Las comedias burlescas de Jerónimo de Cáncer: «Las mocedades del Cid»

Las mocedades del Cid de Cáncer y Velasco (impresa por vez primera en 1673 en la Parte treinta y nueve de comedias nuevas de los mejores ingenios de España[1]) es parodia de la obra homónima de Guillén de Castro. Al frente se hace constar que fue representada ante los reyes un martes de Carnestolendas, aunque no sabemos de qué año. En uno de los testimonios (1681) figura atribuida a Moreto con el título de Las travesuras del Cid. Hay edición moderna (1998) del Seminario de Estudios Teatrales, dirigida por Huerta Calvo. El protagonista es aquí un Cid pendenciero, cobarde y bravucón, que en los vv. 724-733 pide dinero a su padre, Diego Laínez, por vengar la afrenta recibida (la bofetada que le dio el Conde Lozano, padre de Jimena). García Lorenzo[2] explica bien la desmitificación, la degradación de la historia épica, de los personajes heroicos y de las situaciones de alta tensión dramática que lleva a cabo la burlesca con relación al modelo serio.

Las mocedades del Cid, de Guillén de Castro

Como se indica en el estudio preliminar de la edición citada, Cáncer no va siguiendo escena por escena la obra de Guillén de Castro, sino que la parodia se basa en dos aspectos: «el contraste entre idealismo y materialismo, esto es, el rebajamiento carnavalesco de lo alto por lo bajo; y también la burla de todo tipo de convenciones literarias»[3]. También en esta comedia burlesca los personajes son de lo más encumbrado, el rey y otros nobles, pero de nuevo todos los valores convencionales (amor, honor, valentía, mesura de la realeza, etc.) quedan vueltos del revés: el Cid es un vulgar matasiete, Jimena ronca en escena, el Conde Lozano aparece animalizado, al grotesco rey Cosme lo vemos sentado a comer ridículamente… Es abundante la comicidad de situación: Flora tira un pañuelo a la cara de Jimena, Jimena le ofrece como regalo el reflejo de un vestido en el espejo, la criada quiere leerle las rayas de la mano con el guante puesto… Hilarante es la escena en que el Conde Lozano quiere matar a su hija primero con un veneno (Jimena quiere beber más y su padre se niega porque eso ya sería gula) y luego con su daga (vv. 517-638). Se parodian las archirrepetidas escenas de galanteos a la reja (Jimena se despedía poco antes del Cid con este aviso: «Vete ahora, que mi padre / me quiere matar un poco», vv. 503-504) y las escenas a oscuras y a tientas, así como el intercambio de favores amorosos, aquí ridículamente entre padre e hija (el conde cree que es favor la cinta con que Jimena trata de cortar la sangre a su herida). También la exagerada sorpresa de Jimena al saber que es doncella provoca nuestra risa:

CONDE.- Aquí para entre los dos,
sábete que eres doncella.

JIMENA.- A mucho, señor, te atreves.
¡Confusa de oíllo estoy!
¿Doncella dices que soy? (Jornada I, vv. 127-131).

Las mocedades del Cid, de Cáncer y Velasco

Los recursos de comicidad verbal, muy abundantes, son del mismo tipo que en La muerte de Baldovinos[4], abundando de nuevo los juegos de palabras, a veces combinados con alusiones metateatrales:

CONDE.- ¡Infame, suelta el papel!

JIMENA.- ¿Pues tan mal le represento? (Jornada I, vv. 83-84).

Todo sirve para conseguir la risa del espectador en esta reducción paródica del mito del Cid, personaje que también aparece ridiculizado en otras burlescas como El hermano de su hermana o Los infantes de Carrión[5].


[1] Hay ediciones modernas: Jerónimo de Cáncer y Velasco, Las mocedades del Cid, ed. del Seminario de Estudios Teatrales dirigida por Javier Huerta Calvo, Cuadernos para Investigación de la Literatura Hispánica, núm. 23, 1998, pp. 243-297; y en Comedias burlescas del Siglo de Oro, tomo IV, Las modedades del Cid. El castigo en la arrogancia. El desdén, con el desdén. El premio de la hermosura, ed. de Alberto Rodríguez Rípodas, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2003.

[2] Ver Luciano García Lorenzo, «La comedia burlesca en el siglo XVII. Las moceda­des del Cid de Jerónimo de Cáncer», Segismundo, 25-26, 1977, pp. 131-146.

[3] Jerónimo de Cáncer y Velasco, Las mocedades del Cid, ed. del Seminario de Estudios Teatrales dirigida por Javier Huerta Calvo, Cuadernos para Investigación de la Literatura Hispánica, núm. 23, 1998, p. 246.

[4] Ver el citado trabajo de Luciano García Lorenzo, «La comedia burlesca en el siglo XVII. Las moceda­des del Cid de Jerónimo de Cáncer», y a las introducciones de Javier Huerta Calvo et alii (Jerónimo de Cáncer y Velasco, Las mocedades del Cid, ed. del Seminario de Estudios Teatrales dirigida por Javier Huerta Calvo, Cuadernos para Investigación de la Literatura Hispánica, núm. 23, 1998) y de Alberto Rodríguez Rípodas (Comedias burlescas del Siglo de Oro, tomo IV, Las modedades del Cid. El castigo en la arrogancia. El desdén, con el desdén. El premio de la hermosura, ed. de Alberto Rodríguez Rípodas, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2003).

[5] Para más detalles remito a Carlos Mata Induráin, «Cáncer y la comedia burlesca», en Javier Huerta Calvo (dir.), Historia del teatro español, vol. I, De la Edad Media a los Siglos de Oro, Madrid, Gredos, 2003, pp. 1069-1096. Ver también Carlos Mata Induráin, «El Cid burlesco del Siglo de Oro: el revés paródico de un mito literario español», en Anais do V Congresso Brasileiro de Hispanistas / I Congresso Internacional da Associaçao Brasileira de Hispanistas, ed. S. Rojo et al., Belo Horizonte, Faculdade de Letras da Universidade Federal de Minas Gerais, 2009, pp. 408-416.

El retrato de don García Hurtado de Mendoza en «Algunas hazañas…», comedia de nueve ingenios (10)

Guerreros araucanosLa comedia sigue acumulando nuevos elogios de don García como soldado valeroso y general prudente[1]. Cuando Reinoso prende a Caupolicán, no está presente don García, pero el capitán español reconoce que todo lo pueden los que pelean con su general: «Tu osadía / no en mí solo el triunfo emplea, / que esto puede quien pelea / en nombre de don García» (vv. 2467b-2470)[2]. Más adelante, en la contribución de Guillén de Castro, el marqués de Cañete se asombra de ver tan bien labrado un fuerte que han preparado sus hombres, y su hermano don Felipe le ofrece esta explicación: «tú los enseñaste / a ser soldados, señor» (vv. 2807-2808). Se preparan para el ataque 14.000 araucanos, mientras que los españoles solo son 200, pero no hay nada que temer porque don García pelea al frente de los suyos (vv. 2827-2832).

Ya señalaba en una entrada anterior que el elemento religioso se hace poco presente en esta obra, pero apunta de nuevo brevemente en estas palabras del gobernador:

MARQUÉS Siendo Dios de nuestra parte,
la ventaja es nuestra: vea,
pues por nosotros pelea
nuestro Dios, que es nuestro Marte.
¡Ea, ea, al arma toca!
¡Santiago, Santiago! (vv. 2833-2838).

Don García alienta a los soldados españoles cuando se retiran (vv. 2845-2852 y 2855-2856) y su valor es ponderado por Chilindrón, en una escena ticoscópica (vv. 2857-2872). Se ensalza, pues, su esfuerzo personal en el combate, al pelear al frente de los suyos, arriesgando su vida. Cuando don Felipe, su hermano, le dice que es locura que se exponga en la batalla el general en jefe de las tropas, él responderá alegando que «Alejandro peleó / y Julio César también» (vv. 2879-2880).


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Cito por la edición moderna de Lerzundi, que cuenta con numeración de los versos, pero modificando levemente, sin indicarlo, algunas grafías y la puntuación: Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, edited and annotated, with an Introduction, by Patricio C. Lerzundi, Lewiston / Queenston / Lampeter, The Edwin Mellen Press, 2008. Para más detalles sobre la comedia, ver Carlos Mata Induráin, «Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, comedia genealógica de nueve ingenios», Revista Chilena de Literatura, núm. 85, noviembre de 2013, pp. 203-227.

«Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza», una comedia en colaboración (y 3)

¿Cuál es la relación que unía a los nueve colaboradores en Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, y a ellos a su vez con Lope de Vega, autor de la precedente comedia del mismo tema Arauco domado?[1] Reduciéndolo a lo esencial, se trata de la coincidencia de casi todos ellos en las justas poéticas madrileñas en honor de San Isidro de los años 1620 y 1622, tal como ha explicado Patricio C. Lerzundi, entre otros críticos:

Se ha visto que el interés de Lope por el tema de Arauco se remonta a 1598 y a través de muchas fuentes no necesariamente por conseguir el favor de los Cañete. Por otra parte, Luis de Belmonte estuvo en contacto directo con Pedro de Oña y con don García Hurtado de Mendoza entre los años 1605 y 1606 en el Perú.

Durante las justas poéticas de San Isidro de 1620 y 1622, en donde se reúne la mayoría de los nueve ingenios, Lope había servido como secretario y organizador de ellas. En la justa de 1620 concurrieron Luis de Belmonte, Jacinto de Herrera, el conde del Basto, Guillén de Castro y Diego de Villegas; en la justa de 1622 concurrieron Mira de Amescua, Guillén de Castro, el conde del Basto, Diego de Villegas y Fernando de Ludeña. Se deduce que es a partir de la justa de 1620 cuando comienza a formalizarse el proyecto de Algunas hazañas…[2]

¿Y cuál fue la intervención que tuvo cada uno de ellos en el proyecto común? No es mi propósito analizar las características de esta comedia en cuanto tal obra en colaboración, para valorar la aportación de cada poeta y explicar cómo se produce el ensamblaje de las distintas piezas, sino presentar cómo aparece tratada la figura de don García en el conjunto. Me limitaré aquí a dejar constancia del orden de las aportaciones hechas por cada dramaturgo y del número de versos de que constan. Hay que recordar que la dedicatoria a don Andrés Hurtado de Mendoza, así como las palabras dirigidas al «Lector», son de Luis de Belmonte Bermúdez, como seguramente es suyo también el plan organizativo general de la obra y la labor de coordinaciFirma de Fernando de Lodeñaón de los distintos ingenios. Los versos de la comedia se distribuyen así: en la Jornada I, los vv. 1-260 (un total de 260 versos), son de Antonio Mira de Amescua; los vv. 261-404 (144), de Francisco de Tapia y Leyva, conde del Basto; y los vv. 405-1218 (814), de Belmonte. En la Jornada II, los vv. 1219-1584 (367) corresponden a Juan Ruiz de Alarcón; los vv. 1585-1956 (372), a Luis Vélez de Guevara; y los vv. 1957-2119 (163), a Fernando de Ludeña.

En fin, en la Jornada III escribe los vv. 2120-2491 (352) Jacinto de Herrera y Sotomayor; los vv. 2472-2701 (230), Diego de Villegas; los vv. 2702-3045 (344), Guillén de Castro, y remata la faena Belmonte, que es el único que repite, con los vv. 3126-3195 (150).


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Patricio C. Lerzundi, Arauco en el teatro del Siglo de Oro, Valencia, Albatros Hispanófila Ediciones, 1996, p. 31. Citaré por la edición moderna de Lerzundi, que cuenta con numeración de los versos, pero modificando levemente, sin indicarlo, algunas grafías y la puntuación: Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, edited and annotated, with an Introduction, by Patricio C. Lerzundi, Lewiston / Queenston / Lampeter, The Edwin Mellen Press, 2008. Para más detalles sobre la comedia, ver Carlos Mata Induráin, «Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, comedia genealógica de nueve ingenios», Revista Chilena de Literatura, núm. 85, noviembre de 2013, pp. 203-227.

«Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza», una comedia en colaboración (1)

En esta y en sucesivas entradas iré examinando, siquiera de forma somera, los principales datos externos sobre la comedia (autoría y datación, representación y publicación), así como los relativos a su estructura interna y las fuentes manejadas por los autores, sin olvidar el comentario de algunas valoraciones que ha ofrecido la crítica acerca de Algunas hazañas[1].

belmonte-bermudezLa pieza que nos ocupa, que ha sido calificada por Patricio C. Lerzundi como «tragicomedia histórica»[2], fue escrita en colaboración por nueve ingenios, siendo el coordinador del proyecto el sevillano Luis de Belmonte Bermúdez, quien estaba en México hacia 1604 y en 1605 había pasado a Lima; allí conoció a Pedro de Oña y al propio don García Hurtado de Mendoza, de forma que «pudo informarse en detalle de todos los hechos históricos relacionados con la conquista de Chile»[3]. Los demás dramaturgos que colaboraron en la escritura de la pieza fueron Juan Ruiz de Alarcón, Luis Vélez de Guevara, Antonio Mira de Amescua, Guillén de Castro, Fernando de Ludeña, Jacinto de Herrera y Sotomayor, Diego de Villegas y Francisco de Tapia y Leyva, conde del Basto[4]. Y aunque varios de ellos eran dramaturgos de reconocido prestigio y competencia (los cuatro primeros ocupaban un lugar destacado en el panorama teatral del momento, mientras que los otros cuatro eran menos importantes), la calidad del producto final resultante de esta colaboración a tantas manos no podía menos que resentirse.


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] «Publicada en 1622 con el rótulo de comedia, atendiendo a su temática, Algunas hazañas… cabe dentro de la clasificación de “tragicomedia histórica”» (Patricio C. Lerzundi, «Introducción», en Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, Marqués de Cañete, Lewiston / Queenston / Lampeter, The Edwin Mellen Press, 2008, p. 2). Citaré por esta edición moderna de Lerzundi, que cuenta con numeración de los versos, pero modificando levemente, sin indicarlo, algunas grafías y la puntuación. Para más detalles sobre la comedia, ver Carlos Mata Induráin, «Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, comedia genealógica de nueve ingenios», Revista Chilena de Literatura, núm. 85, noviembre de 2013, pp. 203-227.

[3] Patricio C. Lerzundi, Arauco en el teatro del Siglo de Oro, Valencia, Albatros Hispanófila Ediciones, 1996, p. 25. Para el personaje histórico, ver la biografía de Cristóbal Suárez de Figueroa, Hechos de don García Hurtado de Mendoza, cuarto marqués de Cañete…, en Madrid, en la Imprenta Real, 1613, y el trabajo moderno de Fernando Campos Harriet, Don García Hurtado de Mendoza en la Historia Americana, Santiago, Editorial Andrés Bello, 1969. Ver también Remedios Morán Martín, «García Hurtado de Mendoza ¿gobernador o héroe», Espacio, Tiempo y Forma, Serie IV, Historia Moderna, 7, 1994, pp. 69-86.

[4] Datos de los nueve autores en Lerzundi, Arauco en el teatro del Siglo de Oro, pp. 25-30.

Lope de Vega, Guillén de Castro y de Mira de Amescua

También de Guillén de Castro y de Antonio Mira de Amescua habla positivamente Lope de Vega[1]. Alaba en distintas cartas el ingenio de ambos, y en la silva II del Laurel de Apolo loa

el vivo ingenio, el rayo,
el espíritu ardiente
de don Guillén de Castro,
a quien de su ascendente
fue tan feliz el astro
que despreciando jaspe y alabastro
piden sus versos oro y bronce eterno.

Guillén de Castro

Y también la «inexhausta vena / de hermosos versos y conceptos llena» del doctor Mira de Amescua… de cuya comedia La rueda de la Fortuna se burla, sin embargo, en carta a Sessa de agosto de 1604, donde consigna algunas prácticas curiosas del público toledano, al que se le había prohibido silbar con escándalo, y que no pudiendo hacer ruidos con la boca, los hacía con el trasero:

… representa Morales; silba la gente; unos caballeros están presos porque eran la causa desto; pregonose en el patio que no pasase tal cosa, y así apretados los toledanos por no silbar, se peen, que para el alcalde mayor ha sido notable desacato, porque estaba este día sentado en el patio. Aplacó esto porque hizo La rueda de la Fortuna, comedia en que un rey aporrea a su mujer, y acuden muchos a llorar este paso, como si fuera posible.


[1] El texto de esta entrada está extractado del libro de Ignacio Arellano y Carlos Mata Induráin Vida y obra de Lope de Vega, Madrid, Homolegens, 2011. Se reproduce aquí con ligeros retoques.