Sobre la génesis del «Quijote»

Mucho se ha escrito sobre la posibilidad de que Cervantes[1] tomara como base para construir a su don Quijote algunos personajes reales que conoció en distintos momentos de su vida[2], aunque este camino no parece llevar muy lejos. Con independencia de que su personaje se pudiera enriquecer con rasgos de carácter de determinadas personas históricas, parece más acertado buscar la génesis de la novela y de sus principales protagonistas en las fuentes de la tradición literaria. Así, Martín de Riquer ha señalado un precedente de la obra cervantina para él indiscutible; se trata de un episodio que aparece en el libro de caballerías Primaleón y Polendos, publicado en 1534:

Ante la corte de Constantinopla se presenta un escudero que lleva de la mano una doncella; ambos eran tan feos que ponían espanto en todo el mundo, e iban vestidos de modo extravagante; pero el espanto se convirtió en risa cuando, de rodillas ante el emperador Palmerín, el escudero cuenta que se halla perdidamente enamorado de la doncella. Los cortesanos se burlan y le dicen que «la hermosura de la doncella es tanta que hará ser al caballero de gran ardimiento ante sí», y el emperador le concede la caballería, en medio de risas y chanzas. Ahora bien, la fea doncella se llama Maimonda y el escudero manifiesta ser «el hidalgo Camilote». Nos hallamos, pues, frente a un auténtico precedente de los amores del «hidalgo don Quijote» y la labradora idealizada por él en Dulcinea del Toboso[3].

Don QuijotePor su parte, Menéndez Pidal[4] había desarrollado antes la teoría de que el personaje y la historia de don Quijote —su primera salida— se inspira en el anónimo Entremés de los romances, que dataría de hacia 1591: en esa obra, el labrador Bartolo enloquece leyendo los romances («de leer el Romancero, / ha dado en ser caballero, / por imitar los romances»); de forma similar, el hidalgo Alonso Quijano enloquece leyendo las novelas de caballerías y quiere ser caballero andante. La intención original de Cervantes habría sido escribir un «Quijote corto» —«la novela ejemplar de un loco», según afirmó en 1905 Heinrich Morf—, que abarcaría la materia de la primera salida (aproximadamente, hasta el escrutinio de la biblioteca). Más tarde, Cervantes, al ver las enormes posibilidades narrativas del personaje y de su historia, la habría desarrollado con nuevos episodios y más personajes, concibiendo una novela mucho más extensa. Pero hoy esta idea de la posible inspiración en el Entremés de los romances ha sido puesta en entredicho, pues la cronología es discutible, y se duda si el Entremés de los romances es anterior o posterior a la redacción de los primeros capítulos del Quijote.


[1] Reproduzco aquí, con ligeros retoques, el texto de Mariela Insúa Cereceda y Carlos Mata Induráin, El Quijote. Miguel de Cervantes [guía de lectura del Quijote], Pamplona, Cénlit Ediciones, 2006.

[2] Así, el hidalgo Alonso Quijada Salazar, tío de su esposa Catalina, dueño de la casa en que vivieron en Esquivias; o Rodrigo de Pacheco, otro hidalgo, natural de Argamasilla de Alba…

[3] Martín de Riquer, «Cervantes y el Quijote», prólogo a Don Quijote de la Mancha, ed. de la Real Academia Española-Asociación de Academias de la Lengua Española, Madrid, Alfaguara, 2004, p. LXVII.

[4] Fue un discurso leído en el Ateneo de Madrid en 1920, luego reproducido en Ramón Menéndez Pidal, «Un aspecto en la elaboración del Quijote», en De Cervantes y Lope de Vega, 5.ª ed., Madrid, Espasa Calpe, 1958, pp. 9-60.