Elementos fantásticos y maravillosos en las «Noches de invierno» (1609) de Antonio de Eslava (4)

En las Noches de invierno[1]encontramos también algunos lugares de la maravilla, muchos de ellos relacionados con el agua, y traídos a colación a propósito de la mención, en la historia segunda que cuenta Leonardo, de la Fuente del Desengaño (pp. 75-77)[2]. Las aguas de esta fuente, que se encuentra en la provincia de Siria, cerca de la ciudad de Palmerina, tienen la propiedad de retratar la imagen de la persona amada. A la conclusión del relato, Fabricio pregunta a Leonardo si es natural que exista una fuente con tales efectos, a lo que este responde:

Leonardo.– Hay tantas cosas naturales y de tanto secreto en este mundo, que los que más escudriñaron la razón natural dellas, como fue el divino Platón, y el sutilísimo Aristóteles, y el sapientísimo Anaxágoras, y el cosmógrafo Ptolomeo, y otros muchos filósofos, no pudieron, con la mucha capacidad de sus entendimientos, alcanzar la razón de la naturaleza dellas. Mas, porque no me neguéis la respuesta a mis preguntas, diré lo que siente mi corto entendimiento, y hallo que es la causa que la clara y sutil agua desa fuente debe pasar por algún extraño minero y dél reciba tal virtud que, comunicada aquélla al agua, sea suficiente y actual a representar lo que en la cogitativa del que se mira en ella está impreso, de manera que con su fuerza engañe a la vista y le parezca que vee la cosa amada, porque una vehemente imaginación imprime en la cogitativa una idea de la cosa imaginada (p. 91).

Narciso, de Caravaggio
Narciso, de Caravaggio

Y luego se mencionan otros casos llamativos similares: la fuente que hay en Cerdeña que deja ciegos a los ladrones; otra fuente en la que el ganado blanco que en ella bebe se vuelve negro; otra fuente que muestra claras sus aguas si el que se acerca a ella lo hace quedo y revueltas si viene haciendo ruido; otra fuente de Verona cuya agua convierte en piedra pómez todo lo que toca, y el admirable caso de la mujer que estuvo veintiún años embarazada para parir al final un niño convertido en piedra… Citaré lo relativo a este último caso, que parece ser añadido original de Eslava[3]:

Fabricio.– Y de todas las cosas que he leído y visto, la que más me admira es una fuente que está diez y seis leguas de París, en una aldea llamada Verona, que el agua es de muy lindo color y no tiene sabor ninguno, y, echada en una taza, se reduce en forma redonda, como gota que cae en mantel, y convierte en piedra pómez todas las cosas que coge; y esta fuente es copiosísima, tanto que muele un molino, y por la virtud que tiene engendra tantas piedras que se apegan a la rueda del molino y continuamente se las han de ir quitando si ha de moler. Y está tomado por testimonio que una mujer desta aldea estuvo preñada veinte y un años, porque el niño que había concebido se había convertido en piedra pómez, porque esta mujer siempre bebía desta agua; y murió desto el año mil y quinientos y ochenta y dos, y le sacaron la criatura tan dura y empedernida que con segur no se dejaba cortar; tanta es la virtud mineral de las cosas y portentos de naturaleza (p. 77)[4].


[1] Existen varias ediciones modernas de las Noches de invierno: la de Julia Barella Vigal (Pamplona, Gobierno de Navarra, 1986), por la que citaré; otra edición de Carlos Mata Induráin (Pamplona, Fundación Diario de Navarra, 2003); una nueva edición de Julia Barella Vigal (Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2013); en fin, una edición electrónica de Enrique Suárez Figaredo, en Lemir, 24, 2020 – Textos, pp. 133-266.

[2] Ver Cristina Castillo Martínez, «La fuente del desengaño: de las Noches de invierno de Eslava a la Tercera Diana de Tejeda», Edad de Oro, 33, 2014, pp. 225-240.

[3] «Ni Mexía ni Fulgosio dicen nada de la fantástica historia de la mujer preñada veintiún años, que posiblemente imaginara Eslava, o bien oyera contar a algún vecino de Sangüesa» (Julia Barella Vigal, «Las Noches de invierno de Antonio de Eslava…», p. 557).

[4] Para más detalles y bibliografía remito a mis trabajos: Carlos Mata Induráin, «Sobre la admiratio en las Noches de invierno de Antonio de Eslava», Zangotzarra,7, 2003, pp. 91-115; «Elementos fantásticos y maravillosos en las Noches de invierno (1609) de Antonio de Eslava», en Nicasio Salvador Miguel, Santiago López-Ríos y Esther Borrego Gutiérrez (eds.), Fantasía y literatura en la Edad Media y los Siglos de Oro, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2004, pp. 259-282; y «En el cuarto centenario de las Noches de invierno de Antonio de Eslava (1609-2009)», Zangotzarra, 13, 2009, pp. 217-229 .

Elementos fantásticos y maravillosos en las «Noches de invierno» (1609) de Antonio de Eslava (3)

En otro apartado podríamos incluir las brillantes descripciones de tormentas, los incendios, el hundimiento de barcos, las tempestades y naufragios, muy del gusto de Eslava, presentes en las Noches de invierno[1]. Así, con estas briosas palabras se refiere en el capítulo III el incendio del galeón de Pompeo Colona:

Pues, como estuviese cerca ya del abrigado y espacioso puerto, sucedió una de las mayores desgracias que jamás se han visto, y fue que, haciendo la regocijada salva, dio una chispa en la munición de la pólvora y balas, que eran cincuenta barriles que estaban en los vacíos del galeón, y en el mismo punto o término, si lo hay, que sea más breve, procuró el elemento del fuego de comunicarse en su alta esfera, rompiendo todos los medios inconvenientes, de tal suerte que al mismo tiempo, si tiempo se puede decir, se dividieron más de quinientas cabezas de sus unidos cuerpos, volando por el espeso aire brazos, pies y cabezas con tanta ligereza, que parecían ser miembros de Mercurio; y cuando el poderoso fuego les daba licencia, caían con tanta furia que atropellaba el brazo a la cabeza y la cabeza a su amado cuerpo sin reparar en la amistad y unión pasada y, libres ya de la violencia del fuego, caían en el frío elemento del agua para cebo de los escamosos pescados. Y en este breve tiempo se oyeron voces que, ayudadas del aire, pronunciaban el nombre santísimo de Jesús; y el artillería, balas y áncoras, forzadas del subtilísimo elemento del fuego, iban para arriba contra la gravedad de su natural, de modo que de todo cuanto venía en el dicho galeón no se pudo salvar otra cosa que el casco de las obras vivas, que, amparado de las húmedas olas del mar, resistía a la furia y violencia del poderoso fuego por respecto de la brea y pez con que estaba embetunado; levantaba llamas de en medio de las aguas de modo que parecía haberse el agua transubstanciado en fuego (pp. 102-103).

Batalla naval y navío ardiendo

Podemos recordar asimismo el bombardeo y hundimiento de los barcos turcos en la historia «Do se cuenta la justicia de Celín Sultán, Gran Turco, y la venganza de Zaida» (capítulo V) [2]:

… el esclavo Bernart […] luego que vio la oportuna ocasión, arrojó con cierto artificio a cada galera su ingeniosa trompa de fuego, las cuales hicieron tal presa, que en breve tiempo se levantaron grandísimas llamas azules, juntamente con tan grandes gritos y voces que atronaban el cóncavo hemisferio, haciendo resonantes ecos en los cercanos montes: unos huyendo del fuego a la espaciosa popa; otros a los ínfimos vacíos, ciegos de un espeso y amargo humo, pisando en lugar de suelo las mismas brasas, procurando abrir camino por el fuego, para huir dél; otros, procurando apagarle con agua, le augmentaban, creciendo más sus furibundas llamas; quién desencajaba las labradas popas con soberbios golpes y empellones; quién los corvos remos arrojaba al agua y con grande alarido se quejaba; quién sus curiosos cofres defendía. Y juntamente con el variable estruendo se augmentaba el fuego, haciendo presa en las ricas marlotas y alquiceles de brocado y en los inestimables turbantes sembrados de preciosísimas piedras, sin tener respecto a finas telas, preciadas tapicerías, costosos recamados y arábicos camafeos, esparciéndose por el aire infinitas chispas y centellas, que la menor de ellas bastaba a quemar toda la flota. Viendo ya el poco remedio y el mucho augmento del fuego, unos se arrojaban a las saladas aguas del mar y, como heridos del fuego, morían en ellas; otros escogían por mejor partido el tomar la muerte por su propria mano; y otros sin piedad natural se arrojaban en el medio de las llamas, desahuciados ya de remedio alguno; unos corrían tras de otros con estruendo y vocería, tropezando y cayendo en el mismo fuego; los errados esclavos se abrasaban sin poder huir del fuego; quién se quitaba el sayal jaleco medio abrasado y con feísima catadura renegaba de Mahoma (pp. 136-137)[3].


[1] Existen varias ediciones modernas de las Noches de invierno: la de Julia Barella Vigal (Pamplona, Gobierno de Navarra, 1986), por la que citaré; otra edición de Carlos Mata Induráin (Pamplona, Fundación Diario de Navarra, 2003); una nueva edición de Julia Barella Vigal (Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2013); en fin, una edición electrónica de Enrique Suárez Figaredo, en Lemir, 24, 2020 – Textos, pp. 133-266.

[2] Para más detalles y bibliografía remito a mis trabajos: Carlos Mata Induráin, «Sobre la admiratio en las Noches de invierno de Antonio de Eslava», Zangotzarra,7, 2003, pp. 91-115; «Elementos fantásticos y maravillosos en las Noches de invierno (1609) de Antonio de Eslava», en Nicasio Salvador Miguel, Santiago López-Ríos y Esther Borrego Gutiérrez (eds.), Fantasía y literatura en la Edad Media y los Siglos de Oro, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2004, pp. 259-282; y «En el cuarto centenario de las Noches de invierno de Antonio de Eslava (1609-2009)», Zangotzarra, 13, 2009, pp. 217-229.

[3] Más adelante mencionaré el hundimiento de las naves griegas recogido en el capítulo IV. Otro elemento vistoso —aunque habitual en la literatura caballeresca— que podríamos mencionar sería la descripción del torneo que se incluye en el capítulo VI (pp. 149-151).

Elementos fantásticos y maravillosos en las «Noches de invierno» (1609) de Antonio de Eslava (2)

Encontramos también en las Noches de invierno[1] de Antonio de Eslava hechos prodigiosos de diverso carácter[2], como los casos asombrosos de niños sumamente parecidos, mencionados a propósito del parecido de los cuerpos de Berta y Fiameta:

Que más maravilloso caso es el de Semíramis, reina de los asirios, de quien tantas hazañas se escriben, y della dice Justiniano que se parecía tanto a su hijo Nino en el rostro, disposición y talle que, muerto el rey su marido, se vistió en hábito de hombre y, fingiendo y representando la persona del hijo, gobernó cuarenta años el reino, creyendo todos ser Nino su hijo; tanta similitud había entre ellos que pudo todo este tiempo traerlos engañados. […] También escribe Alberto Magno, en el Libro de los animales, otro caso mucho más admirable de dos niños hermanos nacidos de un parto, que él afirma que vio en Alemaña, que se parecían tanto que, apartados el uno del otro, no se podía saber cuál era de los dos y, allende del gesto, era tanta la conformidad en lo demás, que no podían vivir sino juntos, y les era muy grande tormento apartarlos; hablaban de una manera, cuando enfermaba el uno enfermaba el otro, y así parecía que eran dos cuerpos y una naturaleza y una alma y complisión (pp. 229-230);

los relativos a hombres de extraordinaria memoria:

Quintiliano, en el libro segundo, cuenta de Ciro, rey de Persia, por hombre de grandísima memoria, pues con tener grandísimo ejército y de varias naciones, cuantos soldados, capitanes y hombres gastadores se hallaban en su ejército, los nombraba por sus propios nombres. Mitrídates, rey de Ponto, también tuvo gran memoria, pues aprendió veinte y dos lenguas y todas hablaba muy bien. Séneca, filósofo español y maestro de Nerón, escribe él mismo, jatándose de su memoria, que, estando en una rica almoneda que duró todo un día, y al fin della, dijo todas las cosas que habían sido vendidas por el orden que se vendieron y los nombres de los compradores con los precios sin errar un punto. De Julio César se lee también que tuvo particular memoria, porque se dice dél que en un mismo tiempo escribía cuatro cartas a cuatro personas, con cuatro secretarios y sobre diferentes sujetos (pp. 198-199)[3];

Memoria

distintas variantes del motivo folclórico del nacimiento dificultoso, propio de héroes, las encontramos en los capítulos VIII, X y XI, en las historias relativas a Roldán, Carlo Magno y la reina Telus de Tartaria. Cito este último caso:

Yendo [el rey] un día por su recreación cazando fieras por los más encumbrados montes de Tartaria, en la llanura de una muy alta montaña vio un prodigioso suceso, y fue una pequeña niña que parecía nacer de la tierra, digo que estaba cubierta hasta los tiernos pechos de arena y que una grande y ferocísima leona le daba sus cargados pechos a mamar, la cual, así como sintió el estruendo y ruido de los caballos, se puso en huida dejando a la tierna niña llorando. Y el rey, admirado de tal espectáculo, llegó con sus caballeros, la cual con harto trabajo fue desarraigada de la endurecida arena por manos del rey tirano, el cual, conociendo que no sin misterio había visto aquel monstruoso caso, procuró con grande cuidado se criase la pequeña niña, a la cual puso por nombre Telus, que significa la tierra (p. 234);

en fin, rastreamos la presencia de otros fenómenos curiosos de la naturaleza, como el caso de la oveja que pare un león (Eslava aporta aquí la autoridad de Ludovico Celio en sus Lecciones antiguas, pero como sucede en tantas otras ocasiones está siguiendo literalmente la Silva de Mexía[4]).


[1] Existen varias ediciones modernas de las Noches de invierno: la de Julia Barella Vigal (Pamplona, Gobierno de Navarra, 1986), por la que citaré; otra edición de Carlos Mata Induráin (Pamplona, Fundación Diario de Navarra, 2003); una nueva edición de Julia Barella Vigal (Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2013); en fin, una edición electrónica de Enrique Suárez Figaredo, en Lemir, 24, 2020 – Textos, pp. 133-266.

[2] Para más detalles y bibliografía remito a mis trabajos Carlos Mata Induráin, «Sobre la admiratio en las Noches de invierno de Antonio de Eslava», Zangotzarra,7, 2003, pp. 91-115; «Elementos fantásticos y maravillosos en las Noches de invierno (1609) de Antonio de Eslava», en Nicasio Salvador Miguel, Santiago López-Ríos y Esther Borrego Gutiérrez (eds.), Fantasía y literatura en la Edad Media y los Siglos de Oro, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2004, pp. 259-282; y «En el cuarto centenario de las Noches de invierno de Antonio de Eslava (1609-2009)», Zangotzarra, 13, 2009, pp. 217-229.

[3] Y a continuación se añaden los casos contrarios de personajes famosos por su escasez o falta de memoria.

[4] Véase Juana de José y Prades, «Las noches de invierno de Antonio de Eslava», Revista Bibliográfica y Documental, III, 1949, p. 171.

Elementos fantásticos y maravillosos en las «Noches de invierno» (1609) de Antonio de Eslava (1)

Los distintos elementos maravillosos y fantásticos incluidos en las Noches de invierno[1] los podríamos agrupar en varios apartados. Tenemos en primer lugar lo relacionado con la presencia de seres sobrenaturales, que son motivos bastante recurrentes. Por ejemplo, en el capítulo VIII, Berta recibe la visita de un hada convertida en serpiente (episodio que entronca con la leyenda de Melusina):

Quedando la desdichada Berta sola y acompañada de mil varios pensamientos, sucedió un temeroso caso, y fue que vido venir a la puerta de la cueva una grandísima sierpe, arrastrando el duro suelo con su grande y pesado cuerpo, toda vestida de recias escamas de diferentes colores, con dos punzosas alas asestadas al cielo, con una cinta verde por la esquina que la ceñía desde la fiera cabeza hasta la larga cola. Iba echando recios silbos con el áspera y negra lengua, en la cual tenía tres órdenes de agudísimos dientes, y por sus fogosos ojos echaba más centellas que Vulcano. No fue de poco temor y espanto para la sola y afligida Berta semejante visión, y, así, la temerosa señora medio muerta se retiró a lo más dentro de su lóbrega cueva a pidir auxilio a la madre de Dios con grandes clamores y hervor de corazón […]. Mas la fiera y espantable sierpe paró su apresurado paso cerca de la temerosa Berta, y con halagüeño semblante y alegre rostro, si es que mostrarlo podía, le habló en lengua humana y propria desta suerte… (pp. 189-190)[2].

El hada Melusina
El hada Melusina

A este respecto, interesará recordar especialmente el diálogo que mantienen Leonardo y Fabricio, inmediatamente después de contarse la historia cuarta, sobre la existencia de ninfas y otros seres fabulosos:

Leonardo.– Paso, señor Fabricio; contando esa historia dijisteis que asistieron en ese mágico palacio a las reales bodas del príncipe Valentiniano muchas ninfas, dríades, nereidas y sirenas, que con su suave música suspendían a los oyentes. Pregunto si fue por encanto o si es verdad que la mar produce y cría semejantes criaturas.

Fabricio.– No hay duda ninguna, sino que como en la tierra hay jimios y monas que semejan y frisan en sus meneos y rostros con los hombres algún tanto, y como así bien hay perros y elefantes con tanto distinto que en alguna manera parece que tienen uso de razón, que así también el mar ha de haber extraordinaria suerte de peces. Alexandro ab Alexandro dice que Teodor Gaza, que fue hombre docto y ha poco tiempo que murió, vio que, habiendo habido en el mar grande tormenta, con sus combates arrojó en tierra en una playa mucha cantidad de varios peces, y que entre ellos había una nereida que tenía forma y rostro de mujer hasta la cintura, y que de allí para abajo fenecía en una cosa a manera de anguila, que es de la suerte misma que se pintan las sirenas o nereidas. […] Plinio dice que los de Lisboa, ciudad de Portugal, enviaron embajadores al emperador Tiberio, avisándole que por muchas veces habían visto un tritón o hombre marino que se recogía y metía en una caverna cerca del mar, y que allí tañía, y le habían oído con una concha. Y el mismo Plinio dice que también el emperador Octaviano fue avisado que en la costa de Francia se habían hallado muertas algunas mujeres marinas, digo, sirenas. George Trapesuncio, que es harto estimado entre los hombres doctos, dice que, andando riberas del mar, vio que en él se mostró un pescado que todo lo que se descubrió, que fue hasta el ombligo, era mujer; y como con maravilla ahincadamente la mirase, se zambulló en el agua. También escribe un autor moderno que el archiduque de Austria […] llevó a Génova una sirena muerta que le había sido presentada, y que muchos hombres doctos y graves la fueron a ver movidos por la novedad del caso, que ponía admiración. Yo sé decir que Francisco Patrucho, cómitre real de las galeras desta Señoría, me ha dicho por diversas veces haberlas visto en el faro o estrecho de Mesina, y que la una cantaba muy dulcemente sin pronunciación más que solas vocales. Y, así, no hay que dudar que, pues las había en el mar, que con arte mágica fácilmente se hallarían en las reales bodas de Valentiniano y Serafina.

Leonardo.– Pues lo habéis probado con tan graves autores, en parte quedo satisfecho (pp. 124-125)[3].


[1] Existen varias ediciones modernas de las Noches de invierno: la de Julia Barella Vigal (Pamplona, Gobierno de Navarra, 1986), por la que citaré; otra edición de Carlos Mata Induráin (Pamplona, Fundación Diario de Navarra, 2003); una nueva edición de Julia Barella Vigal (Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2013); en fin, una edición electrónica de Enrique Suárez Figaredo, en Lemir, 24, 2020 – Textos, pp. 133-266.

[2] El hada-serpiente cuenta a Berta que fue condenada por el mago Malagis a pasar seis meses con apariencia de serpiente y otros seis como mujer.

[3] Para más detalles y bibliografía remito a mis trabajos: Carlos Mata Induráin, «Sobre la admiratio en las Noches de invierno de Antonio de Eslava», Zangotzarra,7, 2003, pp. 91-115; «Elementos fantásticos y maravillosos en las Noches de invierno (1609) de Antonio de Eslava», en Nicasio Salvador Miguel, Santiago López-Ríos y Esther Borrego Gutiérrez (eds.), Fantasía y literatura en la Edad Media y los Siglos de Oro, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2004, pp. 259-282; y «En el cuarto centenario de las Noches de invierno de Antonio de Eslava (1609-2009)», Zangotzarra, 13, 2009, pp. 217-229 .

La «admiratio» en las «Noches de invierno» (1609) de Antonio de Eslava

En entradas sucesivas voy a ofrecer algunas notas sobre la admiratio en las Noches de invierno[1], es decir, los elementos que introduce su autor, Antonio de Eslava, para sorprender al lector y mantener de forma continuada su interés[2]: descripción de tormentas y naufragios, alusiones a hechos fantásticos y maravillosos, presencia de la magia, etc. En efecto, en la obra abundan esos elementos de la fantasía y la maravilla, los sucesos mágicos y prodigiosos, los lances caballerescos (torneos, combates…), los recursos de intriga propios de los relatos bizantinos (mujer en hábito varonil y uso de otros disfraces para ocultar la verdadera personalidad de los protagonistas…), la descripción de tormentas y naufragios (muy del gusto del autor), etc., que mantienen vivo el interés del lector. Todo ello va acompañado de las habituales muestras de erudición, de la que el autor quiere hacer gala poniendo en boca de sus personajes citas y menciones de autoridades diversas. Ese recurso continuo a las autoridades, con la acumulación de ejemplos de la Antigüedad, tal vez resulte a los ojos de un lector de hoy algo demasiado pedante y pretencioso. Sea como sea, obviada esa dificultad, creo que el lector contemporáneo podrá disfrutar de las entretenidas historias de Noches de invierno, una obra con la que Eslava nos brinda —como Cervantes en el Quijote de 1605, salvadas las naturales distancias de calidad literaria y trascendencia— un compendio de los principales modos y géneros narrativos vigentes en España a finales del siglo XVI y comienzos del XVII (con excepción del relato picaresco, modalidad no presente aquí).

Cubierta de Antonio de Eslava, Noches de invierno, edición, prólogo y notas de Julia Barella, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2013

Antonio de Eslava, Noches de invierno, edición, prólogo y notas de Julia Barella, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2013

La presencia en las Noches de invierno de elementos que provocasen la admiratio[3] del lector ya había quedado apuntada por algunos estudiosos; por ejemplo, por Manuel Iribarren, cuando escribía que en sus páginas «se acumulan sin método la historia y la fantasía, la realidad y el mundo maravilloso»[4]. Por su parte, Julia Barella Vigal ha destacado que los gustos literarios de Eslava «siempre parecen inclinarle por lo extraordinario, el dramatismo y las situaciones caóticas, dinámicas, extremas y grandiosas»[5], de ahí que no sea difícil encontrar en la colección numerosas descripciones de tormentas, tempestades, incendios, naufragios…, así como la mención de diversos hechos prodigiosos. También Víctor A. Oroval Martí se ha referido a esta cuestión[6], a propósito de la acusación de antirrealismo formulada contra Eslava por Amezúa[7]. Y quien más recientemente ha apuntado la presencia de elementos fantásticos y maravillosos en las Noches de invierno ha sido Ana Luisa Baquero Escudero, en un trabajo panorámico sobre los lugares de la maravilla en la novela corta del XVII:

Pero sin duda, si tuviésemos que referirnos a una colección de novelas cortas anterior a la aparición de las Ejemplares en donde lo maravilloso se desenvolviese ampliamente, ésta sería las Noches de invierno de Antonio de Eslava. Perteneciente ya al seiscientos, en ella encontramos numerosas historias intercaladas en la estructura dialogística que conforma el texto. Ya González de Amezúa, desde su singular perspectiva crítica por la cual el rasgo realista constituía el barómetro de su valoración del género, destacó —obviamente de manera negativa— la presencia de lo maravilloso y fantástico en dicha obra que además relacionaba él con fuentes no nacionales sino extranjeras. Unas afirmaciones que las excelentes investigaciones posteriores de Barella han rectificado en parte. Construidas a partir de un complicado entramado de tradiciones de muy diverso origen, las diez historias incluidas en dicha obra aparecen narradas por los distintos personajes que constituyen la tertulia. A excepción de la primera presentan todas casos sucedidos a personajes ajenos desde luego a su realidad, y cuya categoría social se corresponde normalmente a la de reyes, príncipes y emperadores. Si bien alguna refleja una realidad histórica reciente, se suelen situar en un pasado lejano —recuérdense aquellas correspondientes al ciclo carolingio—, y en escenarios muy distantes, asimismo, de la geografía nacional —Tartaria, el antiguo reino de Macedonia…—. Dos coordenadas estas, la distancia temporal y el alejamiento geográfico, engarzadas íntimamente para conceder esa singular verosimilitud a la presentación de hechos fantásticos. Una verosimilitud que además en este caso, y como ocurría también en las misceláneas de la época, suele ir respaldada por el principio de autoridades, manejado por los contertulios[8].

Para el análisis de esta cuestión resulta de especial interés un artículo de Julia Barella Vigal publicado en 1985 en el que, tras resumir algunos datos generales acerca del autor y la obra, estudia en un primer apartado «Las historias narradas y el folklore» y analiza las fuentes literarias de cinco de ellas. El segundo apartado de su trabajo está dedicado a «La erudición en los diálogos glosadores», con tres capítulos: «Anécdotas de personajes históricos», «Curiosidades y costumbres bárbaras, hechos maravillosos y noticias de la filosofía natural» y «El amor: sus distintos tipos y temibles efectos». Barella Vigal explica que cuando Eslava incluye en su obra anécdotas de personajes históricos, respeta las fuentes que maneja, sobre todo la Historia Imperial de Mexía. Pero no sucede lo mismo cuando se ocupa de materias maravillosas:

La actitud de Eslava es bien distinta cuando se trata de sucesos maravillosos, costumbres de pueblos lejanos o demás curiosidades. Eslava se distancia de su fuente y aumenta, colorea, exagera la noticia a su antojo. Los ejemplos que elige de entre los compendios suelen ser los más increíbles, las supercherías, los acontecimientos asombrosos y las leyendas más fantásticas.

Su principal fuente es la Silva de varia lección de Pedro de Mexía, y si bien la copia es en la mayoría de las ocasiones literal, Eslava nunca menciona tan magnífica obra[9].

Y más adelante añade a propósito de esta aparente falta de originalidad:

Lo original de Eslava es que parece no contentarse con la simple exposición de hechos y acude a otras fuentes en busca de una explicación científica o simplemente se la inventa. Esta actitud es la que hace que la obra adquiera ese tono entrañable y humano[10].


[1] Existen varias ediciones modernas de las Noches de invierno: la de Julia Barella Vigal (Pamplona, Gobierno de Navarra, 1986), por la que citaré; otra edición de Carlos Mata Induráin (Pamplona, Fundación Diario de Navarra, 2003); una nueva edición de Julia Barella Vigal (Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2013); en fin, una edición electrónica de Enrique Suárez Figaredo, en Lemir, 24, 2020 – Textos, pp. 133-266.

[2] Para más detalles y bibliografía remito a mis trabajos: Carlos Mata Induráin, «Sobre la admiratio en las Noches de invierno de Antonio de Eslava», Zangotzarra,7, 2003, pp. 91-115; «Elementos fantásticos y maravillosos en las Noches de invierno (1609) de Antonio de Eslava», en Nicasio Salvador Miguel, Santiago López-Ríos y Esther Borrego Gutiérrez (eds.), Fantasía y literatura en la Edad Media y los Siglos de Oro, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2004, pp. 259-282; y «En el cuarto centenario de las Noches de invierno de Antonio de Eslava (1609-2009)», Zangotzarra, 13, 2009, pp. 217-229.

[3] Véase Edward C. Riley, «Aspectos del concepto de admiratio en la teoría literaria del Siglo de Oro», en Studia Philologica. Homenaje ofrecido a Dámaso Alonso, Madrid, Gredos, 1963, vol. III, pp. 173-183.

[4] Manuel Iribarren, Escritores navarros de ayer y de hoy, Pamplona, Gómez, 1970, p. 84.

[5] Julia Barella Vigal, «Antonio de Eslava y William Shakespeare: historia de una coincidencia», El Crotalón. Anuario de Filología Española, 2, 1985, p. 499.

[6] Véase Víctor A. Oroval Martí, Aproximación a las «Noches de invierno» de A. Eslava, tesis doctoral mecanografiada, Valencia, Universidad de Valencia, s. a. [1978], pp. 178-181; en la p. 178 se refiere a la presencia de «fuentes mágicas, magos, palacios encantados, hechos sobrenaturales, hadas…».

[7] Véase Agustín G. de Amezúa y Mayo, Cervantes, creador de la novela corta española, Madrid, CSIC, 1956, vol. I, p. 438.

[8] Ana L. Baquero Escudero, «Los espacios de la maravilla en la novela corta áurea», en Ignacio Arellano (ed.), Loca ficta: los espacios de la maravilla en la Edad Media y Siglo de Oro, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2003, pp. 61-62.

[9] Julia Barella Vigal, «Las Noches de invierno de Antonio de Eslava: entre el folklore y la tradición erudita», Príncipe de Viana, 175, 1985, p. 554.

[10] Barella Vigal, «Las Noches de invierno de Antonio de Eslava…», p. 555.