El poemario «Prosa española» (1977) de José Luis Tejada: estructura y contenido

José Luis Tejada (El Puerto de Santa María, 1927-Cádiz, 1988), escritor y profesor universitario, autor de varias obras de poesía[1], definió sus versos, en su poema «Desgana», como «pocos, pálidos, tímidos, pequeños». Sin embargo, su faceta poética no fue ni tan pequeña ni tan pálida como su modestia nos quiso hacer creer. En sucesivas entradas pretendo realizar un acercamiento temático a su poemario Prosa española, cuyo título es una reminiscencia del verso de Berceo que le sirve de lema: «Quiero fer una prosa en román paladino…». Deseo, pues, el suyo de hablar a las claras, con valentía, de un tema siempre espinoso, la realidad nacional de la posguerra, con una apuesta decidida por la reconciliación de todos los españoles. El propósito del libro coincide con algunas de las inquietudes generales de su producción poética, con una circunstancia especial añadida: la de su fecha de publicación, 1977, en los comienzos de la transición democrática española. El poemario quiere ser una profunda reflexión sobre la convivencia pacífica de los españoles y, en general, sobre el tema de España («tierra madre» común para todos, pero a veces también “madrastra” para con algunos de sus hijos). Además, Tejada lanza un llamamiento a la fraternidad universal entre todos los hombres, habitantes de un mismo hogar-tierra.

TejadaJoseLuis

Como acabo de indicar, José Luis Tejada publica esta obra en 1977, aunque los poemas que la componen son anteriores. En efecto, tras la cita-lema de Berceo ya mencionada y la sentida dedicatoria «A todos los españoles de buena voluntad», el autor explica:

Estos poemas fueron escritos entre 1960 y 1966, algunos están publicados en diversas revistas; en mi apreciación, ahora recobran vigencia, por eso los reúno en este libro.

Acaso hoy, todavía, no lleguen demasiado tarde en su llamada vehemente a la reconciliación nacional.

Tras la «Cita, dedicatoria y aclaración», el poemario se divide en tres secciones, «Entre nosotros» (que consta de doce poemas[2]), «Tríptico de la libertad» (son tres sonetos) y «Tierra madre» (otros doce poemas). Todas las composiciones del libro[3] llevan título propio, salvo los versos iniciales de la sección «Entre nosotros» (empiezan «Estos versos se quedan solos…»), que, más que como un poema propio, pueden ser considerados una declaración de intenciones. Si lo entendemos así, la estructura externa resulta equilibrada y simétrica, con dos partes con igual número de poemas, doce, unidas por un eje de tres sonetos, que sirve de puente entre ambas[4].


[1] Para andar conmigo (Homenaje a Lope de Vega, 1562-1962), Madrid, Rialp, 1962; Villancicos de los oficios, Cádiz, Torre Tavira, 1965; Carta para Aquilino en Inglaterra, Málaga, Publicaciones de la Librería Anticuaria «El Guadalhorce», 1966; Hoy por hoy, ed. de Ángel Caffarena, Málaga, Publicaciones de la Librería Anticuaria «El Guadalhorce», 1966; Razón de ser, Madrid, Ediciones Cultura Hispánica, 1967 (y una 2.ª ed. abreviada, Málaga, Diputación de Málaga, 1976); El cadáver del alba, Madrid, Editorial Oriens, 1968; Prosa española, Conil de la Frontera (Cádiz), Imprenta La Cañaílla, 1977; Del río de mi olvido, El Puerto de Santa María, Fundación Municipal de Cultura, 1978; Poemía (Antología de los primeros libros), Cádiz, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz, 1985, con prólogo de Leopoldo de Luis; Aprendiz de amante, Cádiz, Publicaciones de la Caja de Ahorros de Cádiz, 1986, y el libro póstumo Cuidemos este son (Poesía flamenca), Sevilla, Renacimiento, 1997. Ver también Desde un fracaso escribo. Antología poética, ed. de Jaime Siles, Sevilla, Fundación José Manuel Lara, 2006. Sobre el autor y su obra, remito especialmente a Ana-Sofía Pérez-Bustamante Mourier (ed.), José Luis Tejada (1927-1988): un poeta andaluz de la Generación del medio siglo, El Puerto de Santa María, Ayuntamiento de El Puerto de Santa María, 2000; y a Luis Miguel García Jambrina y Mercedes Gómez Blesa (eds.), La poesía amorosa de José Luis Tejada, Madrid, Biblioteca Nueva, 2005.

[2] Serían trece si contamos como tal «Estos versos se quedan solos…», que funcionan más bien, en mi opinión, como palabras preliminares.

[3] Prosa española recoge todos los poemas ya incluidos en Hoy por hoy (1966), libro formado por «Coplas de las aguas turbias», «Lo peor», «Loco con el mismo tema» y «Reconciliaciones». Por otra parte, en Razón de ser (1967) ya se había publicado la «Oración por los españoles sin España».

[4] Para más detalles remito a Carlos Mata Induráin, «Nosotros, la libertad y España en el poemario Prosa española (1977) de José Luis Tejada», en Ana-Sofía Pérez-Bustamante Mourier (ed.), José Luis Tejada (1927-1988): un poeta andaluz de la Generación del medio siglo, El Puerto de Santa María, Ayuntamiento de El Puerto de Santa María, 2000, pp. 169-180.

«La prisión», recreación cervantina de Santiago Posteguillo

En su reciente libro La noche en que Frankenstein leyó el Quijote. La vida secreta de los libros (porque los libros tienen otras vidas), Barcelona, Planeta, 2012, Santiago Posteguillo reúne 24 capítulos («relatos, o artículos, pues son textos que andan a caballo, o a pie, entre uno y otro género», p. 229) en los que se cuentan historias enigmáticas, anécdotas amenas y curiosidades varias relacionadas con escritores y libros de la literatura universal.

Cubierta de La noche en que Frankenstein leyo el Quijote, de Santiago Posteguillo

Pues bien, el quinto de tales episodios (pp. 45-52) se dedica a evocar la entrada y los primeros días de Cervantes en la cárcel de Sevilla en 1597. Tal como sucede en otros capítulos, la evocación del personaje se presenta en un relato que contiene diversas marcas ficcionalizadoras (narrador omnisciente en tercera persona, diálogos, ligeras descripciones del ambiente carcelario: el calor, las míseras estancias, los porteros y bastoneros, las mujerzuelas que entran cada noche para solaz de los prisioneros con dinero, etc.). El innominado protagonista (se le designa con sintagmas como «el reo recién llegado», «el preso», «el preso nuevo», «el reo nuevo», «nuestro preso»…) pide recado de escribir y, cuando le llega, dirige confiado una carta al rey, esperando una pronta respuesta. Pero los días pasan y la contestación real no llega, por lo que el preso solicita de nuevo que le traigan papel, pluma y tintero:

—¿Más cartas al rey? —le preguntó con sorna el preso viejo.

—No. El rey responderá. Hay que darle tiempo. Entretanto escribiré. Poca cosa más se puede hacer aquí.

El preso viejo se acercó y miró a aquel veterano de guerra que se afanaba en sostener bien el papel que le habían traído con un muñón que tenía por toda mano en el brazo izquierdo.

—Es herida de guerra, ¿cierto? —indagó el preso viejo con curiosidad infinita.

—De guerra es. Sí —dijo el preso nuevo sin levantar la mirada. El otro intentó discernir la escritura, pero apenas sabía leer y se volvió a su jergón.

El preso nuevo llevaba días con una idea en la cabeza, con una historia de esas de… novela. Tenía que distraerse o se volvería loco.

«En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme…», empezó con decisión, y con decisión siguió un par de horas. Hasta que se le acabó la tinta y el sol dejó de iluminar bien (pp. 51-52).

En la parte final de este capítulo en el que así se ha evocado el posible comienzo de la redacción del Quijote en la cárcel sevillana, se abandona el tono ficcional para dar paso a la voz reflexiva del autor, que aporta el siguiente comentario:

Ahora esa misma cárcel sevillana tiene una placa, justo en la esquina de la calle Sierpes con Francisco Bruna, que reza: «En el recinto de esta casa, antes cárcel real, estuvo preso (1597-1602) Miguel de Cervantes Saavedra, y aquí se engendró para asombro y delicia del mundo El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. La Real Academia Sevillana de las Buenas Letras acordó perpetuar este glorioso recuerdo, año de MCMLXV.» No me queda claro qué de «glorioso» tuvo aquel encierro para el bueno de Cervantes. He contado hoy día hasta más de veinte placas en honor a Cervantes por toda Sevilla. Y si contáramos todas las de España, no quiero ni pensarlo. Hasta tenemos un premio de las letras con su nombre y un instituto de promoción del español también. Sí, ahora sí, pero aquel 1597 lo metimos en la cárcel. Así somos (p. 52).