La «admiratio» en las «Noches de invierno» (1609) de Antonio de Eslava

En entradas sucesivas voy a ofrecer algunas notas sobre la admiratio en las Noches de invierno[1], es decir, los elementos que introduce su autor, Antonio de Eslava, para sorprender al lector y mantener de forma continuada su interés[2]: descripción de tormentas y naufragios, alusiones a hechos fantásticos y maravillosos, presencia de la magia, etc. En efecto, en la obra abundan esos elementos de la fantasía y la maravilla, los sucesos mágicos y prodigiosos, los lances caballerescos (torneos, combates…), los recursos de intriga propios de los relatos bizantinos (mujer en hábito varonil y uso de otros disfraces para ocultar la verdadera personalidad de los protagonistas…), la descripción de tormentas y naufragios (muy del gusto del autor), etc., que mantienen vivo el interés del lector. Todo ello va acompañado de las habituales muestras de erudición, de la que el autor quiere hacer gala poniendo en boca de sus personajes citas y menciones de autoridades diversas. Ese recurso continuo a las autoridades, con la acumulación de ejemplos de la Antigüedad, tal vez resulte a los ojos de un lector de hoy algo demasiado pedante y pretencioso. Sea como sea, obviada esa dificultad, creo que el lector contemporáneo podrá disfrutar de las entretenidas historias de Noches de invierno, una obra con la que Eslava nos brinda —como Cervantes en el Quijote de 1605, salvadas las naturales distancias de calidad literaria y trascendencia— un compendio de los principales modos y géneros narrativos vigentes en España a finales del siglo XVI y comienzos del XVII (con excepción del relato picaresco, modalidad no presente aquí).

Cubierta de Antonio de Eslava, Noches de invierno, edición, prólogo y notas de Julia Barella, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2013

Antonio de Eslava, Noches de invierno, edición, prólogo y notas de Julia Barella, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2013

La presencia en las Noches de invierno de elementos que provocasen la admiratio[3] del lector ya había quedado apuntada por algunos estudiosos; por ejemplo, por Manuel Iribarren, cuando escribía que en sus páginas «se acumulan sin método la historia y la fantasía, la realidad y el mundo maravilloso»[4]. Por su parte, Julia Barella Vigal ha destacado que los gustos literarios de Eslava «siempre parecen inclinarle por lo extraordinario, el dramatismo y las situaciones caóticas, dinámicas, extremas y grandiosas»[5], de ahí que no sea difícil encontrar en la colección numerosas descripciones de tormentas, tempestades, incendios, naufragios…, así como la mención de diversos hechos prodigiosos. También Víctor A. Oroval Martí se ha referido a esta cuestión[6], a propósito de la acusación de antirrealismo formulada contra Eslava por Amezúa[7]. Y quien más recientemente ha apuntado la presencia de elementos fantásticos y maravillosos en las Noches de invierno ha sido Ana Luisa Baquero Escudero, en un trabajo panorámico sobre los lugares de la maravilla en la novela corta del XVII:

Pero sin duda, si tuviésemos que referirnos a una colección de novelas cortas anterior a la aparición de las Ejemplares en donde lo maravilloso se desenvolviese ampliamente, ésta sería las Noches de invierno de Antonio de Eslava. Perteneciente ya al seiscientos, en ella encontramos numerosas historias intercaladas en la estructura dialogística que conforma el texto. Ya González de Amezúa, desde su singular perspectiva crítica por la cual el rasgo realista constituía el barómetro de su valoración del género, destacó —obviamente de manera negativa— la presencia de lo maravilloso y fantástico en dicha obra que además relacionaba él con fuentes no nacionales sino extranjeras. Unas afirmaciones que las excelentes investigaciones posteriores de Barella han rectificado en parte. Construidas a partir de un complicado entramado de tradiciones de muy diverso origen, las diez historias incluidas en dicha obra aparecen narradas por los distintos personajes que constituyen la tertulia. A excepción de la primera presentan todas casos sucedidos a personajes ajenos desde luego a su realidad, y cuya categoría social se corresponde normalmente a la de reyes, príncipes y emperadores. Si bien alguna refleja una realidad histórica reciente, se suelen situar en un pasado lejano —recuérdense aquellas correspondientes al ciclo carolingio—, y en escenarios muy distantes, asimismo, de la geografía nacional —Tartaria, el antiguo reino de Macedonia…—. Dos coordenadas estas, la distancia temporal y el alejamiento geográfico, engarzadas íntimamente para conceder esa singular verosimilitud a la presentación de hechos fantásticos. Una verosimilitud que además en este caso, y como ocurría también en las misceláneas de la época, suele ir respaldada por el principio de autoridades, manejado por los contertulios[8].

Para el análisis de esta cuestión resulta de especial interés un artículo de Julia Barella Vigal publicado en 1985 en el que, tras resumir algunos datos generales acerca del autor y la obra, estudia en un primer apartado «Las historias narradas y el folklore» y analiza las fuentes literarias de cinco de ellas. El segundo apartado de su trabajo está dedicado a «La erudición en los diálogos glosadores», con tres capítulos: «Anécdotas de personajes históricos», «Curiosidades y costumbres bárbaras, hechos maravillosos y noticias de la filosofía natural» y «El amor: sus distintos tipos y temibles efectos». Barella Vigal explica que cuando Eslava incluye en su obra anécdotas de personajes históricos, respeta las fuentes que maneja, sobre todo la Historia Imperial de Mexía. Pero no sucede lo mismo cuando se ocupa de materias maravillosas:

La actitud de Eslava es bien distinta cuando se trata de sucesos maravillosos, costumbres de pueblos lejanos o demás curiosidades. Eslava se distancia de su fuente y aumenta, colorea, exagera la noticia a su antojo. Los ejemplos que elige de entre los compendios suelen ser los más increíbles, las supercherías, los acontecimientos asombrosos y las leyendas más fantásticas.

Su principal fuente es la Silva de varia lección de Pedro de Mexía, y si bien la copia es en la mayoría de las ocasiones literal, Eslava nunca menciona tan magnífica obra[9].

Y más adelante añade a propósito de esta aparente falta de originalidad:

Lo original de Eslava es que parece no contentarse con la simple exposición de hechos y acude a otras fuentes en busca de una explicación científica o simplemente se la inventa. Esta actitud es la que hace que la obra adquiera ese tono entrañable y humano[10].


[1] Existen varias ediciones modernas de las Noches de invierno: la de Julia Barella Vigal (Pamplona, Gobierno de Navarra, 1986), por la que citaré; otra edición de Carlos Mata Induráin (Pamplona, Fundación Diario de Navarra, 2003); una nueva edición de Julia Barella Vigal (Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2013); en fin, una edición electrónica de Enrique Suárez Figaredo, en Lemir, 24, 2020 – Textos, pp. 133-266.

[2] Para más detalles y bibliografía remito a mis trabajos: Carlos Mata Induráin, «Sobre la admiratio en las Noches de invierno de Antonio de Eslava», Zangotzarra,7, 2003, pp. 91-115; «Elementos fantásticos y maravillosos en las Noches de invierno (1609) de Antonio de Eslava», en Nicasio Salvador Miguel, Santiago López-Ríos y Esther Borrego Gutiérrez (eds.), Fantasía y literatura en la Edad Media y los Siglos de Oro, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2004, pp. 259-282; y «En el cuarto centenario de las Noches de invierno de Antonio de Eslava (1609-2009)», Zangotzarra, 13, 2009, pp. 217-229.

[3] Véase Edward C. Riley, «Aspectos del concepto de admiratio en la teoría literaria del Siglo de Oro», en Studia Philologica. Homenaje ofrecido a Dámaso Alonso, Madrid, Gredos, 1963, vol. III, pp. 173-183.

[4] Manuel Iribarren, Escritores navarros de ayer y de hoy, Pamplona, Gómez, 1970, p. 84.

[5] Julia Barella Vigal, «Antonio de Eslava y William Shakespeare: historia de una coincidencia», El Crotalón. Anuario de Filología Española, 2, 1985, p. 499.

[6] Véase Víctor A. Oroval Martí, Aproximación a las «Noches de invierno» de A. Eslava, tesis doctoral mecanografiada, Valencia, Universidad de Valencia, s. a. [1978], pp. 178-181; en la p. 178 se refiere a la presencia de «fuentes mágicas, magos, palacios encantados, hechos sobrenaturales, hadas…».

[7] Véase Agustín G. de Amezúa y Mayo, Cervantes, creador de la novela corta española, Madrid, CSIC, 1956, vol. I, p. 438.

[8] Ana L. Baquero Escudero, «Los espacios de la maravilla en la novela corta áurea», en Ignacio Arellano (ed.), Loca ficta: los espacios de la maravilla en la Edad Media y Siglo de Oro, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2003, pp. 61-62.

[9] Julia Barella Vigal, «Las Noches de invierno de Antonio de Eslava: entre el folklore y la tradición erudita», Príncipe de Viana, 175, 1985, p. 554.

[10] Barella Vigal, «Las Noches de invierno de Antonio de Eslava…», p. 555.

Algo más sobre Antonio de Eslava y sus «Noches de invierno» (1609)

Antonio de Eslava no es un autor completamente desconocido en el panorama literario del siglo XVII: de hecho, existe cierta bibliografía sobre su única obra conservada, la colección de historias titulada Noches de invierno (1609)[1]. Hace un tiempo les dediqué aquí una entrada, que ofrezco ahora en versión ampliada.

A Eslava se le suele considerar en el conjunto de los cultivadores de la novela corta española de los siglos XVI y XVII[2], y particularmente se le ha recordado en diversas ocasiones como posible fuente de inspiración de William Shakespeare, en concreto para su comedia The Tempest. Sin embargo, hay muchos aspectos de la colección de narraciones de Eslava merecedores de un análisis más detenido y que hasta la fecha apenas han recibido atención por parte de la crítica.

Aparte de otras ediciones fragmentarias[3], existen varias ediciones modernas en las que leer las narraciones de Eslava: Noches de invierno (Madrid, Saeta, 1942), con prólogo de Luis María González Palencia, versión incompleta y con algunas incorrecciones; otra más reciente (Pamplona, Gobierno de Navarra, 1986), con un clarificador estudio preliminar y una extensa anotación, debida a Julia Barella Vigal; otra edición de Carlos Mata Induráin (Pamplona, Fundación Diario de Navarra, 2003); una nueva edición de Julia Barella Vigal (Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2013); en fin, una edición electrónica de Enrique Suárez Figaredo, en Lemir, 24, 2020 – Textos, pp. 133-266. En el «Prólogo al discreto lector» Eslava ofrecía una segunda parte, que al parecer no llegó a escribir.

Cubierta de Antonio de Eslava, Noches de invierno, ed. de Carlos Mata Induráin, Pamplona, Fundación Diario de Navarra, 2003

Antonio de Eslava, Noches de invierno, ed. de Carlos Mata Induráin, Pamplona, Fundación Diario de Navarra, 2003 (col. «Biblioteca Básica Navarra», 36)

Navarro de «la que nunca faltó», es decir, de Sangüesa, es Antonio de Eslava; él mismo hace constar su condición de sangüesino en la portada de su única obra conocida: Parte primera del libro intitulado Noches de invierno. Compuesto por Antonio de Eslava, natural de la Villa de Sangüesa. Allí nació hacia el año 1570. Y muy pocos más son los datos biográficos que de él conocemos. Todos los que han escrito sobre las Noches de invierno han aludido a la ausencia casi total de noticias relativas a la vida y persona de su autor. En el Archivo General de Navarra se conserva un documento, transcrito por Juan Castrillo, relativo a su matrimonio: «… a los cuatro días de 1603 Antonio de Eslava, nuestro escribano y portero real, y Susana Francés, su mujer, vecinos de Sangüesa…»[4]. Sabemos que tuvo un hermano, de nombre Juan de Eslava, que fue racionero de la catedral de Valladolid, autor de dos sonetos laudatorios incluidos entre los textos preliminares de la obra, los que comienzan «Levántese mi rudo entendimiento…» y «Báñese ya el planeta más lucífero…».

Quienes han tratado sobre la historia literaria de Navarra, le han dedicado por lo general algo de atención, aunque no siempre. Por ejemplo, José Zalba, en sus pioneras «Páginas de la historia literaria de Navarra», del año 1924, al referirse a las Noches de invierno, se hacía eco de la idea de que en su capítulo cuarto «se encuentra el argumento que poco más tarde, en 1613, desenvolvió Shakespeare en su drama La Tempestad»; añadía también que la obra de Eslava «tuvo muchos imitadores en España»[5]. Una entrada bio-bibliográfica algo más extensa le dedica Manuel Iribarren en su libro Escritores navarros de ayer y de hoy (1970):

Eslava, Antonio. Sólo sabemos de él que nació en Sangüesa y que se le titula escribano. Debió de venir al mundo hacia 1570. Publicó: Parte primera del libro intitulado Noches de invierno. En Pamplona, impreso por Carlos Labayen, 1609. La segunda parte no se publicó. Contiene once novelas, digresiones históricas y morales, una apología del sexo femenino y una fábula alegórica. En sus páginas se acumulan sin método la historia y la fantasía, la realidad y el mundo maravilloso. Se escribió en forma dialogada, entre personajes imaginarios «para aliviar la pesadumbre de las noches holgando los oídos del lector con algunas preguntas de filosofía natural y moral, insertas en apacibles historias». Noches de invierno, no obstante su tosco estilo, encontró buena acogida en el público. Alcanzó cuatro ediciones en pocos años y se tradujo al alemán. A juicio de Menéndez Pelayo, «todo en el libro de Eslava anuncia su filiación italiana. Ninguna de las historias es de asunto español». En efecto, la acción tiene por escenario Venecia. Se ha dicho que uno de los relatos, el contenido en el capítulo 4.º —Do se cuenta la soberbia del rey Nicéforo [sic, por Nicíforo] e incendio de las naves y la arte mágica del rey Dárdano— sirvió de inspiración a Shakespeare para escribir La tempestad. La semejanza del argumento y la identificación de los personajes de una y otra obra no parecen ser mera coincidencia. Nos lo confirma el hecho de que el drama de Shakespeare se representó a los dos años o cuatro quizás de aparecer el cuento de Eslava[6].

José María Corella, en su Historia de la literatura navarra (1973), aporta una semblanza similar, añadiendo algunos datos más, y en la antología con la que cierra su libro transcribe la mencionada historia cuarta de las Noches de invierno. Por su parte, Fernando González Ollé, en su Introducción a la historia literaria de Navarra (1989), no le dedica un capítulo específico, sino que se limita a mencionarlo brevemente, aludiendo a «los relatos, pedestres y engolados, contenidos en Noches de invierno (1609)»[7].

Por lo que respecta al carácter de Antonio de Eslava, él mismo se retrata en la dedicatoria de su obra a don Miguel de Navarra y Mauleón, marqués de Cortes y señor de Rada y Traibuenas, presentándose ante nuestros ojos como un aficionado a la lectura y el saber. Merece la pena copiarla íntegra:

Considerando, Ilustrísimo Señor, que la ociosidad es madre de todos los vicios, he procurado siempre de hablar con los muertos, leyendo diversos libros llenos de historias antiguas, pues ellos son testigos de los tiempos y imágenes de la vida; y de los más bellos y de la oficina de mi corto entendimiento, he sacado con mi poco caudal estos toscos y mal limados Diálogos, y, viendo también cuán estragado está el gusto de nuestra naturaleza, los he guisado con un sainete de deleitación, para que despierte al apetito, con título de Noches de invierno, llevando por blanco de aliviar la pesadumbre dellas, halagando los oídos al lector con algunas preguntas de la filosofía natural y moral, insertas en apacibles historias. Y a la hora que amigos míos con instancia de razones y continua persuasión me convencieron a que los sacase a luz, me determiné y resolví en dedicárselos a V. S., para ponerlos en una roca fortísima do se defiendan y estén seguros de los mordaces y detractores, los cuales, considerando que están debajo del amparo de persona de tan claro y universal ingenio, a quien naturaleza en todo se ha mostrado propicia, podría ser que disimulen mis defectos, y aunque es cosa muy sabida ser pequeño servicio éste para persona tan grave y tan benemérita, pues deciende V. S. de aquella realísima estirpe del rey Carlos Tercero de Navarra, por lo cual es más inclinado V. S. a hacer mercedes que a recebir servicio, y así tengo por cierto no seré digno de reprehensión, suplico a V. S. que, aunque el presente sea pequeño y de poca estima, lo acepte y reciba, que esa sola aceptación bastará para hacer agradables mis Diálogos a todos y animarme a mí [a] servicios mayores. Nuestro Señor la ilustrísima persona de V. S. guarde por muchos años.

Antonio de Eslava[8]

Tenemos, por tanto, que este escribano y portero real en Sangüesa publica en Pamplona, en 1609, sus Noches de invierno, una colección de relatos cortos que sigue una técnica constructiva —enraizada en la narrativa oriental— similar a la del Decamerón de Boccaccio: varios personajes se reúnen en tertulia durante varias noches y cada uno de ellos va contando una historia diferente. Un pequeño marco dialogístico sirve para dar unidad al conjunto, marco en el que se insertan además los distintos comentarios de los contertulios, que hablan y discuten sobre las más diversas cuestiones (para comprobarlo, basta echar un vistazo a la «Tabla de las cosas más notables de este libro» incluida al final). Como el título sugiere, se trata de relatos para ser leídos o contados, al calor del hogar, en las largas noches de invierno[9].

Mencionaba antes que la primera edición de las Noches de invierno salió en Pamplona, en 1609, por el editor Carlos de Labayen. Pues bien, el libro alcanzó un enorme éxito, porque conoció de forma inmediata otras ediciones: una del mismo año 1609 en Barcelona (con varias reimpresiones con la misma foliación) y otra de Bruselas en 1610. En 1649 se tradujo completo al alemán y parcialmente al francés en 1777 y al inglés en 1832. Sin embargo, las Noches de invierno tuvieron también problemas con la Inquisición, y así, en los Índices de 1667 y 1747 se ordenaría expurgar y corregir de nuevo, respectivamente, el texto. La obra también quedó incluida en el Índice último de libros prohibidos (Madrid, Sancha, 1780). «Los censores —explica Barella Vigal— coinciden en señalar un sospechoso fondo de inmoralidad en los temas, una actitud poco decorosa en los protagonistas y una ausencia, en suma, de ejemplaridad y buenos consejos»[10].

En lo que sigue, resumiré los rasgos generales de las Noches de invierno, siguiendo las aportaciones de sus principales estudiosos[11].

La crítica ha destacado de forma especial lo acertado en la disposición de los diálogos que sirven de marco a los relatos: Leonardo, Albanio, Silvio y Fabricio (y una noche también Camila) se reúnen para pasar entretenidos las frías noches de invierno, contando historias. Esta acción-marco de los relatos se sitúa en Venecia. Las charlas, amenas y burlescas, de estos contertulios están salpicadas de anécdotas, chascarrillos y curiosidades, y en ellas ha visto Juana de José y Prades la parte más original de las Noches de invierno:

La originalidad del autor —escribe— se reduce al mínimo más inexcusable. Si entresacamos del libro las imitaciones y plagios a Pedro Mexía, a Antonio de Guevara, a los libros de caballerías y a las leyendas leídas aquí o allá, apenas nos queda nada en las manos. Pero lo poquito que permanece tiene mucho sabor castizo, me refiero a esos cortos pasajes que Eslava emplea para pasar de un cuento a otro; en ellos vemos a los cuatro ancianos, Leonardo, Silvio, Albanio y Fabricio, arrimados a la chimenea hogareña para defenderse del frío excesivo; beben una copa tras otra de vino para calentarse y se entretienen en asar castañas en la brasa y en cambiar tal cual broma socarrona de viejo navarro. Pese a los deseos de Eslava de situar el desarrollo de los diálogos en la ciudad de Venecia, más recuerdan los interlocutores a cuatro viejos navarros que buscan refugio contra el frío del Pirineo que no a cuatro caballeros venecianos que huyan de la humedad de los canales[12].

Opinión de la que se hace eco Barella Vigal, para apuntar al mismo tiempo su parecer sobre el punto en que radica la originalidad de la obra:

Quizá no exagere Juana de José y Prades cuando dice que el tono coloquial y cotidiano de los diálogos es lo más original del libro […]. En lo que a mí respecta, creo que la originalidad descansa en la manera que ha elegido Eslava de presentar un variado material literario, procedente de muy distintas fuentes, y hacerlo cumpliendo los nuevos presupuestos de la época, entreteniendo y adoctrinando al lector, narrando historias antiguas, pero aproximando sus fines y su lenguaje al presente[13].

Los títulos de los once capítulos incluidos por Eslava en sus Noches de invierno son: 1) «Do se cuenta la pérdida del navío de Albanio»; 2) «Do se cuenta cómo fue descubierta la Fuente del Desengaño»; 3) «Do se cuenta el incendio del galeón de Pompeo Colona»; 4) «Do se cuenta la soberbia del rey Nicíforo y incendio de sus naves, y la arte mágica del rey Dárdano»; 5) «Do se cuenta la justicia de Celín Sultán, Gran Turco, y la venganza de Zaida»; 6) «Do se cuenta quién fue el esclavo Bernart»; 7) «Do se cuentan los trabajos y cautiverio del rey Clodomiro y la Pastoral de Arcadia»; 8) «Do se cuenta el nacimiento de Roldán y sus niñerías»; 9) «Do defiende Camila el género femenino»; 10) «Do se cuenta el nacimiento de Carlo Magno, rey de Francia y emperador de romanos»; y 11) «Do se cuenta el nacimiento de la reina Telus de Tartaria». Aunque este listado contenga once capítulos, en realidad las historias narradas al calor del fuego son diez, porque el capítulo noveno corresponde propiamente a un género literario distinto (el debate sobre la condición de la mujer, que tiene amplias manifestaciones en la tradición literaria, ya se trate de literatura misógina, ya —como sucede en este caso— de literatura laudatoria). Por lo que toca al origen de estos relatos, es decir, a sus fuentes, hay que indicar que en muchos casos lo que hace Eslava es reelaborar historias de otros autores o de carácter tradicional:

Las diez historias que se cuentan —resume Barella Vigal— presentan un complicado entramado de tradiciones, leyendas folklóricas, cuentos medievales, reminiscencias mitológicas, de romances, de libros de caballerías, bizantinos, pastoriles y moriscos, y temas y motivos de la literatura italiana y francesa[14].

En cualquier caso, el fondo que subyace en las historias narradas pertenece plenamente a la tradición hispánica:

No cabe duda de que el libro está ambientado en Italia, pero el asunto de sus historias es de tradición hispánica en la medida en que ejemplifica una serie de preocupaciones que son constantes en nuestra literatura: lo celestinesco, el duelo, el cautiverio, lo morisco, los problemas de religión, de honra y de raza; si bien no quiero decir que sean éstos exclusivos de la literatura española[15].

También Víctor A. Oroval Martí, en su trabajo Aproximación a las «Noches de invierno» de A. Eslava[16], comenta esta cuestión relativa a la variedad de procedencias de los elementos incluidos en la obra del sangüesino, al tiempo que apunta la intencionalidad del autor:

Los relatos cortos de las Noches de invierno —llamados familiarmente «historias»— presentan un conglomerado aparentemente dispar de raigambre medieval y renacentista sobre todo, con elementos de superficie engranados entre sí por una comunidad de intención: el entretenimiento y la moralización —esta última a base del castigo del vicio y el premio de la virtud—, por unos contenidos literarios —fundamentalmente el sustrato bizantino, bucólico y caballeresco— y por un desarrollo a base de un orden clasista preestablecido que se rompe con el subsiguiente desequilibrio (desorden-nudo del relato en el que los personajes suelen perder su «status») que acaba con el restablecimiento del orden y papeles iniciales junto a un simulacro de final feliz —nunca total—, aristocrático y con los parabienes de la divinidad, siempre al lado de los buenos-nobles[17].

Añade que la obra queda «enmarcada dentro del relato corto del XVII en el que constituye al parecer un eslabón inicial por su notable independencia de los patrones italianos hasta entonces imperantes, en la modalidad narrativa de Eslava, a través de traducciones o plagios». Con respecto a esta cuestión, matiza Oroval que Eslava plagia «sólo en los diálogos» y que astutamente omite la mención de sus fuentes (que son fundamentalmente Mexía, Pinciano y Guevara), «pero se trata de una parte minoritaria incluso dentro de los mismos diálogos, campo exclusivo de tal práctica»[18].

La crítica, influida quizá en exceso por la opinión de Menéndez Pelayo, había destacado la dependencia casi exclusiva de fuentes italianas. A este respecto, señala Oroval en sus conclusiones:

La obra de Eslava, salvo algún plagio, se halla lejos de sus fuentes literarias más inmediatas, que son los novellieri italianos del siglo XVI. En esto el autor sigue la idea latina de originalidad, o sea, el basarse en elementos de obras ajenas —tomados de «libros llenos de historias antiguas» según Eslava confiesa en la dedicatoria al Marqués de Cortes—, desde los que origina una creación nueva sin apenas contacto con su fuente. A esta conclusión se llega siguiendo los antecedentes literarios de los diálogos y relatos cortos de las Noches de invierno, sin descartar el influjo de la tradición oral o los pliegos de cordel cuyos estudios —incipientes— prometen interesantes resultados[19].

La intención del libro —ya quedó apuntado en alguna cita anterior— responde a la vieja fórmula horaciana del deleitar aprovechando: el autor ofrece a los lectores entretenimiento y diversión y al mismo tiempo enseñanzas y avisos. En España, son muchos los libros de estas características que buscan mezclar «lo útil» de la enseñanza y «lo dulce» de la forma narrativa, desde las colecciones de exempla medievales o el Arcipreste de Hita hasta El patrañuelo de Juan de Timoneda o los Diálogos de apacible entretenimiento de Lucas Hidalgo. Además, como explica Barella Vigal[20], en la época en que escribe Antonio de Eslava contar cuentos era un modo de cortesanía. No ha pasado por alto a los críticos cierta contradicción existente entre las moralidades que promete el autor en los preliminares y el fondo disoluto y relajado de la narración. Pero es que, como insiste Barella Vigal, entretener al lector contando historias es la finalidad principal de la obra, mientras que la supuesta intención moral parece interesarle poco a Eslava[21].

En el tomo III de sus Orígenes de la novela, Menéndez Pelayo hablaba —y su opinión ha pesado— del estilo «tosco y desaliñado» de Eslava e indicaba que en su prosa abundan las enumeraciones de pedantesca erudición y mala retórica (el abuso de las citas y referencias eruditas es aspecto que pone de manifiesto el trabajo de Juana de José y Prades[22]). En particular, se detecta en las Noches de invierno una clara influencia del estilo de fray Antonio de Guevara. Sea como sea, para Barella Vigal la «prosa en formación» de Eslava, al tiempo que recoge fórmulas y recursos medievales, «es protagonista de originales aciertos narrativos, nada frecuentes en el panorama prosístico del recién inaugurado siglo XVII»[23]; y opina que la importancia de Eslava y de su obra en el contexto literario de su época no es, en modo alguno, desdeñable:

El marco narrativo que se inauguraba en la quinta de Florencia o en la tertulia de Eslava reproducía un antiguo hábito que se había convertido en acto social y que se reflejaba como tal en toda la literatura de los Siglos de Oro. La obra de Eslava en este sentido es fundamental; su importancia en el desarrollo de la novela moderna y el ser uno de los más importantes precedentes del género novelístico junto con Timoneda y Gaspar Lucas Hidalgo, a excepción de su gran coetáneo Cervantes, le convierten en pieza clave para conocer el panorama prosístico español de los albores del Barroco[24].


[1] Para más detalles y bibliografía remito a mis trabajos: Carlos Mata Induráin, «Sobre la admiratio en las Noches de invierno de Antonio de Eslava», Zangotzarra,7, 2003, pp. 91-115; «Elementos fantásticos y maravillosos en las Noches de invierno (1609) de Antonio de Eslava», en Nicasio Salvador Miguel, Santiago López-Ríos y Esther Borrego Gutiérrez (eds.), Fantasía y literatura en la Edad Media y los Siglos de Oro, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2004, pp. 259-282; y «En el cuarto centenario de las Noches de invierno de Antonio de Eslava (1609-2009)», Zangotzarra, 13, 2009, pp. 217-229.

[2] Sobre el género de la novela corta, pueden consultarse los trabajos de Caroline B. Bourland, The Sort Story in Spain in the Seventeenth Century with a Bibliography of the Novela from 1576 to 1700, Northampton, Smith College, 1927; Wolfram Krömer, Formas de la narración breve en las literaturas románicas hasta 1700, Madrid, Gredos, 1979; Walter Pabst, La novela corta en la teoría y en la creación literaria. Notas para la historia de su antinomia en las literaturas románicas, Madrid, Gredos, 1972; María Pilar Palomo, La novela cortesana. Forma y estructura, Barcelona, Planeta / Universidad de Málaga, 1976. Pabst menciona a Antonio de Eslava y sus Noches de invierno en la «Tabla cronológica de la novelística» (p. 491), aunque no lo estudia en su libro.

[3] Una selección de historias puede encontrarse, por ejemplo, en Cuentos viejos de la vieja España (del siglo XIII al XVIII), estudio preliminar y adaptación por Federico Carlos Sainz de Robles, 5.ª ed., Madrid, Aguilar, 1964.

[4] Véase Juan Castrillo, «Apuntes biográficos. Partidas de nacimiento de algunos hijos ilustres de Santa María la Real de Sangüesa», Boletín de la Comisión de Monumentos de Navarra, VI, 1915, pp. 203-206.

[5] José Zalba, «Páginas de la historia literaria de Navarra», Euskalerriaren Alde, XIV, 1924, p. 353.

[6] Manuel Iribarren, Escritores navarros de ayer y de hoy, Pamplona, Gómez, 1970, pp. 83-84.

[7] Fernando González Ollé, Introducción a la historia literaria de Navarra, Pamplona, Gobierno de Navarra (Dirección General de Cultura-Institución «Príncipe de Viana»), 1989, p. 169.

[8] Antonio de Eslava, Noches de invierno, ed. de Julia Barella Vigal, Pamplona, Gobierno de Navarra (Dpto. de Educación y Cultura-Institución «Príncipe de Viana»), 1986, pp. 53-54. Para las ediciones antiguas y los ejemplares conservados, remito a Barella , introducción a Noches de invierno, 1986, pp. 41-42; y a Víctor A. Oroval Martí, «Narrativa y crítica literaria», Príncipe de Viana, 166-167, 1982, pp. 1045-1046.

[9] Cfr. las palabras de Cervantes en el Coloquio de los perros: «consejos o cuentos de viejas, como aquellos del caballo sin cabeza y de la varilla de virtudes con que se entretienen al fuego las dilatadas noches de invierno»; en El celoso extremeño: «aun hasta en las consejas que en las largas noches de invierno en la chimenea sus criadas contaban»; o en Quijote, I, 42: «lo tuviera por conseja de aquellas que las viejas cuentan el invierno al fuego»; y de Lope en El mayor imposible: «cuentos de viejas, para la lumbre, las noches de invierno» (testimonios mencionados por Julia Barella Vigal, «Las Noches de invierno de Antonio de Eslava: entre el folklore y la tradición erudita», Príncipe de Viana, 175, 1985, p. 546, nota 41).

[10] Barella Vigal, «Las Noches de invierno de Antonio de Eslava…», p. 514.

[11] Remito también al trabajo de Giovanna de Gregorio Formichi, «Narratori del Seicento: Le Noches de invierno di Antonio de Eslava», Lavori Ispanistici, II, Florencia, 1970, pp. 145-256; y al prólogo de Luis María González Palencia a Antonio de Eslava, Noches de invierno, Madrid, Nuevas Gráficas (Saeta), 1942, pp. IX-XXXI. Remito también a los trabajos de Ana Flores Ramírez: Edición y estudio lingüístico de «Noches de invierno», tesis doctoral dirigida por Antonio Prieto Martín, Madrid, Universidad Complutense de Madrid, 1997; «Estudio lingüístico de Noches de invierno de Antonio de Eslava», Dicenda. Estudios de lengua y literatura españolas, 18, 2000a, pp. 147-208, y «Diálogo y conversación en las Noches de invierno de Antonio de Eslava», en José Jesús de Bustos Tovar (coord.), Lengua, discurso, texto: I Simposio Internacional de análisis del discurso, Madrid, Visor Libros, 2000b, vol. 1, pp. 1363-1380. Puede verse asimismo la ficha que le dedica Rafael Bonilla Cerezo en el Diccionario Biográfico electrónico (DB-e) de la Real Academia de la Historia, <http://dbe.rah.es/biografias/8910/antonio-de-eslava>.

[12] Juana de José y Prades, «Las noches de invierno de Antonio de Eslava», Revista Bibliográfica y Documental, III, 1949, p. 167. Algo similar es lo que escribe Barella Vigal: «… cuando termina la narración, cuando vuelve la conversación en torno a la chimenea y se acompaña de burlas y bromas sobre el vino, más parece que estemos en el interior de una casona navarra que en algún rancio palacio veneciano. El humor socarrón de los octogenarios contertulios, las castañas asadas y la carne de membrillo están más cerca de acompañar una tertulia de costumbres y tradición española» («Las Noches de invierno de Antonio de Eslava…», p. 517).

[13] Barella Vigal, «Las Noches de invierno de Antonio de Eslava…», p. 565.

[14] Barella Vigal, introducción a Noches de invierno, 1986, p. 25.

[15] Barella Vigal, introducción a Noches de invierno, 1986, p. 34.

[16] Se trata de su tesis doctoral, dirigida por el Dr. Ángel Raimundo Fernández González, Valencia, Universidad de Valencia, s. a. [1978]. Manejo el ejemplar mecanografiado de este trabajo inédito, que dedica distintos apartados a «Antonio Eslava», «Argumentos, temas e historias», «Estructuración global», «Indicios», «Informantes», «Personajes», «Las autoridades», «Técnica narrativa», «Las fuentes en Noches de invierno», «Eslava y Boccaccio», «Eslava y Mejía», «Eslava y Shakespeare», «Análisis sociohistórico», «A. Eslava desde su obra», «Elementos simbólicos en las Noches de invierno», «Conclusiones provisionales» y «Bibliografía». La cita corresponde a la p. 3.

[17] Oroval Martí, Aproximación a las «Noches de invierno» de A. Eslava, Valencia, Universidad de Valencia, s. a. [1978], pp. 496-497.

[18] Oroval Martí, Aproximación a las «Noches de invierno» de A. Eslava, p. 11. Ahora no me detendré en el comentario de las fuentes, aspecto bien estudiado en los trabajos de Barella Vigal, Formichi, Juana de José y Prades y Oroval Martí.

[19] Oroval Martí, Aproximación a las «Noches de invierno» de A. Eslava, p. 503.

[20] Véase Barella Vigal, introducción a Noches de invierno, 1986, pp. 17-18.

[21] «Lo que pasa es que la finalidad moral le interesa muy poco a Eslava cuando nos la presenta inserta en la materia novelesca. Será en los diálogos, pedantes y monótonos en muchos momentos, cuando la enseñanza y el ejemplo ocupen un lugar primordial» (Barella Vigal, «Las Noches de invierno de Antonio de Eslava…», p. 519).

[22] José y Prades, «Las noches de invierno de Antonio de Eslava», pp. 163-196.

[23] Barella Vigal, introducción a Noches de invierno, 1986,p. 35.

[24] Barella Vigal, «Las Noches de invierno de Antonio de Eslava…», 1986, p. 515.

«La gitanilla» de Cervantes: datación y fuentes

(Dedico la entrada de hoy a mis alumnos del seminario cervantino en la Universidad de Delhi, con los que tuve la oportunidad de comentar, hace pocas semanas, “La cueva de Salamanca” y “La gitanilla”.)

La gitanilla se cuenta, sin duda, entre las mejores piezas de la colección de Novelas ejemplares[1] que Cervantes reúne y da a las prensas en 1613. Escrita con un estilo ágil y ameno, pleno de gracia e ironía, su prosa pacientemente trabajada es ejemplo señero de su absoluto dominio del idioma, y constituye una verdadera obra maestra, no solo de la narrativa cervantina, sino de la literatura universal.

Una edición moderna de La gitanilla

Sabemos que Cervantes yuxtapone sus doce relatos, coloca uno detrás de otro sin inventar un marco narrativo externo que dé unidad o trabazón al conjunto (frente a lo que será habitual en otras colecciones de novelas cortas de la época, que crean un marco a imitación de lo que sucedía en el Decamerón de Boccaccio). Sobre la datación de La gitanilla, que es la novela que abre el volumen, escribe Jorge García López:

La gitanilla supone la vuelta de la corte a Madrid, aunque sus escenas iniciales traen a las mientes la corte vallisoletana y los festejos por el nacimiento de Felipe IV (8 de abril de 1605), lo que ha conducido a creerla en todo caso posterior a 1606. Pero ahora la cronología interna sí corre pareja a su más verosímil datación. Preciosa dice tener quince años y ha sido robada, tal como declara el papel que entrega la vieja gitana, en 1595, de donde resulta la fecha de 1601, lo que ha inducido a datarla en los años 1610-1612 […]. Por otra parte, desde principios de siglo se abrió paso la idea, muy generalizada, de que fue escrita para encabezar la colección, una suerte de obertura narrativa para todo el conjunto, si bien no hay que deducir de ello que sea la última sensu stricto en el proceso de composición[2].

Como fuentes de inspiración se han señalado un coloquio erasmiano que trata sobre el cortejo y el matrimonio cristiano y también dos églogas de Juan del Encina[3]. Por lo demás, guarda relación con la novela sentimental, la picaresca, la caballeresca y la pastoril, en el sentido de que se aprecian en su construcción elementos procedentes de todas esas modalidades narrativas[4]: la trama amorosa con celos y rivalidades; el ambiente gitanesco de robos y engaños; la ocultación de la verdadera personalidad de determinados personajes hasta la anagnórisis final; la visión idealizada de la vida en el mundo rural… Así nos lo revelará un rápido resumen del argumento.


[1] La bibliografía sobre las Novelas ejemplares en general es muy extensa. Mencionaré solo algunas monografías destacadas: Julián Apraiz, Estudio histórico crítico de las «Novelas ejemplares», Vitoria, Domingo Sar, 1901; Francisco A. de Icaza, Las «Novelas ejemplares» de Cervantes, sus críticos, sus modelos literarios, sus modelos vivos y su influencia en el arte, Madrid, Imp. Clásica Española, 1915; Agustín González de Amezúa y Mayo, Cervantes, creador de la novela corta española, Madrid, CSIC, 1956-1958, 2 vols.; Joaquín Casalduero, Sentido y forma de las «Novelas ejemplares», Madrid, Gredos, 1974; Ruth S. El Saffar Novel to Romance. A Study of Cervantes’ «Novelas ejemplares», Baltimore-Londres, The John Hopkins University Press, 1974; Francisco Javier Sánchez, Lectura y representación. Análisis cultural de las «Novelas ejemplares» de Cervantes, New York, Peter Lang, 1993; Thomas R. Hart, Cervantes’ Exemplary Fictions. A Study of the «Novelas ejemplares», Lexington, The University Press of Kentucky, 1994; Joseph V. Ricapito, Cervantes’s «Novelas ejemplares»: Between History and Creativity, Purdue, West Lafayette, Purdue University Press, 1996; Stanislav Zimic, Las «Novelas ejemplares» de Cervantes, Madrid, Siglo XXI de España, 1996; Alicia Parodi, Las Ejemplares, una sola novela: la construcción alegórica de las «Novelas ejemplares» de Miguel de Cervantes, Buenos Aires, Eudeba, 2002; Stephen Boyd, A Companion to Cervantes’ Novelas Ejemplares, Woodbridge, Suffolk, Tamesis, 2005; Jesús G. Maestro, Las ascuas del Imperio. Crítica de las «Novelas ejemplares» de Cervantes desde el materialismo filosófico, Vigo, Academia del Hispanismo, 2007; y Katerina Vaiopoulos, De la novela a la comedia: las «Novelas ejemplares» de Cervantes en el teatro del Siglo de Oro, Vigo, Academia del Hispanismo, 2010. La novela puede leerse ahora también en esta edición: Miguel de Cervantes, Novelas ejemplares (La gitanilla. Rinconete y Cortadillo), ed. de Carlos Mata Induráin, Madrid, Editex, 2010.

[2] Jorge García López, prólogo a su edición de las Novelas ejemplares, estudio preliminar de Javier Blasco, presentación de Francisco Rico, Barcelona, Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores / Centro para la Edición de los Clásicos Españoles, 2005, p. LX.

[3] Ver Zimic, Las «Novelas ejemplares» de Cervantes, pp. 1-2.

[4] Ver Zimic, Las «Novelas ejemplares» de Cervantes, p. 35.

Las «Novelas ejemplares» de Cervantes

En los veinte años que median entre la aparición de La Galatea en 1585 y la impresión de la Primera parte del Quijote en 1605, Cervantes no publica nuevos títulos pero compone, probablemente, algunas de las Novelas ejemplares[1], que aparecerán en forma de libro en 1613 (en Madrid, por Juan de la Cuesta).

Portada de las Novelas ejemplares

Esta colección de doce novelas cortas estaba en lo más alto de la estimativa literaria de Cervantes y, además, tuvo un éxito enorme: a lo largo del siglo XVII se alcanzaron las sesenta ediciones, incluidas las traducciones. En el prólogo con que las encabeza, además de ofrecernos su famoso autorretrato, su autor se jacta de ser el primero que ha novelado en español, y explica a qué se refiere exactamente:

Yo soy el primero que he novelado en lengua castellana, que las muchas novelas que en ella andan impresas, todas son traducidas de lenguas extranjeras, y éstas son mías propias, no imitadas ni hurtadas; mi ingenio las engendró, y las parió mi pluma, y van creciendo en los brazos de la estampa.

Recordemos que la palabra novela (del italiano novella, en contraposición a romanzo ‘novela extensa’) significaba ‘cuento, relato breve’ y que era éste un género tenido hasta entonces en poca estima. Cervantes tiene razones para sentirse orgulloso, pues es él quien introduce la palabra en español y crea de alguna manera el género. Antes, en la Edad Media y el Renacimiento, existían obras como El Conde Lucanor de don Juan Manuel o El patrañuelo de Joan de Timoneda que coleccionaban historias y, por supuesto, se habían escrito otras novelas cortas, pero todas eran traducciones e imitaciones del italiano. Cervantes también recibe el influjo de la novela corta italiana (Boccaccio[2] y sus imitadores del siglo XVI como Bandello o Erizzo), pero —como ha destacado la crítica— innova esta materia en varios puntos: así, enriquece las historias con diversos episodios y peripecias; busca la nacionalización de asuntos y personajes; concede gran importancia al diálogo, que da soltura a la narración; elimina muchos elementos maravillosos y sobrenaturales; por el contrario, introduce la vida real, humanizando los relatos, haciéndolos verosímiles.

¿Por qué Cervantes aplica a sus novelas el calificativo de ejemplares? Es un tema que ha hecho correr bastante tinta. Recordemos sus palabras exactas en el prólogo:

Heles dado el nombre de ejemplares, y si bien lo miras, no hay ninguna de quien no se pueda sacar algún ejemplo provechoso; y si no fuera por no alargar este sujeto, quizá te mostrara el sabroso y honesto fruto que se podría sacar, así de todas juntas como de cada una de por sí.

Algunos críticos consideran que, en efecto, Cervantes es sincero al declarar este propósito moralizador, mientras que para otros sus palabras son las de un hipócrita que sólo está buscando eludir sin problemas la acción de la censura[3], pues de hecho hay en algunas de las novelas pasajes bastante escabrosos y expresiones subidas de tono. Estas palabras de Jorge García López resultan bastante reveladoras:

Y es que para los días de Cervantes, la expresión «novelas ejemplares» apuntaba a un contrasentido obvio. La novella estaba constituida por la posteridad literaria del Decamerón. Narraciones llenas de sensualidad y procacidad, donde adulterio y concubinato parecen campar por sus respetos para solaz del lector; muy poco ejemplarizantes para la España postridentina de finales del siglo XVI, bajo el efecto de la condena que el Concilio había lanzado contra la literatura obscena y en concreto contra la obra de Boccaccio[4].

No olvidemos además que las dos novelas incluidas en el manuscrito Porras de la Cámara (Rinconete y Cortadillo y El celoso extremeño) fueron muy retocadas antes de pasar a la imprenta, quizá por la «autocensura» de un Cervantes que a la altura de 1613 había alcanzado cierto reconocimiento (es protegido del cardenal Sandoval y del Conde de Lemos) y prefiere mostrarse prudente para no poner en peligro su reputación y su éxito[5]. Ahora bien, tampoco es un autor que haga moralina en sus textos y, como bien ha indicado Arellano,

sus novelas no añaden de modo pegadizo una ejemplaridad de receta: ricas en ambigüedades, en situaciones complejas, en variados reflejos de la misma complicación que muestra la realidad de los hombres y de la sociedad humana, su ejemplaridad queda abierta a la interpretación del lector, a quien el arte cervantino (y ese es uno de sus rasgos definitorios) prohíbe simplificar[6].

Los títulos de las doce novelas ejemplares son: La gitanilla, El amante liberal, Rinconete y Cortadillo, La española inglesa, El licenciado Vidriera, La fuerza de la sangre, El celoso extremeño, La ilustre fregona, Las dos doncellas, La señora Cornelia, El casamiento engañoso y El coloquio de los perros (estas dos últimas unidas sin solución de continuidad). Tal es su orden de aparición en el volumen, pero no sabemos mucho de la génesis y las fechas de composición exactas de estos textos[7]. Sí tenemos el dato de que dos de ellas, Rinconete y Cortadillo y El celoso extremeño, figuran en el manuscrito Porras de la Cámara, que se puede datar hacia 1604. Cervantes pudo escribir quizá alguna más en ese período que va de 1585 (La Galatea) a 1605 (Primera parte del Quijote), mientras que las restantes estarían redactadas entre 1605 y 1613. En cuanto a su disposición en el volumen, González de Amezúa opinaba que Cervantes buscó mezclar asuntos y temas para conseguir la tan valorada variedad que suponía un ameno deleite, una entretenida lectura[8].

Por lo que toca a los intentos de clasificación, la crítica ha manejado tradicionalmente el binomio realismo / idealismo, polos entre los que fluctúa toda la obra cervantina. Así, las ejemplares podrían dividirse en dos grupos: las novelas realistas, en las que predomina la observación de la realidad (El celoso extremeño, Rinconete y Cortadillo, El casamiento engañoso y El coloquio de los perros); y las idealistas, en las que se pone mayor énfasis en la imaginación (El amante liberal, La española inglesa, La ilustre fregona, La fuerza de la sangre, Las dos doncellas y La señora Cornelia). Pero hay otras que están a medio camino entre realidad e idealidad, de ahí que se las haya calificado como ideorrealistas (El licenciado Vidriera o La gitanilla).

En las novelas idealizantes encontramos héroes sin tacha que reúnen en sus personas belleza física y moral. Los enamorados muestran un absoluto respeto a la mujer, con un amor siempre intachable, que resulta a veces demasiado frío y convencional. Además, se ha señalado como principal defecto la falta de consistencia de los personajes y la escasa pintura de la realidad: son novelas faltas de vida y de color. En las realistas, no hay por lo general una trama amorosa, ni idealización romántica. Tampoco hay un hilo conductor o un argumento propiamente dicho: se trata más bien de una sucesión de cuadros, sin un desenlace claro (sólo El celoso extremeño tiene una trama completa), que permite la descripción de hombres y cosas. Suele comentarse que las novelas más perfectas son las menos «ejemplares» desde el punto de vista moral. En cualquier caso, las mejores de la colección son, sin duda alguna, La gitanilla, Rinconete y Cortadillo, El celoso extremeño y el doblete formado por El casamiento engañoso y El coloquio de los perros[9].

Juan Bautista Avalle-Arce ha destacado las nuevas fronteras para la picaresca deslindadas por Cervantes en algunas de las ejemplares como La gitanilla, Rinconete y Cortadillo, La ilustre fregona o El coloquio de los perros. Tradicionalmente el pícaro es un personaje solitario e insolidario, en cuyos sentimientos no tienen cabida el amor ni la amistad. En cambio, la narrativa «picaresca» cervantina nunca es en primera persona (la autobiografía era un rasgo canónico del género), sino un contrapunto entre dos personas, y la amistad que se traba entre los personajes redime de la sordidez de la vida humana; además, en esta formulación el desarrollo del amor y la fortuna sustituye al puro determinismo que opera en el molde clásico de la picaresca. En Cervantes, el yo del pícaro no campea en libertad imponiendo sus puntos de vista, sino que la vida se vive para fuera, en relación de intercambio con otras personas. Ciertamente, el alcalaíno no escribió nunca una novela picaresca canónica, pero sí practicó diversas respuestas al modelo tradicional; no mostró un rechazo categórico del género, sino que realizó meditadas aproximaciones[10].


[1] La bibliografía sobre las Novelas ejemplares es muy extensa. Aspectos generales relativos a ellas pueden verse, entre otros muchos estudios, en Francisco A. de Icaza, Las «Novelas ejemplares» de Cervantes, sus críticos, sus modelos literarios, sus modelos vivos y su influencia en el arte, Madrid, Imp. Clásica Española, 1915; Agustín González de Amezúa y Mayo, Cervantes, creador de la novela corta española, Madrid, CSIC, 1956-1958, 2 vols.; Joaquín Casalduero, Sentido y forma de las «Novelas ejemplares», Madrid, Gredos, 1974; Ruth S. El Saffar, Novel to Romance. A Study of Cervantes’ «Novelas ejemplares», Baltimore / Londres, The John Hopkins University Press, 1974; Joseph V. Ricapito, Cervantes’s «Novelas ejemplares»: Between History and Creativity, Purdue, West Lafayette, Purdue University Press, 1996; Stanislav Zimic, Las «Novelas ejemplares» de Cervantes, Madrid, Siglo XXI de España, 1996; Alicia Parodi, Las Ejemplares, una sola novela: la construcción alegórica de las «Novelas ejemplares» de Miguel de Cervantes, Buenos Aires, Eudeba, 2002; Jesús G. Maestro, Las ascuas del Imperio. Crítica de las «Novelas ejemplares» de Cervantes desde el materialismo filosófico, Vigo, Editorial Academia del Hispanismo, 2007; y Katerina Vaiopoulos, De la novela a la comedia: las «Novelas ejemplares» de Cervantes en el teatro del Siglo de Oro, Vigo, Editorial Academia del Hispanismo, 2010.

[2] Ver Emilio Alarcos, «Cervantes y Boccaccio», en Homenaje a Cervantes, Valencia, Mediterráneo, 1950, vol. II, pp. 195-235.

[3] Ver Frances Luttikhuizen, «¿Fueron censuradas las Novelas ejemplares?», Cervantes, XVII, 1997, pp. 165-173.

[4] Jorge García López, prólogo a su edición de las Novelas ejemplares, Barcelona, Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores / Centro para la Edición de los Clásicos Españoles, 2005, p. XCIV.

[5] Ver Geoffrey Stagg, «The Refracted Image: Porras and Cervantes», Cervantes, IV, 2, 1984, pp. 139-153.

[6] Ignacio Arellano, Cervantes: breve introducción a su obra, Delhi, Confluence International, 2005, p. 60.

[7] Para la cronología de las Novelas ejemplares, ver la síntesis de Jorge García López, prólogo a su edición de las Novelas ejemplares, pp. LVI-LXV.

[8] Ver González de Amezúa y Mayo, Cervantes, creador de la novela corta española.

[9] Para el género y los intentos de clasificación de las Novelas ejemplares, ver Jorge García López, prólogo a su edición de las Novelas ejemplares, pp. LXV-LXXXIII.

[10] Para la relación de Cervantes con la picaresca, remito sobre todo a Américo Castro, «Lo picaresco y Cervantes», Revista de Occidente, XI, 1926, pp. 349-361; Carlos Blanco Aguinaga, «Cervantes y la picaresca. Notas sobre dos tipos de realismo», Nueva Revista de Filología Hispánica, XI, 1957, pp. 313-342; Peter N. Dunn, «Cervantes De/Re-Constructs the Picaresque», Cervantes, II, 2, 1982, pp. 109-132; Joaquín Casalduero, «Cervantes rechaza la pastoril y no acepta la picaresca», Bulletin of Hispanic Studies, LXI, 1984, pp. 283-285; Joseph V. Ricapito, «Cervantes y Mateo Alemán, de nuevo», Anales cervantinos,XXIII, 1985, pp. 1-7; Lilia E. Ferrario de Orduna, «En torno a la novela picaresca y a las Novelas ejemplares: acerca de Rinconete y Cortadillo y de la Novela y coloquio que pasó entre Cipión y Berganza», en Philologica hispaniensia: in honoren Manuel Alvar, vol. 3, Literatura, Madrid, Gredos, 1986, pp. 309-314; Helen H. Reed, «Theatricality in the Picaresque of Cervantes», Cervantes, VII, 1987, pp. 71-84; Juan Bautista Avalle-Arce, «Cervantes entre pícaros», Nueva Revista de Filología Hispánica, XXXVIII, 2, 1990, pp. 591-603; Jorge García López, «Rinconete y Cortadillo y la novela picaresca», Cervantes, XIX, 1999b, pp. 113-122; Monique Joly, «Cervantes y la picaresca de Mateo Alemán: hacia una revisión del problema», en J. Canavaggio (ed.), La invención de la novela, Madrid, Casa de Velázquez, 1999, pp. 269-276; y Anthony A. Zahareas, «La función de la picaresca en Cervantes», en Cervantes en Italia. Actas del X Coloquio Internacional de la Asociación de Cervantistas (Academia de España, Roma, 27-29 de septiembre de 2001), ed. Alicia Villar Lecumberri, Palma de Mallorca, Asociación de Cervantistas, 2001, pp. 459-472.