«El contagio de Sancho», soneto de Beatriz Villacañas

El otro día reproduje el soneto «Por arte de encantamiento don Quijote visita el siglo veintiuno», de Beatriz Villacañas, y hoy traigo al blog este otro que forma con el anterior una especie de díptico, pues se acerca a la figura de Sancho Panza, contagiado del ideal caballeresco de su amo.

Manuel López Garabal, Quijote y Sancho (1960). Universidad de Santiago de Compostela, Facultad de Filología. Fuente: Museo Virtual USC.
Manuel López Garabal, Quijote y Sancho (1960). Universidad de Santiago de Compostela, Facultad de Filología. Fuente: Museo Virtual USC.

Me habéis hecho un regalo de visiones
os comunico, Don Alonso, amigo.
Vuestra aventura se encontró conmigo
y se hicieron verdad las ilusiones:

Las mías y las vuestras, emociones
que dan brío al amor, y aquí, en el trigo,
dan alas a mis pies, mientras yo sigo
viendo en cualquier trigal constelaciones.

Yo brindo, Don Quijote, con razones
de gratitud por vuestra frente ancha,
fecunda de poesía y de canciones:

¡Que viva el corazón cuando se ensancha
con el viento de cósmicas pasiones
y desborda las lindes de La Mancha![1]


[1] Lo tomo de Beatriz Villacañas, Astrología interior. Antología de…, Madrid, Ediciones Deslinde, 2019, p. 142.

«Proclama urgente para acompañar a don Quijote en su última salida», de Jesús Górriz Lerga

Vaya para hoy una nueva recreación poética de don Quijote, esta vez la del poeta navarro Jesús Górriz Lerga en su poemario Así, y todo (2001), composición de marcado tono entusiástico que destaca por la acumulación de formas verbales de futuro, una en cada pareado, que corresponden a las acciones que habrán de hacerse en seguimiento del ideal caballero de la Mancha.

Marcel Pajot, Don Quijote de la Mancha y Sancho Panza
Marcel Pajot, Don Quijote de la Mancha y Sancho Panza.

Para encender la fe en un mundo nuevo
pondremos rumbo a la región soñada.

Dejaremos la hacienda a la ventura,
obstinados en busca del tesoro.

Limpiaremos emblemas y blasones
ganados al sudor de cada hora.

Velaremos las armas en la venta
armados caballeros de por vida.

Y saldremos a andar por los caminos
resueltos a fraguar la paz del orbe.

Subiremos al monte del Gran Gozo
arriesgando la piel a cada paso.

Miraremos el brillo de la nieve
que aroma de silencio los paisajes.

Plantaremos un árbol, en espera
de saberlo frondoso de aquí al tiempo.

Buscaremos el fresco de las yedras
verdes, como esmeraldas en acecho.

Cruzaremos la jungla cuantas veces
haga falta, si llora el cocodrilo.

Llegaremos, por fin, al horizonte,
prestos a contestar cualquier llamada.

Sellaremos un pacto con aquellos
que hagan de la alegría santo y seña.

Sostendremos la vida a toda costa,
jugándonos la piel en el empeño.

Saldremos al camino, decididos
a enderezar entuertos por doquiera.

Nombraremos princesa a la esperanza
cansada ya de hacer de cenicienta.

Sostendremos el pulso de los nobles
vagabundos que viven bajo el puente.

Bordaremos de azul el terciopelo
acariciado y rojo de la sangre.

Pintaremos de claro el horizonte
para cobrar la luz sin una mancha.

Y sellaremos para siempre el mundo
con la razón de amar que es nuestro signo[1].


[1] Se incluye en el poemario Así, y todo, Pamplona, Medialuna Ediciones, 2001, pp. 83-85. Recogido también en Carlos Mata Induráin (ed.), Navarra canta a Cervantes. Homenaje poético en el IV Centenario de la publicación de la Primera parte del «Quijote», Pamplona, Universidad de Navarra, 2006, pp. 124-126; y en Jesús Górriz Lerga, Obra poética (1950-2006), introducción de Miguel dʼOrs, Pamplona, Gobierno de Navarra, 2006, pp. 243-244.

«Por arte de encantamiento don Quijote visita el siglo veintiuno», soneto de Beatriz Villacañas

Siempre hay lugar en este blog para las recreaciones cervantinas y quijotescas en poesía: sea mayor o menor su calidad literaria, se presenten en formas estróficas tradicionales o en verso libre, estos textos poéticos constituyen eslabones que van formando una larga cadena de relecturas y reinterpretaciones que, a lo largo del tiempo, configuran una parte significativa de nuestro imaginario colectivo. Cada época, cada estilo literario, cada autor concreto selecciona aquellos detalles que le resultan más interesantes, y los aborda con distinta intención y distinta tonalidad (seria, irónica, paródica, etc.).

Pues bien, vaya para hoy este soneto quijotesco de Beatriz Villacañas, en el que la voz lírica enunciadora del poema corresponde a don Quijote, quien advierta a Sancho de los peligros de un mundo moderno que «se quema con el fuego del progreso / y va engendrando espíritus menguantes» (vv. 10-11) y que está ya de vuelta de todo, «pues cree que son molinos los gigantes» (v. 14).

Don Quijote en moto con molinos eólicos al fonso

Yo le debo a Cervantes
mi intimidad con Don Quijote y Sancho,
que son muy dialogantes
y tienen mucho gancho
en el mundo a lo largo y a lo ancho.

«Fuego en el Paraíso de Cervantes»

Juan Antonio Villacañas

Amigo Sancho, oye mi porfía.
Vayamos al rescate de este mundo,
que camina con paso moribundo
y se hace más pequeño cada día.

Ha perdido el compás, la fantasía,
brújula del viaje más fecundo,
es el más engreído vagabundo
que cree que la locura es cosa mía.

Hacedor de artificios deslumbrantes,
se quema con el fuego del progreso
y va engendrando espíritus menguantes.

Los tontos, según él, nacimos antes,
y él está ya de vuelta, de regreso,
pues cree que son molinos los gigantes[1].


[1] Lo tomo de Beatriz Villacañas, Astrología interior. Antología de…, Madrid, Ediciones Deslinde, 2019, p. 141.

«Lanza en ristre», soneto quijotesco de Lorenzo Suárez Crespo

Retomo —después de algún tiempo— la serie de recreaciones quijotescas en la lírica con el soneto «Lanza en ristre», del cubano Lorenzo Suárez Crespo (nacido en Bahía Honda, 1943), incluido en su libro Sé tu voz. Selección de sonetos (2021). Además de su faceta como poeta, Suárez Crespo ha ejercido la docencia (tanto en la enseñanza secundaria como en la universitaria) y ha publicado diversos libros para niños y antologías.

Don Quijote, Juan Haldudo y el criado Andresillo

Su soneto quijotesco, que no requiere mayor comentario, dice así:

Aunque en Sancho y el Hado se te advierte,
persiste, noble hidalgo, en la estocada
y no habrá encantamientos, no habrá nada
que insinúe al destino someterte.

Desde entonces afán es querer verte
rendido en tus ofrendas a la amada
Dulcinea, que espera enamorada
al vencedor del tiempo y de la muerte.

Desfacer los entuertos, curar almas
es el único templo donde calmas
tu espíritu inmortal, alucinante.

¡Qué cuerda tu locura, Caballero,
que a desdén de razón y de escudero,
embridas nuevamente en Rocinante![1]


[1] Lorenzo Suárez Crespo, Sé tu voz. Selección de sonetos, Madrid, Ediciones Deslinde, 2021, p. 84.

La «Loa al Rey de las quimeras», de Gregorio Reynolds

Gregorio Reynolds (Sucre, 1882-La Paz, 1948), político y diplomático boliviano, miembro de la Academia Boliviana de la Lengua, es autor en cuya dilatada producción literaria destacan sus poemarios El cofre de Psiquis (1918) y Horas turbias (1922); en 1948, de forma póstuma, se recogieron sus Poesías escogidas[1].

Un Quijote, de Diego Vasquez

Copio aquí su poema «Loa al Rey de las quimeras», que constituye una evocación conjunta de don Quijote y su creador, Miguel de Cervantes, unidos ambos en la inmortalidad de la gloria literaria:

«Para mí solo nació don Quijote, yo para él;
él supo obrar, yo escribir; sólo los dos somos para en uno» (Cervantes)

Gloria a ti, gran señor, paladín fiero,
loco ejemplar, divinamente humano;
de Francisco de Asís eres hermano,
y hermano de don Juan, el pendenciero.

Necesitan, señor aventurero,
tu amparo la mujer, tu odio el villano
y, eterno Rocinante, el vulgo vano
tu luciente espolín de caballero.

Compendias a Jesús y a don Rodrigo
de Vivar… Los poetas, cuando sales
ávido de imposibles, van contigo,

porque el gran don Miguel te hizo en sus males
consejero leal y buen amigo.
Tú por él y él por ti sois inmortales[2].


[1] Puede verse una amplia semblanza del autor en Luis R. Quiroz (ed.), Cervantes y don Quijote en Bolivia, La Paz, PROINSA Industrias Gráficas, 2009, pp. 244-254.

[2] Poema incluido en Edgar Ávila Echazú, Resumen y antología de la literatura boliviana, La Paz, Gisbert y Cía., 1973, p. 438. Cito, con ligeros retoques en la puntuación, por Luis R. Quiroz (ed.), Cervantes y don Quijote en Bolivia, p. 255.