En una primera lectura, es este un poemario[1] que puede sorprender al lector: el tema del amor no se había hecho presente, al menos no con la intensidad con que aquí aparece, en la poesía anterior de Amadoz[2], mientras que en esta nueva obra muchos de los poemas llaman la atención por la “carnalidad” de sus versos, que cantan y evocan el goce del amor físico. Son, en efecto, composiciones que se pueblan de besos y caricias: el título nos anuncia una Pasión oculta[3] y, ciertamente, el tono general es apasionado, pleno de sensualidad y sensorialidad. Aquí el poeta evoca un amor pasado, lejano en el tiempo, pero no en el corazón. Con frecuencia el yo lírico se dirige a un tú femenino, que es el que despierta su deseo. El conjunto se tiñe de un aire —podríamos decir— genesíaco: el poeta y la amada vienen a ser una especie de Adán y Eva que viven su amor total aislados del mundo y de los demás, en un paradisíaco ambiente de Génesis… Externamente, el libro está formado por treinta y dos poemas no numerados, en los que alternan las formas versolibristas y los metros cortos.
Muy bella es la composición que abre este libro poético, «Hay en la noche», que anuncia y describe ya esa pasión oculta de los amantes:
Hay en la noche una pasión oculta de los amantes,
hay en la noche una suprema rotundidad que acerca los cuerpos y los enciende.
La amada es evocada como una «circe dorada por el sol de la playa», y se acumulan expresiones de clara referencia a la pasión sexual: «besos y abrazos», «pasión desbordada», «una caricia inacabada», «la rotundidad de los labios y la brasa calcinante de los besos», «una extraña permisión de besos», «hay una pasión escondida que enhebra los cuerpos y los lanza concupiscentes», «una pasión sin censura que cierra la noche en rotundidad plena»[4]. En fin, todo el poema, de versos desbordados en su medida y en su contenido, es de una recia rotundidad, de enorme fuerza poética. Además la composición es especialmente bella porque nos enseña que «nadie es viejo en el amor y la ternura».
«Escorzos para un amor» lleva un lema que nos sitúa en esa misma órbita del amor y del deseo. Está formado por diez secuencias numeradas en romanos. El poeta se dirige ahora a un tú femenino («tu circe»), a esa mujer que llama y hace creador al amante: «al fin te creé de nuevo al rumor callado del viento». El tono sensual y erótico que veíamos en el primer poema se reitera claramente aquí en la secuencia VII, que describe el encuentro físico de los amantes, y en el final, cuando todo culmina con un «se duermen los soles y tú caes entre besos de alborozo».
«Amantes», presidido por un lema de Rilke, se construye como un apóstrofe a los amantes jóvenes, a los que el poeta maduro les pide el secreto de sus noches, y les dice:
… sois el banquete de este vicio de ser hombre,
la sabiduría oculta del peregrinaje sordo de este mundo extinto,
almas sujetas y encadenadas en un roce permanente que viajan sin destino[5].
[1] Este poemario no fue publicado previamente de forma exenta, sino que quedó incorporado directamente al conjunto de su Obra poética (1955-2005), Pamplona, Gobierno de Navarra-Institución Príncipe de Viana, 2006.
[2] Cabe exceptuar el segundo apartado de Sangre y vida, «Transfondo de mujer», donde sí apreciábamos esa sensualidad del amor físico.
[3] Es un sintagma que se repite en la obra de Amadoz: el segundo poema de «De mi recogida belleza», de Sangre y vida, comenzaba así: «Sigo recreándome solo, en esta / mi pasión oculta»; y «Pasión oculta» se titula el noveno de los Poemas para un acorde transitorio, dedicado al nacimiento de uno de sus nietos.
[4] Apreciamos, incluso, alguna imagen plenamente surrealista, por ejemplo cuando habla de una «rotundidad dichosa de pies desmelenados», imagen muy adecuada a la situación, a la fuerza de la pasión que se desea transmitir.
[5] Para más detalles remito a mi trabajo «José Luis Amadoz, poeta “aprendiz de brujo”: cincuenta años de coherencia poética (1955-2005)», introducción a José Luis Amadoz, Obra poética (1955-2005), Pamplona, Gobierno de Navarra-Institución Príncipe de Viana, 2006.









