Es Viernes Santo. El Verbo, que se había humanado para habitar entre nosotros, muere —y muere una muerte de cruz, que en la antigua Roma era considerada la forma más infamante de ejecución, reservada para esclavos, rebeldes y enemigos del Estado que no fueran ciudadanos romanos— para, con su sangre redentora, ser la Salvación del mundo. Ese momento de la muerte de Jesús lo evoca este emotivo soneto —uno más— de Julio Mariscal Montes (Arcos de la Frontera, Cádiz, 1922-Jerez de la Frontera, Cádiz, 1977), que toma como motivo las últimas palabras de Cristo según Juan, 19, 30.
Ya nunca más. El viento, solo juega
a rebuscar la vida por su frente,
mientras el mundo flota sin simiente
y la tarde sin flores se doblega.Ya nunca. Nunca. El corazón se entrega:
Amor… Piedad… Señor. ¿Cómo se siente
¿Cómo, Señor, se doma la corriente
de esta sangre podrida y andariega?Cristo está aquí clavado, remachado
a salivazo limpio[1] por la oscura
cerrazón de la noche en agonía.Cristo con una rosa en el costado[2]
y la Última Palabra[3], seca y dura,
colgándole del labio todavía[4].
[1] a salivazo limpio: aunque el sentido de la expresión no es aquí literal, sino metafórico, evoca las burlas de los soldados romanos en el Pretorio de Jerusalén. Cfr. Mateo, 26, 67-28: «Entonces le escupieron en el rostro, y le dieron de puñetazos, y otros le abofeteaban, diciendo: “Profetízanos, Cristo, quién es el que te golpeó”».
[2] una rosa en el costado: a su vez, esta metáfora anticipa la próxima herida de la lanza del centurión romano, identificado con Longinos (o Longino) de Cesarea, para asegurar la muerte del crucificado: «Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua» (Juan, 19, 34)..
[3] la Última Palabra: las Siete Palabras de Jesús en la cruz son frases pronunciadas durante su crucifixión, recogidas en los evangelios y que resumen su mensaje de salvación, amor y entrega. La sexta de esas palabras, en la versión latina de la Vulgata, es el «Consummatum est» que da título al poema y que significa ʻestá consumadoʼ, ʻtodo está cumplidoʼ o ʻse ha terminadoʼ: «Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: “Consumado es”. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu» (Juan, 19, 30). En Lucas, 23, 46 la frase equivalente (Séptima Palabra), dicha a la hora novena (tres de la tarde), justo antes de expirar, es «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu».
[4] Cito por Poesía española contemporánea. Antología (1939-1964). Poesía religiosa, selección, prólogo y notas de Leopoldo de Luis, Madrid / Barcelona, Alfaguara, 1969, pp. 363-364.


