Navarro Villoslada critica en La prensa libre[1]los ataques personales que se hacían desde las columnas de los periódicos; así, pone en boca de Pilar estas palabras: «Tan fácil como hablar / se va haciendo el imprimir, / y por sólo hacer reír / se acostumbra a calumniar» (p. 157). Luego ella será objeto de calumnias, al sugerirse desde El Tornasol que Félix es su amante; entonces le dirá su esposo: «… pero la infamia detrás / de la calumnia se asienta, / y si calumnia la imprenta / no se separan jamás»; cualquier rumor es dado como noticia cierta, pero resulta difícil acusar a los calumniadores: «Un “se dice” por broquel / basta al escritor infame / para que impune derrame / su ponzoña en un papel» (p. 176). También constata Fabián el poder de la prensa, aunque puede ceder a la amenaza o al soborno: «… que tiene / la prensa voz de huracán, / y sólo con un rugido / puede al orbe amedrentar; / pero esa voz enmudece / al reflejo del puñal, / o en céfiro lisonjero / la torna el oro quizá» (pp. 181-182).
Además, reaparece en esta obra la preocupación —casi obsesión— de Navarro Villoslada por el tema de la guerra civil, todavía no lejana en el tiempo, recordada en una de las réplicas del Barón:
¿Y qué pensáis cuando hermanos contra hermanos blandís sangriento puñal, por una vana quimera, por un nombre nada más; cuando en pólvora, en espadas consumís vuestro caudal, y campos de rubia mies negros páramos tornáis, y escombros los edificios noble orgullo de otra edad; cuando al eco del cañón despavoridas se van de un suelo ingrato las ciencias y las artes, qué pensáis sino que juguetes sois de alguna nación rival? (p. 200).
Por último, destacaré un rasgo presente en la mayoría de las obras de Navarro Villoslada: el humor. Aquí se manifiesta, en primer lugar, con la presencia de Ambrosio, personaje caracterizado por su habla entre gallega y asturiana, y de Mónica, la habladora mujer de don Ramón: «cien loros / no charlan más» (p. 128). Humorística es la escena en la que Ramón va dictando un artículo político a Félix, quien, en lugar de copiarlo, se dedica a escribir unos versos a su «Divina Elisa». Provocan la risa las continuas apariciones del regente de la imprenta, siempre para pedir, con las mismas palabras: «Original, don Ramón»; cuando aparece Rafael con su artículo, Ramón trata de disimular, haciendo ver que le sobran colaboraciones y que intentará hacerle un hueco, por tratarse de un amigo. Pero la llegada del regente le pone en un compromiso; nótese el efecto humorístico de las rimas truncas y agudas:
REGENTE.- Señor director, están los cajistas ya que trin…
RAMÓN.- (Tapándole la boca para no dejarle hablar.) Tome usted. (Le da el artículo.)
REGENTE.- ¿Esto hay al fin? ¿qué es esto?
RAMÓN.- Lo que le dan.
REGENTE.- Cree usted que habrá bastan…
RAMÓN.- (Cerrándole la boca otra vez.) (¡Eh!, no sea preguntón.) Sin cercenarle un renglón ha de salir, ¡voto a quien!…
Graciosa es también la respuesta de Ramón cuando Rafael se extraña de que vaya a marcharse tan tranquilo a un baile después de haberle descubierto tan grave crisis: «En el baile / veré a las gentes de pro; / y les aviso, y… ¿quién sabe? / mientras bailo un rigodón / con la mujer del ministro / destruyo todo el complot» (p. 144). O la llegada, en fin, de Serapio y Silvestre, que vienen hablando de la inminencia del golpe, aunque para uno se trata de una intentona revolucionaria («Es un golpe democrático. / República, sí señor…») y para otro reaccionaria («Un gobierno de Turquía / con frailes, Inquisición»; cfr. p. 146)[3].
[1]La prensa libre, comedia original, en tres actos y en verso, Madrid, Repullés, 1844. Hay otras ediciones; citaré por la de Obras completas, III, Pamplona, Mintzoa, 1992, pp. 121-208.
[2] La última réplica del regente apunta, por supuesto, a que el artículo de Rafael les ha salvado el número del día siguiente; Ramón, para disimular, entiende que se refiere al hecho de que la conspiración ha sido descubierta por Rafael, lo que supone la salvación de la patria.
[3] Para más detalles remito a mi monografía: Carlos Mata Induráin, Francisco Navarro Villoslada (1818-1895) y sus novelas históricas, Pamplona, Gobierno de Navarra (Dpto. de Educación, Cultura, Deporte y Juventud-Institución Príncipe de Viana), 1995.
Veamos cuál es el argumento de La prensa libre[1]. La comedia se abre con una escena en la redacción de El Tornasol; Ramón Tenorio está preocupado por la situación de su periódico: falta original para que pueda salir el número del día siguiente y los redactores protestan para que se les paguen los atrasos. Ramón es diputado y quiere llegar a ser ministro, y para ello vierte en las páginas de su periódico encendidos elogios de su persona y de sus discursos parlamentarios; no le parece empresa difícil, ya que el país cambia con frecuencia de ministros: «la patria / los muda cada domingo / como camisas» (p. 130). Se trata de un personaje sin escrúpulos que quiere acceder al poder para su provecho personal: cuando un amigo le explica que no durará ni diez días al frente del ministerio, Ramón comenta que de los diez le sobran cinco para cumplir su propósito, esto es, para enriquecerse en el disfrute de su privilegiada posición. El antagonista de Ramón es Rafael de Castilla, un buen escritor y diputado honrado; es consciente de la mala situación en que se halla el país:
El Estado se va a pique si no le buscamos puerto. Los sordos rumores vagos de que hemos hecho mención en el congreso ya son cuando no golpes, amagos (p. 139).
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En efecto, Rafael ha descubierto una conspiración inspirada, lo que es más grave, por algunos miembros del Gobierno, y en la que intervienen también agentes extranjeros. Su opinión es que solo la prensa —una prensa libre— puede salvar al país denunciando esta situación anómala:
Siguiendo su curso la conspiración, revienta dentro de poco, y la imprenta es nuestro solo recurso. La imprenta, que en torpes manos es un puñal asesino, es el paladión divino de los libres ciudadanos. Por más que en sueño profundo la nación duerma indolente, su voz de trueno es potente para despertar al mundo.
Rafael pone a Ramón al corriente de estos sucesos, y le entrega un artículo suyo en el que denuncia la trama de la conspiración para que lo publique en El Tornasol. Sin embargo, Fabián, uno de los ministros conspiradores, promete a Ramón hacerle ministro de Hacienda si le entrega el comprometedor artículo; Ramón, por supuesto, acepta. Rafael descubrirá con asombro que su artículo no ha salido. Él está enamorado de Elisa, la hija de Fabián, pero se muestra dispuesto a sacrificar su amor al deber patriótico que le obliga a denunciar al padre de su amada: «A mil vidas te prefiero, / ángel inocente y puro; / pero la patria es primero» (p. 166). Por el diálogo de los dos jóvenes nos enteramos de que ha fallecido la madre de Rafael, que enfermó gravemente al leer en un periódico enemigo que su hijo había muerto en un desafío: «Mató a mi madre la prensa, / y de la patria en defensa / escribo sobre su tumba» (p. 166). Fabián hará detener a Rafael, aunque este ha conseguido ya hacer llegar su artículo a la prensa. El ministro muestra a Ramón la conveniencia de que El Tornasol se incline a sus ideas: «Con cierta mesura y tino / cambiando irá de matiz»; a lo que responde Ramón: «En esto será feliz; / lo suele hacer de continuo» (p. 168; el propio nombre del periódico sugiere que es tornadizo). La acción se complica porque, en lugar del artículo de Rafael, han aparecido en el periódico unos versos de Félix, que se refieren a Elisa, de la que está enamorado, pero con una nota que compromete a Pilar, la mujer del ministro Fabián.
Mientras tanto, el Barón —un extranjero que toma parte en la conspiración— propone a Fabián que conceda la mano de su hija a Rafael a cambio de que no publique el artículo, pero Fabián rechaza indignado esta propuesta. Además, es ya tarde, porque circula en forma de pliego. El Barón, que juega a dos bandas, no se muestra en absoluto dispuesto a dar la cara ahora que las cosas se complican, y Fabián reconoce que ha sido un juguete en sus manos. Félix decide batirse con Ramón por haber publicado, junto a los versos, una nota que daba a entender que él era amante de Pilar; el propietario de El Tornasol se muestra cobarde y hace todo lo posible para evitar el duelo; por último, el desafío se resuelve sin mayores consecuencias para los dos. Al final se aclara que Félix es en realidad hijo de Pilar y el Barón extranjero. Una muchedumbre, exaltada por la lectura del artículo, asalta la casa del ministro Fabián, pero Rafael acude a salvar al padre de su amada (se señala que él fue también el desconocido que le salvó la noche anterior al ser asaltado por varias personas en la calle; cfr. pp. 158-159): «No temáis: / yo les diré que la imprenta, / si contra el error fulmina, / debe salvar al que yerra» (p. 206); entonces pronuncia este alegato final:
Hoy calumniando pérfida la imprenta el honor de esa gente despedaza: hoy la prensa también noble se ostenta, y hunde el loco poder que os amenaza. Si noble la queréis, no se ensangrienta…, si pérfida… ponedla una mordaza antes que mancillar con lodo inmundo la fuente del saber, el sol del mundo. […] Mientras el pueblo cuente con un eco en la prensa decidido, no tema, no, la vencedora frente reclinar en el seno del vencido; es la prensa ilustrada, omnipotente, y despertarle debe. ¡Paz y olvido! (p. 208).
Inmediatamente, el pueblo arroja las armas y Rafael exclama: «¿Lo veis? Jamás en vano / se apela al corazón del pueblo hispano». La comedia, por tanto, acaba bien: todos los obstáculos se han eliminado y Rafael y Elisa pueden casarse[2].
[1]La prensa libre, comedia original, en tres actos y en verso, Madrid, Repullés, 1844. Hay otras ediciones; citaré por la de Obras completas, III, Pamplona, Mintzoa, 1992, pp. 121-208.
[2] Para más detalles remito a mi monografía: Carlos Mata Induráin, Francisco Navarro Villoslada (1818-1895) y sus novelas históricas, Pamplona, Gobierno de Navarra (Dpto. de Educación, Cultura, Deporte y Juventud-Institución Príncipe de Viana), 1995.
Esta comedia en verso (aunque escrita originariamente en prosa) se estrenó el 25 de febrero de 1844 en el Teatro de la Cruz y se publicó ese mismo año[1]. Los principales papeles estuvieron representados por las señoras Lamadrid (doña Bárbara), Tavela y Sampelayo y los señores Lombía, López, Alverá, Caltañazor (don Vicente), Aznar y Torroba[2]. Antes de su representación, el Diario de Avisos anunciaba la novedad del tema:
La prensa libre, comedia de costumbres políticas de don Francisco Navarro Villoslada. Esta obra, la primera que su autor ofrece al público, es a la vez la primera que con un pensamiento de alta política social se presenta en la escena española: este pensamiento es el de la libertad de imprenta, reconocido como vital en los gobiernos representativos, y en cuya aplicación apenas hay dos publicistas que estén de acuerdo. El autor deja la solución al buen criterio del público[3].
En efecto, como anuncia el título de la comedia, se aboga en ella por la independencia total de la prensa, por una «prensa libre» de todo tipo de interferencias políticas, que no ceda a las censuras o intentos de soborno de los políticos y hombres influyentes del país, en lo que parece una profecía de la actitud que el autor mantendrá después, especialmente como fundador y director de El Pensamiento Español[4]. Corella afirma que a Navarro Villoslada le resultó difícil llevarla a escena y que para ello hubo de introducir diversas modificaciones en el texto[5]; ciertamente, por el tema que abordaba, la obra se podía prestar a la polémica, de ahí que en la edición de la comedia figurase al final del texto la siguiente nota aclaratoria:
Hace año y medio que tuve el gusto de leer esta comedia, escrita en prosa, a varios amigos, y entre ellos a los señores Hartzenbusch, Diana y Villergas; después de versificada, ha pasado por el tamiz de dos lecturas hechas en el Teatro de la Cruz, y las numerosas e ilustradas personas que concurrieron a entrambas convinieron unánimemente en que no se hería la susceptibilidad de ningún partido político ni de persona determinada. Esta fue también la opinión del censor de teatros quien, sin embargo, juzgó necesaria la autorización del Sr. jefe político de la provincia, atendido el estado excepcional en que esta se encuentra, para la representación de la comedia. El Sr. Benavides, en medio de las graves ocupaciones consiguientes al ejercicio de su autoridad, tuvo la bondad de leer la obra en el más breve tiempo posible, y sin exigir que se alterase una sola palabra, concedió el permiso que se solicitaba. Todos estos antecedentes, todos estos trámites, me confirman en la creencia de que La Prensa libre ni es obra de circunstancias, ni menos obra de partido: es hija de un corazón español y nada más que español, cuyos sentimientos más de una vez rebosaron en amargas y dulces lágrimas al escribirla.
Sirvan estas líneas de contestación a las anticipadas prevenciones de algún periódico de esta corte. Madrid, 22 de febrero[6].
Desde otro punto de vista, contamos con la reseña de la comedia que hizo Enrique Gil y Carrasco; en ella le reprocha fundamentalmente la elección de un tema demasiado vago, aunque reconoce que está escrita con esmero, especialmente si se tiene en cuenta que se trata de la primera obra estrenada por su autor. Dada la escasez de noticias sobre la actividad dramática de Navarro Villoslada, me parece interesante copiarla entera:
En el Teatro de la Cruz se ha representado la comedia con el título de La Prensa libre, original del señor Navarro Villoslada, ingenio también novel. Con grandes dificultades tendría que luchar quien quisiese encerrar en los estrechos límites del teatro una cuestión de suyo abstracta, por un lado, y por otro, de tan colosales dimensiones, que apenas cabe en los modernos ámbitos de la sociedad. Forzoso era, pues, tratarla de una manera parcial e incompleta, bosquejando sus rasgos más notables y rebajándola, por consiguiente, de su natural importancia, por felices atisbos que se supusieran en el autor. Esto es lo que el señor Navarro Villoslada se ha visto obligado a hacer; pero como el manejo de tan diversos elementos exigía una maestría que solo la experiencia puede dar, ha venido a suceder que el autor, embarazado con ellos, más los ha confundido que ordenado, resultando de aquí embrollo en la acción, incertidumbre en los caracteres, falta de profundidad en la intención y debilidad en el conjunto. El deber del crítico, no muy agradable de suyo, sería de todo punto insoportable si en los primeros pasos del ingenio hubiese de cerrarle el camino con importuna severidad; pero la verdad, siempre preciosa, aunque no pocas veces amarga, en ninguna época es más necesaria que al principio de una carrera. Si al señor Navarro Villoslada le parece cuerdo nuestro parecer, le aconsejamos mejor elección en los asuntos que, pues el teatro se entiende con la imaginación y con el sentimiento antes que con el entendimiento, cuestiones tan complejas y dudosas mal pueden avenirse con su índole, y tanto más eficazmente se lo recomendamos cuanto que, a juzgar por la impresión que la representación dejó en nosotros, su comedia está escrita con esmero y descubre laudable aplicación.
Gil y Carrasco termina con una breve nota acerca de la puesta en escena: «La ejecución, aunque no de gran empeño, adoleció de la desigualdad que en este teatro menoscaba más de una vez el buen efecto de sus representaciones»[7].
[1]La prensa libre, comedia original, en tres actos y en verso, Madrid, Repullés, 1844. Hay otras ediciones; citaré por la de Obras completas, III, Pamplona, Mintzoa, 1992, pp. 121-208.
[2] Completaban el reparto los señores Fernández, Spontoni, Carceller, Rada, Caltañazor (don H.) y Flores.
[3]Diario de Avisos, 11 de febrero de 1844; apud Veinticuatro diarios (Madrid, 1830-1900). Artículos y noticias de escritores españoles del siglo XIX, Madrid, CSIC (Instituto Miguel de Cervantes), 1973, vol. III, entrada núm. 7643.
[4] José Simón Díaz, «Vida y obras de Francisco Navarro Villoslada», Revista de Bibliografía Nacional, VII, 1946, p. 175, comenta con acierto que la obra «demuestra ya un gran conocimiento de las interioridades de la vida periodística, y a pesar de la nota final, que advierte cómo la obra se leyó primeramente a Hartzenbusch, Martínez Villergas, Diana y otros, y pasó luego por diferentes censores para probar que no contenía alusiones personales ni partidistas, si desconociésemos su fecha […], no vacilaríamos en querer reconocer en los empleados que no cobran y el ambiente que les rodea, un fiel reflejo de la redacción de El Español, muy parecida a la de casi todos los periódicos de la época».
[5] «La Prensa libre, obra en la que Villoslada denuncia el partidismo informativo, la tendenciosidad de orientación e incluso la propia censura, tuvo serias dificultades para ser estrenada. Se vio obligado a efectuar varias alteraciones, enmiendas y rectificaciones» (José María Corella, «Navarro Villoslada, autor dramático», Pregón, año XXVI, núm. 97, otoño de 1968). Añade que el día de su estreno «se organizó una agria polémica entre los componentes de varios partidos políticos», extremo este que no encuentro confirmado en ningún otro sitio.
[6] La edición en Obras completas no reproduce estas líneas, ni la indicación de lugar («La escena es en Madrid, año de mil ochocientos y tantos»), ni otra nota sobre la propiedad: «Esta comedia, que pertenece a la Galería Dramática, es propiedad del editor de los teatros moderno, antiguo español y extranjero, quien perseguirá ante la ley al que la reimprima o represente en algún teatro del reino sin recibir para ello su autorización, según previene la Real Orden inserta en la Gaceta de 8 de mayo de 1837, y la de 16 de abril de 1839, relativas a la propiedad de las obras dramáticas». En unas anotaciones biográficas del mes de enero de 1844 escribe Navarro Villoslada: «Leí el drama La Imprenta en casa de Lombía y fue admitido por la empresa»; y después: «Febrero 25. Se representó por primera vez en el Teatro de la Cruz mi comedia La Prensa libre, que es la misma de La Imprenta; se aplaudió muchas veces y fui llamado a la escena. Está ajustada con don Juan Lombía en 3.000 reales».
[7] Enrique Gil y Carrasco, Revista de la Quincena, IX, 1 de marzo de 1844. Crítica recogida en las Obras completas de don Enrique Gil y Carrasco, II, Madrid, Atlas, 1954 (BAE, núm. 74), p. 599. En opinión de Corella, es «una de sus producciones más mediocres en cuanto a técnica y carpintería se refiere». Para más detalles remito a mi monografía: Carlos Mata Induráin, Francisco Navarro Villoslada (1818-1895) y sus novelas históricas, Pamplona, Gobierno de Navarra (Dpto. de Educación, Cultura, Deporte y Juventud-Institución Príncipe de Viana), 1995.
Francisco Navarro Villoslada[1] empleó su pluma igualmente en el teatro, en la poesía y en el artículo de costumbres. Forman su producción dramáticaLa prensa libre (1844), comedia en verso en la que se aboga por la independencia de los periódicos; Los encantos de la voz (1844), intrascendente comedia de enredo, en un acto y en prosa, escrita en colaboración con Manuel Juan Diana; Echarse en brazos de Dios (1855), drama histórico en verso, que retoma algunos episodios de la novela Doña Blanca de Navarra; y la zarzuela de tema vascongado La dama del rey (1855), con música de Emilio Arrieta, que se estrenó sin demasiado éxito.
Como poeta nos legó un ensayo épico titulado Luchana (1840), sobre el tercer asedio de Bilbao por los carlistas en 1836. También escribió, desde sus años juveniles, numerosas composiciones poéticas, en las que predominan los temas de contenido moral y religioso (destacan «A la Virgen del Perpetuo Socorro», «A Pío IX», «Meditación», «Las ermitas», el madrigal «Fuente brota en mi valle…» y el villancico «Al Niño donoso…», de graciosa sencillez).
En su faceta de autor costumbrista, dejó escrito «El canónigo» (1843), recogido en Los españoles pintados por sí mismos, «El arriero» (1846) y «La mujer de Navarra» (1873), bella estampa del carácter de las mujeres montañesas y ribereñas.
[1] Para este autor ver Carlos Mata Induráin, Francisco Navarro Villoslada (1818-1895) y sus novelas históricas, Pamplona, Gobierno de Navarra (Dpto. de Educación, Cultura, Deporte y Juventud-Institución Príncipe de Viana), 1995; «Francisco Navarro Villoslada (1818-1895). Político, periodista, literato», Príncipe de Viana, Anejo 17, 1996, pp. 259-267; y «Navarro Villoslada, periodista. Una aproximación», Príncipe de Viana, año LX, núm. 217, mayo-agosto de 1999, pp. 597-619. Y para su contexto literario remito a Carlos Mata Induráin, «Estructuras y técnicas narrativas de la novela histórica romántica española (1830-1870)», en Kurt Spang, Ignacio Arellano y Carlos Mata (eds.), La novela histórica. Teoría y comentarios, Pamplona, Eunsa, 1995, pp. 145-198; 2.ª ed., Pamplona, Eunsa, 1998, pp. 113-151.