Disfraces, prendas y objetos simbólicos en «Doña Blanca de Navarra» de Navarro Villoslada

El empleo de disfraces en esta obra de Francisco Navarro Villoslada[1] es un recurso relacionado con lo visto en la entrada anterior relativo a la ocultación de la verdadera identidad de algunos personajes. Aparte del disfraz de villana que viste doña Blanca en Mendavia, podemos mencionar los siguientes casos: Jimeno se apropia del traje de Chafarote para entrar en las filas de los bandidos de las Bardenas; los beamonteses atacan al ejército de don Gastón de Foix disfrazados de bandidos; doña Blanca es llevada al castillo de Orthez en hábito de religiosa de la orden de San Benito; el Conde de Lerín acude al Bearn disfrazado de montañés para tratar de salvar a la princesa; y Chafarote se disfraza de guardia para poder hablar con Jimeno, prisionero en Estella.

DagaEntre las prendas y objetos simbólicos, cabe mencionar el anillo que doña Leonor da a Jimeno, confundiéndolo con uno de sus soldados, Garcés; la sortija es importante porque permite a su portador entrar y salir sin impedimentos del castillo de Orthez. Otro objeto destacado, a este respecto, es la daga con que se mató al padre de don Felipe; al cometerse el asesinato, el arma quedó partida en dos mitades, y el hijo de la víctima conservó la parte de la hoja; finalmente, y tras muchas vicisitudes, la parte de la empuñadura llega a su poder: las dos partes encajan y, gracias al escudo grabado en el puño, don Felipe puede identificar al agresor, que es el Conde de Lerín.


[1] Para este autor ver Carlos Mata Induráin, Francisco Navarro Villoslada (1818-1895) y sus novelas históricas, Pamplona, Gobierno de Navarra (Dpto. de Educación, Cultura, Deporte y Juventud-Institución Príncipe de Viana), 1995. Y para su contexto literario remito a Carlos Mata Induráin, «Estructuras y técnicas narrativas de la novela histórica romántica española (1830-1870)», en Kurt Spang, Ignacio Arellano y Carlos Mata (eds.), La novela histórica. Teoría y comentarios, Pamplona, Eunsa, 1995, pp. 145-198; 2.ª ed., Pamplona, Eunsa, 1998, pp. 113-151.

Uso de prendas y objetos simbólicos en la novela histórica romántica

Medallón con retrato de damaEs frecuente que los personajes utilicen prendas (un anillo, una piedra preciosa, una banda o cinta, un retrato, una cruz, un guante…) para reconocerse entre ellos, como salvoconducto, como gajes de un duelo o para conceder un favor a quien las presente[1]. Citaré solo unos ejemplos: en Don García Almorabid, Azeari reconoce al amante de su hija por un relicario de oro; en El señor de Bembibre, Beatriz recibe la trenza y la sortija que entregó a Álvaro, al que ahora cree muerto; el Cid luce al alancear un toro en La conquista de Valencia la cruz que le ha dado Jimena para que pueda reconocerlo, a pesar de ocultar su personalidad.

Y todavía se pueden citar más ejemplos: el retrato de la reina, presentado oportunamente en Gómez Arias delante de ella, sirve para salvar la vida del protagonista, pues ha empeñado su palabra en conceder cualquier gracia que se le pida a quien lo muestre; en Sancho Saldaña, Jimeno y Usdróbal intercambian una sortija de oro y un relicario con un fragmento de la Vera Cruz en señal de su desafío[2].


[1] Recuérdese en la novela del escocés el relicario y la cadena de oro que intercambian Ivanhoe y Bois-Guilbert como gajes del torneo, el guante de Rebeca como prenda para su campeón, la armadura y el caballo que recibe Ivanhoe del judío Isaac por la ayuda prestada o la trompa que Robín entrega a Ricardo.

[2] Remito para más detalles a Carlos Mata Induráin, «Estructuras y técnicas narrativas de la novela histórica romántica española (1830-1870)», en Kurt Spang, Ignacio Arellano y Carlos Mata (eds.), La novela histórica. Teoría y comentarios, Pamplona, Eunsa, 1995, pp. 145-198; 2.ª ed., Pamplona, Eunsa, 1998, pp. 113-151.