La poesía festiva de José Joaquín Benegasi y Luján

Dado el considerable número que suman las poesías de José Joaquín Benegasi y Luján, mi acercamiento a este corpus suyo en estas entradas habrá de ser, a la fuerza, parcial y selectivo. No pretendo un análisis sistemático del conjunto de su producción poética, sino hacer tan solo algunas calas[1] que puedan servir para ejemplificar los principales temas, motivos y procedimientos estilísticos presentes en su poesía festiva. Serán pues, algunas consideraciones muy generales que permitan, eso sí, apuntar los rasgos más significativos y citar, a modo de pequeña antología, algunos de sus versos.

La primera conclusión que se obtiene tras una lectura de los textos poéticos de Benegasi hijo es la de su inclinación preferente a lo festivo y jocoso, a los chistes y las gracias. Un ambiente lúdico —podría decirse— impregna la mayor parte de sus poemas, en los que predomina la estética conceptista de la agudeza, con abundancia de dilogías y otros juegos de palabras, con el empleo jocoso de rimas agudas (muy frecuentes) y esdrújulas[2], versos de cabo roto[3], anáforas y otros juegos de repetición…

Juegos de palabras

Consideremos por ejemplo el texto «Preguntándole un caballero erudito y forastero “¿Qué hay en Madrid?”, respondió en este SONETO»:

Hay necios, hay mordaces, hay groseros;
hay temosos, hay ruines, hay dotores;
hay señores no tales y hay señores,
hay sillas, coches, bestias y cocheros.

Hay mujeres (mujeres) usureros,
escribanos que son procuradores,
hay sobrados letrados, relatores
y arrendadores como caballeros.

Hay falsedad, ficción, enredos, maulas,
hay discretos, por que haya desgraciados,
con obras dignas de que tú las rayes.

Hay muchos que habitar debieran jaulas;
hay varios mozos, bien desengañados,
¡y hay (que es lo peor) imponderables hayes![4]

(Obras líricas jocoserias…, p. 21)

El humor apunta ya muchas veces en la propia forma de rotular las composiciones, con títulos curiosos como el del soneto «Diálogo en que se supone al dios Apolo distribuyendo parte de la puntuación que halló en cierta imprenta entre un ingenio, un caballero pobre y un conde» (Obras líricas jocoserias…, p. 6). Tenemos «Otro [romance] a lo que dice (si lo dice)» (Obras líricas jocoserias…, pp. 90-92), etc. Un recurso muy frecuente para conseguir la comicidad en estas poesías es el empleo de rimas jocosas, particularmente las agudas. Un ejemplo de soneto con rimas agudas lo tenemos en el dedicado «A un caballero que se casó por solo el interés, y le costó un gran trabajo el conseguir el sí»:

Mucho extraño, señor, digan de ti
que el dote, y no tu esposa, te llevó,
pues quien solo del dote se acordó,
siendo tan noble, se olvidó de sí.

Que te llevó el dinero dije, y
mi musa, en realidad, se equivocó;
tú le llevaste, tú, que él te arrastró,
según el gran afán con que te vi.

Filis en ti, y en todo, mandará;
y tú habrás de callar, solo por qué
no te recuerde lo que dicho va.

Conque, siendo esto así, respondemé:
¿Estás como comprado? Claro está.
Luego ¿estarás vendido? Ya se ve.

(Obras líricas jocoserias…, p. 15)

Con rimas agudas y dialogado —otra estructura habitual[5]— es el soneto titulado «Diálogo entre un enfermo y sus tripas, en ocasión de ir a tomar un caldo, por haber mandado el médico no tomase otro alimento hasta que él volviese, y no haber vuelto» (Obras líricas jocoserias…, p. 20). En unas seguidillas de Poesías líricas y jocoserias… alude expresamente a su gusto por las rimas agudas:

Agudos uso siempre
los consonantes,
porque gusto de agudos
y no de graves.
Si bien lo advierten,
como agudos penetran,
pero no hieren (Poesías líricas y jocoserias…, p. 32).


[1] Me centraré en los dos volúmenes recopilatorios de Poesías líricas y jocoserias. Su autor, don José Joaquín Benegasi y Luján, Señor de los Terreros y Valdelosyelos, Regidor perpetuo de la ciudad de Loja, quien las dedica al Excelentísimo Señor Marqués de Villena, Duque de Escalona, Conde de San Esteban de Gormaz, caballero del insigne Orden del Toisón, etc., en Madrid, en la imprenta de José González, vive en la calle del Arenal, año de 1743; y de Obras líricas jocoserias que dejó escritas el Sr. D. Francisco Benegasi y Luján, caballero que fue del orden de Calatrava, Gobernador y Superintendente General de Alcázar de San Juan, Villanueva de los Infantes y Molina de Aragón, del Consejo de Su Majestad en el de Hacienda, Regidor perpetuo de la Muy Noble Ciudad de Loja, Patrono de la Capilla que en el Real Monasterio de San Jerónimo de esta Corte fundó la Señora doña María Ana de Luján, etc. Van añadidas algunas poesías de su hijo don Josef Benegasi y Luján, posteriores a su primer tomo lírico, las que se notan con esta señal *, con licencia, en Madrid, en la oficina de Juan de San Martín, y a su costa; se hallará en su librería, calle de la Montera, donde se vende el Mercurio, año 1746.

[2] Ver un romance en esdrújulos en Poesías líricas y jocoserias…, pp. 109-111.

[3] Ver dos sonetos con versos de cabo roto en Poesías líricas y jocoserias…, pp. 14 y 30.

[4] Aquí podría editarse también ayes; se juega con la homofonía de hayes (la palabra hay repetida varias veces) y ayes ‘lamentos’, por extensión ‘sucesos tristes, desgracias’.

[5] Otro soneto dialogado y con rima aguda es el titulado «Diálogo entre el dios Apolo y el autor» (Obras líricas jocoserias…, p. 29).

José Joaquín Benegasi y Luján (1707-1770), un escritor jocoserio

No es mucho lo que se sabe de la vida de José Joaquín Benegasi y Luján, hijo del también escritor Francisco Benegasi y Luján, autor especialmente dado a lo jocoserio. Algunos detalles autobiográficos se desprenden de comentarios personales incluidos en sus propias obras. A modo de resumen, consignaré los datos biográficos que, junto con la semblanza de su carácter, ofrece José Herrera Navarro:

Nació el día 12 de abril de 1707 en Madrid. Hijo de D. Francisco Benegasi y Luján, fue Señor de Terreros y Valdeloshielos, del Mayorazgo de Luján y Regidor perpetuo de la ciudad de Loja. De carácter humilde y desinteresado, se conformó con las rentas de su Casa, y no ambicionó otros cargos o empleos.

Al quedar viudo y sin hijos (tuvo un hijo que murió muy joven), y encontrándose sumido en la mayor pobreza, tomó el hábito en la Real Casa Hospital de San Antonio Abad de Madrid en el mes de junio de 1763, y vivió en ella hasta el 18 de abril de 1770, en que murió. Era amigo del Marqués de la Olmeda y de Fr. Juan de la Concepción, del que escribió una Fama póstuma (Madrid, 1754).

Poeta y escritor que se distinguió por su facilidad para versificar y por una gran actividad creadora: espíritu inquieto que convertía en literatura cualquier hecho, acontecimiento o pensamiento[1].

Algunos datos complementarios aporta Eduardo Tejero Robledo, por ejemplo sobre sus amistades literarias: «Participó en los círculos literarios madrileños contaminados de popularismo y epígonos de un conceptismo abaratado: F. Monsagrati y Escobar, F. Scoti Fernández de Córdoba, José Villarroel, Diego de Torres Villarroel, el marqués de Avellaneda… eran sus contertulios». Este crítico juzga a Benegasi como «Poeta festivo, ingenioso a veces, prosaico en demasía»[2].

Ya Cayetano Alberto de la Barrera dedicaba en su Catálogo algunos párrafos al comentario de su obra y ofrecía esta valoración general:

Coplero discreto, sazonadamente festivo, llano y sencillo en el estilo como pocos de sus contemporáneos, nuestro don José Joaquín se dedicó toda su vida, casi por oficio, a la composición métrica, fatigando incesantemente las prensas con libros y papeles poéticos, muchos de estos populares, otros panegíricos, descriptivos de festejos y sucesos públicos, y así a esta manera. Supo manejar fácilmente los versos cortos, más adecuados a los asuntos que le inspiraba su festivo numen. Fue poco feliz en las composiciones de asunto grave y elevado […]. Él mismo se declara poco aficionado al verso de arte mayor. […] Pero si los versos de nuestro autor no son ciertamente sublimes, ofrecen en cambio pensamientos sentenciosos, oportuna moralidad, intención satírica de los vicios y costumbres sociales[3].

Por su parte, Emilio Palacios Fernández ha escrito:

Mención especial merece también el madrileño José Joaquín Benegasi y Luján (1707-1770), de gran influencia en la poesía de la época, pues en su casa se reunía dos veces por semana una tertulia literaria. Fue poeta habilidoso, pero de escasa calidad. Practica, sobre todo, la poesía festiva haciendo de ella su finalidad poética («Diome Apolo mi destino / para lo festivo sólo»). Pero, a veces, sus versos se tornan cáusticos y duros para criticar a la nobleza. Siendo noble él también, resulta extraña su actitud, que le obligó al anonimato en aquellas composiciones que publicaba en pliegos de cordel y vendían los ciegos.

Tiene también otro tipo de poemas de asunto más elevado («A Santa Teresa», «Lo que es el mundo, la hermosura, la nobleza y el aplauso»…), de épica religiosa con estilo festivo (Vida de San Benito de Palermo, 1750, en seguidillas, y Vida de San Dámaso, 1752, en redondillas) y otros intranscendentes, incluso chabacanos.

Sus obras poéticas —también escribe comedias, entremeses y bailes— se recogieron fundamentalmente en dos libros: Poesías líricas y joco-serias (Madrid, 1743) y Obras métricas a distintos asuntos, así serios como festivos (Madrid, 1760).

La intencionalidad festiva y el destino popular de la mayoría de sus versos le llevaron a cultivar un estilo natural, a veces vulgar; y su desmedida fantasía se opuso a los que, ya en el reinado de Fernando VI, trabajaron por poner orden y normas en la literatura sin freno[4].

José Joaquín Benegasi y LujánAguilar y Piñal[5] añade el dato de que, como ingenio literario, usó los seudónimos Juan Antonio Azpitarte, Juan del Rosal, Joaquín de Paz y Joaquín Maldonado. Las entradas bibliográficas que recoge este crítico conforman una producción en la que destacan las poesías de circunstancias, algún pronóstico jocoso y, sobre todo, varios títulos que acreditan a Benegasi y Luján como ingenio inclinado a las chanzas y a lo jocoso. Cito a modo de ejemplo: Poesías líricas y jocoserias… (1743), Vida del portentoso negro San Benito de Palermo, descripta en seis cantos jocoserios… (1750), Poesías líricas, y entre estas la Vida del glorioso San Dámaso … escrita en redondillas jocoserias (1752), Obras métricas … a distintos asuntos, así serios como festivos (s. a., ¿1760?), Papel nuevo. Benegasi contra Benegasi… (1760), Motes diferentes en varios metros, así serios como festivos… (1760), Descripción festiva de la suntuosa carrera… Escribíala en seguidillas y con la introducción en octavas jocosas (1760), Metros diferentes, así serios como festivos… (1761), Vida del glorioso San Dámaso… Escríbela en redondillas jocoserias (1763, 2.ª ed. aumentada) o, en fin, El fiambre de cuantos papeles han salido con motivo de las Reales Fiestas, así por tardo como por frío; el que sin sal ni pimienta compuso en prosa y metros distintos… (1766). Creo que la mera transcripción de estos títulos sirve para dejar constancia de la decidida inclinación a lo festivo y jocoserio de este poco estudiado escritor dieciochesco.

En fechas más recientes, Pedro Ruiz Pérez le ha dedicado atención en varios trabajos, del que me interesa destacar el titulado «Para una bibliografía de José Joaquín Benegasi y Luján. Hacia su consideración crítica»[6], donde, además de establecer un corpus muy completo de su producción, aporta interesantes datos para contextualizarla en unos nuevos tiempos en que los escritores «ya no rehúyen el mercado, sino que lo buscan y alimentan»[7]. Y así, explica a propósito de los muchos y variados títulos que publicó:

En ellos se aprecia la variedad de los modelos y la flexibilidad alcanzada en la acomodación de los mismos a los moldes impresos, en una gama que discurre desde el pliego más o menos culto al grueso volumen de versos, aun con el predominio absoluto del tamaño en cuarto, que no debía de estar muy alejado de una cierta voluntad recopilatoria del autor, como se aprecia también en la recurrencia en las portadas de alusiones al número de tomo que el volumen ostenta en una presumible compilación ordenada del conjunto de la producción. Esta se caracteriza por la gran amplitud del arco temático y pragmático de sus piezas, revelador del grado de extensión alcanzado por el verso para dar cauce a las materias más dispares, enmarcadas por la expresión lírica, de un lado, y la poesía pública y de circunstancia, del otro. Y en ello Benegasi no presenta más singularidad que la abundancia de su escritura y la regularidad de su impresión[8].


[1] José Herrera Navarro, Catálogo de autores teatrales del siglo XVIII, Alcalá / Madrid, Fundación Universitaria Española, 1993, p. 48.

[2] Ver Eduardo Tejero Robledo, «Dos poetas (Nicolás F. Moratín y José Joaquín Benegasi) para un Infante, más un pretexto didáctico», Didáctica (Lengua y Literatura), 3, 1991, pp. 134-139; las dos citas corresponden a las pp. 134 y 135.

[3] Cayetano Alberto de La Barrera, Catálogo bibliográfico y biográfico del teatro antiguo español, desde sus orígenes hasta mediados del siglo XVIII, Madrid, Rivadeneyra, 1860, p. 36b.

[4] Emilio Palacios Fernández, «Evolución de la poesía en el siglo XVIII», en Historia de la literatura española e hispanoamericana, coord. Emilio Palacios, Madrid, Orgaz, 1981, vol. IV, p. 31.

[5] Francisco Aguilar Piñal, Bibliografía de autores españoles del siglo XVIII, tomo I, A-B, Madrid, CSIC, 1981, tomo I, pp. 587-593.

[6] Ver también Pedro Ruiz Pérez, «La epístola poética en el bajo barroco: impreso y sociabilidad», Bulletin Hispanique, vol. 115, núm. 1, 2013, pp. 221-252 y su edición de sus Composiciones epistolares, ed. Pedro Ruiz Pérez, Madrid, EDOBNE / Musa a las 9, 2012.

[7] Pedro Ruiz Pérez, «Para una bibliografía de José Joaquín Benegasi y Luján. Hacia su consideración crítica», Voz y letra. Revista de literatura, vol. 23, núm. 1, 2012, p. 148. Añade: «Al penetrar en los textos de Benegasi descubrimos un autor con marcada conciencia de su estatuto y situación, deseoso de mejorar en ellos y conocedor de los medios para lograrlo» (p. 149).

[8] Ruiz Pérez, «Para una bibliografía de José Joaquín Benegasi y Luján. Hacia su consideración crítica», pp. 168-169. Y concluye que la figura de Benegasi responde a la del poeta «que va encontrando su acomodo en un nuevo marco social» (p. 169).

Otros entremesistas del Siglo de Oro (y 2)

En fin, todavía podemos ampliar la nómina de cultivadores barrocos del entremés con los siguientes autores:

Francisco Antonio de Monteser (1620-1668): Los locos, La tía, El maulero, La hidalga, El capitán Gorreta, Las perdices.

Francisco de Avellaneda (1622-1675?): El hidalgo de la Membrilla, La visita del mundo, Lo que es Madrid, Noches de invierno; se le ha atribuido también Los rábanos y la fiesta de toros.

Manuel de León Merchante (1626-1680): La estafeta, Los pajes golosos, Los espejos, La sombra y el sacristán, El gato y la montera, Los motes, El abad del Campillo

Vicente Suárez de Deza (h. 1600-h. 1667) reunió buena parte de sus entremeses en la Parte primera de los Donaires de Tersícore (1663): El malcasado, El poeta y los matachines, El alcalde hablando al rey…, piezas que siguen la huella de Benavente y Quevedo.

Máscaras de teatro

—De Francisco Antonio de Bances Candamo (1662-1704) destacan títulos como El astrólogo tunante (tema con precedentes en Cervantes y Calderón), Las visiones (inspirado en El dragoncillo de Calderón) o La audiencia de los tres alcaldes. Cabe añadir que en su Teatro de los teatros de los pasados y presentes siglos establece la teoría poética de los distintos géneros breves.

Antonio de Solís y Rivadeneira (1610-1686) agrupa en su volumen Varias poesías sagradas y profanas (1692) piezas para fiestas palaciegas; podemos destacar varios entremeses para Juan Rana como Juan Rana poeta, Los volatines o El niño caballero.

Pedro Francisco de Lanini y Sagredo (h. 1640-h. 1720) compuso entremeses de ambiente costumbrista madrileño como El día de San Blas en Madrid o La plaza de Madrid.

Alonso de Olmedo (m. 1682): Las locas caseras, El sacristán Chinchilla.

Juan Bautista Diamante (1625-1687) es autor asimismo de algunos entremeses, loas y bailes como el de Los consejos o el Baile en esdrújulos de Marizápalos.

—El portugués Manuel Coelho Rebelho recopiló sus entremeses en Musa entretenida de varios entremeses (1658), algunos escritos en castellano y otros en portugués, El pícaro hablador, El capitán mentecato, El asalto de Villavieja por don Rodrigo de Castro y castigos de un castellano.

Francisco de Castro (1675-1713) es el principal autor de entre los siglos XVII y XVIII con más de cincuenta piezas, que reunió en los tres volúmenes titulados Alegría cómica, explicada en diferentes asuntos jocosos (1702) y en Cómico festejo (1742), con títulos como El vejete enamorado, Lo que son mujeres, Los chirlos mirlos, El estudiante marqués, La burla del sombrero, La burla del figonero, Los gigantones, El cesto y el sacristán.

En fin, el género entremés se prolongará en el XVIII con autores como Antonio de Zamora (h. 1660-h. 1722), José de Cañizares (1676-1750) y Francisco Benegasi y Luján (1656-1742).