«Villancico nana de los tres Reyes», de Federico Muelas

Es tradición en este blog copiar para la noche de Reyes (5 de enero) y para el propio día de Reyes (6 de enero) algunos poemas dedicados al tema de la Epifanía del Señor y la adoración de los Magos de Oriente. Así, han aparecido aquí, en años pasados, el poema titulado «Que es la noche de Reyes», de José Luis Hidalgo; el «Villancico que llaman de la llegada de los Reyes Magos», de Federico Muelas; el «Soneto para la madrugada de un seis de enero», de Carlos Murciano; el «Villancico de la falta de fe», de Luis Rosales; y otras composiciones como «Epifanía», de Jorge Guillén, «Los tres reyes magos», de Rubén Darío o «El camello cojito (Auto de los Reyes Magos)», de Gloria Fuertes.

Añadiré hoy este sencillo «Villancico nana de los tres Reyes» de Federico Muelas, de alegre musicalidad con sus versos de arte menor (heptasílabos y pentasílabos, más dos octosílabos al final) y sus variadas rimas asonantes (é a, é o, é e), cuyo ritmo se ve reforzado por las repeticiones paralelísticas de algunos versos, a veces con ligeras variantes («tras una estrella» / «tras un lucero»; «si quieres verla» / «si quieres verlo»):

Tres peregrinos vienen
tras una estrella.
¡Duérmete, Niño mío,
si quieres verla!

Tres peregrinos vienen
tras un lucero.
¡Duérmete, Niño mío,
si quieres verlo!

Duérmete, Niño mío,
mi Niño, duerme…

(Tras una estrella venían
por el desierto los Reyes.)[1]

Adoración_de_los_Reyes_Magos_ElGreco

La adoración de los Reyes Magos, de El Greco.


[1] Poema incluido en la antología Porque esta noche el Amor. Poesía navideña del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1997, p. 202.

 

«Villancico que llaman de la partera», de Federico Muelas

Federico Muelas (Cuenca, 1910-Madrid, 1974), poeta, periodista y guionista de cine cuya figura se adscribe a la Generación del 36, es un autor que dio abundante entrada al tema navideño en sus poemas. En este blog, en años anteriores, ya he reproducido algunos de sus villancicos más conocidos, como los titulados «Por atajos y veredas», el «Villancico que llaman unos del aserrín y otros del Niño Carpintero» y el «Villancico que llaman de la llegada de los Reyes Magos». Vaya ahora para este día de Nochebuena su «Villancico que llaman de la partera», que adopta la tradicional forma de la décima y pone de relieve (a través del detalle del cordón umbilical) la naturaleza también humana del Niño-Dios recién nacido:

—¿Qué tiene que hacer partera
en este Santo Lugar?
La luna acaba de entrar
a través de la vidriera.
Hablo María: —Quisiera
algo de tu oficio. Pido
ese cordón retorcido,
que humano quiere ser Él…

¡Caracolilla de piel
en el vientre del nacido![1]

Giotto

Natividad, de Giotto.

 


[1] Texto recogido en Tallas y poemas del Niño-Dios, Madrid, Publicaciones Españolas, 1967, s. p.

«Villancico que llaman de la llegada de los Reyes Magos», de Federico Muelas

Vaya para este día de la Epifanía del Señor el sencillo «Villancico que llaman de la llegada de los Reyes Magos» de Federico Muelas, autor conquense que ya se ha hecho presente en otras ocasiones en el blog con versos de sabor navideño[1].

Adoración de los Reyes Magos

—¡Baza de Reyes!,
canta el alcor.
—¡El alba!…
—María,
no es el alba, no.
Que son Baltasar,
Gaspar y Melchor,
los Magos de Oriente,
de la estrella en pos
para ver al Niño
que de ti nació.

Cantaban los gallos.
El alba entreabrió
su puerta dorada.
¡Aún dormía el sol![2]


[1] Pueden verse sus poemas «Por atajos y veredas» y «Villancico que llaman unos del aserrín y otros del Niño Carpintero».

[2] Tomo el texto de la antología Porque esta noche el Amor. Poesía navideña del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1997, p. 201. Añado una coma al final del v. 4.

«Villancico que llaman unos del aserrín y otros del Niño Carpintero», de Federico Muelas

Es Federico Muelas (Cuenca, 1910-Madrid, 1974) un escritor que se acercó en repetidas ocasiones en sus versos al tema navideño. Entre su creación literaria se cuentan títulos como Rodando en tu silencio (1964), Los villancicos de mi catedral (1967) o Cuenca en volandas (1967). Ya en otra ocasión transcribí su hermosa composición «Por atajos y veredas». Hoy, para este día de Nochevieja, copiaré su «Villancico que llaman unos del aserrín y otros del Niño Carpintero», de sencilla y hermosa formulación…

—Tomad, lana pobre…
—¿Qué dices, José?
—No fue en el aprisco
donde la esquilé.

Miradla, dorada
como el oro, tibia.
Reclinad en ella
al Niño, María.

Dejadlo en su mano
blanda, sin temor.
¡Y que a carpintero
huela el Redentor![1]

SanJose.jpg


[1] Tomo el texto de la antología Porque esta noche el Amor. Poesía navideña del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1997, p. 246.

«Por atajos y veredas», de Federico Muelas

Federico Muelas (Cuenca, 1910-Madrid, 1974) fue farmacéutico de profesión. Fundó la revista El Bergantín, pero más tarde escapó de la vida literaria para dedicarse a la creación personal, publicando obras como las tituladas Rodando en tu silencio (1964), Los villancicos de mi catedral (1967) o Cuenca en volandas (1967). Fue Muelas un escritor que se acercó repetidas veces en sus versos al tema navideño.

Copio aquí para este día de Año Nuevo (festividad de Santa María, Madre de Dios) su composición «Por atajos y veredas», que da entrada a algunas metáforas que son verdaderos aciertos expresivos («Gusanicos de luz pura / le brillan entre los dedos», «Los yunques de la fatiga / martilleaban su pecho»…). Cabe destacar además la personificación de ese Viento-Centauro que dialoga con San José (que no llega a tiempo a Belén para el Santo Parto), y que lo transporta en sus lomos por las nubes «con sus luceros», lo que llega a poner en duda a los Magos de Oriente sobre cuál sea la estrella que deben seguir…

Portal de Belén

El texto completo del poema dice así:

Por atajos y veredas
vuelve el Santo Carpintero.
Gusanicos de luz pura
le brillan entre los dedos.

A la mitad del camino
sentose junto al sendero.
Los yunques de la fatiga
martilleaban su pecho.
—¡Ay, que pronto vendrá el día
y dar un paso no puedo!

Corriendo a todo correr
llegó el Centauro del Viento.
—No llores, José, no llores,
que alas en los cascos tengo.
Acomódate en mi lomo,
que aunque Belén está lejos,
en un cerrar y abrir de ojos
hasta sus puertas te llevo.

Por las nubes galopaba
San José con sus luceros.
¡Qué envidia dio aquella noche
a los cometas del cielo!

Los Reyes Magos de Oriente
vacilan en el desierto…
¡Son demasiadas estrellas
guías en el firmamento!

(Desde aquella noche, piensan
en Noel algunos pueblos.)[1]


[1] Tomo el texto de la antología Porque esta noche el Amor. Poesía navideña del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1997, pp. 100-101.