En La belígera española[1], los elogios del personaje de doña Mencía vendrán también desde el propio campo enemigo. En efecto, se produce ahora la llegada al campamento español del caudillo Rengo, que viene a ofrecerse con sus tropas para pelear contra su rival Lautaro (la incontrastable fuerza del amor le lleva a traicionar a los suyos, a su patria). Rengo elogia a la dama española y explica el sobrenombre que le han puesto (el cual es, no lo olvidemos, el título de la pieza):
RENGO.- Famosa doña Mencía
de Nidos, fuerte Belona,
a quien nuestro Arauco llama
«la belígera española»;
tú que con tus grandes hechos
resucitas la memoria
—para darle nueva muerte—
de las fuertes Amazonas,
pues dellas nos acordamos
por tus hazañas famosas,
y nos olvidamos dellas
por tus proezas heroicas;
tú que del supremo alcázar
con tu fuerza milagrosa
descïendes las deidades
que nos espantan y asombran;
tú que el aleve Lautaro,
a quien ya la gente toda
a veces furia le llama
y a veces rayo le nombra,
en medio el curso furioso
de sus triunfos y vitorias,
le detienes, le retiras,
le amedrentas y le postras,
como se vio cuando a vista
de la ciudad belicosa
de Santïago hizo un fuerte
lleno de arrogancia loca;
mas tú, en el primer asalto
con tu gente valerosa,
a términos le trujiste
de dejar la plaza sola,
tanto, que ya quebrantada
su soberbia vanagloria
de las armas apeló
para una astucia engañosa… (vv. 2225-2260).

Nótese en este parlamento la equiparación de la dama española con Belona, diosa de la guerra entre los romanos, y con las amazonas —dos alusiones clásicas en boca del indígena araucano—, así como el dato proporcionado por el relato de que doña Mencía ha vencido en armas a Lautaro. De hecho, el parlamento de Rengo continúa refiriendo en qué consistió cierta astucia de Lautaro y la desactivación de la misma por parte de doña Mencía (se insiste, por tanto, en su habilidad en los ardides de guerra, en sus buenas dotes de estratega):
RENGO.- […] y fue que, viendo que el sitio
cercado está a la redonda
de montañas, de manera
quel hondo valle coronan,
y la vega coronada
de acequias es tan copiosa,
que derribando los diques
la vega en pantano tornan,
quiso anegar aquel suelo
porque la ligera tropa
de tus caballos hundida
quedase en la tierra floja
y él pudiese sin peligro
cantar la infame vitoria,
pues como pájaro en liga
tuviera la gente toda.
Pero tú le penetraste
el intento, a la sorda
alzaste el campo una noche,
que le hizo noche su gloria,
y como cobarde liebre
le tienes cercado agora
en otro fuerte, que el miedo,
aunque es flaco, fuertes toma
y finalmente tú, que
llegas a ser tan dichosa
que Rengo a servirte viene
con su gente y su persona (vv. 2261-2288).
En suma, su habilidad estratégica no solo ha logrado desbaratar la añagaza de Lautaro, sino que ha conseguido que este haya tenido que refugiarse en un fuerte. Y, en efecto, algo más avanzada la comedia vemos que doña Mencía marcha junto con Villagrán tras Rengo para llegar hasta las proximidades del fuerte donde se encuentra Lautaro. Don Pedro, en medio de los preparativos bélicos, prosigue con sus pretensiones amorosas… pero no es tiempo ahora para el cortejo, le recuerda la dama. Y ella misma participará en el asalto al fuerte, al frente de los hombres, guiados por Rengo hasta el lugar por donde el ataque puede resultar más sorpresivo (vv. 3007-3031).
Un último detalle redondea el retrato de doña Mencía de los Nidos, la «heroica española» (v. 3007), en la comedia de Ricardo de Turia. Igual que el texto ha puesto de relieve continuamente que es avisada en los asuntos de la guerra, en el tramo final va a destacar que resulta igual de perspicaz en las cosas del amor, pues se da perfecta cuenta de que Rengo ama a Guacolda y, así, dispone que se case con ella. Y no solo eso, sino que la mujer que tan esquiva se había mostrado siempre con don Pedro, ahora que ha comprobado su valiente comportamiento en el campo de batalla, cede ella igualmente al amor. Estas son las últimas réplicas de la obra:
DON PEDRO.- Tú que la pasión más fuerte (A doña Mencía.)
que un amante trae consigo
penetras, ¿la que padezco
piensas de hoy más remedialla?DOÑA MENCÍA.- Ya a darte gusto me ofrezco,
pues hoy te vi en la batalla
muy fuerte.DON PEDRO.- ¿Que tal merezco?
¿Que tanto bien he alcanzado?
Mi dicha en el mundo sola
hoy me ha de hacer invidiado.RENGO.- Y aquí tiene fin, senado,
La belígera española (vv. 3275-3286)[2].
[1] Citaré, con bastantes retoques en la puntuación, por la edición de Patricio Lerzundi, Valencia, Albatros Hispanófila, 1996. Hay otras ediciones modernas de José Toribio Medina (Santiago / Valparaíso, Soc. Imprenta-Litografía Barcelona, 1917), Eduardo Juliá Martínez (en Poetas dramáticos valencianos, tomo primero, Madrid, Tipografía de la Revista de Archivos, 1929) y Teresa Ferrer Valls (en Teatro clásico en Valencia, I. Andrés Rey de Artieda. Cristóbal de Virués. Ricardo de Turia, Madrid, Fundación José Antonio de Castro, 1997). El título de la obra se reproduce a veces con la grafía bellígera de la princeps.
[2] Para más detalles remito a Carlos Mata Induráin, «“No nací para sujeta, / para sujetar nací”: doña Mencía de los Nidos como mujer varonil en La belígera española de Ricardo de Turia», Hispanófila, 175, diciembre 2015, pp. 141-155.








