entre otros muchísimos trabajos posibles.

[2] Ver para estas cuestiones Carlos Mata Induráin, «Estructuras y técnicas narrativas de la novela histórica romántica española (1830-1870)», en La novela histórica. Teoría y comentarios, ed. Kurt Spang, Ignacio Arellano y Carlos Mata, 2.ª ed., Pamplona, Eunsa, 1998a, pp. 113-151; y «Retrospectiva sobre la evolución de la novela histórica», en La novela histórica. Teoría y comentarios, ed. Kurt Spang, Ignacio Arellano y Carlos Mata, 2.ª ed., Pamplona, Eunsa, 1998b, pp. 11-50.

[3] Me centraré exclusivamente en la novela histórica, pero lo mismo podríamos decir con relación a otros subgéneros literarios: la literatura infantil y juvenil, la novela gráfica, el ensayo, el cine… y otras modalidades de recepción del personaje. Para más detalles remito a mi trabajo: Carlos Mata Induráin, «Santa Teresa de Jesús en la ficción narrativa española contemporánea: El castillo de diamante (2015) de Juan Manuel de Prada», en Esther Borrego Gutiérrez y Carlos Mata Induráin (eds.), Teresa de Jesús y su legado. Santidad y escritura. 400 años de su canonización, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2024, pp. 511-530.

«Caupolicán», soneto de José Santos Chocano

José Santos Chocano (Lima, 1875-Santiago de Chile, 1934), conocido como «El Cantor de América» (él mismo se definió así: «Soy el cantor de América autóctono y salvaje; / mi lira tiene un alma, mi canto un ideal»), es una de las figuras más destacadas del Modernismo hispanoamericano. Diplomático y escritor, su producción lírica está formada por los siguientes títulos: Iras santas (1895), En la aldea  (1893), Azahares  (1896), Selva virgen (1896), La epopeya del Morro (1899), El derrumbe  (1899), El canto del siglo  (1901), El fin de Satán y otros poemas (1901), Poesías completas (1902), Los cantos del Pacífico (1904), Alma América (1906), Fiat lux  (1908), El Dorado: epopeya salvaje (1908), Puerto Rico lírico y otros poemas (1914), Ayacucho y los Andes (1924) o Primicias de Oro de Indias  (1934), y ya póstumos Poemas del amor doliente (1937), Oro de Indias (1940-1941) y Páginas de oro (1944).

En su volumen Alma América. Poemas indo-españoles (Madrid, V. Suárez, 1906; París, Librería de la viuda de C. Bouret, 1908) se incluye su «Tríptico heroico», formado por tres sonetos, cada uno de los cuales rinde homenaje a un líder indígena americano que resistió con valentía la conquista de su territorio: «Caupolicán” (Chile), «Cuauhtémoc» (México) y «Ollanta» (Perú). Copiaré hoy el primero, que —como en el soneto precedente homónimo de Rubén Darío, que comienza «Es algo formidable que vio la vieja raza…»—, es un soneto alejandrino que se centra en su elección como toqui (general en jefe) de los mapuche a través de la prueba del tronco (que Ercilla recoge en el Libro II de la primera parte de La Araucana). La novedad aquí es que Caupolicán entrevé en sueños su muerte y el sometimiento de Arauco al yugo extranjero (vv. 9-11).

Caupolicán con el tronco a hombros

Ya todos los caciques probaron el madero.
«—¿Quién falta», y la respuesta fue un arrogante: «—¡Yo!»
«—¡Yo!» —dijo; y, en la forma de una visión de Homero,
del fondo de los bosques Caupolicán surgió.

Echose el tronco encima, con ademán ligero,
y estremecerse pudo, pero doblarse no.
Bajo sus pies, tres días crujir hizo el sendero,
y estuvo andando­… andando… y andando se durmió.

Anduvo, así, dormido, vio en sueños al verdugo:
él muerto sobre un tronco, su raza con el yugo,
inútil todo esfuerzo y el mundo siempre igual.

Por eso, al tercer día de andar por valle y sierra,
el tronco alzó en los aires y lo clavó en la tierra
¡como si el tronco fuese su propio pedestal![1]


[1] Cito por José Santos Chocano, Alma América. Poemas indo-españoles, París, Librería de la viuda de C. Bouret, 1908, p. 89, añadiendo las comillas en las frases en estilo directo de los versos 2 y 3.

«Alta poesía», poema de Jorge Montealegre

Jorge Montealegre (Santiago de Chile, 1954) es, además de poeta, periodista y especialista en historieta chilena (Von Pilsener, primer personaje de la historieta chilena, 1991). Entre 1978 y 1979 editó en Francia la revista El barco de papel, que sirvió como plataforma para diversos poetas latinoamericanos exiliados. Fundador también de la revista La Castaña, es autor de libros poéticos como Huiros (1979), Lógica en Zoo (1981), Astillas (1982), Exilios (1983, con Bruno Serrano), Título de dominio (1986), Bien Común (1995) o Huesos (2006). En 1996 obtuvo el Premio Poesía Editada, otorgado por el Consejo Nacional del Libro. Su poesía destaca por una profunda reflexión sobre los temas sociales y la denuncia de la injusticia y la opresión humana.

Niños pidiendo pan

Una buena muestra de ello la tenemos, por ejemplo, en este breve e irónico poema titulado «Alta poesía»:

Todos los vecinos de mi barrio duermen siesta,
pero hay chicos que golpean puertas fastidiando:
piden pan y no dejan
escribir los mejores poemas sobre el hambre[1].


[1] Tomo el texto de Universos. Antología de poesía chilena, selección de Ana Garralón, ilustraciones de Coni Rodríguez, Santiago de Chile, Ediciones SM Chile, 2016, p. 77.

«Cosecha», poema de Julio Barrenechea

Julio Barrenechea (Santiago de Chile, 1910-Santiago de Chile, 1979) compaginó el cultivo de la poesía con sus labores como diplomático y diputado. En 1960 ganó el Premio Nacional de Literatura y en 1978 estuvo postulado al Cervantes. Es el autor de la letra del himno de la Universidad de Chile («Egresado, maestro, estudiante, / vibre entera la Universidad, / bajo el blanco y ardiente estandarte / que levanta la ciencia y la paz»), al que puso música René Amengual. Entre sus obras se cuentan los siguientes títulos: El mitin de las mariposas (1930), Espejo de sueño (1935), Rumor del mundo (1942), Mi ciudad (1945), El libro del amor (1946), Vida del poeta (1949), Diario morir (1954), Poesía completa (1958), Antología, con prólogo de Alone [Hernán Díaz Arrieta] (1961), Israel: un árbol por cada muerto (1962), Frutos del país (1965), Ceniza viva (1968), Estados de ánimo (1970 y 1971), Voz reunida (1975), El compadre mucho gusto (1978). Tras su muerte se editaron: La India no misteriosa (1982) y El sol de la India (1969).

Arturo Gordon, Pescadores (Museo Nacional de Bellas Artes, Santiago de Chile)
Arturo Gordon, Pescadores (Museo Nacional de Bellas Artes, Santiago de Chile, núm. de inventario PCH-0245)

Vaya para hoy su poema «Cosecha», que adopta la forma de grácil romancillo:

Van los pescadores.
Van a cosechar.
Benditas las tierras
deshechas del mar.

Campos sin cultivo.
Campos de agua y sal.
¿Quién sembró los peces?
¿Quién sembró el coral?

Campos al cuidado
de la inmensidad.
Las flores de espuma,
¿quién las plantará?

Van los pescadores,
y cantando van.
¿Serán sus canciones
las que sembrarán?[1].


[1] Tomo el texto de Universos. Antología de poesía chilena, selección de Ana Garralón, ilustraciones de Coni Rodríguez, Santiago de Chile, Ediciones SM Chile, 2016, pp. 52-53.

«La felicidad está siempre en otra parte», poema de Daniel Osorio

Daniel Osorio (Santiago de Chile, 1969), tras cursar estudios de Literatura y Filosofía, se dedica al periodismo. Fundador y editor de la revista Entreguerras, en 1993 publicó el volumen Andador que busca viaje. Traigo hoy al blog su poema «La felicidad está siempre en otra parte»:

La felicidad está siempre en otra parte
«En el Jardín de al Lado»[1]
en esa otra puerta
en la vida que era nuestra y nos robaron
La felicidad está en El Klondike[2]
junto a los buscadores de oro
o en el bar «La Última Oportunidad»,
donde Martin Eden[3] tampoco pudo encontrarla

La felicidad es ese único recuerdo que guardamos
ese instante que nos devuelve más niños
ese tiempo que hablábamos cara a cara con Dios.
Una tarde recorriendo el río
una conversación con Teillier[4]
los amigos que siempre tardan más de lo esperado
y tu recuerdo que siempre viaja junto a mí.

La felicidad es ese instante que mitificamos
y que en realidad es lo único real,
«todo lo demás es literatura»[5].


[1] Alude a la novela de José Donoso El jardín de al lado.

[2] El Klondike: un juego solitario clásico.

[3] Martin Eden: protagonista de la novela homónima de Jack London.

[4] Teillier: Jorge Teillier (Lautaro, 1935-Viña del Mar, 1996), poeta chileno de la llamada «generación literaria de 1950».

[5] «todo lo demás es literatura»: traduce el verso final del poema «Art poétique» de Paul Verlaine, «Et tout le reste est littérature». Tomo el texto de Antología de la poesía joven chilena, selección, prólogo y notas de Francisco Véjar, 2.ª ed., Santiago de Chile, Editorial Universitaria, 2012, pp. 100-101.

«Sótano», poema de Armando Roa Vial

Armando Roa Vial (Santiago de Chile, 1966) es poeta, ensayista, narrador y traductor. Su obra poética escrita entre 1998 y 2008 ha sido recogida en el libro Ejercicios de Filiación (2010), al que se suma el título Shakesperean Blues (2012). Ha obtenido el Premio de la Crítica en Poesía 2001 y el Premio Fundación Pablo Neruda 2002.

Sótano

Vaya para hoy su poema «Sótano», perteneciente a su poemario El hombre de papel y otros poemas (Santiago de Chile, Ediciones Mosquito, 1994).

De tanto jugar con el lenguaje
olvidé cerrar la puerta de la palabra sótano
y la noche se desbarrancó escaleras abajo
entre paredes que se ajaban en silencio
y estertores de relojes
y baúles polvorientos
y un vago tumulto de pensamientos muertos.
Todo se volvió subterráneo
hasta perder sus raíces en medio de la oscuridad.
Y entonces sentí que algo se despeñaba
en la profundidad devoradora de mi boca
hasta convertirse en forma sombría,
en opresión de tierra
y en proximidad de huesos[1].


[1] Tomo el texto de Antología de la poesía joven chilena, selección, prólogo y notas de Francisco Véjar, 2.ª ed., Santiago de Chile, Editorial Universitaria, 2012, p. 115.

«La derrota del mar», poema de Verónica Jiménez

Verónica Jiménez (Santiago de Chile, 1964) es licenciada en Literatura (se tituló con una tesis sobre César Vallejo) y en Periodismo. Entre 1992 y 1994 participó en el grupo «Códices» y entre 1993 y 1995 dirigió la revista Licantropía, de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile. En 1994 publicó, junto a Kurt Folch, la antología Poesía postal (Santiago, Ril). En 1997 resultó ganadora en el concurso de poesía organizado por la Facultad de Derecho, con el poemario Mares. En 1999 dio a las prensas su libro Islas flotantes (Ediciones Stratis, 1998) y ha sido antologada en Códices. Antología poética (Santiago, Ril, 1992) y en Poetas chilenos jóvenes (Concepción, Lar, 1998). Poemarios posteriores son Palabras hexagonales (2002), Nada tiene que ver el amor con el amor (2011) y La aridez y las piedras (2016), y ha publicado además la novela Los emisarios (2015) y el ensayo Cantores que reflexionan. Cultura y poesía popular en Chile (2012, Premio Mejores Obras literarias del Consejo del Libro). Dirige la editorial Garceta.

Joaquín Bárbara y Balza, Náufragos (1896). Museo Nacional del Prado (Madrid, España).
Joaquín Bárbara y Balza, Náufragos (1896). Museo Nacional del Prado (Madrid, España).

Copio aquí su poema «La derrota del mar», que lleva una dedicatoria «A Kurt Folch»:

Nosotros que tuvimos que pasar
por tantos puertos llenos de agitación
pernoctando en pequeñas lanchas
azotadas por la lluvia y por las olas
y que fuimos a un tiempo
alegres ebrios a bordo de cargueros sin destino
y silenciosos marineros abandonados en la bahía
nosotros que algún día soñamos en lechos
extensos como las velas de los barcos
y construimos un hogar sobre el viaje de las aguas
bendecidos por la música del mar en la noche
anclamos ahora en esta oscura rada
como náufragos arrojados a su mala suerte
vomitando espuma
con los pies enterrados en la arena
y la piel herida por la sal[1].


[1] Tomo el texto de Antología de la poesía joven chilena, selección, prólogo y notas de Francisco Véjar, 2.ª ed., Santiago de Chile, Editorial Universitaria, 2012, pp. 84-85.

Un poema de Mónica Montero Fernández: «Dentro y fuera de los huesos. Llueve…»

Mónica Montero Ferrnández (Santiago de Chile, 1966), que se desempeña como gestora cultural, ha cultivado los géneros del cuento (A corta distancia, 2014) y la poesía (Varona, 2009; Varona y cantos a Olecram, 2016; Cielito Lindo, 2023). Su poesía ha sido publicada además en diversas revistas literarias, como por ejemplo Safo, y en antologías como 22 voces de la novísima poesía chilena, prologada por Teresa Calderón, o Génetrix. En 2010 creó y pasó a dirigir la revista literaria La Otra Costilla; en los años 2014 y 2015 organizó el evento «Incluyamos Chile», en Santiago y San Bernardo, que congregó a artistas de todo el país; y en 2015, el primer SlamPoetry de San Bernardo.

La poesía de Montero Fernández, en la que se aprecia la influencia de Manuel Rojas, José Donoso, Juan Rulfo y Alejandra Pizarnik, entre otros autores, retrata y visibiliza a aquellas mujeres que habitan la marginalidad urbana[1]. «Dentro y fuera de los huesos. Llueve…» es el sexto poema de Varona:

Dentro y fuera de los huesos. Llueve
—escapularios dormidos—.
Garúa al rostro
guerra en la guerra del suplicio.
Llueve, en la fábula incendiada
una lluvia de ojos y sombrero.

Se nos llueve
en el epitafio de soles
como niños atravesados por espadas candentes.
Llueve y no deja de llover y me atraganto
en este oleaje de eslabones y lágrimas

Llueve y me lluevo y te llueves
esperando la muerte y sus lluvias.
Algo simula el miedo y sus hijos
y no es cierto. Hasta el miedo está lloviendo.
Agonizante
de lluvia íntima,
de manos que son lluvia en tu espalda
y una sensación de rocío no acaba.
Llueve
por más que tu boca en mi boca
simule un milagro[2].


[1] Ver para más detalles «Varona, líbranos de la sed», prólogo de Cristián Basso Benelli a Varona, Rancagua, Primeros Pasos Ediciones, 2009, pp. 5-8.

[2] Mónica Montero Fernández, Varona, pp. 17-18.

Un par de piezas dramáticas erróneamente atribuidas a Navarro Villoslada

José Manuel González Herrán y Ermitas Penas Valera mencionan otra pieza de Navarro Villoslada titulada Mal porte y buen corazón, comedia en verso escrita en colaboración con Fernando Corradi, estrenada en 1844[1]. Sin duda, debe de tratarse de una mala atribución, pues no encuentro noticia alguna acerca de esta supuesta obra en colaboración[2] y con ese título, aunque sí existe otra titulada Mal genio y buen corazón, que es una comedia del alemán Friedrich Ludwig Schröeder traducida por Luciano Francisco Comella en 1807[3].

Defensa de coquetas, de Francisca Navarro

Por otra parte, The National Union Catalog. Pre-1956 Imprints, de la Library of Congress (Estados Unidos), incluye entre las obras de Navarro Villoslada una Defensa de coquetas, pieza en un acto, en verso, Barcelona, Imprenta de Torres, 1828. Tan temprana fecha resulta ya de por sí problemática para ser la de una obra publicada de Navarro Villoslada, pese a su precocidad literaria, pues entonces tendría solo diez años. En realidad, es otro error, pues se trata de una comedia en un acto y en verso de Francisca Navarro (Barcelona, Imprenta de Torras, 1828).

En suma, en ambos casos se trata de atribuciones erróneas y no existen más piezas dramáticas de Navarro Villoslada aparte de las reseñadas en entradas anteriores.


[1] José Manuel González Herrán y Ermitas Penas Valera, Cronología de la literatura española, III, Siglos XVIII y XIX, Madrid, Cátedra, 1992, pp. 277-278.

[2] No figura esa obra entre los títulos de Fernando Corrado Gómez, en la ficha que le dedica Ignacio Peiró Martín en la web Historia Hispánica de la Real Academia de la Historia (https://historia-hispanica.rah.es/biografias/12219-fernando-corradi-gomez).

[3] Hidalgo y Palau traen esta ficha: Mal genio y buen corazón o El cadete. Comedia en tres actos, escrita en alemán por J. L. Serootes [seudónimo de Schröeder], puesta en verso castellano y arreglada al teatro español por D. L. F. C. [don Luciano Francisco Comella], Valencia, imp. de J. Ferrer de Orga, 1831, 8.º, II + 120 pp. Asimismo, Mal genio y buen corazón es texto que se encuentra a nombre de José de Ibáñez y Gassia, Barcelona, en la imprenta de Carlos Gibert y Tutó, [entre 1775-1796], como traducción de El hombre insufrible o el regañón, comedia jocosa atribuida a Goldoni.

«Te esperaré apoyada en la curva del cielo», de Ernestina de Champourcin

En el blog ya han entrado algunos poemas de Ernestina de Champourcin (Vitoria, 1905-Madrid 1999), una de las más destacadas voces femeninas de la Generación del 27: «Huida», «El beso», «Amor», «Búscame en ti. La flecha de mi vida…» y «Contemplación de María». En este rumbo que nos va llevando al año 27, recordaré hoy otra composición suya, la titulada «Te esperaré apoyada en la curva del cielo», perteneciente a su poemario La voz en el viento (1931). Dice así:

Paul Delvaux, Mujer ante el espejo (1936). Museo Nacional Thyssen-Bornemisza (Madrid, España).
Núm. de inventario: 520 (1972.9).
Paul Delvaux, Mujer ante el espejo (1936). Museo Nacional Thyssen-Bornemisza (Madrid, España).
Núm. de inventario: 520 (1972.9).

Te esperaré apoyada en la curva del cielo
y todas las estrellas abrirán para verte
sus ojos conmovidos.

Te esperaré desnuda.
Seis túnicas de luz resbalando ante ti
deshojarán el ámbar moreno de mis hombros.

Nadie podrá mirarme sin que azote sus párpados
un látigo de niebla.
Solo tú lograrás ceñir en tus pupilas
mi sien alucinada
y mis manos que ofrecen su cáliz entreabierto
a todo lo inasible.

Te esperaré encendida.
Mi antorcha despejando la noche de tus labios
libertará por fin tu esencia creadora.
¡Ven a fundirte en mí!
El agua de mis besos, ungiéndote, dirá
tu verdadero nombre[1].


[1] Cito por Antología poética [de la] Generación del 27. Selección, estudio crítico de Elena Escribano Alemán, Barcelona, Vicens Vives, 2026, p. 87.