Clasificación de la novela histórica romántica española según la procedencia regional de los autores

En tiempos del Romanticismo, hay en España distintos autores que cultivan asuntos de la historia de su región, al tiempo que nos ofrecen la visión de un paisaje que conocen mejor por ser el de la tierra que les vio nacer. Pues bien, al mismo tiempo que se puede hablar de temas y paisajes catalanes, valencianos, leoneses o navarros, es posible también establecer una distinción de carácter más general entre dos grandes conjuntos de novelas, las castellanas y las catalano-levantinas. Consideremos estas palabras de Reginald F. Brown:

Es un lugar común en la historia del romanticismo español el hacer una distinción entre el romanticismo catalán, «creyente, aristocrático, arcaico, restaurador», en palabras de Tubino, y el de Madrid, «descreído, democrático, radical en las innovaciones y osado en los sentimientos». Resulta, pues, de notable interés encontrar que, de querer sostener la misma distinción en la novela, tendría que aplicarse a la inversa. Los novelistas mediterráneos, así catalanes como valencianos y andaluces, se complacen infinitamente más que los castellanos en escenas de sangre, horror y violencia, y en argumentos que explotan más despiadadamente la intriga amorosa, “subterránea”, los procesos tenebrosos de sectas secretas, las venganzas, las opresiones, los suicidios y el colorido más exótico e impresionante. No se debe olvidar la «Colección» de Cabrerizo, cuya influencia claramente se manifiesta en casi todas las obras de López Soler, de Vayo y de Joaquín del Castillo. Si fuera necesario adelantar más pruebas, bastaría comparar los títulos respectivos de las novelas castellanas y mediterráneas…[1]

Brown señala como las mejores novelas castellanas Ni rey ni Roque, de Patricio de la Escosura, Ramir Sánchez de Guzmán, de Luis González Bravo y Eugenie Moreno y El huérfano de Almoguer, de José Augusto de Ochoa. Castellanas son también Sancho Saldaña de Espronceda y El golpe en vago de García de Villalta aunque, como muchas otras, no son sino «una profusión de intrigas e incidentes pueriles desprovistos de todo enlace o sentido»[2]; e igualmente castellanas, aunque con matizaciones, El doncel de don Enrique el Doliente de Larra y El señor de Bembibre de Gil y Carrasco[3].

Doncel

Dentro de las novelas catalanas existen distintos grados; en las menos buenas «se acumulan atrocidades e incidentes escalofriantes sin más propósito que el de horripilar al lector», y eso sucede hasta en las más históricas como La conquista de Valencia por el Cid, de Estanislao de Cosca Vayo. «Pero en las mejores novelas catalanas las violencias se intensifican, y se acrisola el tema hasta alcanzar niveles de tensión trágica que solo alcanza en Castilla El doncel, de Larra», que es lo que ocurre con las producciones de Juan Cortada y Sala[4].

Felicidad Buendía, que también señala esta distinción entre novela histórica castellana y mediterránea[5], apostilla que no son esenciales las distancias que separan a un grupo del otro, dado que coinciden en aspectos más importantes:

Denominador común de ambas tendencias, escisión relativa, debida más bien a diferenciaciones de raza que a la divergencia de estilo, es la unidad de criterio en el sentir literario, pauta marcada por la influencia de factores literarios externos, asimilados a nuestra corriente y actividad artística; factores sociales de índole revolucionaria y renovadora, a la par que una conciencia latente y también manifiesta de nuestros valores literarios nacionales y valores de espíritu dados un poco a la deriva y al desconcierto por las complejas situaciones políticas nacionales.


[1] Reginald F. Brown, La novela española (1700-1850), Madrid, Dirección General de Archivos y Bibliotecas, 1953, pp. 28-29.

[2] Brown, La novela española (1700-1850), p. 30.

[3] «Ambas son obras un poco sui generis. Es castellana El doncel por sus muchos detalles realistas e incidentes bien descritos, mientras que se acerca al patrón catalán en lo avasallador de los afectos. Pero, por ser expresión de la pasión íntima y personal del autor, destaca entre todas las novelas históricas españolas y es la más romántica de la época […]. El señor de Bembibre suele ser considerada como la mejor de todas las novelas románticas, principalmente por el sentimiento de la naturaleza en que va envuelta la acción, sentimiento, por lo demás, poco propio de la novela histórica. El claroscuro del conflicto y del desenlace es mucho más apagado de lo que se acostumbra en la novela castellana», escribe Brown, La novela española (1700-1850), p. 30.

[4] «Descartando las mejores poesías de Espronceda y alguna que otra poesía o drama, no conozco obra literaria romántica española de tan apasionada y pura belleza como la de Lorenzo, de Juan Cortada, ni tampoco otra que rivalice, en intensidad de emoción y sobriedad del argumento, con El templario y la villana, del mismo autor. Don Álvaro y El trovador son cuentos deshilvanados en comparación con estas dos novelas», comenta Brown, La novela española (1700-1850), pp. 30-31.

[5] Felicidad Buendía, Antología de la novela histórica española (1830-1844), Madrid, Aguilar, 1963, p. 32. En realidad, sigue a Brown, utilizando prácticamente sus mismas palabras, aunque sin citarlo.

Sobre la Historia literaria de Navarra

Tradicionalmente se ha venido repitiendo un tópico que hablaba de la poco significativa aportación de Navarra al mundo de las letras, tópico falso, porque han sido muy numerosos los escritores navarros que —como tendrá oportunidad de comprobar quien siga este blog— en distintas épocas y lenguas nos han legado una obra literaria extensa y, en ocasiones, de muy considerable calidad. La reiteración de este tópico quizá responda a cierto complejo de inferioridad que a veces apunta en el carácter de los navarros. O tal vez haya tenido que ver en ello el desprecio con que en ocasiones se han mirado los estudios de ámbito local (recuérdese, por ejemplo, las connotaciones negativas de que siempre ha estado teñido al adjetivo provinciano), especialmente por parte de aquellos que ignoran que también desde una perspectiva local (no necesariamente localista) puede uno elevarse y entroncar con los valores superiores de lo universal.

En este sentido, una de las razones de peso que propiciaban la circulación de esa idea equivocada era la inexistencia de una Historia de la literatura en Navarra, rigurosa y completa, que abordase el estudio exhaustivo de los distintos géneros, épocas, autores y obras. Esa era precisamente la laguna que ha pretendido llenar el proyecto de investigación titulado Historia literaria de Navarra. Desde los orígenes hasta nuestros días, que durante varios años hemos desarrollado en la Universidad de Navarra el Dr. Ángel Raimundo Fernández González (†) y quien esto escribe, por medio de los trabajos del Equipo HILINA (Historia Literaria de Navarra).

En efecto, hasta fechas bastante recientes eran muy pocos los trabajos que se habían dedicado al estudio panorámico de la historia literaria de Navarra (son más numerosas, por supuesto, las aportaciones específicas sobre determinados autores y obras). Entre los más destacados, podemos mencionar como pionero el artículo del erudito José Zalba titulado «Páginas de la historia literaria de Navarra», que se publicó en la revista Euskalerriaren Alde, XIV, 1924, pp. 345-355 y 368-374.

Este trabajo ofrece una serie de breves apuntes sobre diversos escritores navarros, desde los orígenes medievales hasta los primeros años del siglo XX: «De otros autores más modernos —escribía atinadamente Zalba— pudiéramos hablar, pero siguiendo la costumbre de dejar que el tiempo pese un poco los juicios críticos, ponemos punto final a estos apuntes».

Un segundo intento serio lo constituyó el libro de Manuel Iribarren Escritores navarros de ayer y de hoy (Pamplona, Editorial Gómez, 1970), que presenta el formato de diccionario, con breves entradas para cada autor recogidas por orden alfabético.

Pese a sus limitaciones, esta obra permite la consulta rápida de los datos esenciales acerca de diversos literatos navarros.

Sin embargo, el gran mérito de fijar una primera historia literaria de nuestra tierra le corresponde a José María Corella Iráizoz, con su trabajo Historia de la literatura navarra. Ensayo para una obra literaria del viejo Reino (Pamplona, Ediciones Pregón, 1973), que se completa además con una pequeña antología de textos, una bibliografía y sendos índices onomástico y toponímico. Otras aportaciones posteriores se deben a Fernando González Ollé, a través de sus rigurosos y eruditos trabajos monográficos y, en especial, con su acertada síntesis Introducción a la historia literaria de Navarra (Pamplona, Gobierno de Navarra, 1989), que por desgracia alcanza solo hasta finales del siglo XIX.

Ambos investigadores, Corella Iráizoz y González Ollé, sumaron esfuerzos para ofrecer una «Introducción literaria» en las pp. 93-127 del libro Tierras de España. Navarra (Barcelona-Madrid, Noguer / Publicaciones de la Fundación Juan March, 1988); González Ollé se encargó del apartado titulado «De la Edad Media al siglo XIX» y Corella Iráizoz resumió lo relativo a «El siglo XX».

Por su parte, José Luis Martín Nogales contribuyó con su monografía Cincuenta años de novela española (1936-1986): escritores navarros, Barcelona, PPU, 1989. Otro estudioso, Félix Maraña, debe ser recordado por su trabajo «Pamplona y otros relatos. Del paisaje literario de un territorio del norte (1900-1994)», recogido en las pp. 244-259 del libro colectivo Pamplona-Iruña (San Sebastián, Sendoa, 1996), un panorama bastante completo, aunque limitado al siglo XX.

A su vez, José María Romera Gutiérrez es autor de la entrada «Literatura» de la Gran Enciclopedia Navarra (Pamplona, Caja de Ahorros de Navarra, 1990), vol. II, pp. 80-83, y de otro panorama de igual título incluido en las pp. 169-200 del libro de varios autores Navarra (Madrid, Editorial Mediterráneo, 1993). Emilio Echavarren y Tomás Yerro dieron a las prensas dos tomos antológicos de Escritores navarros actuales (Pamplona, Gobierno de Navarra / Ayuntamiento de Pamplona, 1990), valiosos por reunir numerosos textos de varios autores contemporáneos con sus correspondientes fichas bio-bibliográficas.

José María Larrea Muxica y Periko Díez de Ultzurrun se han aproximado a los escritores navarros en vascuence con su trabajo en dos volúmenes Nafarroako euskal idazleak (Pamplona, Pamiela, 1987 y 1994). En fin, dejando aparte otras aportaciones modernas (entre ellas las de nuestro propio Equipo HILINA), quiero destacar una monografía más reciente debida a Iñaki Iriarte López: Tramas de identidad. Literatura y regionalismo en Navarra (1870-1960), Madrid, Biblioteca Nueva, 2000.

Algunos de estos investigadores ya habían puesto de manifiesto en sus páginas el olvido del estudio de la literatura escrita en Navarra. Por ejemplo, se lamentaba Zalba en 1924:

Como si un hado funesto persiguiera la suerte de Navarra, si poco se conoce de su historia externa, política y religiosa, es muchísimo más lo que se ignora de su cultura. Si para los mismos navarros son desconocidos los nombres de sus escritores, ¿qué mucho que en las historias de la literatura española no pocas veces se les arranque del suelo nativo para trasplantarlos a otro? Cierto que nuestro pueblo más se ha distinguido en ejecutar grandes proezas, acometer arriesgadas empresas y correr extrañas aventuras, pero tampoco lo es menos que ha influido tanto en el terreno científico como en el literario, al lado de los demás de la península, como quedará consignado en estos brevísimos apuntes.

Corella Iráizoz, por su parte, escribía en 1973:

Creo que no está de más indicar aquí que entre nosotros, en Navarra, la literatura no ha sido muy bien estimada. Véase, si no, la casi total despreocupación que entre los navarros ha habido por conocer, estudiar y airear nuestros valores literarios.

Pues bien, paliar en la medida de lo posible las consecuencias negativas de ese olvido ha sido uno de los objetivos prioritarios del Equipo HILINA. Pensábamos que un cambio significativo podría conseguirse por medio de investigaciones y publicaciones que persiguieran como objetivos ineludibles el rigor, la exhaustividad y, en definitiva, la máxima calidad científica, tanto a través de estudios teóricos de carácter monográfico como con ediciones cuidadas de los textos literarios más interesantes y representativos de los autores navarros. Creemos que una completa Historia literaria de Navarra —todavía en fase de elaboración— servirá para dar a conocer el patrimonio literario de Navarra y, al mismo tiempo, constituirá una rigurosa obra de referencia (con datos, bibliografía, estados de la cuestión sobre cada autor o género literario, etc.) y un importante punto de partida para ulteriores investigaciones monográficas. Al mismo tiempo hemos pretendido recuperar con ediciones o reediciones la producción literaria de aquellos autores navarros interesantes, pero relegados al olvido por distintas circunstancias (inexistencia en el mercado de sus textos, razones extraliterarias…).

De todo ello (semblanzas de los autores navarros y comentarios de sus obras, glosas de las investigaciones más recientes acerca de ellos, etc.) se irá dando puntual noticia en este blog.