La historia literaria de Navarra en la Edad Media: rasgos generales

Al empezar a tratar de la historia literaria de Navarra, y al tener que referirnos a su época más lejana, la Edad Media, debemos también comenzar matizando algunos conceptos y dejando claras algunas ideas esenciales. Por ejemplo, qué vamos a entender por literatura y qué por Navarra.

Una primera cuestión es a qué llamamos literatura. Ocurre que los historiadores de la literatura tienden muchas veces a incluir en sus estudios obras que, en sentido estricto, no pertenecen al terreno de la literatura, sino que son tratados de filosofía, historia, oratoria, ciencias, artes, etc. Esta tendencia es más acusada sobre todo al abordar el estudio de la Edad Media, porque en esa época son mucho más escasos los textos estrictamente literarios que se conservan. Ante esa carencia de textos, se intenta “rellenar” el panorama —que de otra forma quedaría con bastantes huecos— con obras de corte más bien erudito y hasta científico, obras que no son propiamente literatura, aunque puedan contener, en mayor o menor medida, algunos elementos con valor literario. En este panorama también daré entrada a ese tipo de obras, pero de forma más breve, reservando el espacio principal para las composiciones estrictamente literarias, esto es, aquellas en cuya génesis está la intención de crear una obra de ficción. Ese es el criterio fundamental que manejo para considerar que una obra es literaria: el que predominen los elementos de ficción, la fantasía fabuladora del autor, en definitiva, que se trate de verdaderas obras de creación.

Scriptorium medieval
Scriptorium medieval.

En segundo lugar, qué entendemos por Navarra. Hay que tener en cuenta que los límites geográficos del antiguo reino pirenaico —primero de Pamplona, luego de Navarra— van a ser muy variables en el largo periodo medieval (en su momento pertenecieron a él las Vascongadas, la merindad de Ultrapuertos, territorios de La Rioja, Aragón…). Al trazar el panorama de estos siglos medievales, consideraré que han de entrar en la historia literaria de Navarra los escritores nacidos o las obras concebidas dentro de los territorios que en cada momento comprendía el reino.

Otra cuestión preliminar importante es de orden lingüístico. En efecto, al referirnos a la Edad Media, además de las cuestiones geográficas recién apuntadas, hay que tener en cuenta la riqueza idiomática del territorio navarro. Podemos considerar, al menos, estas seis variedades idiomáticas: el latín (lengua culta ligada a los monasterios, difusores de cultura); el vascuence (es el idioma del pueblo en buena parte del territorio, pero se trata de una lengua oral, que solo muy tardíamente pasaría a ser escrita[1]); el romance navarro (que es el dialecto romance derivado del latín en territorio navarro, tradicionalmente estudiado en conjunto con el aragonés —navarro-aragonés—, aunque con rasgos lingüísticos propios que permiten diferenciarlo, según demostraron los estudios de Fernando González Ollé y Carmen Saralegui[2], entre otros; este dialecto, el romance navarro, fue la lengua oficial de la Corte navarra, ya que facilitaba los contactos con los otros reinos cristianos). Y hemos de considerar también los idiomas correspondientes a tres minorías de población: el árabe (hablado por la población musulmana), el hebreo (hay importantes juderías o aljamas en Pamplona, Estella, Viana, Los Arcos… que cuentan con la protección real) y los dialectos occitanos[3] correspondientes a la población de origen franco (con la que se van repoblando los burgos de nuestras ciudades medievales). Por supuesto, habría que estudiar la distinta extensión geográfica y la difusión social de cada una de estas lenguas. Pero importa consignar que todas ellas nos dejaron sus testimonios literarios escritos en la Edad Media, con la excepción del vascuence, de tradición eminentemente oral y cuyas primeras manifestaciones literarias escritas no se presentan, como veremos, hasta el siglo XVI. José María Corella, en un trabajo del año 1980, tras referirse a la romanización de Pamplona y del territorio de Navarra y recordar los diferentes pueblos (vascones, romanos, bárbaros, godos…) que pasaron por nuestra tierra, alude a esa situación de plurilingüismo:

Navarra, pues, es una tierra que se configura multirracialmente y que se expresa en varias lenguas: el latín (del que salió el romance navarro, hablado ya en el siglo IX en el reino de Pamplona), el vascuence (mantenido en el reducto montañés no romanizado) y un pequeñísimo conjunto de dialectos mozárabes que muy pronto ceden y desaparecen ante el empuje avasallador del romance, implantado como lengua oficial en el reino de Navarra incluso antes que lo hiciera para sí el reino de Castilla[4].

Por último, no hemos de olvidar que la historia política del reino de Navarra (reino de Pamplona en sus orígenes) es muy compleja. Esta tierra fronteriza fue —y sigue siendo— cruce de culturas, idiomas y religiones, encrucijada de caminos, y esa circunstancia tendrá importantes repercusiones culturales. Pensemos en la importancia del proceso histórico de la Reconquista. Pensemos en las relaciones que mantuvo Navarra a lo largo de los siglos con sus poderosos vecinos (Aragón, Castilla, Francia), a veces con periodos más o menos largos de unión dinástica con algunos de esos territorios. Pensemos también, por señalar otros dos ejemplos señeros, en la importancia del Camino de Santiago y en la introducción de la reforma cluniacense, con el correspondiente trasiego de ideas y de movimientos artísticos procedentes de Europa que ambos fenómenos supusieron para Navarra. Sumemos a todo esto las distintas relaciones políticas y diplomáticas establecidas con los demás reinos hispánicos y con los territorios franceses. Todos estos factores históricos marcarán, sin duda alguna, los hechos culturales y también, cómo no, los literarios[5].


[1] Ver Fernando González Ollé, «Vascuence y romance en la historia lingüística de Navarra», Boletín de la Real Academia Española, 50, enero-abril de 1970c, pp. 31-76.

[2] Ver Fernando González Ollé, «El romance navarro», Revista de Filología Española, 53, 1970a, pp. 45-93, y Carmen Saralegui, El dialecto navarro en los documentos del Monasterio de Irache (958-1397), Pamplona, Diputación Foral de Navarra (Institución «Príncipe de Viana»), 1977.

[3] Ver Fernando González Ollé, «La lengua occitana en Navarra», Revista de Dialectología y Tradiciones Populares, 25, 1969, pp. 285-300.

[4] José María Corella Iráizoz, La literatura y los escritores hebraicos en Navarra, Pamplona, Diputación Foral de Navarra (Dirección de Educación), 1980, p. 6.

[5] Una buena aproximación al panorama literario y cultural de Navarra en la Edad Media puede verse es el trabajo de Juan Antonio Frago Gracia, «Literatura navarro-aragonesa», en José María Díez Borque (coord.), Historia de las literaturas hispánicas no castellanas (Madrid, Taurus, 1980), pp. 219-276. Ver también Antonio Ubieto Arteta, «Poesía navarro-aragonesa primitiva», Estudios de Edad Media de la Corona de Aragón, VIII, 1967, pp. 9-44. Para más detalles remito a Carlos Mata Induráin, Navarra. Literatura, Pamplona, Gobierno de Navarra (Departamento de Cultura y Turismo-Institución Príncipe de Viana), 2004.