Se trata de una zarzuela estrenada el 7 de septiembre de 1855 en el Teatro del Circo; ese mismo año se publicó el libreto[1]. Ignacio Elizalde, siguiendo a Premín de Iruña [Ignacio Baleztena], escribe al comentar esta zarzuela de Navarro Villoslada: «Aunque se hallaba alejado de las candilejas, su amigo Arrieta le animó a probar nueva fortuna teatral y se dejó convencer escribiendo el libreto de esta obra, a la que le puso música Arrieta»[2]. No es del todo exacto, porque sabemos que ese mismo año se representó con éxito Echarse en brazos de Dios. El 20 de febrero de 1855 La Iberia anunciaba: «El señor Arrieta está poniendo música a dos zarzuelas originales de los señores Camprodón y Villoslada, tituladas respectivamente Marina y La dama del rey»[3]; y La España, el 20 de agosto de 1855: «El Teatro del Circo abrirá sus puertas en la primera semana de septiembre. Guerra a muerte de López de Ayala y La dama del rey serán las dos primeras obras que se pondrán en escena»[4]. Los actores principales fueron Carolina di Franco, Adelaida Fernández de Zapatero, Manuel Sanz, Joaquín Becerra, Vicente Caltañazor y Felipe Díaz. Parece que no tuvo una gran acogida, como indica la reseña de La Iberia[5]; Premín de Iruña explica el fracaso, no por la escasa calidad del libreto o de la música, sino por la falta de tipismo vasco:
La obra de Navarro Villoslada no era ni mejor ni peor que las demás que sirvieron de trama para confección de otras zarzuelas estrenadas con éxito, y la música podía pasar entre las buenas de Arrieta.
Sin embargo, fracasó […] y fue la principal causa de ello el que el público se dio a engaño; pues dada la patria de los autores y el tema a desarrollar, creyó que iba a ver una zarzuela de tipo regional vasco y se encontró con que tanto el argumento como la música, fuera de un par de números, podía muy bien haberse desarrollado en un pueblo de Extremadura o de Transilvania.
Para esta zarzuela compuso Arrieta nueve números de buena música pero, dejamos dicho, de ningún sabor vasco, fuera del coro de vendedores de la plaza de Begoña, que terminaba con el coro general «Árbol santo de Guernica» y un zorzico final, que fue aplaudidísimo, por estar en aquel entonces muy de moda en la corte los zorzicos vascuences, como entonces se les llamaba.
La obra se representó muy pocas veces y pasó a la historia de la zarzuela sin pena ni gloria[6].
La acción ocurre, tal como indica la acotación inicial, en las inmediaciones de Bilbao, cerca del santuario de Nuestra Señora de Begoña, un día de romería, en la época de los Reyes Católicos[7]. Comienza con tres coros de Vendedoras, Mancebos y Ancianos; se informa de que la reina acude a Guernica para jurar los fueros de Vizcaya; los tres grupos entonan entonces el coro:
Árbol santo de Guernica,
de los cántabros solaz;
a tu sombra se guarece
nuestra dulce libertad.
¡Oh, bien hayan los monarcas
que a tu tronco secular
la potente mano tienden
con munífico ademán!
Se ve entonces tu ramaje
de alborozo retemblar.
¡Corazón eres de un pueblo;
lo que él viva vivirás!
El caballero don Martín está enamorado de la villana Lucinda; a él le corresponde el honor de abrir el baile de la romería, eligiendo la pareja que desee; al proclamar que será Lucinda, la condesa de Larrea, enamorada de don Martín, se siente despechada y pide a Andrés, el criado del caballero, que trate de enemistarle con su amada. A las protestas de amor de don Martín, Lucinda opone la misma idea que las mujeres solicitadas por personajes de superior categoría social en las comedias del Siglo de Oro, que es para dama más lo que para esposa menos: «Soy muy pobre / para vuestra señoría»; pero también: «Soy muy rica / para serviros de dama» (p. 29). Al final, don Martín la elige, como tenía pensado, para abrir el baile, pero la condesa de Larrea, celosa, les interrumpe y calumnia a Lucinda en público.

AAAA/1917.
Por otra parte, se sabe que hace siete años estuvo el rey don Fernando en Vizcaya y tuvo amores con una dama. Como Lucinda se encarga de cuidar a María —una niña de unos seis años, que le fue entregada por su madre para ocultar su deshonra— la Condesa afirma delante de todos que Lucinda es la dama del rey; la prueba más evidente es que Lucinda quiere a María como una madre a su hija. Mientras tanto, la reina Isabel, enterada de la infidelidad de su esposo, ha enviado emisarios a Vizcaya en busca de la madre y de la niña, para casar decorosamente a la una y procurar el bienestar de la otra, y algunos de los rumores que circulan señalan que la madre de la niña es la Condesa: Pancracio, uno de los enviados, posee un retrato de la dama, que coincide efectivamente con sus señas. Al verse en la necesidad de defender su honor amenazado, Lucinda afirma que, en efecto, fue la Condesa quien le entregó a la niña. Al final, la de Larrea confiesa la verdad: la madre de María, la verdadera dama del rey, no fue ella, sino una hermana gemela que ya murió; agradece a Lucinda que haya guardado el secreto durante aquellos años y, renunciando a su amor, le pide que se case con don Martín. Aparece en última instancia la reina Isabel, que une las manos de los desposados. El coro entona el zorcico final, que insiste en la idea de los fueros vascos[8]:
La reina bienhechora
los santos fueros
viene a jurar.
Saluda a tu señora,
la buena madre,
feliz solar.
Trono un peñasco pobre;
copudo roble será el dosel.
Latidos las entrañas
de las montañas
den a Isabel[9].
[1] La dama del rey, zarzuela en un acto y en verso, letra de don Francisco Navarro Villoslada, música de don Emilio Arrieta, Madrid, José Rodríguez, 1855. Utilizo la edición de Obras completas, III, Pamplona, Mintzoa, 1992, pp. 15-52. Los actores fueron Carolina di Franco, Adelaida Fernández de Zapatero, Manuel Sanz, Joaquín Becerra, Vicente Caltañazor y Felipe Díaz.
[2] Ignacio Elizalde, Navarra en las literaturas románicas, III, Pamplona, Diputación Foral de Navarra / CSIC, 1977, p. 435.
[3] Apud Veinticuatro diarios (Madrid, 1830-1900). Artículos y noticias de escritores españoles del siglo XIX, Madrid, CSIC (Instituto Miguel de Cervantes), 1973, I, entrada núm. 8634.
[4] Apud Veinticuatro diarios…, III, entrada núm. 1762. La España, el 5 de septiembre de 1855, indicaba: «El día 7 empieza la temporada en el Circo. La primera función será Guerra a muerte y la zarzuela nueva La dama del rey» (apud Veinticuatro diarios…, III, entrada núm. 1763).
[5] «Abre sus puertas de nuevo el teatro Circo. Representación de la zarzuela en un acto La dama del rey, de Villoslada y Arrieta. No tuvo éxito. También Guerra a muerte, de Ayala y Arrieta, que fue aplaudida» (La Iberia, 8 de septiembre de 1855; apud Veinticuatro diarios…, III, entrada núm. 1764).
[6] Premín de Iruña [Ignacio Baleztena], «Un “al alimón” de Arrieta y Navarro Villoslada», Pregón, año VI, núm. 22, diciembre de 1949.
[7] La ambientación coincide con la inicial de su inédita novela histórica Pedro Ramírez, en la que también se recoge el juramento por parte de la reina Católica de los fueros vascos.
[8] Como elemento ambiental, se incluyen unas pocas palabras vascas: «Atos [debe ser Ator], mutil» («Vamos, muchacho»); «Bay, jauna» («Sí, señor»). En la obra se alude al motivo de la hidalguía universal de los vascos, en una réplica de don Martín: «El polvo que barre el viento / es noble en estas montañas» (p. 26).
[9] Para más detalles remito a mi monografía: Carlos Mata Induráin, Francisco Navarro Villoslada (1818-1895) y sus novelas históricas, Pamplona, Gobierno de Navarra (Dpto. de Educación, Cultura, Deporte y Juventud-Institución Príncipe de Viana), 1995.








