«La posada del Arenal» de Eduardo Galán y Javier Garcimartín (y 4)

El conde-duque de OlivaresLa posada del Arenal nos interesa sobre todo aquí como antecedente de La amiga del Rey. Hay dos aspectos concretos que luego Eduardo Galán desarrollará en su comedia en solitario, La amiga del rey: la figura de Olivares y el personaje de la Calderona[1]. Así, se alude a los comentarios que circulan en los mentideros madrileños sobre la privanza del Conde-Duque (p. 21)[2] y Petra comenta que es soberbio y que busca el poder a toda costa. Respecto a la cómica, unos hombres comentan lo «bien dotada» que está, y una mujer les encarece la cautela, «que la Calderona es ahora la amiga del rey» (p. 17). Poco después, al comienzo del acto primero, don Lope, para ganarse a sus criados, les dice que les llevará al corral del Príncipe y Luzmán pregunta: «¿A ver a la Calderona?» (p. 22).


[1] También el nombre y el carácter del personaje Luzmán, que traslada a La amiga del Rey.

[2] Manejo estas ediciones: Eduardo Galán y Javier Garcimartín, La posada del Arenal, Madrid, Sociedad General de Autores de España, 1994; Eduardo Galán Font, La amiga del Rey, introducción de Antonio Fernández Insuela, Murcia, Universidad de Murcia, 1996. Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «Los dramas históricos de Eduardo Galán: La posada del Arenal y La amiga del Rey», en José Romera Castillo y Francisco Gutiérrez Carbajo (eds.), Teatro histórico (1975-1998): textos y representaciones. Actas del VIII Seminario Internacional del Instituto de Semiótica Literaria, Teatral y Nuevas Tecnologías de la UNED (Cuenca, UIMP, 25-28 de junio, 1998), Madrid, Visor Libros, 1999, pp. 339-351.

«La posada del Arenal» de Eduardo Galán y Javier Garcimartín (3)

Respecto al contenido histórico de esta obra de Eduardo Galán y Javier Garcimartín, hemos de recordar que la mayor parte de la acción tiene lugar en la madrileña posada que le da título, en el año de 1622, durante el reinado de Felipe IV. Los autores destacan en una nota inicial, bajo el epígrafe de «Escenografía»: «La acción transcurre en el primer tercio del siglo XVII, en una época de contradicción entre los sueños imperiales de la España heroica y guerrera, y la mísera realidad de hambre y desengaño que padece el pueblo» (p. 13)[1].

Fiesta de toros en MadridLo histórico de esta comedia hay que buscarlo en el ambiente: el mal olor de las calles de Madrid, los peligros de las mismas, el esplendor del teatro, las fiestas de toros en la Plaza Mayor, alusiones más concretas a la canonización de San Isidro… También se introducen distintos datos costumbristas que contribuyen a crear el denominado «color local»: la mención de que la villa y Corte está llena de pedigüeños y labradores (p. 20), la descripción de algunas comidas de la época (p. 20), las visitas al trapillo (p. 21), la carestía de los coches de caballos (p. 30), notas sobre el traje de camino (p. 31), el sagrado que para los malhechores constituían las iglesias (p. 32), la alta estima de los españoles en América (p. 36), los comentarios de Zósimo –que se considera un profesional de los ajustes de cuentas–, sobre el trabajo como actividad deshonrosa propia de criados y comerciantes, incompatible con la rancia nobleza de los hidalgos, etc.


[1] Eduardo Galán y Javier Garcimartín, La posada del Arenal, Madrid, Sociedad General de Autores de España, 1994. Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «Los dramas históricos de Eduardo Galán: La posada del Arenal y La amiga del Rey», en José Romera Castillo y Francisco Gutiérrez Carbajo (eds.), Teatro histórico (1975-1998): textos y representaciones. Actas del VIII Seminario Internacional del Instituto de Semiótica Literaria, Teatral y Nuevas Tecnologías de la UNED (Cuenca, UIMP, 25-28 de junio, 1998), Madrid, Visor Libros, 1999, pp. 339-351.

«La posada del Arenal» de Eduardo Galán y Javier Garcimartín (2)

BaúlesLa trama de La posada del Arenal, obra escrita de forma conjunta por de Eduardo Galán y Javier Garcimartín, se sostiene en una serie de equívocos de identidades (Mateo se disfraza de Casilda y Beatriz finge ser Francisco) y en la confusión de tres baúles, uno que contiene el dinero, otro en el que Francisco se finge muerto y otro con el equipaje de Beatriz. El criado Luzmán creerá que Francisco ha sido asesinado por Zósimo, y luego, al encontrarlo vivo, dará en imaginar que ha resucitado y que la posada está endemoniada y habitada por espectros. Mateo se asustará al pensar que se ha enamorado de un hombre (en realidad, ha quedado prendado de Beatriz, que se ha vestido como Francisco). Esta circunstancia permite la introducción de constantes réplicas humorísticas; así, por ejemplo, cuando Mateo descubra la verdad al soltarse la dama el cabello, comentará aliviado: «¡Qué angustia! Llegué a pensar que era maricón» (p. 70)[1].

En este juego consistente en dosificar la información, el espectador siempre sabe más que los personajes que están sobre las tablas. De forma similar, Beatriz creerá arder en deseos por una mujer, Casilda (que, como sabemos, es Mateo). Al final, todos estos malentendidos y engaños se aclaran, como explicita Luzmán: «Entre unos y otros lograron confundirme. Que vuestras mercedes no han hecho más que engañarse y engañarme para conseguir en su provecho la fortuna que no merecían» (p. 93). En efecto, a lo largo de la representación la posada se ha transformado en un escenario cuasi-mágico donde todos los enredos, trampas y confusiones resultaban factibles: «En esta posada, Luzmán, todo es posible», afirma Francisco (p. 64); «esta posada parece un laberinto», subraya Mateo (p. 86).


[1] Cito por Eduardo Galán y Javier Garcimartín, La posada del Arenal, Madrid, Sociedad General de Autores de España, 1994. Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «Los dramas históricos de Eduardo Galán: La posada del Arenal y La amiga del Rey», en José Romera Castillo y Francisco Gutiérrez Carbajo (eds.), Teatro histórico (1975-1998): textos y representaciones. Actas del VIII Seminario Internacional del Instituto de Semiótica Literaria, Teatral y Nuevas Tecnologías de la UNED (Cuenca, UIMP, 25-28 de junio, 1998), Madrid, Visor Libros, 1999, pp. 339-351.

«La posada del Arenal» de Eduardo Galán y Javier Garcimartín (1)

La posada del Arenal, de Eduardo Galán y Javier GarcimartínEsta obra escrita en colaboración por Eduardo Galán y Javier Garcimartín fue estrenada el 16 de septiembre de 1990 en el Teatro Cervantes de Alcalá de Henares[1]. La introducción de José María Torrijos a la edición del texto, «Una posada del Madrid eterno» (pp. 9-11), pone de relieve que la codicia humana es la clave de este «disparatado y divertido juguete». Se trata, en efecto, de una pieza de enredo (de «enredo amoroso y mercantil» habla Luzmán al dirigirse al público en la p. 15) que constituye, a su vez, un bello homenaje a nuestra comedia aurisecular.

La pieza está ambientada en el siglo XVII, pero no posee el calado histórico de La amiga del Rey porque aquí la intención de los autores es otra: divertir al espectador con una pieza cómica. Así pues, La posada del Arenal no es, en sentido estricto, una obra de teatro histórico: se trata, más bien, de una comedia humorística que, partiendo de situaciones y sentimientos contemporáneos, se ubica en una época pasada. Los personajes, bien caracterizados, responden a patrones de la literatura de nuestro Siglo de Oro (sobre todo el criado Luzmán, que recuerda al clásico «gracioso»; el viejo verde y avaro don Lope; el fanfarrón Zósimo, que tiene como modelos más preclaros a los valentones de las jácaras y la literatura picaresca; o el estudiante sevillano Mateo, de idéntica prosapia literaria), pero el tema tratado, la sátira de la codicia humana, alcanza resonancia y validez universales.

Todos los personajes se guían por su deseo de obtener dinero, y varias de sus réplicas ponen de manifiesto la importancia que le conceden en su escala de valores. Así, don Lope dirá: «El placer es efímero; la dicha es poseer sin límites» (p. 26), aunque luego añada, hipócrita, que «la codicia no es buena consejera» (p. 42; pero cuando se trata, claro, de la codicia de otros personajes); Zósimo reconoce que «por dinero se mueve el mundo» (p. 61), Mateo asegura que «lo importante es el oro» (p. 82), y Casilda declara: «Al fin y al cabo, el oro es mi único amor» (p. 87). Al final, todos ellos quedarán burlados, pues el baúl con el preciado oro que perseguían va a parar, por equivocación del criado Luzmán, a las aguas del Manzanares, sin posibilidad de ser recuperado[2].


[1] Eduardo Galán y Javier Garcimartín, La posada del Arenal, Madrid, Sociedad General de Autores de España, 1994.

[2] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «Los dramas históricos de Eduardo Galán: La posada del Arenal y La amiga del Rey», en José Romera Castillo y Francisco Gutiérrez Carbajo (eds.), Teatro histórico (1975-1998): textos y representaciones. Actas del VIII Seminario Internacional del Instituto de Semiótica Literaria, Teatral y Nuevas Tecnologías de la UNED (Cuenca, UIMP, 25-28 de junio, 1998), Madrid, Visor Libros, 1999, pp. 339-351.

Los dramas históricos de Eduardo Galán

Eduardo Galán FontEn las próximas entradas pretendo un acercamiento a los dramas históricos de Eduardo Galán La posada del Arenal y La amiga del Rey. Empleo la etiqueta «dramas históricos» en un sentido amplio, con el significado de ‘piezas dramáticas de ambientación histórica’, pues las dos obras mencionadas no son dramas en el sentido estricto del término. Hay además una diferencia esencial entre ambas: la primera, escrita en colaboración con el actor Javier Garcimartín, es una comedia de ambiente —no de contenido— histórico[1]: el siglo XVII sirve como mero telón de fondo a los hechos que se representan, y su intención es fundamentalmente humorística, sin que tenga mayor importancia el retrato de hechos y personajes históricos. En cambio, en La amiga del Rey este último aspecto alcanza profundidad mayor, constituyendo una pieza a la que, con todo rigor, se le puede aplicar el calificativo de «histórica». Por ello, mi acercamiento a La posada del Arenal será más somero, para centrarme en el análisis de La amiga del Rey[2]. Pero antes de entrar en materia, repasaré —en la próxima entrada— los principales datos bio-bibliográficos del autor[3].


[1] Véase el trabajo de Kurt Spang «Apuntes para la definición y el comentario del drama histórico», en Kurt Spang (ed.), El drama histórico. Teoría y comentarios, Pamplona, Eunsa, 1998, pp. 11-50.

[2] No comentaré La sombra del poder, otra pieza histórica de Galán y Garcimartín, que permanece inédita y versa sobre el amor del conde de Villamediana por Isabel de Borbón, «sueño imposible» que motiva su asesinato, urdido —en esta versión literaria de los hechos— por el conde-duque de Olivares.

[3] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «Los dramas históricos de Eduardo Galán: La posada del Arenal y La amiga del Rey», en José Romera Castillo y Francisco Gutiérrez Carbajo (eds.), Teatro histórico (1975-1998): textos y representaciones. Actas del VIII Seminario Internacional del Instituto de Semiótica Literaria, Teatral y Nuevas Tecnologías de la UNED (Cuenca, UIMP, 25-28 de junio, 1998), Madrid, Visor Libros, 1999, pp. 339-351.