Don García Hurtado de Mendoza en las comedias del Siglo de Oro sobre la guerra de Arauco (1)

En el teatro español del Siglo de Oro existen varias piezas que tienen como tema la conquista de Chile y las guerras de Arauco[1]. Dentro de ese corpus, hay algunas comedias encargadas por la familia de don García Hurtado de Mendoza que tienen como objetivo prestigiar la figura del cuarto Marqués de Cañete, quien había sido gobernador de Chile en los años 1557-1561 y había impulsado la pacificación de Arauco. Ocurre que Alonso de Ercilla, en su famoso poema épico de La Araucana, no había destacado suficientemente su actuación; y, para contrarrestar ese voluntario olvido, se preparó todo un programa de propaganda[2] que incluyó no solo obras de teatro, sino también crónicas, biografías, poemas épicos, etc. Las tres piezas teatrales que revisten ese carácter de «obras de encargo» son Arauco domado de Lope de Vega, la más famosa y la que más bibliografía ha generado; Algunas hazañas de las muchas de don García Hurtado de Mendoza, Marqués de Cañete, escrita en colaboración por nueve ingenios capitaneados por Luis de Belmonte; y El gobernador prudente, de Gaspar de Ávila.

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A lo largo de varias entradas iré recordando primero el contexto histórico y las razones que llevaron a la escritura de estas obras. Después, tras referirme brevemente a las otras dos comedias, centraré mi análisis en la caracterización de don García Hurtado de Mendoza que ofrece El gobernador prudente: en esta pieza se destacan las virtudes de don García como vasallo leal a su rey, militar avisado y gobernador prudente y justo al que no solo le importa la conquista territorial, sino sobre todo la conquista espiritual de las almas. El resultado de conjunto, como no podía ser de otra manera, es una visión altamente idealizada del personaje: en efecto, todas esas facetas conforman el retrato modélico de un gobernante cristiano, en el que el aspecto religioso constituye uno de los rasgos más destacados. Ahora bien, cabe añadir que ninguna de las obras derivadas de tal campaña de propaganda logró elevar a don García a la categoría de héroe histórico-literario capaz de pervivir en el imaginario colectivo.

Una cuestión más para cerrar estos comentarios preliminares. ¿Qué fuentes manejan los autores de estas obras y qué uso hacen de la historia? ¿Qué datos históricos escogen y cuáles desechan? ¿Con qué grado de fidelidad nos presentan personajes y acontecimientos? ¿Cómo manipulan la historia para lograr unos fines ideológicos o literarios? ¿Se puede aplicar con propiedad a estas piezas la etiqueta de «teatro histórico»? Son preguntas bastante complejas y las respuestas requerirían matices distintos para cada una de las obras, que habría que examinar por separado: en algunas (por ejemplo en Arauco domado de Lope) el ajuste a los hechos históricos es mayor que en otras, si bien en líneas generales habrá que decir que al dramaturgo del Siglo de Oro le interesará mucho más ceñirse a la verdad dramática que a la histórica… Por otro lado, existe ya abundante bibliografía sobre esta cuestión de las fuentes manejadas por estas piezas dramáticas, así que aquí apenas me detendré en esta cuestión[3].


[1] Esta entrada forma parte del Proyecto «Autoridad y poder en el teatro del Siglo de Oro. Estrategias, géneros, imágenes en la primera globalización» del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (FFI2014-52007-P).

[2] Ver especialmente Victor Dixon, «Lope de Vega, Chile and a Propaganda Campaign», Bulletin of Hispanic Studies, 70:1, 1993, pp. 79-95. Sobre la comedia genealógica y el mecenazgo de la nobleza, en general, remito a varios trabajos de Teresa Ferrer Valls: Nobleza y espectáculo teatral (1535-1622). Estudio y documentos, Valencia, UNED / Universidad de Sevilla / Universitat de València, 1993; «Lope de Vega y la dramatización de la materia genealógica (I)», en Teatro cortesano en la España de los Austrias, ed. de José María Díez Borque, Cuadernos de Teatro Clásico, 10, 1998, pp. 215-231; «Lope de Vega y la dramatización de la materia genealógica (II): lecturas de la historia», en La teatralización de la historia en el Siglo de Oro español. Actas del III Coloquio del Aula-Biblioteca Mira de Amescua, ed. de Roberto Castilla Pérez y Miguel González Dengra, Granada, Universidad de Granada, 2001, pp. 13-51; y «Teatro y mecenazgo en el Siglo de Oro: Lope de Vega y el duque de Sessa», en Mecenazgo y Humanidades en tiempos de Lastanosa. Homenaje a la memoria de Domingo Ynduráin, ed. de Aurora Egido y José Enrique Laplana, Zaragoza, Instituto de Estudios Altoaragoneses / Institución «Fernando el Católico», 2008, pp. 113-134.

[3] Para el corpus de teatro sobre las guerras de Arauco remito como trabajos de conjunto a los de Patricio C. Lerzundi, Arauco en el teatro del Siglo de Oro, Valencia, Albatros Hispanófila Ediciones, 1996; y Mónica Escudero, De la crónica a la escena: Arauco en el teatro del Siglo de Oro, New York, Peter Lang, 1999. Para más detalles sobre la comedia que nos ocupa ahora, ver Carlos Mata Induráin, «Del panegírico a la hagiografía: don García Hurtado de Mendoza en El gobernador prudente de Gaspar de Ávila», Hispanófila, 171, junio de 2014, pp. 113-137.

El soneto «A España» de Guillermo Matta

Guillermo Matta Goyenechea (Copiapó, 1829-Santiago, 1899) constituye uno de los máximos exponentes del romanticismo en la poesía chilena, ámbito en el que su nombre debe unirse a los de Salvador Sanfuentes, Eusebio Lillo, Guillermo Blest Gana, Eduardo de la Barra, Carlos Walker Martínez o José Antonio Soffia, entre otros. Matta tuvo una destacada faceta como político (fue fundador del Partido Radical Chileno, varias veces diputado y senador, etc.) y diplomático (representante de su país, con distintos cargos, en Alemania, Italia, Argentina y Uruguay).

Guillermo Matta

En su faceta como literato cultivó, fundamentalmente, los géneros del cuento, la fábula, el apólogo y la poesía. Como escriben Ginés Albareda y Francisco Garfias, Matta

Inicia sus estudios de Humanidades en el colegio de Santiago y continúa su formación cultural en Europa. La poesía que conoce en España, Alemania e Inglaterra —Espronceda, Heine y Byron— da cauce romántico a su fecundidad imaginativa. […] Su poesía, abundante, elocuente y exaltada, llega a poco cuando se adentra en temas sociológicos; pero, en cambio, sus versos endógenos tienen emotividad y melancolía verdaderas. Su obra está recogida en Cuentos en verso (Santiago, 1853); dos volúmenes de Poesías (Madrid, 1858); un Canto a la patria (Santiago, 1864), y dos tomos publicados en Leipzig de Nuevas poesías (1887)[1].

Transcribo a continuación su soneto dedicado «A España», en el que, junto al recuerdo de algunas de las glorias pasadas de la antigua madre patria, encontramos una vibrante evocación cervantina: como leemos en el segundo terceto, España «Es el pueblo inmortal del Dos de Mayo, / que enseña con la pluma de Cervantes / y vence con la espada de Pelayo».

Miguel de Cervantes

El soneto completo dice así:

España es una tierra en que germina
hermanado el valor con la nobleza;
a través de los siglos su grandeza
el horizonte histórico ilumina.

Si la suerte vencerla determina,
revístese de heroica fortaleza;
señala en cada sitio una proeza,
muestra un templo de gloria en cada ruina.

España es una tierra de gigantes,
que en los agrestes picos del Moncayo
aún tremola sus lábaros triunfantes.

Es el pueblo inmortal del Dos de Mayo,
que enseña con la pluma de Cervantes
y vence con la espada de Pelayo[2].


[1] Ginés Albareda y Francisco Garfias, Antología de la poesía hispanoamericana. Chile, Madrid, Biblioteca Nueva, 1961, p. 25.

[2] Cito por Ginés Albareda y Francisco Garfias, Antología de la poesía hispanoamericana. Chile, p. 121.

El «Soneto del Quijote ultramoderno» de Hugo Alejandro Díez Guzmán

Como es sabido, las recreaciones quijotescas han sido muy frecuentes en todos los géneros literarios (novela, poesía, teatro, ensayo…), y cabe imaginar que lo seguirán siendo durante mucho tiempo. Tal es la fuerza del héroe cervantino, que ha inspirado a incontables escritores —y artistas, en general— desde la aparición de la novela a comienzos del siglo XVII hasta nuestros días. Pues bien, en un libro de reciente publicación titulado Poesía cósmica, oral traumática y esquizofrénica de Hugo Alejandro Díez Guzmán[1], encontramos que la composición que lo cierra es un «Soneto del Quijote ultramoderno», el cual forma parte del tercero y último de los apartados poéticos del volumen, el de los sonetos «Esquizofrénicos». Ciertamente, la calidad literaria del texto no es perfecta, pero desde el punto de vista simbólico no deja de tener su interés el hecho de que Díez Guzmán[2] nos presente al inmortal cuerdo loco manchego enfrentado con el horror de la bomba nuclear (Nagasaki) y los lodos de una guerra (la de Irak) que, a día de hoy, todavía siguen salpicando al mundo. Este es —sin necesidad de mayor comento— el texto del poema:

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Don Quijote fue a la ONU sonriendo
pero todos condenaron su sonrisa
y se enfureció la Mona Lisa
y jugó junto a Da Vinci en su Nintendo.

Y el Ingenioso Hidalgo fue diciendo
con una voz tronante y muy precisa:
«Si regulan las leyes de la risa,
de pena por Irak me iré muriendo».

Y aquella Mona Lisa tan famosa
en su computadora portentosa
los gritos de Da Vinci proclamó,

y el Ingenioso Hidalgo de la Mancha
subió junto a Da Vinci en una lancha
¡y rumbo a Nagasaki navegó![3]

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[1] Fredo Arias de la Canal, Poesía cósmica, oral traumática y esquizofrénica de Hugo Alejandro Díez Guzmán, México, Frente de Afirmación Hispanista, A. C., 2016.

[2] En sus palabras de presentación, «El peligro del psicoanálisis», Fredo Arias de la Canal nos informa acerca del autor: «En el caso de Hugo Alejandro, el complejo arquetípico autónomo inconsciente inundó su consciente, creándole una psicosis o esquizofrenia, perdiendo el sentido de la realidad, por lo que fue internado en un hospital psiquiátrico, en Holguín, Cuba» (pp. VII-III). Y en uno de sus poemas «Cósmicos», el propio autor escribe: «Yo soy cósmico y místico poeta / porque escribo a la luz de mis visiones […]. Construyo una catástrofe de versos; / volcanes erupcionan en mi mente» (p. 27).

[3] Fredo Arias de la Canal, Poesía cósmica, oral traumática y esquizofrénica de Hugo Alejandro Díez Guzmán, p. 84. Añado en el v. 7 la coma final.

La «Décima a una flor nacida en un cráneo» de Manuel José de Oteiza

Manuel José de Oteiza y Dongo (Santiago de Chile, 1742-Talca, 1798) profesó en el convento de los agustinos de Santiago a la edad de dieciséis años. Dentro de su orden llegaría a ser maestro de novicios, además de profesor de Filosofía y de Derecho Canónico. Alcanzó asimismo mucha fama como orador sagrado. De la producción literaria de este fraile agustino chileno se nos han conservado algunos sonetos y décimas (se le atribuye, por ejemplo, el soneto «A un Cristo crucificado», que comienza «¡Dios de mi vida! ¡Vos crucificado!»), además del poema titulado Liberto penitente, una glosa de los Salmos de David que quedó sin terminar.

Copiaré hoy aquí su «Décima a una flor nacida en un cráneo», que, al parecer, habría sido improvisada al contemplar tal imagen en un cementerio. El poema constituye un buen ejemplo literario de vanitas, que hemos de situar en la estela temática de otras composiciones similares de la centuria anterior que daban muestra del sentimiento de «desengaño barroco». Este es el texto de la décima, construido en torno a la antítesis belleza de la rosa / fealdad de la muerte y rematado con la aparente paradoja final:

Flor hermosa y delicada
entre fealdad espantosa,
por cuanto tienes de hermosa
has de morir asustada.
¿Dónde irás, firme o cortada,
sin tener infausta suerte?
Cortarte es dolor muy fuerte;
dejarte es muerte crecida;
pues dejarte con la vida
es dejarte con la muerte[1].

Flor creciendo en una calavera


[1] Cito por Ginés Albareda y Francisco Garfias, Antología de la poesía hispanoamericana. Chile, Madrid, Biblioteca Nueva, 1961, p. 101. En las pp. 18-19 de su estudio introductorio recogen los escasos datos biográficos del autor de que disponemos.