Poesía de Navidad: el «Villancico de las estrellas altas», de Luis Rosales

«María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón»
(Lucas, 2, 19)

Para este día de Año Nuevo, solemnidad de Santa María, Madre de Dios, quiero recuperar el bello y sentido «Villancico de las estrellas altas», de Luis Rosales[1], perteneciente a su Retablo sacro del Nacimiento del Señor (no figura en la edición original de Madrid, Escorial, 1940, pero se incorpora en la segunda edición, corregida y aumentada, Madrid, Editorial Universitaria Europea, 1964).

San José con el Niño en brazos mientras la Virgen descansa acostada

Se trata de un romancillo (versos hexasílabos, por tanto) con rima á a del que cabe destacar su estructura circular y su alegre musicalidad, ligereza y gracia:

La Virgen María
se siente cansada;
San José la acuesta;
la Virgen descansa.

La techumbre rota;
las estrellas altas;
leguas, muchas leguas
llevan caminadas.

La Virgen María
está soleada
por dentro, su sangre
se convierte en savia,

su cuerpo florece
igual que una vara
de nardos o un ramo
de celindas blancas[2].

El niño ha nacido
como nace el alba;
los ojos con risa,
la boca con lágrimas.

En el aire nieve;
en la nieve alas
y el viento que bate
puertas y ventanas.

La Virgen no tiene
rebozo[3] ni manta;
San José la mira,
se quema mirándola.

Entre la penumbra,
pidiendo posada,
la carne del niño
desnuda se halla.

La nieve que cae,
pues del cielo baja,
va formando techo
para cobijarla.

La Virgen María
se siente cansada;
cuando mira al niño
la Virgen descansa[4].


[1] Este poema ya había aparecido en el blog, si bien en una entrada genérica titulada «La Navidad en las letras españolas: el siglo XX (y 3)», de forma que su presencia podía pasar más desapercibida. Creo que, por su calidad, bien merece destacarlo con entrada propia. Por lo demás, en el blog pueden leerse también otros poemas navideños de Luis Rosales como los titulados «De cómo fue gozoso el Nacimiento de Dios Nuestro Señor», «De cómo al contemplar por vez primera los ojos de su hijo, nació una estrella nueva», «De cuán graciosa y apacible era la belleza de la Virgen Nuestra Señora», «De cómo estaba la luz ensimismada en su Creador cuando los hombres le adoraron», «Donde se cuenta que en el Portal, humilde, le adoraron los Reyes» y «Villancico de la falta de fe».

[2] nardos … celindas blancas: el color blanco de ambas flores simboliza la pureza de la Virgen María.

[3] rebozo: «Parte de la capa, el manto y otras prendas de vestir que permite cubrirse la cara» (DRAE).

[4] Luis Rosales, Retablo sacro del Nacimiento del Señor, 2.ª edición, corregida y aumentada, Madrid, Editorial Universitaria Europea, 1964, pp. 26-27, donde es el poema número 2. En la edición de las Obras completas, donde el libro se recoge con el título de Retablo de Navidad, es el poema número 3 (aquí el verso 12 acaba con punto y coma en vez de con coma). Ver Luis Rosales, Obras completas, vol. I, Poesía, Madrid, Trotta, 1996, pp. 218-219. Mantengo la distribución de los versos del romancillo agrupados de cuatro en cuatro y la palabra niño en minúscula.

La Navidad en las letras españolas: el siglo XX (y 3)

A la pluma conjunta de Antonio Murciano y Carlos Murciano se debe la «Canción de la primera madrugada», en la que el tema navideño no es explícito, aunque se adivina fácilmente (la voz lírica es la de la Virgen, y el Niño es flor y, sobre todo, Amor):

Anoche, con la nevada,
de mi tallo brotó la flor.
Anoche, con la nevada.

La nieve sobre el alcor
y el céfiro en la llanada.
Que hasta el ave en la enramada
tuvo cobijo mejor.

Que yo le di mi calor
y mi pecho por almohada,
anoche, con la nevada…
La primera madrugada
del Amor.

Árbol de Navidad de nieve

De Luis Rosales quiero traer a este panorama su «Villancico de las estrellas altas», romancillo (versos de seis sílabas) del que cabe destacar su estructura circular y su alegre musicalidad, ligereza y gracia:

La Virgen María
se siente cansada;
San José la acuesta;
la Virgen descansa.
La techumbre rota;
las estrellas altas;
leguas, muchas leguas
llevan caminadas.
La Virgen María
está soleada
por dentro, su sangre
se convierte en savia,
su cuerpo florece
igual que una vara
de nardos o un ramo
de celindas blancas.
El Niño ha nacido
como nace el alba:
los ojos con risa,
la boca con lágrimas.
En el aire nieve;
en la nieve alas
y el viento que bate
puertas y ventanas.
La Virgen no tiene
rebozo ni manta;
San José la mira,
se quema mirándola.
Entre la penumbra,
pidiendo posada,
la carne del Niño
desnuda se halla.
La nieve que cae,
pues del cielo baja,
va formando techo
para cobijarla.
La Virgen María
se siente cansada;
cuando mira al Niño
la Virgen descansa.

La lista de autores y textos podría ampliarse fácilmente; pero pongo aquí punto final a este somero recorrido por la Navidad en las letras españolas[1], para pasar —en próximas entradas— a los escritores navarros, que también han tratado con frecuencia este bello tema poético en sus obras literarias.


[1] Para más autores, cabe remitir a distintas antologías de poesía religiosa española, donde se hallarán textos antiguos y modernos; por ejemplo, Antología de poesía sacra española, selección y prólogo de Ángel Valbuena Prat, Barcelona, Apolo, 1940; Gerardo Diego, La Navidad en la poesía española, Madrid, Ateneo, 1952; La Navidad en la literatura nacional del siglo XII al XX, selección, prólogo y notas bio-críticas de José Sanz y Díaz, Barcelona, Ediciones Patria, 1941; Torcuato Luca de Tena, La mejor poesía cristiana, Barcelona, Martínez Roca, 1999; Antonio Ortiz Muñoz, La Navidad en el mundo, Madrid, Siler, 1957; José María Pemán y Miguel Herrero (eds.), Suma poética: amplia colección de la poesía religiosa española, Madrid, Editorial Católica, 1944; Poesía religiosa española, selección, estudio y notas por Lázaro Montero, 3.ª ed., Zaragoza, Ebro, 1969; José Sanz y Díaz, La Navidad en España, 2.ª ed., Madrid, Publicaciones Españolas, 1956; Roque Esteban Scarpa, Voz celestial de España: poesía religiosa, Santiago de Chile, Zig-Zag, 1944, etc.