Rasgos estructurales del «Quijote» de 1615 y diferencias con la Primera Parte

Rasgos estructurales sobresalientes[1] de la II Parte del Quijote son: 1) la imbricación de sus diversos elementos compositivos (proliferación de hechos enlazados, «enhilados», igual que los refranes de Sancho o las sentencias de don Quijote); 2) la morosidad narrativa o tempo lento (un ejemplo de ello lo tenemos en los siete capítulos de preparación para la nueva salida, a diferencia de lo ocurrido con la primera, cuyos preparativos se habían contado sintéticamente en un solo capítulo; la sensación de morosidad aumenta también por las abundantes digresiones que se introducen); y 3) la focalización narrativa móvil (circunstancia que se produce cuando don Quijote y Sancho se separan y el narrador sigue alternativamente a uno y a otro, fundamentalmente cuando Sancho va al gobierno de Barataria y don Quijote queda en la Corte ducal).

¿Qué otras diferencias existen entre el Quijote de 1605 y el de 1615? Una diferencia esencial es el cambio de percepción de la realidad que vive el protagonista: ahora don Quijote ya no confunde las apariencias con la realidad. En 1605, él deformaba la realidad para adaptarla a su fantasía caballeresca, mientras que, en 1615, otros manejan la realidad a su antojo y le hacen ver lo que no hay. Don Quijote duda ahora y cuestiona la realidad, sobre todo tras la angustiosa experiencia vivida en la cueva de Montesinos.

Don Quijote bajando a  la cueva de Montesinos, de Juan Martínez

Su comportamiento tiende cada vez más a la pasividad, y de aquí surge su decepción y su progresiva “melancolía”. En la I Parte, la vida se le presentaba como una aventura y su actuación era un continuo enfrentamiento voluntario y heroico con la realidad: «Yo sé quién soy», afirma rotundo don Quijote al labrador vecino de su lugar (I, 5, p. 73). En cambio, en la II Parte la vida se concibe como burla, representación y caricatura, lo que provoca la irritación, el cansancio y el desengaño final del héroe: «Yo no puedo más», dirá tras la fracasada aventura del barco encantado (II, 29, p. 874).Otro aspecto que demuestra la falta de confianza en sí mismo de don Quijote es su creencia en agüeros (por ejemplo, los diversos sonidos de animales que oye al salir hacia el Toboso, «todo lo cual tuvo el enamorado caballero a mal agüero», II, 9, p. 695).


[1] Reproduzco aquí, con ligeros retoques, el texto de Mariela Insúa Cereceda y Carlos Mata Induráin, El Quijote. Miguel de Cervantes [guía de lectura del Quijote], Pamplona, Cénlit Ediciones, 2006. Las citas del Quijote corresponden a la edición del Instituto Cervantes dirigida por Francisco Rico, Barcelona, Editorial Crítica, 1998.

Estructura y contenido del «Quijote» de 1615

Algunos de los problemas narrativos señalados para la Primera Parte se solventan en la Segunda[1]. Cervantes tomó buena nota de las críticas que se le hicieron y las tuvo presentes a la hora de componer su Segunda Parte, y aunque está escrita también a lo largo de varios años, presenta una estructura mucho más acabada. Externamente, el Quijote de 1615 se divide en 74 capítulos (más breves que los de 1605), esta vez no agrupados en «Partes», y recoge una sola salida del caballero y su escudero.

Repasemos brevemente el contenido y los principales episodios de esta Segunda Parte, que pueden separarse en tres grandes bloques:

Capítulos 1-29. Preparación de la tercera salida y primeras aventuras. La preparación de la nueva salida es morosa y ocupa los siete primeros capítulos. Aparición del bachiller Sansón Carrasco y noticia de la publicación de la I Parte. Don Quijote va al Toboso. Encantamiento de Dulcinea fingido por Sancho. Episodio de las Cortes de la Muerte. Aventura del Caballero del Bosque (victoria de don Quijote). Encuentro con el Caballero del Verde Gabán. Aventura de los leones. Episodio de las bodas de Camacho. Descenso a la cueva de Montesinos y nueva visión de Dulcinea encantada. Episodio del mono adivino y el retablo de maese Pedro. Episodio de los rebuznadores. Aventura del barco encantado.

Aventura del barco encantado

Capítulos 30-58. Encuentro con los Duques y estancia en el Palacio ducal, donde don Quijote y Sancho sufrirán una serie de burlas: Merlín y el desencanto de Dulcinea, doña Trifaldi, Clavileño, Altisidora… Separación de don Quijote y Sancho al ir este al gobierno de la ínsula Barataria. Episodio de doña Rodríguez. Encuentro de Sancho con el morisco Ricote. Reencuentro de don Quijote y Sancho. Desafío con el lacayo Tosilos en defensa de la hija de doña Rodríguez y salida de la casa ducal.

Capítulos 59-74. Conclusión y conocimiento por parte de don Quijote del apócrifo de Avellaneda. Cambio de destino, de Zaragoza a Barcelona, para diferenciarse del falso don Quijote. Encuentros en el camino: Roque Guinart y Claudia Jerónima. Estancia en Barcelona: Antonio Moreno y la cabeza encantada. Visita a la imprenta y a las galeras. Episodio de Ana Félix. Derrota de don Quijote frente al Caballero de la Blanca Luna. Regreso a casa. Testamento y muerte de Alonso Quijano el bueno.


[1] Reproduzco aquí, con ligeros retoques, el texto de Mariela Insúa Cereceda y Carlos Mata Induráin, El Quijote. Miguel de Cervantes [guía de lectura del Quijote], Pamplona, Cénlit Ediciones, 2006.

Elementos estructurantes del «Quijote» de 1605

Mucho se ha debatido acerca de si todo el material narrativo que forma la I Parte del Quijote tiene una disposición orgánica o no[1]. Para los estudiosos del siglo XVIII, no hay en ella un plan narrativo, y todo lo que Cervantes incluye forma un conjunto desordenado. Pero otros autores han visto que el material sí está regido por el orden: en la aventura del Caballero del Lago (I, 50), relatada por don Quijote, se describe un jardín en el que hay una fuente ornamentada con diversas piezas «puestas con orden desordenada», las cuales «hacen una variada labor, de manera que el arte, imitando a la naturaleza, parece que allí la vence» (p. 570). Se trata de un pasaje en el que los principios de la mímesis aristotélica se unen al binomio tradicional de arte y naturaleza, y se ha considerado que ese concepto de «orden desordenada» es aplicable al conjunto compositivo del Quijote.

En este sentido, el libro no sería una mera mímesis, una sarta de aventuras y escenas costumbristas puestas una detrás de otra, y por ello intercambiables, sino que hay una progresión en ellas que da lugar a una evolución de sus protagonistas, don Quijote y Sancho. Así pues, Cervantes sí tiene un plan narrativo profundo con relación a su personaje y su crecimiento narrativo, frente a lo que ocurre en la novela de caballerías, en la que el héroe es un personaje plano que se comporta de un modo típico e invariable en todas las aventuras que se suceden.

Sin duda, el principal hilo conductor de la novela es la presencia de don Quijote (de don Quijote y Sancho desde el comienzo de la segunda salida). La sucesión de sus aventuras y sus continuos diálogos forman el entramado narrativo y estructuran el relato. Sin embargo, hay otros elementos que desempeñan un destacado papel estructurante: así, la aparición frecuente del cura y el barbero, cuya misión es llevar a don Quijote a casa, además de portar una función clave para el desarrollo del tema literario; y, por otra parte, las estancias en las ventas: en una de ellas don Quijote es armado caballero por escarnio, con la anuencia y colaboración de un ventero pícaro; en la segunda salida encontramos la de Juan Palomeque el zurdo, espacio cuasi-mágico que reúne a muy diversos personajes, protagonistas tanto de la historia principal como de las secundarias, etc.

La venta de Juan Palomeque el zurdo


[1] Reproduzco aquí, con ligeros retoques, el texto de Mariela Insúa Cereceda y Carlos Mata Induráin, El Quijote. Miguel de Cervantes [guía de lectura del Quijote], Pamplona, Cénlit Ediciones, 2006. Las citas del Quijote corresponden a la edición del Instituto Cervantes dirigida por Francisco Rico, Barcelona, Crítica, 1998 (con revisiones posteriores).

El «Quijote» de 1605: división externa y estructura interna

Externamente, el Quijote de 1605 se divide en 52 capítulos agrupados en cuatro «Partes»[1], o sea, cuatro ‘Libros’[2], e incluye dos salidas de don Quijote. Ofrezco a continuación, de forma muy esquemática, los principales elementos argumentales:

I Parte (caps. 1-8). Retrato del hidalgo Alonso Quijano, que enloquece leyendo libros de caballerías y desea salir en busca de aventuras como caballero andante. Preparativos: armas, caballo, nombre propio y amada. Primera salida de don Quijote, en solitario, cuyas tres aventuras forman una unidad clara: la que tiene lugar con el arriero en la venta donde es armado caballero por escarnio (la disputa se suscita porque aparta las armas que don Quijote estaba velando junto al pozo), la de Andresillo (a quien defiende del vapuleo que le da su amo Juan Haldudo el rico) y la de los mercaderes toledanos (frente a los cuales don Quijote proclama la belleza de la sin par Dulcinea). En medio de su delirio caballeresco, es encontrado por su vecino Pedro Alonso. Regreso a casa. Escrutinio de su biblioteca por el cura y el barbero, secundados por el ama y la sobrina. Comienzo de la segunda salida, ya acompañado del labrador Sancho Panza. Aventura de los molinos y aventura del vizcaíno, que queda suspendida.

Aventura del vizcaino

II Parte (caps. 9-14). Historia de la narración (Cide Hamete Benengeli). Final de la aventura del vizcaíno. Discurso de la Edad Dorada frente a los cabreros. Historia intercalada de Marcela y Grisóstomo.

III Parte (caps. 15-27). Episodio de los yangüeses. Llegada a la venta de Juan Palomeque el zurdo. Escena nocturna con la moza Maritornes. Aventuras del mundo moderno[3] (de los rebaños, del cuerpo muerto, de los batanes, del yelmo de Mambrino y de los galeotes). Llegada a Sierra Morena y encuentro con Cardenio (historia intercalada de los amores entrecruzados de Cardenio-Luscinda-Dorotea-don Fernando). Penitencia amorosa de don Quijote, que envía a Sancho en embajada al Toboso. Reaparición del cura y el barbero: proyecto de llevar a don Quijote de regreso a la aldea.

IV Parte (caps. 28-52). Historia fingida de la princesa Micomicona (Dorotea) para sacar a don Quijote de Sierra Morena. Nuevo paso por la venta de Juan Palomeque. Segundo escrutinio: lectura de El curioso impertinente. Resolución de la historia del cuarteto amoroso formado por Cardenio-Luscinda y Dorotea-don Fernando. Discurso de las armas y las letras. Historias intercaladas del capitán cautivo y la mora Zoraida y de doña Clara y don Luis. Don Quijote encantado: nueva estrategia del cura y el barbero para devolverlo a casa. Encuentro con el canónigo de Toledo y debate literario sobre las novelas de caballerías y las comedias. Historia intercalada del cabrero celoso y Leandra. Aventura de los disciplinantes. Llegada a la aldea.

En las dos salidas de don Quijote se puede apreciar una composición circular en la que se repite el esquema: salida, aventuras (o aventuras y episodios en el caso de la segunda) y regreso a casa. En la segunda salida, además, se agrega el paso por las ventas, espacio que favorece el encuentro de diversos personajes y la inclusión de historias intercaladas. La diferencia fundamental es que la primera salida resulta mucho más corta que la segunda, de ahí que Casalduero[4] indique respecto a la primera que es la presentación de un «destino esquemático» y que hable de la «complejidad de un destino», en el caso de la segunda.


[1] Reproduzco aquí, con ligeros retoques, el texto de Mariela Insúa Cereceda y Carlos Mata Induráin, El Quijote. Miguel de Cervantes [guía de lectura del Quijote], Pamplona, Cénlit Ediciones, 2006. Las citas del Quijote corresponden a la edición del Instituto Cervantes dirigida por Francisco Rico, Barcelona, Crítica, 1998 (con revisiones posteriores).

[2] Llamamos Partes a cada una de las entregas de 1605 y 1615 y hablamos así de la I Parte y la II Parte. Pero, además, el Quijote de 1605, a imitación de lo que sucedía en las novelas de caballerías, va dividido en cuatro Partes ‘libros’ (en cambio, no hay división en Partes en el texto de 1615).

[3] Según la terminología de Joaquín Casalduero, Sentido y forma del «Quijote», Madrid, Ínsula, 1949. Las llama así porque se encuentran caracterizadas por la presencia del juego apariencia / realidad.

[4] Casalduero, Sentido y forma del «Quijote».