Semblanza de Joaquín Roa (1890-1981), actor y escritor pamplonés (1)

Recientemente, José María Corella Iráizoz ha cedido generosamente al archivo de la Peña Cultural Pregón una serie de documentos que obraban en su poder relacionados con Joaquín Fernández Roa (1890-1981), destacado actor y escritor pamplonés, que fue además un osasunista y un pregonero de pro, condiciones ambas de las que hacía gala siempre que tenía ocasión. Roa fue, en efecto, uno de los colaboradores de Pregón, y el legado ahora entregado consiste, fundamentalmente, en varias cartas y tarjetas postales enviadas a Faustino Corella Estella, director de la revista, a las que hay que añadir algunas fotografías, algunas reseñas y entrevistas tomadas de la prensa y unas pocas cuartillas con apuntes autógrafos suyos (borradores literarios, canciones, notas varias…). Esta circunstancia bien merece que dediquemos unas líneas al recuerdo de Joaquín Roa, en las que intentaré trazar una breve semblanza de su figura; para ello aprovecho no sólo los materiales comentados, sino también la ficha que Miguel Ángel Larramendi, Alfredo Urdaci y Eustaquio Pezonaga le dedican en la Gran Enciclopedia Navarra, vol. V, Pamplona, CAN, 1990, pp. 96-97.

Joaquín F. Roa. Archivo Familia Roa.
Joaquín F. Roa. Archivo Familia Roa.

Nacido en Pamplona el 15 de agosto de 1890, Joaquín Fernández Roa (su nombre artístico fue Joaquín Roa y sus obras literarias las firma como Joaquín F. Roa) tuvo una dilatada vida profesional, en el teatro y en el cine, siendo fundamentalmente actor de comedia. Estudió en la Academia de Arte y en el colegio Huarte, cursando algunos años de piano. La afición al teatro la sintió desde muy joven: miembro del Orfeón Pamplonés, con él hizo su primera representación, poniendo en escena el monólogo Canto inmoral de Jacinto Benavente. También representó algunas comedias en la Cámara de Comptos de Pamplona. Para seguir su vocación teatral, abandonó los estudios y comenzó a trabajar con grupos de aficionados; su debut profesional puede situarse en 1908, merced al papel de Avellaneda que hizo en Don Juan Tenorio, en el Teatro Circo de Bilbao. En los primeros momentos de su vida teatral (hasta los Sanfermines de 1909), Joaquín Roa recorre las tierras de Burgos, la Rioja, Aragón y Navarra, trabajando en la «Compañía Leonor Barberán-Hipólito Rodríguez», cuyo repertorio incluía títulos como La aldea de San Lorenzo, Mancha que limpia, La Dolores o Lo positivo; a Zaragoza acude varios años, durante las fiestas del Pilar, con la Compañía «Palma-Reig».

Más tarde se produce su paso a compañías importantes: en 1915 entra en la de Rosario Pino, y después en la de Ernesto Vilches e Irene López Heredia, representando ya en Madrid, Barcelona y Valencia (fue el galán cómico del Teatro Eslava de esta ciudad) y yendo de gira por toda España. En Madrid hizo su estreno con el papel de Arlequín en Los intereses creados, de Benavente, en el Teatro de la Comedia, aunque también trabajó en el Calderón. Por esas fechas fue también primer actor en San Sebastián y Zaragoza. Hacia 1923 se dedica a la ópera y la zarzuela, interpretando diversos papeles en La linda tapada, El rey que rabió, Doña Francisquita… Fue también el Don Hilarión de La verbena de la Paloma.

En 1939 estrenó en el Gayarre de Pamplona la obra Cui-Ping-Sing, de Foxá. Y en la década de los 40 tuvo una compañía propia, la «Compañía cómica de Joaquín Roa», que tuvo un amplísimo repertorio, pudiéndose citar las comedias Los búhos, El marido de la Estrella y El tío José Mari, las obras de folletín El misterio del cuarto amarillo, Aquella mujer y Alma española, las obras de autores italianos El gorro de cascabeles, de Pirandello, y Se acabó el amor, de Roberto Bracco, y las piezas Petición de mano, de Chéjov, Adiós a la bohemia, de Baroja, y Navarrica. Roa tuvo papeles en obras de Jardiel (La dama del pañuelo errante), de Miguel Mihura (La bella Dorotea), de Ruiz Iriarte (Primavera en la plaza de París), de Calvo Sotelo (Historia de un adulterio, El baño de las ninfas), de Emilio Romero (El amante jubilado)… y en muchas otras, hasta la titulada Balada de los tres inocentes. Alcanzó a ver actuar a María Guerrero, y conoció a Jacinto Benavente, a Carlos Arniches, a García Álvarez, a Jardiel Poncela, a Muñoz Seca…

En cuanto al cine, fue pionero de los actores españoles del cine mudo, trabajando en películas como Vida nueva, rodada en Barcelona en la temprana fecha de 1915; y, ya en tiempos del sonoro, participó en los rodajes de El marido de mamá o algo así, Castillo de naipes, Y tuvo la culpa Adán, Eloísa está debajo de un almendro (con Amparo Rivelles, Rafael Durán y Juan Calvo), Marcelino, pan y vino (en la que interpretaba a Fray Talán, nombre que usó como pseudónimo en algunos escritos), El escándalo, El clavo, Bienvenido, Mr. Marshall, de Luis García Berlanga, o Viridiana,de Buñuel. Fue también el don Nuño de La venganza de don Mendo de Fernando Fernán Gómez. «Su último trabajo en cine lo realizó bajo las órdenes del director navarro Luis Cortés en Ni se lo llevó el viento ni puñetera falta que hacía» (GEN, V, p. 97).

Igualmente, Roa fue pionero de los programas dramáticos de TVE. Fue el famoso cerillero y limpiabotas en la serie televisiva El último café, papel con el que obtuvo un gran reconocimiento público; pero también hizo de «El viejecito» en la versión de Alfredo Castellón de Topaze,de Marcel Pagnol, tuvo una larga participación en la comedia Ninette, casa de modas, etc.

En suma, como se nos recuerda en GEN, V, p. 97, Joaquín Roa «formó parte de las compañías titulares de los teatros madrileños de la Comedia, Infanta Isabel, Calderón, Reina Victoria, Fontalba, Alcázar, Latina, Cervantes, Príncipe Alfonso, Zarzuela, etc. A lo largo de su dilatada vida profesional y artística, representó a Lope de Vega, Calderón, Zorrilla, Rivas, Benavente, Muñoz Seca, y otros autores españoles». Su carrera artística está avalada además por numerosos premios y distinciones: así, obtuvo la Medalla de Oro 1968-69 de la delegación Provincial de Valladolid «por su historial profesional y prestigio escénico» y la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes; en 1971 ganó el primer premio de Cinematografía; se le galardonó con el Premio Nacional de Teatro 1971-1972… Sin embargo, todos estos premios no envanecieron al actor, quien fue siempre un hombre humilde. En una entrevista señalaba modesto: «Yo no he sido un actor deslumbrante. He sido un actor de reparto que ha estado bien, simplemente». Y un hombre trabajador, muy trabajador: superados los 80 años, todavía seguía haciendo dos sesiones diarias de Balada de los tres inocentes,de Pedro María Herrero, dirigida por Cayetano Luca de Tena, con José Sacristán, Roberto Camardiel, Mari Paz Pondal y la colaboración de María Luisa Ponte. Fue además una persona accesible, siempre cercana a los demás; en efecto, en otra entrevista comentaba: «Me gustaría mucho ir a la calle a tomar un café y ponerme a charlar con gente joven que sin ningún escrúpulo me llamaran Joaquín y me tutearan. La juventud es maravillosa y yo me siento muy rejuvenecido cuando charlo con jóvenes»[1].


[1] Para más detalles ver Carlos Mata Induráin, «Semblanza de Joaquín Roa (1890-1981), actor y escritor pamplonés», Pregón Siglo XXI. Revista Navarra de Cultura, 11, San Fermín de 1998, pp. 8-11. Ver ahora Francisco Benavent, Joaquín F. Roa, Pamplona, Filmoteca de Navarra, 2020.