Vaya para este Lunes Santo otro bello soneto de Julio Mariscal Montes (Arcos de la Frontera, Cádiz, 1922-Jerez de la Frontera, Cádiz, 1977), dedicado a Simón de Cirene, el Cireneo (o el Cirineo), una persona que «venía del campo» y, según los evangelios (Mateo, 27, 32-33; Marcos, 15, 21-22 y Lucas, 23, 26-27), fue obligado a ayudar a Jesús a cargar con la cruz hasta el Gólgota.
La artesa y el olivo; el hormiguero
de afanes por la yunta o el verano…
Desde su amanecer ya era mi mano
justa para abrazar este madero.Me equivocó la brisa de sendero,
que iba a los surcos y me trajo al grano;
me equivocaba este pujar en vano
hacia un terrible y último tempero.Pero rugió la plebe: «Este que viene
cumplido de pujanza…». La mirada
del Hombre se hizo estrella: amanecía.Jesús, de Nazaret. Yo, de Cirene.
Luna y sombra cumpliendo una jornada
que ya iba a repetirse cada día[1].
[1] Cito por Poesía española contemporánea. Antología (1939-1964). Poesía religiosa, selección, prólogo y notas de Leopoldo de Luis, Madrid / Barcelona, Alfaguara, 1969, p. 363.
