«El muerto resucitado», de Lucas Merino y Solares, una comedia burlesca del siglo XVIII

Pocos son los datos de que disponemos acerca del autor de El muerto resucitado[1]. El nombre de Lucas Merino y Solares ha sido considerado seudónimo de Félix Moreno y Posvonel[2], autor de otra comedia burlesca, Pagarse en la misma flMuertoResucitadoor y Boda entre dos maridos (Madrid, Antonio Sanz, 1745, con varias reediciones). El muerto resucitado se publicó en 1767 (en Madrid, por el editor Gabriel Ramírez[3]). Herrera Navarro recoge el dato de que la pieza se anunció en la Gaceta el 22 de diciembre de ese año[4]El género carnavalesco de la comedia burlesca[5], que conoció su momento de máximo esplendor en tiempos de Felipe IV, se prolonga hasta bien entrado el siglo XVIII[6]. En estas piezas disparatadas, que a veces se presentan bajo el subtítulo de comedia nueva burlesca, los autores dieciochescos siguieron manejando los mismos chistes y recursos jocosos que los ingenios del XVII, en el doble plano de la comicidad escénica y verbal, y esta pieza —de acción sencillísima pero repleta de humor— nos servirá para constatarlo, cosa que haremos en sucesivas entradas.

Muy corto es el reparto de la Comedia famosa, nueva, burlesca y graciosa cuyo título es El muerto resucitado. La economía de personajes no puede ser mayor, pues en ella intervienen tan solo cuatro: el príncipe de Alcorcón, barba; la princesa doña Estopa, su hija; el vizconde de Foncarral[7], galán, y el barón de Leganés, galán —nótese lo ridículo de los nombres y títulos—. La acción se centra en las pretensiones amorosas de los dos galanes, enamorados ambos de doña Estopa, que se inclinará por uno de ellos, aunque su padre deseará que se case con el otro. El resumen de la acción de cada jornada, que trazaré en las próximas entradas, nos permitirá ver las disparatadas situaciones provocadas por este triángulo amoroso. La comicidad deriva en buena medida de las alusiones costumbristas de la pieza, que tienen que ver con los nombres y la procedencia de los tres personajes masculinos (Alcorcón, Fuencarral y Leganés, tres localidades madrileñas muy cercanas a la Villa y Corte).


[1] Esta entrada forma parte de los resultados de investigación del Proyecto «Identidades y alteridades. La burla como diversión y arma social en la literatura y cultura del Siglo de Oro» (FFI2017-82532-P) del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (Dirección General de Investigación Científica y Técnica, Programa Estatal de Fomento de la Investigación Científica y Técnica de Excelencia).

[2] Francisco Aguilar Piñal, Bibliografía de autores españoles del siglo XVIII, tomo V, L-M, Madrid, CSIC, 1989, pp. 678 y 841-882, quien sigue a Cayetano Alberto de la Barrera en su Catálogo bibliográfico y biográfico del teatro antiguo español, desde sus orígenes hasta mediados del siglo XVIII, Madrid, Rivadeneyra, 1860.

[3] Hay edición moderna de María José Casado en Comedias burlescas del Siglo de Oro, tomo VII, volumen dirigido por Carlos Mata Induráin, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2011. En 2002, con motivo del Día del Libro, el Servicio de Biblioteca y Archivos de la Universidad de Extremadura publicó una edición facsímil del texto de 1767.

[4] Jerónimo Herrera Navarro, Catálogo de autores teatrales del siglo XVIII, Alcalá de Henares / Madrid, Fundación Universitaria Española, 1993, p. 304. Cándido María Trigueros tiene un entremés de El muerto resucitado (1763), y se conserva también un sainete anónimo, quizá de Ramón de la Cruz, titulado El gozo en el pozo y muerto resucitado, de hacia 1776. Ver Juan F. Fernández Gómez, Catálogo de entremeses y sainetes del siglo XVIII, Oviedo, Instituto Feijoo de Estudios del Siglo XVIII, 1993, pp. 333 y 446.

[5] En la actualidad, el Grupo de Investigación Siglo de Oro (GRISO) de la Universidad de Navarra está publicando el corpus completo de comedias burlescas, con más de treinta títulos ya publicados. Los estudios preliminares de las piezas ya editadas constituyen las aportaciones más valiosas sobre este género, y en esos trabajos se puede encontrar actualizada la bibliografía sobre el género.

[6] Otras comedias burlescas del siglo XVIII son, por ejemplo, El rey Perico y la dama tuerta, Angélica y Medoro o Don Quijote de la Mancha, resucitado en Italia. Sobre esta última, ver Carlos Mata Induráin, «Don Quijote de la Mancha, resucitado en Italia, comedia de magia burlesca», Anales cervantinos, tomo XXXV, 1999, pp. 309-323.

[7] En el reparto, por haplología, y en algunos pasajes de la obra, para ajustar la medida del octosílabo, se lee «el Vizconde Foncarral».

El «Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando el enamorado» de Quevedo: la jocosidad disparatada (y 4)

Abundan en este poema[1] de Francisco de Quevedo las hipérboles e imágenes grotescas. Podemos recordar aquella, muy gráfica, en la que se indica que a los alemanes las barbas y bigotes les sirven de jergón (vv. 181-184). Hay otras hipérboles como esta:

Gradaso el rey que digo se llamaba,
rey que tiene más cara que un barreño,
y juega, ¡ved qué fuerza tan ignota!,
con peñascos de plomo a la pelota (vv. 93-96).

Se habla de una «sala / que llegó de París hasta Bengala» (vv. 223-224); y de otros bigotes gigantescos:

… cuando, por entre sillas y bufetes,
se vio venir un bosque de bigotes,
tan grandes y tan largos, que se vía
la pelamesa y no quien la traía (vv. 397-400).

Muy intensa es la descripción de los gigantes que acompañan a Angélica:

Levantáronse en pie cuatro montañas
y en cueros vivos cuatro humanos cerros;
no se les ven las fieras guadramañas
que las traen embutidas en cencerros.
En los sobacos crían telarañas;
entre las piernas espadaña y berros;
por ojos en las caras carcabuezos,
y simas tenebrosas por bostezos.

Puédense hacer de cada pantorrilla
nalgas a cuatrocientos pasteleros,
y dar moños de negra rabadilla
a novecientos magros escuderos;
cubren, en vez de vello, la tetilla,
escaramujos, zarzas y tinteros,
y en tiros de maromas embreadas
cuelgan postes de mármol por espadas.

Rascábanse de lobos y de osos
como de piojos los demás humanos,
pues criaban por liendres de vellosos
erizos y lagartos y marranos;
embutiose la sala de colosos,
con un olor a cieno de pantanos,
cuando detrás inmensa luz se vía:
tal al nacer le apunta el bozo al día (vv. 409-432)[2].

Gigante

Y, asimismo, la descripción del caballo Rabicán:

Una endrina parece con guedejas;
tiene por pies y manos volatines,
de barba de letrado las cernejas,
de cola de canónigo las clines,
pico de gorrïón son las orejas,
los relinchos se meten a clarines,
breve de cuello, el ojo alegre y negro,
más revuelto que yerno con su suegro (vv. 681-688)[3].

También resulta muy grotesca la imagen de unos dedos que son manojos de abutagados sapos (II, v. 442).

Hay algún caso de hipérbaton humorístico: «inmensa se embutió caballería» (v. 219), «cuantos anhelan premios de la guerra» (v. 516); empleo del superlativo con fines humorísticos (judísimo, v. 39); expresiones de sabor muy quevediano del tipo rabí con fondo abencerraje (v. 60), fantasma fondos en tintero (v. 437); uso de dos sustantivos, el segundo con función adjetiva: ánima zancarrón, por lo Mahoma (v. 432), un hombre tentación (II, v. 439), miembros ganapanes y guiñapos (II, v. 444); desplazamiento acentual jocoso (v. 871, ciclope por rima con arrope). También sabe sacar provecho nuestro autor de los recursos retóricos, como la anáfora (de ni en II, vv. 353 y ss.) o la acumulación de verbos cuasi-sinónimos, para mostrar gráficamente el combate de Ferragut y Argalía:

Se majan, se machucan, se martillan,
se acriban, y se punzan, y se sajan,
se desmigajan, muelen y acrebillan,
se despizcan, se hunden y se rajan,
se carduzan, se abruman y se trillan,
se hienden, y se parten, y desgajan:
tan cabal y tan justamente obran,
que las mismas heridas que dan cobran (II, vv. 369-376)[4].


[1] Manejo la edición de Malfatti: Francisco de Quevedo, Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando el enamorado, introducción, texto crítico y notas por María E. Malfatti, Barcelona, Sociedad Alianza de Artes Gráficas, 1964, que cito con ligeros retoques. He consultado también, aprovechando sus espléndidas notas, el texto de Arellano y Schwartz, que reproducen solo el Canto I en Francisco de Quevedo, Un Heráclito cristiano, Canta sola a Lisi y otros poemas, Barcelona, Crítica, 1998, pp. 635-676. De entre la bibliografía reciente sobre esta obra, destacaré el trabajo de Marcial Rubio Árquez, «Modelos literarios y parodia quevedesca: algunas notas sobre el Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando enamorado», La Perinola. Revista anual de investigación quevediana, 20, 2016, pp. 203-220.

[2] La descripción de los gigantes se completa en II, vv. 241-248.

[3] Compárese con la descripción, seria, del caballo de Astolfo (II, vv. 73-88).

[4] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «Aspectos satíricos y carnavalescos del Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando el enamorado de Quevedo», Rivista di Filologia e Letterature Ispaniche, III, 2000, pp. 225-248.

El «Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando el enamorado» de Quevedo: la jocosidad disparatada (3)

Luis_Pacheco_de_NarváezExaminaremos ahora la onomástica burlesca y el «lenguaje de la plaza pública» en este poema de Francisco de Quevedo[1]. Tenemos, por ejemplo, que Angélica llama a Grandonio la Chasca (v. 11; la nota de Arellano y Schwartz recoge la interpretación de Alarcos: «El poeta nos dice que la linda Angélica, hablando inconsideradamente y a bulto, aplicaba al rey Grandonio el calificativo de la Chasca. Teniendo presente que chasca significa entre otras cosas ‘ramaje que se coloca sobre la leña para hacer carbón’ y que el bueno de Grandonio era ‘arisco de testuz’, como un toro, se comprenderá el sentido y el porqué de tal apodo»; y añaden que Malfatti recuerda, sin embargo, que Cervantes nombra a una «Juana la Chasca», vendedora de embuchados popular en Madrid, que quizá sea aludida aquí. Por otra parte, el nombre de don Hez (v. 317) es un juego disociativo con el apellido Narvá-ez (con posible alusión a Luis Pacheco de Narváez, el famoso enemigo de Quevedo).

Bajo el epígrafe de «lenguaje de la plaza pública», acuñado por Bajtin, incluyo el empleo de palabras con connotaciones jocosas, vulgares o groseras, las propias de la germanía o las que resultan humorísticas por su fonética, los insultos y apodos… Tenemos, por ejemplo, barrigas (v. 81), murria (v. 92), bahorrina (v. 133), embutir ‘comer’ (v. 276), carda, tarugo (v. 318; carda puede remitir a gente de la carda, en germanía ‘valentones, rufianes’ y tarugo ‘zote, necio’), gurullada (v. 377), guadramañas (v. 411), chamuscar (v. 456) y chicharrando (v. 502) para aludir a la ‘llama amorosa’, zacapella ‘riña’ (v. 583), tabahola, vulgarismo por batahola (v. 593), escurrir la bola (v. 597), modorra (v. 864), engarrafar (v. 905), trancazos (v. 910), rebullirse (v. 930), añusga (II, v. 9), puto (II, v. 22), chisgarabís (II, v. 28), mandinga (II, v. 45), regoldando muertes (II, v. 48), trampantojo (II, v. 62), cogujada (II, v. 91), cholla (II, v. 92), nonada (II, v. 93), bazucada (II, v. 94), garabís (II, v. 95), cocar (II, v. 102), guedeja (II, v. 148), chafarrinada (II, v. 153), burrajear (II, v. 154), gorgojos (II, v. 163), despatarrado (II, v. 171), borrasca (II, v. 228), panza (II, v. 258), mondongo ‘tripas’ (II, v. 260), despachurra (II, v. 265), zurra (II, v. 267), chuchurra (II, v. 269), jeta (II, v. 279), testuz (II, v. 280), chamorrara (II, v. 337), a puro torniscón (II, v. 364), machucar (II, v. 369), carduzar (II, v. 373), zuño (II, v. 400), carantamaula (II, v. 439), enguizgar (II, vv. 443), marimanta (II, v. 448), pringarse (II, v. 453), cochambre (II, v. 454), tirria (II, v. 529), chicota (II, v. 537), berriondo (II, v. 556), atolondra (II, v. 567), testa (II, v. 571), espeluzna (II, v. 616), matalote (II, v. 637), etc.[2]


[1] Manejo la edición de Malfatti: Francisco de Quevedo, Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando el enamorado, introducción, texto crítico y notas por María E. Malfatti, Barcelona, Sociedad Alianza de Artes Gráficas, 1964, que cito con ligeros retoques. He consultado también, aprovechando sus espléndidas notas, el texto de Arellano y Schwartz, que reproducen solo el Canto I en Francisco de Quevedo, Un Heráclito cristiano, Canta sola a Lisi y otros poemas, Barcelona, Crítica, 1998, pp. 635-676. De entre la bibliografía reciente sobre esta obra, destacaré el trabajo de Marcial Rubio Árquez, «Modelos literarios y parodia quevedesca: algunas notas sobre el Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando enamorado», La Perinola. Revista anual de investigación quevediana, 20, 2016, pp. 203-220.

[2] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «Aspectos satíricos y carnavalescos del Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando el enamorado de Quevedo», Rivista di Filologia e Letterature Ispaniche, III, 2000, pp. 225-248.

El «Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando el enamorado» de Quevedo: la jocosidad disparatada (2)

QuevedoEn el Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando el enamorado de Francisco de Quevedo[1] son bastante frecuentes las frases hechas, los refranes y las muletillas lingüísticas; en rápido recuento, encontramos las siguientes: hablando a trochimochi y abarrisco (v. 12), hacer pucheros ‘llorar’ (v. 83), dábase a los demonios (v. 97), escogidos a moco de candiles (v. 114), a puto el postre (v. 138), alusión a la frase hecha «Rábanos y queso tienen [o llevan, o traen] la corte en peso» (vv. 151-152), a fe de macarrones (v. 180, que parodia expresiones habituales del tipo «a fe de caballero», «a fe de quien soy»), en figura de romero (v. 260), a cachetes (v. 276, que parodia la expresión «a puñados»), ser cornudo hasta los codos (v. 324), a los diablos se da (v. 352), dar un beso al jarro (v. 356), traer al retortero (v. 358), hecho una uva ‘borracho’ (v. 363), tener cagado el bazo (v. 373), no se me da de Satanás un higo (v. 573), a tú por tú (v. 701), los demonios se daban a sí mismos (v. 887), moler como cibera (vv. 911-912), escoger como en peras (v. 945). Y en el Canto II: a la morra (II, v. 2), dándose al diablo (II, v. 20), correr con la mosca (II, v. 96), cagó el bazo ‘enfadó, molestó’ (II, v. 172), no decir oste ni moste (II, v. 257), diciendo y haciendo (II, v. 345), en un daca las pajas (II, v. 425), no se le cubrirá al infierno pelo (II, v. 548), va con los diablos (II, v. 585), sin saber dónde y cómo (II, v. 666).

Como creaciones léxicas jocosas encontramos zurdería (v. 188, calcado seguramente sobre morería); desgalalonaré los paladines ‘dejaré a los paladines sin Galalón, lo mataré’ (v. 370); otros desviñan la cabeza a chorros (v. 380; desviñar es neologismo quevediano, en donde viña funciona como ‘borrachera’: se quitan la borrachera echándose chorros de agua por la cabeza); pelamesa (v. 400); claviculando (v. 660), esto es, haciendo invocaciones con la Clavicula Salomonis, famoso tratado de ciencias ocultas; demonichucho y diabliposa (v. 661), acrónimos formados con avechucho y mariposa, porque alude a unos diablos voladores; cachidiablos (v. 663), que juega con la paronomasia de «casi diablos» ‘diablos de poca importancia’); Rabicán (vv. 679-680) juega con la disociación rabí-can: ‘doctor de la ley entre los judíos’ y ‘perro’, ambos vocablos insultantes); se desendiable y desendueñe (v. 704; el neologismo desendueñar está forjado sobre desendemoniar o desendiablar, en un chiste contra las dueñas, asimiladas a diablos); no sabe lo que se diabla (v. 880); un diablísimo (v. 954); dacas (II, v. 202, en rima con piltracas del v. 204); te desabrocharé las coyunturas (II, v. 316); me calvara … perro chino (II, vv. 339-340; calvar ‘quedar calvo’, como los perros chinos, que no tenían pelo); marido en pena (II, v. 552, calcado sobre alma en pena, expresión que aparecía en II, v. 207); marido en pena y boda perdurable (II, v. 553); desendiable (II, v. 555). Tales son algunos de los «monstruos idiomáticos» —al decir de Sabor de Cortazar— creados por Quevedo[2].


[1] Manejo la edición de Malfatti: Francisco de Quevedo, Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando el enamorado, introducción, texto crítico y notas por María E. Malfatti, Barcelona, Sociedad Alianza de Artes Gráficas, 1964, que cito con ligeros retoques. He consultado también, aprovechando sus espléndidas notas, el texto de Arellano y Schwartz, que reproducen solo el Canto I en Francisco de Quevedo, Un Heráclito cristiano, Canta sola a Lisi y otros poemas, Barcelona, Crítica, 1998, pp. 635-676. De entre la bibliografía reciente sobre esta obra, destacaré el trabajo de Marcial Rubio Árquez, «Modelos literarios y parodia quevedesca: algunas notas sobre el Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando enamorado», La Perinola. Revista anual de investigación quevediana, 20, 2016, pp. 203-220.

[2] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «Aspectos satíricos y carnavalescos del Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando el enamorado de Quevedo», Rivista di Filologia e Letterature Ispaniche, III, 2000, pp. 225-248.

El «Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando el enamorado» de Quevedo: la jocosidad disparatada (1)

El territorio de la literatura burlesca ofrece al escritor del Siglo de Oro ancho campo para hacer alarde de su ingenio y dar buena muestra de su agudeza verbal en sus múltiples variedades: dilogías, juegos de palabras, disparates, perogrulladas, etc. En esta y las siguientes entradas trataré de ordenar estos elementos microtextuales del poema de Francisco de Quevedo[1] relativos al plano de la agudeza verbal y conceptual.

Comenzaré por la revisión de las dilogías y otros juegos de palabras. En el v. 15 se afirma que Galalón es par de Judas: Quevedo juega con el sentido Par ‘caballero’ y con el de ‘igual, parejo’, significando que Galalón es tan malo como Judas. El sintagma cerrados de barba y de mollera (v. 162) es un ceugma chistoso: cerrado de barba se decía del que tenía una barba tupida y espesa, mientras que cerrado de mollera al torpe y poco inteligente. En los vv. 177-178 leemos: «Vinieron italianos como hormigas, / más preciados de Eneas que posones»: son preciados de Eneas, el héroe troyano, porque según la leyenda de la fundación mítica de Roma esta fue fundada por Eneas; pero se juega con enea ‘planta’, de la que se hacen los asientos de las sillas (posón es «lo mismo que posadero en el sentido de asiento», Autoridades).

Eneas2

La expresión barba de mal ladrón, cruel y pía (v. 186) supone una agudeza de contrariedad; anotan Schwartz y Arellano:

es barba cruel por la crueldad y condición formidable del personaje; es pía por el color (dilogía entre ‘piadosa’, que se opone a cruel, y “el caballo u yegua cuya piel es manchada de varios colores, como a remiendos”, Aut); el mal ladrón no es Gestas, el que murió crucificado sin arrepentirse (aunque hay un juego con él), sino el mal francés o sífilis, que causa efectos catastróficos en el pelo y barbas.

Hay un chiste paronomástico con aguadas / aguados (vv. 254-256). Otros juegos explicados con precisión por Schwartz y Arellano, a cuyas notas remito: corito en piernas (v. 257); ropilla (v. 290), dilogía entre «la ropa pobre u de poca estima» y «vestidura corta con mangas y brahones», Autoridades); daban todos (v. 322), chiste entre ‘dar dinero’ y ‘dar golpes’; parecer (vv. 437-440), dilogía entre ‘aspecto, hermosura del rostro’ y ‘opinión del letrado’; revolver caldos (v. 587), juego con el sentido literal ‘revolver caldos comestibles’ y el figurado de la frase hecha (algo parecido en el v. 688, revuelto, dilogía entre los sentidos ‘enemistado, desazonado’ y ‘caballo fogoso’); clines de cabo de cuchillo (v. 845). En el Canto II encontramos nuevos juegos y chistes: canas / canillas (II, v. 70); un caballo «más manchado / que biznieto de moros y judíos» (vv. 193-194); rodado, dilogía (II, v. 195); «más largo que paga de tramposo» (II, v. 248); casco ni casquillo (II, v. 335); «hilo a hilo, con llanto costurero, lloraba» (II, v. 433); perros / emperrado (II, vv. 563-564); «Monta a caballo, mas tampoco monta» (II, v. 609[2]), etc.[3]


[1] Manejo la edición de Malfatti: Francisco de Quevedo, Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando el enamorado, introducción, texto crítico y notas por María E. Malfatti, Barcelona, Sociedad Alianza de Artes Gráficas, 1964, que cito con ligeros retoques. He consultado también, aprovechando sus espléndidas notas, el texto de Arellano y Schwartz, que reproducen solo el Canto I en Francisco de Quevedo, Un Heráclito cristiano, Canta sola a Lisi y otros poemas, Barcelona, Crítica, 1998, pp. 635-676. De entre la bibliografía reciente sobre esta obra, destacaré el trabajo de Marcial Rubio Árquez, «Modelos literarios y parodia quevedesca: algunas notas sobre el Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando enamorado», La Perinola. Revista Anual de investigación quevediana, 20, 2016, pp. 203-220.

[2] Tal vez habría que leer mejor «tan poco monta».

[3] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «Aspectos satíricos y carnavalescos del Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando el enamorado de Quevedo», Rivista di Filologia e Letterature Ispaniche, III, 2000, pp. 225-248.

El «Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando el enamorado» de Quevedo: tipos satíricos

En la comedia burlesca es habitual la reducción costumbrista, con alusiones a realidades contemporáneas al espectador del Siglo de Oro, que rompen por completo la ilusión de la época en que se ambienta la obra (por ejemplo, mención de costumbres y calles del Madrid de los Austrias en piezas ambientadas en la Antigüedad greco-romana). En el poema de Francisco de Quevedo que vengo analizando[1] ocurre algo similar. No encontramos personajillos folclóricos, pero sí tipos satíricos y figuras naturales y artificiales[2], con un rico muestrario que recoge los siguientes: viudas verdes e hipócritas (v. 16; se dice que Galalón es más traidor que las tocas de vïudas); gabachos (vv. 21-24); venteros (v. 36, ánima desechada de una venta); doctores (vv. 41-42); portugueses enamoradizos y aficionados a las músicas (vv. 169-172); valientes (v. 175); zurdos (v. 187); coritos, asturianos (v. 257, corito en piernas); suegras (v. 305, dos manadas de suegras); bermejos (v. 307, hecho un bermejo ‘furioso, colérico’); teñidos (vv. 319-320, vario, Cuco Canario); pasteleros gruesos (v. 418); letrados barbudos (v. 683, barba de letrado las cernejas); maridillo (II, v. 32); médico (II, v. 63); maestro de armas (la presentación de don Hez en los vv. 313 y ss., y luego las alusiones ridículas a la destreza en II, vv. 287-296)[3].

Esgrima


[1] Manejo la edición de Malfatti: Francisco de Quevedo, Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando el enamorado, introducción, texto crítico y notas por María E. Malfatti, Barcelona, Sociedad Alianza de Artes Gráficas, 1964, que cito con ligeros retoques. He consultado también, aprovechando sus espléndidas notas, el texto de Arellano y Schwartz, que reproducen solo el Canto I en Francisco de Quevedo, Un Heráclito cristiano, Canta sola a Lisi y otros poemas, Barcelona, Crítica, 1998, pp. 635-676. De entre la bibliografía reciente sobre esta obra, destacaré el trabajo de Marcial Rubio Árquez, «Modelos literarios y parodia quevedesca: algunas notas sobre el Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando enamorado», La Perinola. Revista anual de investigación quevediana, 20, 2016, pp. 203-220.

[2] Remito para esta cuestión a Maxime Chevalier, Tipos cómicos y folklore, Madrid, Edi-6, 1982.

[3] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «Aspectos satíricos y carnavalescos del Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando el enamorado de Quevedo», Rivista di Filologia e Letterature Ispaniche, III, 2000, pp. 225-248.

El «Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando el enamorado» de Quevedo: empleo humorístico de la mitología y la Antigüedad clásica

En el Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando el enamorado de Francisco de Quevedo[1], de la deformación grotesca y desidealizadora no se escapan los dioses ni los personajes mitológicos: así, el dios enjerto en diablo (v. 4) es el dios Amor; las nueve hermanas de Helicona (v. 25) son las nueve Musas, a las que llama virgos monteses (v. 26) porque son vírgenes del monte Helicona, con connotaciones de ‘silvestres, montaraces, salvajes’, pero jugando sobre todo —como ya se indicó en una entrada anterior— con el sentido ‘mancebía’ que tiene monte en germanía[2]; hermanillo de la Muerte (v. 865) es el sueño, que en efecto era considerado tópicamente en la antigüedad clásica como imagen de la muerte («Somnium, imago mortis»). Sin embargo, también encontramos un empleo serio de la mitología, por ejemplo en dos alusiones a Dafne en los vv. 517-520 («la que trocó ser ninfa por ser rama / y en siempre verde tronco el cuerpo cierra, / los abrazos guardó para tu frente, / que negó descortés al sol ardiente») y en los vv. 745-752:

Dafne

En tronco de esmeralda ramos bellos
con fruto de oro, con la flor de plata,
al sol el rostro, a Dafne los cabellos,
siempre el verde naranjo los retrata;
nevados y encendidos puedes vellos,
que la fruta y la flor al cielo ingrata
es a su juventud flagrante nieve
en que Favonio sus perfumes bebe[3].


[1] Manejo la edición de Malfatti: Francisco de Quevedo, Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando el enamorado, introducción, texto crítico y notas por María E. Malfatti, Barcelona, Sociedad Alianza de Artes Gráficas, 1964, que cito con ligeros retoques. He consultado también, aprovechando sus espléndidas notas, el texto de Arellano y Schwartz, que reproducen solo el Canto I en Francisco de Quevedo, Un Heráclito cristiano, Canta sola a Lisi y otros poemas, Barcelona, Crítica, 1998, pp. 635-676. De entre la bibliografía reciente sobre esta obra, destacaré el trabajo de Marcial Rubio Árquez, «Modelos literarios y parodia quevedesca: algunas notas sobre el Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando enamorado», La Perinola. Revista Anual de investigación quevediana, 20, 2016, pp. 203-220.

[2] Las Musas quedan asimiladas así a prostitutas; en el v. 32 la voz lírica indica: «embocadas os quiero, no invocadas»; teniendo en cuenta que embocar «vale entrar por alguna parte estrecha» y que en el juego de trucos o argolla significaba «pasar la bola por las troneras o el aro» (Autoridades), fácil resulta imaginar el tipo de embocadura a que se refiere.

[3] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «Aspectos satíricos y carnavalescos del Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando el enamorado de Quevedo», Rivista di Filologia e Letterature Ispaniche, III, 2000, pp. 225-248.