«Sótano», poema de Armando Roa Vial

Armando Roa Vial (Santiago de Chile, 1966) es poeta, ensayista, narrador y traductor. Su obra poética escrita entre 1998 y 2008 ha sido recogida en el libro Ejercicios de Filiación (2010), al que se suma el título Shakesperean Blues (2012). Ha obtenido el Premio de la Crítica en Poesía 2001 y el Premio Fundación Pablo Neruda 2002.

Sótano

Vaya para hoy su poema «Sótano», perteneciente a su poemario El hombre de papel y otros poemas (Santiago de Chile, Ediciones Mosquito, 1994).

De tanto jugar con el lenguaje
olvidé cerrar la puerta de la palabra sótano
y la noche se desbarrancó escaleras abajo
entre paredes que se ajaban en silencio
y estertores de relojes
y baúles polvorientos
y un vago tumulto de pensamientos muertos.
Todo se volvió subterráneo
hasta perder sus raíces en medio de la oscuridad.
Y entonces sentí que algo se despeñaba
en la profundidad devoradora de mi boca
hasta convertirse en forma sombría,
en opresión de tierra
y en proximidad de huesos[1].


[1] Tomo el texto de Antología de la poesía joven chilena, selección, prólogo y notas de Francisco Véjar, 2.ª ed., Santiago de Chile, Editorial Universitaria, 2012, p. 115.

«La derrota del mar», poema de Verónica Jiménez

Verónica Jiménez (Santiago de Chile, 1964) es licenciada en Literatura (se tituló con una tesis sobre César Vallejo) y en Periodismo. Entre 1992 y 1994 participó en el grupo «Códices» y entre 1993 y 1995 dirigió la revista Licantropía, de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile. En 1994 publicó, junto a Kurt Folch, la antología Poesía postal (Santiago, Ril). En 1997 resultó ganadora en el concurso de poesía organizado por la Facultad de Derecho, con el poemario Mares. En 1999 dio a las prensas su libro Islas flotantes (Ediciones Stratis, 1998) y ha sido antologada en Códices. Antología poética (Santiago, Ril, 1992) y en Poetas chilenos jóvenes (Concepción, Lar, 1998). Poemarios posteriores son Palabras hexagonales (2002), Nada tiene que ver el amor con el amor (2011) y La aridez y las piedras (2016), y ha publicado además la novela Los emisarios (2015) y el ensayo Cantores que reflexionan. Cultura y poesía popular en Chile (2012, Premio Mejores Obras literarias del Consejo del Libro). Dirige la editorial Garceta.

Joaquín Bárbara y Balza, Náufragos (1896). Museo Nacional del Prado (Madrid, España).
Joaquín Bárbara y Balza, Náufragos (1896). Museo Nacional del Prado (Madrid, España).

Copio aquí su poema «La derrota del mar», que lleva una dedicatoria «A Kurt Folch»:

Nosotros que tuvimos que pasar
por tantos puertos llenos de agitación
pernoctando en pequeñas lanchas
azotadas por la lluvia y por las olas
y que fuimos a un tiempo
alegres ebrios a bordo de cargueros sin destino
y silenciosos marineros abandonados en la bahía
nosotros que algún día soñamos en lechos
extensos como las velas de los barcos
y construimos un hogar sobre el viaje de las aguas
bendecidos por la música del mar en la noche
anclamos ahora en esta oscura rada
como náufragos arrojados a su mala suerte
vomitando espuma
con los pies enterrados en la arena
y la piel herida por la sal[1].


[1] Tomo el texto de Antología de la poesía joven chilena, selección, prólogo y notas de Francisco Véjar, 2.ª ed., Santiago de Chile, Editorial Universitaria, 2012, pp. 84-85.

Un poema de Mónica Montero Fernández: «Dentro y fuera de los huesos. Llueve…»

Mónica Montero Ferrnández (Santiago de Chile, 1966), que se desempeña como gestora cultural, ha cultivado los géneros del cuento (A corta distancia, 2014) y la poesía (Varona, 2009; Varona y cantos a Olecram, 2016; Cielito Lindo, 2023). Su poesía ha sido publicada además en diversas revistas literarias, como por ejemplo Safo, y en antologías como 22 voces de la novísima poesía chilena, prologada por Teresa Calderón, o Génetrix. En 2010 creó y pasó a dirigir la revista literaria La Otra Costilla; en los años 2014 y 2015 organizó el evento «Incluyamos Chile», en Santiago y San Bernardo, que congregó a artistas de todo el país; y en 2015, el primer SlamPoetry de San Bernardo.

La poesía de Montero Fernández, en la que se aprecia la influencia de Manuel Rojas, José Donoso, Juan Rulfo y Alejandra Pizarnik, entre otros autores, retrata y visibiliza a aquellas mujeres que habitan la marginalidad urbana[1]. «Dentro y fuera de los huesos. Llueve…» es el sexto poema de Varona:

Dentro y fuera de los huesos. Llueve
—escapularios dormidos—.
Garúa al rostro
guerra en la guerra del suplicio.
Llueve, en la fábula incendiada
una lluvia de ojos y sombrero.

Se nos llueve
en el epitafio de soles
como niños atravesados por espadas candentes.
Llueve y no deja de llover y me atraganto
en este oleaje de eslabones y lágrimas

Llueve y me lluevo y te llueves
esperando la muerte y sus lluvias.
Algo simula el miedo y sus hijos
y no es cierto. Hasta el miedo está lloviendo.
Agonizante
de lluvia íntima,
de manos que son lluvia en tu espalda
y una sensación de rocío no acaba.
Llueve
por más que tu boca en mi boca
simule un milagro[2].


[1] Ver para más detalles «Varona, líbranos de la sed», prólogo de Cristián Basso Benelli a Varona, Rancagua, Primeros Pasos Ediciones, 2009, pp. 5-8.

[2] Mónica Montero Fernández, Varona, pp. 17-18.

Un par de piezas dramáticas erróneamente atribuidas a Navarro Villoslada

José Manuel González Herrán y Ermitas Penas Valera mencionan otra pieza de Navarro Villoslada titulada Mal porte y buen corazón, comedia en verso escrita en colaboración con Fernando Corradi, estrenada en 1844[1]. Sin duda, debe de tratarse de una mala atribución, pues no encuentro noticia alguna acerca de esta supuesta obra en colaboración[2] y con ese título, aunque sí existe otra titulada Mal genio y buen corazón, que es una comedia del alemán Friedrich Ludwig Schröeder traducida por Luciano Francisco Comella en 1807[3].

Defensa de coquetas, de Francisca Navarro

Por otra parte, The National Union Catalog. Pre-1956 Imprints, de la Library of Congress (Estados Unidos), incluye entre las obras de Navarro Villoslada una Defensa de coquetas, pieza en un acto, en verso, Barcelona, Imprenta de Torres, 1828. Tan temprana fecha resulta ya de por sí problemática para ser la de una obra publicada de Navarro Villoslada, pese a su precocidad literaria, pues entonces tendría solo diez años. En realidad, es otro error, pues se trata de una comedia en un acto y en verso de Francisca Navarro (Barcelona, Imprenta de Torras, 1828).

En suma, en ambos casos se trata de atribuciones erróneas y no existen más piezas dramáticas de Navarro Villoslada aparte de las reseñadas en entradas anteriores.


[1] José Manuel González Herrán y Ermitas Penas Valera, Cronología de la literatura española, III, Siglos XVIII y XIX, Madrid, Cátedra, 1992, pp. 277-278.

[2] No figura esa obra entre los títulos de Fernando Corrado Gómez, en la ficha que le dedica Ignacio Peiró Martín en la web Historia Hispánica de la Real Academia de la Historia (https://historia-hispanica.rah.es/biografias/12219-fernando-corradi-gomez).

[3] Hidalgo y Palau traen esta ficha: Mal genio y buen corazón o El cadete. Comedia en tres actos, escrita en alemán por J. L. Serootes [seudónimo de Schröeder], puesta en verso castellano y arreglada al teatro español por D. L. F. C. [don Luciano Francisco Comella], Valencia, imp. de J. Ferrer de Orga, 1831, 8.º, II + 120 pp. Asimismo, Mal genio y buen corazón es texto que se encuentra a nombre de José de Ibáñez y Gassia, Barcelona, en la imprenta de Carlos Gibert y Tutó, [entre 1775-1796], como traducción de El hombre insufrible o el regañón, comedia jocosa atribuida a Goldoni.

«Te esperaré apoyada en la curva del cielo», de Ernestina de Champourcin

En el blog ya han entrado algunos poemas de Ernestina de Champourcin (Vitoria, 1905-Madrid 1999), una de las más destacadas voces femeninas de la Generación del 27: «Huida», «El beso», «Amor», «Búscame en ti. La flecha de mi vida…» y «Contemplación de María». En este rumbo que nos va llevando al año 27, recordaré hoy otra composición suya, la titulada «Te esperaré apoyada en la curva del cielo», perteneciente a su poemario La voz en el viento (1931). Dice así:

Paul Delvaux, Mujer ante el espejo (1936). Museo Nacional Thyssen-Bornemisza (Madrid, España).
Núm. de inventario: 520 (1972.9).
Paul Delvaux, Mujer ante el espejo (1936). Museo Nacional Thyssen-Bornemisza (Madrid, España).
Núm. de inventario: 520 (1972.9).

Te esperaré apoyada en la curva del cielo
y todas las estrellas abrirán para verte
sus ojos conmovidos.

Te esperaré desnuda.
Seis túnicas de luz resbalando ante ti
deshojarán el ámbar moreno de mis hombros.

Nadie podrá mirarme sin que azote sus párpados
un látigo de niebla.
Solo tú lograrás ceñir en tus pupilas
mi sien alucinada
y mis manos que ofrecen su cáliz entreabierto
a todo lo inasible.

Te esperaré encendida.
Mi antorcha despejando la noche de tus labios
libertará por fin tu esencia creadora.
¡Ven a fundirte en mí!
El agua de mis besos, ungiéndote, dirá
tu verdadero nombre[1].


[1] Cito por Antología poética [de la] Generación del 27. Selección, estudio crítico de Elena Escribano Alemán, Barcelona, Vicens Vives, 2026, p. 87.

«Lo infinito», poema de Carmen Conde

Aunque menos conocida que otros poetas que forman la nómina “oficial” y “mayor” del grupo poético del 27, Carmen Conde (Cartagena, 1907-Majadahonda, Madrid, 1996) es también una de las voces líricas destacadas de aquel momento. Además de su intensa labor docente y su firme activismo cultural —fundó junto a su esposo, Antonio Oliver Belmás, la primera Universidad Popular de Cartagena en 1931—, su producción literaria —cultivó, sobre todo, la poesía y el ensayo— destaca por una profunda sensibilidad hacia temas como el erotismo, la identidad femenina, la protesta social y la mística. En 1978 fue elegida para ocupar la silla «K» de la Real Academia Española, tomando posesión al año siguiente con un discurso titulado Poesía ante el tiempo y la inmortalidad, con lo que se convirtió en la primera mujer académica de número en la historia de la docta casa.

Su evolución poética va desde un intimismo inicial, con influencias de Juan Ramón Jiménez, hasta una poesía de madurez de tono marcadamente existencial. Entre sus poemarios destacan Brocal (1929), Júbilos (1934), Ansia de la gracia (1945), Mujer sin Edén (1947), En un mundo de fugitivos (1960), Derribado arcángel (1960) o La noche oscura del cuerpo (1980). En 1967 publicó Obra poética (1929-1966), volumen que le valió el Premio Nacional de Poesía, siendo también la primera mujer en recibir este galardón.

Ahora que nos vamos acercando al Centenario de la Generación del 27, conviene recordar estas voces menos conocidas y transitadas por la crítica, que no encuentran lugar —o lo encuentran menor— en los manuales de la historia literaria española. Copiaré hoy, sin necesidad de mayor comento, su poema «Lo infinito», perteneciente a su poemario Ansia de la gracia (1945).

Paul de Vos, Concierto de aves (siglo XVII). Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (Madrid, España). Academia Colecciones, Museo, núm. de inventario: 1489.
Paul de Vos, Concierto de aves (siglo XVII). Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (Madrid, España). Academia Colecciones, Museo, núm. de inventario: 1489.

Tú vives en el Alba.
Los pájaros te aclaman.
De túnicas de aves te viste la alegría.
¡Qué aurora la que exaltas!
¡Qué noble luz la tuya!
Te escuchan las mañanas y las noches
porque eres como un río,
porque eres como un corzo.

Sentirte a ti que pasas
rozándome las rosas y los ayes…
Doler en tus rodillas, estrujada
por riscos y malezas…

Y que un céfiro de alondras venga dulce,
que tú llegues aventando mis heridas…
Ser mujer y tuya, ¡qué inefable
fundirse la conciencia entre tus brazos![1]


[1] Cito por Antología poética [de la] Generación del 27. Selección, estudio crítico de Elena Escribano Alemán, Barcelona, Vicens Vives, 2026, p. 119.

«La dama del rey» (1855), zarzuela de Francisco Navarro Villoslada: lirismo y humor

El pasaje de mayor lirismo de toda la zarzuela[1] corresponde a la presentación de Lucinda, que aparece por primera vez en escena, después de gritar desde dentro: «¿Quién quiere agua?», entonando la siguiente canción:

¡Agua fría!
          ¿Quién la bebe?
La llevo como la nieve,
para mi niña María.

Cuando al margen me inclino,
de clara fuente,
blanca, pura y serena,
veo mi frente.
Pura y en calma,
si a la conciencia miro,
veo mi alma.

¡Agua fría!, etc.

Dicen que es de la fuente
grato el murmullo,
que al pastor en la siesta
sirve de arrullo.
¡Pobres pastores!
No han oído a mi amante
cantando amores.

          ¡Agua fría!, etc. (pp. 27-28).

Francisco de Goya y Lucientes, Mujer con dos muchachos en la fuente (1786-1787). Museo Nacional del Prado (Madrid, España).
Francisco de Goya y Lucientes, Mujer con dos muchachos en la fuente (1786-1787). Museo Nacional del Prado (Madrid, España).

El humor, siempre presente en las obras de Navarro Villoslada, no falta tampoco en La dama del rey: son frecuentes las riñas entre Andrés, criado de don Martín, y la «dueña quintañona» de la condesa de Larrea (si él la llama «bruja», ella le da algún que otro tortazo). Andrés viene a ser el «gracioso» de la zarzuela: se embolsa el dinero de don Martín, de la Condesa y de Pancracio a cambio de diversas informaciones o servicios. Para distraer a Pancracio, que busca a la amada del rey, le dice que se llama Blasa Iturreberrigorrigogeascogoe… Pancracio le interrumpe: «Basta. / Tenéis por aquí apellidos / que pueden medirse a varas» (p. 25). Reniega Andrés de las mujeres: «Y en fin, desde Adán acá / si bien la historia reparas, / de doce mujeres salen / once infames y una mala» (p. 26). Motivo humorístico son, en fin, las señas contradictorias que da Pancracio a los dos grupos de emisarios de la reina que andan buscando a la dama del rey, para que se confundan unos a otros y nadie le gane las albricias; así, se dirige alternativamente a los dos grupos:

Quince abriles, —muy jamona,
tez morena, —blanca y rubia,
pie donoso, —pie disforme,
pelinegra, —pelibruja.
Lindo talle, —como un saco,
macarena, —mofletuda,
dulce, afable, ­—fosca, huraña,
son las señas, —¡qué figura! (pp. 36-37)[2].


[1] La dama del rey, zarzuela en un acto y en verso, letra de don Francisco Navarro Villoslada, música de don Emilio Arrieta, Madrid, José Rodríguez, 1855. Utilizo la edición de Obras completas, III, Pamplona, Mintzoa, 1992, pp. 15-52.

[2] Para más detalles remito a mi monografía: Carlos Mata Induráin, Francisco Navarro Villoslada (1818-1895) y sus novelas históricas, Pamplona, Gobierno de Navarra (Dpto. de Educación, Cultura, Deporte y Juventud-Institución Príncipe de Viana), 1995.

«El contagio de Sancho», soneto de Beatriz Villacañas

El otro día reproduje el soneto «Por arte de encantamiento don Quijote visita el siglo veintiuno», de Beatriz Villacañas, y hoy traigo al blog este otro que forma con el anterior una especie de díptico, pues se acerca a la figura de Sancho Panza, contagiado del ideal caballeresco de su amo.

Manuel López Garabal, Quijote y Sancho (1960). Universidad de Santiago de Compostela, Facultad de Filología. Fuente: Museo Virtual USC.
Manuel López Garabal, Quijote y Sancho (1960). Universidad de Santiago de Compostela, Facultad de Filología. Fuente: Museo Virtual USC.

Me habéis hecho un regalo de visiones
os comunico, Don Alonso, amigo.
Vuestra aventura se encontró conmigo
y se hicieron verdad las ilusiones:

Las mías y las vuestras, emociones
que dan brío al amor, y aquí, en el trigo,
dan alas a mis pies, mientras yo sigo
viendo en cualquier trigal constelaciones.

Yo brindo, Don Quijote, con razones
de gratitud por vuestra frente ancha,
fecunda de poesía y de canciones:

¡Que viva el corazón cuando se ensancha
con el viento de cósmicas pasiones
y desborda las lindes de La Mancha![1]


[1] Lo tomo de Beatriz Villacañas, Astrología interior. Antología de…, Madrid, Ediciones Deslinde, 2019, p. 142.

«Proclama urgente para acompañar a don Quijote en su última salida», de Jesús Górriz Lerga

Vaya para hoy una nueva recreación poética de don Quijote, esta vez la del poeta navarro Jesús Górriz Lerga en su poemario Así, y todo (2001), composición de marcado tono entusiástico que destaca por la acumulación de formas verbales de futuro, una en cada pareado, que corresponden a las acciones que habrán de hacerse en seguimiento del ideal caballero de la Mancha.

Marcel Pajot, Don Quijote de la Mancha y Sancho Panza
Marcel Pajot, Don Quijote de la Mancha y Sancho Panza.

Para encender la fe en un mundo nuevo
pondremos rumbo a la región soñada.

Dejaremos la hacienda a la ventura,
obstinados en busca del tesoro.

Limpiaremos emblemas y blasones
ganados al sudor de cada hora.

Velaremos las armas en la venta
armados caballeros de por vida.

Y saldremos a andar por los caminos
resueltos a fraguar la paz del orbe.

Subiremos al monte del Gran Gozo
arriesgando la piel a cada paso.

Miraremos el brillo de la nieve
que aroma de silencio los paisajes.

Plantaremos un árbol, en espera
de saberlo frondoso de aquí al tiempo.

Buscaremos el fresco de las yedras
verdes, como esmeraldas en acecho.

Cruzaremos la jungla cuantas veces
haga falta, si llora el cocodrilo.

Llegaremos, por fin, al horizonte,
prestos a contestar cualquier llamada.

Sellaremos un pacto con aquellos
que hagan de la alegría santo y seña.

Sostendremos la vida a toda costa,
jugándonos la piel en el empeño.

Saldremos al camino, decididos
a enderezar entuertos por doquiera.

Nombraremos princesa a la esperanza
cansada ya de hacer de cenicienta.

Sostendremos el pulso de los nobles
vagabundos que viven bajo el puente.

Bordaremos de azul el terciopelo
acariciado y rojo de la sangre.

Pintaremos de claro el horizonte
para cobrar la luz sin una mancha.

Y sellaremos para siempre el mundo
con la razón de amar que es nuestro signo[1].


[1] Se incluye en el poemario Así, y todo, Pamplona, Medialuna Ediciones, 2001, pp. 83-85. Recogido también en Carlos Mata Induráin (ed.), Navarra canta a Cervantes. Homenaje poético en el IV Centenario de la publicación de la Primera parte del «Quijote», Pamplona, Universidad de Navarra, 2006, pp. 124-126; y en Jesús Górriz Lerga, Obra poética (1950-2006), introducción de Miguel dʼOrs, Pamplona, Gobierno de Navarra, 2006, pp. 243-244.

«Por arte de encantamiento don Quijote visita el siglo veintiuno», soneto de Beatriz Villacañas

Siempre hay lugar en este blog para las recreaciones cervantinas y quijotescas en poesía: sea mayor o menor su calidad literaria, se presenten en formas estróficas tradicionales o en verso libre, estos textos poéticos constituyen eslabones que van formando una larga cadena de relecturas y reinterpretaciones que, a lo largo del tiempo, configuran una parte significativa de nuestro imaginario colectivo. Cada época, cada estilo literario, cada autor concreto selecciona aquellos detalles que le resultan más interesantes, y los aborda con distinta intención y distinta tonalidad (seria, irónica, paródica, etc.).

Pues bien, vaya para hoy este soneto quijotesco de Beatriz Villacañas, en el que la voz lírica enunciadora del poema corresponde a don Quijote, quien advierta a Sancho de los peligros de un mundo moderno que «se quema con el fuego del progreso / y va engendrando espíritus menguantes» (vv. 10-11) y que está ya de vuelta de todo, «pues cree que son molinos los gigantes» (v. 14).

Don Quijote en moto con molinos eólicos al fonso

Yo le debo a Cervantes
mi intimidad con Don Quijote y Sancho,
que son muy dialogantes
y tienen mucho gancho
en el mundo a lo largo y a lo ancho.

«Fuego en el Paraíso de Cervantes»

Juan Antonio Villacañas

Amigo Sancho, oye mi porfía.
Vayamos al rescate de este mundo,
que camina con paso moribundo
y se hace más pequeño cada día.

Ha perdido el compás, la fantasía,
brújula del viaje más fecundo,
es el más engreído vagabundo
que cree que la locura es cosa mía.

Hacedor de artificios deslumbrantes,
se quema con el fuego del progreso
y va engendrando espíritus menguantes.

Los tontos, según él, nacimos antes,
y él está ya de vuelta, de regreso,
pues cree que son molinos los gigantes[1].


[1] Lo tomo de Beatriz Villacañas, Astrología interior. Antología de…, Madrid, Ediciones Deslinde, 2019, p. 141.