«La amiga del Rey» de Eduardo Galán (4)

Isabel de Borbón, por VelázquezEn esta pieza dramática de Eduardo Galán, del personaje de la reina Isabel de Borbón también se destaca su belleza (así lo hacen Madre Apolonia y Polilla). Sin embargo, frente a la vitalista Calderona, la francesa es una mujer embargada por la tristeza, ya que no consigue dar un hijo varón al rey. Madre Apolonia comenta que es «generosa y austera, como nuestro pueblo» (p. 55)[1]. Su dama doña Elvira se sorprende de que no tenga amigos o admiradores secretos, pero ella no imita al rey en sus devaneos: «Una reina está obligada a ser esposa fiel y madre ejemplar» (p. 90). Al final del primer acto se rebela tímidamente, trazando un plan para que don Felipe, como rey y como esposo, regrese a Palacio; y al comienzo del siguiente se apresta a jugar sus bazas. Se viste y adorna para estar lo más seductora posible; quiere lucir su belleza en la fiesta de toros para que el rey la desee y pase esa noche, que es el aniversario de sus bodas, con ella. Pero su habilidad no es tanta como la de la cómica, y fracasará en su intento de manejarlo. Por otra parte, no solo como mujer, sino también como soberana es más responsable que Felipe IV, y así lo demuestra al preparar un decreto para que los gobernadores hagan un inventario de los bienes que poseen al comenzar un mandato, de forma que luego se pueda comprobar si se han enriquecido indebidamente[2].


[1] Cito por Eduardo Galán Font, La amiga del Rey, introducción de Antonio Fernández Insuela, Murcia, Universidad de Murcia, 1996. Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «Los dramas históricos de Eduardo Galán: La posada del Arenal y La amiga del Rey», en José Romera Castillo y Francisco Gutiérrez Carbajo (eds.), Teatro histórico (1975-1998): textos y representaciones. Actas del VIII Seminario Internacional del Instituto de Semiótica Literaria, Teatral y Nuevas Tecnologías de la UNED (Cuenca, UIMP, 25-28 de junio, 1998), Madrid, Visor Libros, 1999, pp. 339-351.

[2] El carácter de los hombres no cambia con el paso del tiempo, y aquí podemos ver referencias claras a la realidad española actual.

Un amorío más de Lope: Lucía de Salcedo

Y ahora es cuando debemos sumar un nombre más a la ya extensa nómina de mujeres en la vida de Lope de Vega[1]. Se enreda en amores con otra actriz, Lucía de Salcedo, apodada la Loca, con el consiguiente enfado de Jerónima de Burgos (porque ahora el genial dramaturgo dará sus comedias a la compañía de Salcedo), aunque no son muchos los datos de que disponemos acerca de esta relación.

En octubre de 1615 se celebra la boda por poderes del príncipe de Asturias (el futuro Felipe IV) con Isabel de Borbón. El duque de Sessa forma parte de la comitiva real que marcha hasta Irún para recibir a la novia, y Lope le acompaña. En la Isla de los Faisanes, en el Bidasoa, se produce el intercambio de princesas entre las cortes de España y Francia (los españoles entregan a Ana de Austria, que va a ser la esposa del joven Luis XIII de Francia).

Intercambio de princesas en el Bidasoa, Pieter Van der Meulen

El cortejo regresa a Burgos y Lerma, donde Felipe III ha organizado grandes fiestas para conmemorar el enlace, y el viaje queda descrito en la comedia Los ramilletes de Madrid.

En diciembre Lope vuelve a Madrid, y allí pasa el año 1616. A finales de junio de ese año le explica a Sessa que piensa ir a Valencia para encontrarse con el hijo habido en 1599 («voy a Valencia por aquel hijo mío fraile descalzo»). Eso es, al menos, lo que se dice sobre el papel; pero tal explicación parece más bien una excusa: en realidad acude allí para encontrarse con Lucía de Salcedo, que está trabajando con la compañía de Sánchez y viene desde Barcelona. Allí enferma («Diecisiete días he estado en una cama con tan recias calenturas, que entendí que era el último tiempo de mi vida», le escribe al de Sessa el 6 de agosto), y regresa finalmente a Madrid sin el hijo a cuyo encuentro había supuestamente ido. Publica Alabanzas al glorioso San Josef. Gracias a la intercesión de Sessa, es nombrado procurador fiscal de la Cámara Apostólica en el Arzobispado de Toledo.


[1] El texto de esta entrada está extractado del libro de Ignacio Arellano y Carlos Mata Induráin Vida y obra de Lope de Vega, Madrid, Homolegens, 2011. Se reproduce aquí con ligeros retoques.