Temas de «Teresa» (1924) de Unamuno: Muerte

Su vivencia marca todo el libro Teresa[1] de Unamuno: al igual que el amor, la muerte está presente desde la primera hasta la última rima del poemario. En efecto, los versos 21-24 de la rima 1 rezan así: «… y me acosté a la muerte / en que sueño, Teresa; / si duermo en cama o huesa / ya, Teresa, no sé». La muerte de Rafael supondrá el reencuentro con la amada muerta, y por eso la pide en la rima 5, con palabras que parafrasean el comienzo del «Padrenuestro»:

Madre nuestra, que estás en la tierra,
y que tienes mi paz en tu reino,
¡ábreme ya tus brazos y acoge
mi vida en tu seno!

La muerte acecha continuamente a los amantes. En la rima 18 se habla de «los dedos descarnados de la Intrusa»; en la 64 un «dedo invisible» acaricia a Teresa al morir el sol.

Manos cogidas y algunas flores

En las últimas rimas, desde la 92, la muerte se intuye ya muy cercana. En la siguiente Rafael da las gracias a Dios porque viene la muerte. En la 94 afirma: «Oigo el susurro de la muerte que llega» y «Por no morir morimos huyendo muerte». La 95 la describe como un murciélago gigante que le hunde en tierra. La 96 comienza así: «¡Ay, el aprendizaje de la muerte! / ¡qué larga lección! / Morir de no morir es cosa fuerte / y huir del harpón!». También se habla de «el duro aprendizaje / del postrer nacer» (la muerte es sueño, des-nacer, nacer a otra vida, etc.; son juegos de palabras muy del gusto de Unamuno). La 97 está dedicada a la muerte por amor. En fin, la 98 y última cuenta la visión presenciada por Rafael: resurrección y eterna boda con su amada Teresa después de la muerte[2].


[1] Utilizo la edición de Teresa de Manuel García Blanco, en el tomo XIV de las Obras completas de Unamuno, Poesía, II, Madrid, Afrodisio Aguado, 1958, pp. 253-466. Las citas de las partes en prosa se hacen por el número de página; las de los versos, por el de la rima correspondiente. Hay una edición reciente de María Consuelo Belda Vázquez, Madrid, Cátedra, 2018.

[2] Para más detalles remito a mis dos trabajos anteriores: Carlos Mata Induráin, «Amor, vida y muerte en las rimas de Teresa, de Miguel de Unamuno», en Unum et diversum. Estudios en honor de Ángel-Raimundo Fernández González, Pamplona, Eunsa, 1997, pp. 395-412 (análisis centrado en los temas del libro); y «Las rimas de Teresa, un cancionero moderno de amor y de muerte», en Cirilo Flórez Miguel (coord.), Tu mano es mi destino. Congreso Internacional Miguel de Unamuno, Salamanca, Ediciones Universidad de Salamanca, 2000, pp. 339-351 (donde atiendo con preferencia a sus motivos y símbolos).

Temas de «Teresa» (1924) de Unamuno: Vida

Ya en la rima 3 de Teresa[1] de Unamuno encontramos que la «sed de vivir» está íntimamente unida a la «sed de amar». La rima 15 es muy importante para la identificación de Vida, Amor y Muerte: «Por el amor supimos de la muerte, / por el amor supimos que se muere: / sabemos que se vive / cuando llega el morirnos». La misma idea se expresa en la estrofa final de la 20: «Virgen, Amor, Muerte y Vida, / todo formaba una rosa».

Rafael desea morirse para reunirse con su amada, pero por otro lado el instinto de supervivencia le mantiene aferrado a la vida. Vida y Muerte se identifican también en la sepultura de Teresa. Rafael refiere en la rima 22 que escucha el canto de su amada, y «era un canto de tumba y un canto de cuna». A la 48 pertenecen estos bellos versos:

Tú no puedes morir aunque me muera,
tú eres, Teresa, mi parte inmortal,
tú eres mi vida, que viviendo espera,
la estrella de mi flor breve y fatal.
[…]
Hecha mujer por mí quedaste presa
de la razón eterna del vivir,
y al hacer que no mueras, mi Teresa,
aunque me muera yo no he de morir.

En la rima 71 Rafael se dirige a la Virgen, con el ruego de que interceda por ellos para que puedan vivir unidos en la vida perdurable:

Haz por ella que en la hora del ocaso,
en el último trance,
cuando de mi alma al fin se rompa el vaso,
de nuestro Padre alcance
eterna vida
mi tierra con su tierra confundida.

Por ello, porque confía en reunirse con su amada en la vida eterna, un tono de júbilo preside la rima 85: «¡Que me ahogo en un piélago de gana / terrible de morir!». En las últimas composiciones de Teresa se intensifica notablemente la vivencia poética de la muerte, pero de una muerte que se identifica ya, en la conciencia del poeta, con el nacimiento pleno a otra vida, a una Vida superior (cfr. especialmente las rimas 90, 93 y 95)[2].


[1] Utilizo la edición de Teresa de Manuel García Blanco, en el tomo XIV de las Obras completas de Unamuno, Poesía, II, Madrid, Afrodisio Aguado, 1958, pp. 253-466. Las citas de las partes en prosa se hacen por el número de página; las de los versos, por el de la rima correspondiente. Hay una edición reciente de María Consuelo Belda Vázquez, Madrid, Cátedra, 2018.

[2] Para más detalles remito a mis dos trabajos anteriores: Carlos Mata Induráin, «Amor, vida y muerte en las rimas de Teresa, de Miguel de Unamuno», en Unum et diversum. Estudios en honor de Ángel-Raimundo Fernández González, Pamplona, Eunsa, 1997, pp. 395-412 (análisis centrado en los temas del libro); y «Las rimas de Teresa, un cancionero moderno de amor y de muerte», en Cirilo Flórez Miguel (coord.), Tu mano es mi destino. Congreso Internacional Miguel de Unamuno, Salamanca, Ediciones Universidad de Salamanca, 2000, pp. 339-351 (donde atiendo con preferencia a sus motivos y símbolos).

Temas de «Teresa» (1924) de Unamuno: Amor

El Amor, la Vida y la Muerte constituyen los temas nucleares del cancionero Teresa[1] de Unamuno; los tres se presentan estrechamente relacionados y al final llegan a constituir para el poeta conceptos cuasi-sinónimos.

El amor por Teresa es el sentimiento que ha inspirado a Rafael todos sus versos, como confiesa en la rima 31:

Todo el saber de amor que se desate,
cual un río que baja de la sierra,
de estas mis rimas, se lo debo sólo
a ella, sólo a ella.

Es el suyo un amor que se presenta como sufrimiento (rima 36), «un querer que es sufrimiento puro» (rima 44). Y, al mismo tiempo, un amor salvador: «Es tu recuerdo mi escudo / y ya, Teresa, no dudo, / de que tú me salvarás» (rima 54). Desde el primer poema se va destacando la idea de la identidad entre el amor y la eternidad: «Ya, Teresa, me espera / para la eterna cita / hecho tierra bendita / tu pobre corazón» (rima 1). Gracias al amor se puede trascender esta existencia terrena y caminar hacia un concepto de eternidad; eterna boda, eterna esperanza, eterna vida son expresiones que se reiteran a lo largo del libro.

Corazones

A veces surge la duda y la desesperanza, como en la rima 70: «Cúname, Amor, en el divino engaño / de la inmortalidad…». Sin embargo, en la parte final y en particular en la última rima, Rafael se reafirma totalmente en su creencia de una vida después de la muerte, de un amor eterno y trascendente que unirá en una sola su alma y la de Teresa. En este sentido, no parece casualidad que la última palabra de las rimas sea precisamente «Resurrección»[2].


[1] Utilizo la edición de Teresa de Manuel García Blanco, en el tomo XIV de las Obras completas de Unamuno, Poesía, II, Madrid, Afrodisio Aguado, 1958, pp. 253-466. Las citas de las partes en prosa se hacen por el número de página; las de los versos, por el de la rima correspondiente. Hay una edición reciente de María Consuelo Belda Vázquez, Madrid, Cátedra, 2018.

[2] Para más detalles remito a mis dos trabajos anteriores: Carlos Mata Induráin, «Amor, vida y muerte en las rimas de Teresa, de Miguel de Unamuno», en Unum et diversum. Estudios en honor de Ángel-Raimundo Fernández González, Pamplona, Eunsa, 1997, pp. 395-412 (análisis centrado en los temas del libro); y «Las rimas de Teresa, un cancionero moderno de amor y de muerte», en Cirilo Flórez Miguel (coord.), Tu mano es mi destino. Congreso Internacional Miguel de Unamuno, Salamanca, Ediciones Universidad de Salamanca, 2000, pp. 339-351 (donde atiendo con preferencia a sus motivos y símbolos).