«El grito silencioso», un relato sanferminero de Jesús Carlos Gómez Martínez

Tres elementos claves en la producción literaria de Jesús Carlos Gómez Martínez son la fantasía, el humor y el tema sanferminero. Baste recordar, en este sentido, sus libros Sanfermines forever, publicado en 1995, o La historia secreta de los kilikis de Pamplona, del año 2001. En esta ocasión quiero comentar uno de sus relatos sanfermineros, «El grito silencioso», que el autor recogió en dos recopilaciones de sus cuentos: Actos de amor ingrato, recopilación de 1993 (el relato ocupa las pp. 11-16), y también en Capricho de faraones, de 1995 (aquí figura en las pp. 55-59).

«El grito silencioso», que va encabezado por una cita de Fenelón: «El verdadero valor consiste en prever todos los peligros y despreciarlos», fue Primer Premio Internacional «Ayuntamiento de Carreño» (Asturias, 1988). Se trata de un relato en tercera persona sobre Javier, experto corredor del encierro de Pamplona. Una gitana le ha vaticinado: «Estos sanfermines te va a matar un toro». A pesar del vaticinio, ha visto a un toro negro que le incita a correr. Presiente que algo no será igual en esa mañana. «Hoy, el miedo fracasará de nuevo» (p. 15). Al final, Javier cae ante el toro Facineroso y los gritos de la gente anuncian su muerte: «Su pensamiento último es para el grito más sentido, que nunca podrá oír» (p. 16), es decir, el de su madre, a la que ya no podrá telefonear para tranquilizarla, como hacía siempre al acabar la carrera.

Cogida en el encierro de San Fermín

La frase corta, impresionista, logra transmitir acertadamente la emoción y la tensión del encierro. El relato tiene también cierto tono de artículo periodístico.

La historia secreta de los kilikis de Pamplona, por Jesús Carlos Gómez Martínez

La historia secreta de los kilikis de Pamplona, de Jesús Carlos Gómez Martínez¿Qué se oculta en realidad detrás de las inmensas cabezotas de los kilikis de Pamplona?[1] Esto es lo que pretende contarnos Jesús Carlos Gómez Martínez en este libro: la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad acerca de la auténtica personalidad de Barbas, Patata, Napoleón, Verrugas, Coletas y Caravinagre. Quizá fue la idea de que la cara es el espejo del alma la que hizo sospechar al escritor que, debajo de esas máscaras, se ocultaban unos verdaderos desalmados. Y así, en seis breves pero ingeniosísimas semblanzas, nuestro amigo Jesús Carlos desenmascara por completo a tan malvados personajes, sacando a relucir todos los trapos sucios de sus vidas pasadas.

Tras una exhaustiva investigación de ocho años, puede al fin informarnos —a todos los lectores, pero en particular a los pamploneses; de hecho, continuamente se está dirigiendo a nosotros: «os debo prevenir…», «Yo te aconsejo…», «Cuídate mucho de…», «quizá te tranquilice saber…», «No has de olvidar…», «Como te imaginarás…», «Has de saber que…»— puede informarnos, decía, de que los kilikis han recalado en nuestra ciudad y desempeñan el noble empleo de escoltar a los gigantes precisamente para ocultar su vergonzante pasado de malhechores: Barbas habría sido un fabuloso espía, experto en mil disfraces, ardides y transformaciones; Patata, un habilísimo ladrón capaz de robar los tesoros mejor guardados y los más arcanos secretos; Napoleón, un inspector de homicidios en la peligrosa ciudad de Nueva York, de esos que se toman la justicia por su mano para limpiar las calles de escoria, al más puro estilo Charles Bronson; Verrugas, un abogado sin escrúpulos que nunca ha dudado a la hora de defender a los grandes capos de la Mafia siciliana; Coletas, un sanguinario pirata del mar Caribe; y Caravinagre, un inquietante gánster que no para de darle gusto al gatillo de su metralleta. En suma, una rica colección de rufianes, criminales, bribones y canallas. De verdaderos facinerosos. Unas auténticas joyas, vamos.

La fantasía y el humor recorren todas las páginas de este libro. El principal recurso literario es la hipérbole, la exageración desmesurada, grotesca y satírica en la presentación de las peripecias de sus vidas, en los detalles de sus correrías. Esta técnica narrativa (que los más cultos y eruditos, siempre dados a los latinajos, emparentarían tal vez con el concepto clásico de turpitudo et deformitas) encaja muy bien con el supuesto carácter de los personajes retratados. Y es que, bajo la aparente sencillez y el tono coloquial de la prosa de Jesús Carlos, se ocultan muchas horas de trabajo, de pulir con esmero el texto, de mimarlo frase a frase, palabra a palabra, actitud que revela una decidida voluntad de estilo.

JesusCarlosGomezMartinezFantasía, humor y tema sanferminero son ingredientes que ya aparecían en otras obras anteriores de este mismo autor. No es esta, en efecto, la primera incursión literaria de Jesús Carlos en el territorio de la fiesta pamplonesa por excelencia. No en balde ganó, en 1991, el Primer Premio Periodístico Internacional San Fermín por su trabajo «Yo, Fermín». Más tarde publicó Sanfermines forever (1995), libro formado por nueve semblanzas breves y un epílogo con acertadas evocaciones del chupinazo, el riau-riau, el encierro, las corridas, el ambiente de la calle, la figura de Hemingway y el pobre de mí, todo ello hilvanado por el tenue hilo de una trama amorosa. Uno de sus relatos, «El grito silencioso» (recogido en Actos de amor ingrato, recopilación de 1993, y también en Capricho de faraones, de 1995), nos cuenta la historia de Javier, un experto corredor del encierro al que una gitana le ha vaticinado: «Estos Sanfermines te va a matar un toro». En otra de sus narraciones, «Todos los caminos» (perteneciente a Actos de amor ingrato), nos recuerda que «El seis de julio, todos los caminos conducen a Pamplona».

Este nuevo libro de Jesús Carlos Gómez Martínez vuelve a ser, de alguna manera, de inspiración sanferminera. Él lo tiene muy claro: los kilikis se ocultan en Pamplona —en estado latente todo su potencial criminal— esperando la llegada de tiempos mejores que les permitan volver a sus andanzas y fechorías de antaño. Los kilikis, sin embargo, también nos dejan oír su voz y desmienten categóricamente, a través de una nota oficial, todas las acusaciones acumuladas en su contra. ¿A quién hemos de creer, al autor o a sus creaciones literarias? ¿Son fantasía o realidad estas vidas tan poco ejemplares de los kilikis de Pamplona? Caravinagre y sus compañeros, ¿son tan malos como nos los pinta Jesús Carlos o asistimos aquí a una venganza —literaria, of course— del miedo que de pequeño («Kiliki -ki, con el palo no, con la verga sí») le hicieron pasar? No sé, no lo tengo muy claro. Yo, por si acaso, estos Sanfermines procuraré contemplar a los kilikis desde una prudencial distancia…

ENLACE a la página web de Jesús Carlos Gómez Martínez:

http://jesuscarlosgomezmartinez.com/


[1] Reproduzco aquí, con algunos ligeros retoques, las palabras que escribí como «Presentación» para el libro de Jesús Carlos Gómez Martínez La historia secreta de los kilikis de Pamplona, Pamplona, Ediciones Fecit, 2001, pp. 7-9.

Siniestro Caravinagre, de Jesús Carlos Gómez Martínez

Este año, el kiliki Caravinagre de Pamplona se ha hecho universalmente famoso porque ha protagonizado el cartel de las fiestas de San Fermín, «que son en el mundo entero / unas fiestas sin igual». ¡Riau, riau!

Aquí tienen ustedes a Caravinagre en una foto correspondiente a estas fiestas del 2012, y podrán comprobar que ni siquiera tan honrosa distinción ha logrado dulcificar la expresión de su cara:

Por mi parte, he tenido el placer de prologar el nuevo libro del escritor navarro Jesús Carlos Gómez Martínez, Siniestro Caravinagre (Pamplona, Ediciones Eunate, 2012), una divertida novela en la que el autor nos desvela todos los delitos y maldades del odioso personaje que se oculta bajo la personalidad del tal kiliki.

Reproduzco a continuación ese prólogo, que en el libro se presenta bajo el título «Gómez Martínez versus Caravinagre»:

El despiadado enfrentamiento entre el autor de este libro, Jesús Carlos Gómez Martínez, y el famoso Caravinagre viene de tiempo atrás y, a tenor de esta nueva entrega literaria, su lucha va camino de convertirse en un combate con tintes épicos.

Todo se remonta al año 1997, cuando nuestro amigo Jesús Carlos nos puso sobre aviso. En una columna periodística calificó a este personaje de “plaga”, y atribuyó su rictus a su alimentación (rica en bombillas, clavos, tuercas y alfileres) y a sus antecedentes criminales y carcelarios.

Más tarde, en 2001, Jesús Carlos se atrevió a contarnos La verdadera historia de los kilikis de Pamplona. En ese libro, hoy agotado, a través de seis breves e ingeniosísimas semblanzas, nos revelaba la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad acerca, no solamente de Caravinagre, sino también de Barbas, Patata, Napoleón, Verrugas y Coletas, bajo cuyas deformes cabezotas se ocultan seis desalmados canallas.

De todos estos facinerosos, Caravinagre es, sin el menor asomo de duda, el más avieso y peligroso, un gánster sin escrúpulos, la auténtica bestia negra de Jesús Carlos, que ha dedicado las últimas décadas al cultivo de la literatura y, especialmente, a la investigación sobre la desbordante actividad criminal de este “kiliki”.

Con la publicación de Siniestro Caravinagre, Jesús Carlos Gómez Martínez nos demuestra que durante este tiempo ha seguido jugándose la vida en pos de la verdad y nos brinda pruebas irrefutables y testimonios únicos y sorprendentes que desenmascaran definitivamente al odioso Caravinagre y que convencerán a todos aquellos que todavía pudieran tener alguna duda sobre la auténtica personalidad de este sujeto.

Hoy Jesús Carlos nos ofrece de nuevo la cruda realidad, y con ello pone de relieve que nos hallamos ante un escritor comprometido, todo un héroe, sin duda; un escritor al servicio de la verdad, que no se arruga ante nada ni ante nadie, tampoco frente a Caravinagre, siempre rodeado de adláteres y sicarios de la peor ralea, que sigue dándole gusto al gatillo de su metralleta y haciendo correr ríos de sangre, y al que le molesta de veras (atención) que lo llamen “feo”.

En este nuevo libro, como en otros anteriores del autor, vuelven a enlazarse varios elementos claves en su producción literaria, a saber: la fantasía, la ironía, el suspense y —de manera indirecta, en esta ocasión— el tema sanferminero. Eso sí, la acción del relato no ocurre solo en Pamplona; sucede también en el Nueva York de 1927 —en plena «ley seca»—, donde «el asesino de la micción», nuestro Caravinagre, impone su ley.

El humor está muy presente a lo largo del libro, en la propia concepción hiperbólica y grotesca de los personajes y de la acción, en los disparatados sucesos que se nos presentan (por ejemplo, los gánsters que se entretienen jugando al parchís y con otras diversiones infantiles), y también por medio de algunos guiños navarrizantes (así, el camión que transporta rabos de boinas en plena ciudad de Nueva York) o, en el plano estilístico, a través de juegos de palabras consistentes en la deformación de frases hechas.

Gómez Martínez tiene algunas otras novelas ya escritas, también comprometidas, que pronto verán la luz. Eso, claro, si no le alcanza antes la venganza de Caravinagre. Porque, a día de hoy, nuestro amigo Jesús Carlos sigue siendo un escritor perseguido; un escritor que investiga, narra y huye. Con su enemigo al acecho, no le queda otro remedio…