«El muerto resucitado» de Lucas Merino y Solares: valoración final

Por lo que respecta al uso jocoso de las rimas[1], no hay juegos muy llamativos en esta comedia de El muerto resucitado, y tan solo podría reseñarse el hecho de que a veces se dejan en posición de rima algunas palabras con valor gramatical, no léxico: «con alto dominio de» (p. 2a)[2], la conjunción y (ocurre dos veces en la p. 9a: «me lleve a la pira, y», «lleno de favores, y») o la partícula que («cacique en las Indias, que», p. 2a; «supe y sabía que», p. 9b). O la propia alusión de Foncarral a la dificultad para encontrar una rima consonante para su glosa poética (p. 9a).

ElMuertoResucitado_2Como he tratado de mostrar con ejemplos y pasajes paralelos, esta dieciochesca comedia burlesca de El muerto resucitado utiliza los mismos chistes y recursos que las burlescas del siglo XVII. Su trama se presenta mucho más adelgazada que la de las piezas de la centuria anterior. El reparto se ha reducido a los personajes imprescindibles, tan solo cuatro: dos galanes y una dama, que forman el triángulo amoroso, y el padre de la muchacha. En cualquier caso, se trata de una obra divertida, lograda en sus chistes y manejo de recursos jocosos, tanto verbales como escénicos. En definitiva, El muerto resucitado me parece una buena prueba del éxito y la vigencia de la comedia burlesca hasta bien entrado el siglo XVIII.


[1] Esta entrada forma parte de los resultados de investigación del Proyecto «Identidades y alteridades. La burla como diversión y arma social en la literatura y cultura del Siglo de Oro» (FFI2017-82532-P) del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (Dirección General de Investigación Científica y Técnica, Programa Estatal de Fomento de la Investigación Científica y Técnica de Excelencia).

[2] Cito por Lucas Merino y Solares, El muerto resucitado, en Madrid, por Gabriel Ramírez, 1767. Hay edición moderna de María José Casado en Comedias burlescas del Siglo de Oro, tomo VII, volumen dirigido por Carlos Mata Induráin, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2011.

«El muerto resucitado» de Lucas Merino y Solares: elementos y tipos del folclore, escatología y suciedad

Por lo que se refiere a elementos y tipos del folclore[1] presentes en El muerto resucitado,podemos mencionar, en rápida enumeración: yerno (p. 2b)[2], enanos, mininos, dueñas y sabandijas ‘bufones de corte’ (p. 2b), boticario y barbero, presentados irónicamente como ‘gente principal’ (p. 12a); barbero de Getafe (p. 12b), mujeres volubles (p. 11b), etc. Sin embargo, el tipo folclórico con más alusiones es el del marido cornudo: la Princesa indica que Foncarral le ha gustado «por lo callado y sufrido, / circunstancias agravantes / para ser un buen marido» (p. 3a; donde el adjetivo buen ha de interpretarse en un doble sentido: bueno vale ‘cornudo’, y además es bueno, adecuado para la esposa, porque calla y sufre ante la presencia de los amantes); se indica que, en cambio, a Leganés le falta paciencia (p. 4b), palabra que, en estos contextos, también hay que tomar a mala parte; la Princesa insiste en su deseo de encontrar «un buen marido, / que sufra, que calle y vea» (p. 10a), etc.

Cuernos

No son muy frecuentes las alusiones a los naipes y juegos en general, que en otras burlescas alcanzan una alta proporción. Encuentro tan solo la mención a jugar al cacho (p. 2b).

En cuanto a escatología, suciedad y alusiones obscenas, a lo ya dicho en entradas anteriores sobre los piojos de la Princesa (p. 3b) y de Leganés (p. 15), y las cazcarrias y palominos de las bragas del Príncipe (p. 8b), añádase la mención de un buboso (p. 15). Quizá haya que interpretar con sentido malicioso algunas expresiones de la comedia, como los deseos que tiene Leganés de peinar a la Princesa (p. 12b) o la indicación de que el Barón le dio a doña Estopa «ciertas nueces» que «comieron en un plato» (p. 13)[3].


[1] Esta entrada forma parte de los resultados de investigación del Proyecto «Identidades y alteridades. La burla como diversión y arma social en la literatura y cultura del Siglo de Oro» (FFI2017-82532-P) del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (Dirección General de Investigación Científica y Técnica, Programa Estatal de Fomento de la Investigación Científica y Técnica de Excelencia).

[2] Cito por Lucas Merino y Solares, El muerto resucitado, en Madrid, por Gabriel Ramírez, 1767. Hay edición moderna de María José Casado en Comedias burlescas del Siglo de Oro, tomo VII, volumen dirigido por Carlos Mata Induráin, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2011.

[3] Ver Alzieu, Jammes y Lissorgues, Poesía erótica del Siglo de Oro, Barcelona, Crítica, 2000, núm. 61 (para peinar) y núm. 84 (para nueces).

«El muerto resucitado» de Lucas Merino y Solares: imágenes grotescas, palabras coloquiales, insultos e intertextualidad

Hay dispersas en los versos de la comedia algunas imágenes grotescas[1], como la consistente en llamar candil del cielo al sol (p. 2a)[2]; pero, sobre todo, quiero destacar la más articulada descripción de los asnos que montan Foncarral y Leganés en su combate singular:

LEGANÉS.- Aguardaba montado en un cuatralbo,
bruto asnal, medio tuerto, negro y albo,
ancha la frente, plana la oreja,
despoblada la crin, fuerte cerneja;
largo el cuello tenía, corto el rabo;
aquel todo desierto, este pelado;
y en su figura, paso y tomo
aun ganaba con mucho al mismo plomo (p. 14).

Pero las características del otro jumento no se quedan atrás:

LEGANÉS.- Yo montaba un rucio valeroso,
arrogante y soberbio, aunque sarnoso,
garañón admirable, algo cenceño,
nieto, por línea recta, de un isleño,
que al herir sus ijares el acero
daba con todo en tierra, él el primero (p. 15).

Burros

Los personajes de estas obras no dudan en emplear palabras vulgares, frases hechas, muletillas, elementos, en fin, característicos de un registro lingüístico impropio de su elevada —en teoría— condición social: mondongo, camorra, cantar la palinodia, armar con queso ‘engañar’, quedar a la luna de Valencia, estar hecho un cesto, papelón ‘mal trance, situación desairada’, a humo de paja, se me da un bledo, por aquesta cruz, hecho un diablo, casar o reventar, resollar, zarzal ‘enredo, lío’, erre que erre, hecho un tigre, acordarse de algo lo mismo que de su abuela, canta que se las pela, hartazgo, mamar callos, lleve el diablo, Entre estas y estotras, se le puso en la cabeza, con mil diablos, sin decir oste ni moste, a puto el postre… De la misma forma, son muy frecuentes los insultos, que todos los personajes usan para referirse a los demás: mentecato, locos, papanatas, bobas, tronera ‘loco’, camastronazo, bestias, salvajes, loca, buena alhaja, perra inhumana, jumento, mequetrefes, calaveras infelices, pobrete, ingrata falaz, desleal, salvaje, traidor, infame, maldito, babieca… A esta misma categoría podríamos asimilar las referencias intertextuales presentes en la comedia, como el verso romanceril «La mañana de San Juan» (p. 10b), la letrilla calderoniana glosada por los galanes «Aprended, flores, de mí» (p. 8a) o la alusión al convidado de piedra (p. 16), que remite al famoso título de El burlador de Sevilla y convidado de piedra.


[1] Esta entrada forma parte de los resultados de investigación del Proyecto «Identidades y alteridades. La burla como diversión y arma social en la literatura y cultura del Siglo de Oro» (FFI2017-82532-P) del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (Dirección General de Investigación Científica y Técnica, Programa Estatal de Fomento de la Investigación Científica y Técnica de Excelencia).

[2] Cito por Lucas Merino y Solares, El muerto resucitado, en Madrid, por Gabriel Ramírez, 1767. Hay edición moderna de María José Casado en Comedias burlescas del Siglo de Oro, tomo VII, volumen dirigido por Carlos Mata Induráin, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2011.

El «Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando el enamorado» de Quevedo: la jocosidad disparatada (y 4)

Abundan en este poema[1] de Francisco de Quevedo las hipérboles e imágenes grotescas. Podemos recordar aquella, muy gráfica, en la que se indica que a los alemanes las barbas y bigotes les sirven de jergón (vv. 181-184). Hay otras hipérboles como esta:

Gradaso el rey que digo se llamaba,
rey que tiene más cara que un barreño,
y juega, ¡ved qué fuerza tan ignota!,
con peñascos de plomo a la pelota (vv. 93-96).

Se habla de una «sala / que llegó de París hasta Bengala» (vv. 223-224); y de otros bigotes gigantescos:

… cuando, por entre sillas y bufetes,
se vio venir un bosque de bigotes,
tan grandes y tan largos, que se vía
la pelamesa y no quien la traía (vv. 397-400).

Muy intensa es la descripción de los gigantes que acompañan a Angélica:

Levantáronse en pie cuatro montañas
y en cueros vivos cuatro humanos cerros;
no se les ven las fieras guadramañas
que las traen embutidas en cencerros.
En los sobacos crían telarañas;
entre las piernas espadaña y berros;
por ojos en las caras carcabuezos,
y simas tenebrosas por bostezos.

Puédense hacer de cada pantorrilla
nalgas a cuatrocientos pasteleros,
y dar moños de negra rabadilla
a novecientos magros escuderos;
cubren, en vez de vello, la tetilla,
escaramujos, zarzas y tinteros,
y en tiros de maromas embreadas
cuelgan postes de mármol por espadas.

Rascábanse de lobos y de osos
como de piojos los demás humanos,
pues criaban por liendres de vellosos
erizos y lagartos y marranos;
embutiose la sala de colosos,
con un olor a cieno de pantanos,
cuando detrás inmensa luz se vía:
tal al nacer le apunta el bozo al día (vv. 409-432)[2].

Gigante

Y, asimismo, la descripción del caballo Rabicán:

Una endrina parece con guedejas;
tiene por pies y manos volatines,
de barba de letrado las cernejas,
de cola de canónigo las clines,
pico de gorrïón son las orejas,
los relinchos se meten a clarines,
breve de cuello, el ojo alegre y negro,
más revuelto que yerno con su suegro (vv. 681-688)[3].

También resulta muy grotesca la imagen de unos dedos que son manojos de abutagados sapos (II, v. 442).

Hay algún caso de hipérbaton humorístico: «inmensa se embutió caballería» (v. 219), «cuantos anhelan premios de la guerra» (v. 516); empleo del superlativo con fines humorísticos (judísimo, v. 39); expresiones de sabor muy quevediano del tipo rabí con fondo abencerraje (v. 60), fantasma fondos en tintero (v. 437); uso de dos sustantivos, el segundo con función adjetiva: ánima zancarrón, por lo Mahoma (v. 432), un hombre tentación (II, v. 439), miembros ganapanes y guiñapos (II, v. 444); desplazamiento acentual jocoso (v. 871, ciclope por rima con arrope). También sabe sacar provecho nuestro autor de los recursos retóricos, como la anáfora (de ni en II, vv. 353 y ss.) o la acumulación de verbos cuasi-sinónimos, para mostrar gráficamente el combate de Ferragut y Argalía:

Se majan, se machucan, se martillan,
se acriban, y se punzan, y se sajan,
se desmigajan, muelen y acrebillan,
se despizcan, se hunden y se rajan,
se carduzan, se abruman y se trillan,
se hienden, y se parten, y desgajan:
tan cabal y tan justamente obran,
que las mismas heridas que dan cobran (II, vv. 369-376)[4].


[1] Manejo la edición de Malfatti: Francisco de Quevedo, Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando el enamorado, introducción, texto crítico y notas por María E. Malfatti, Barcelona, Sociedad Alianza de Artes Gráficas, 1964, que cito con ligeros retoques. He consultado también, aprovechando sus espléndidas notas, el texto de Arellano y Schwartz, que reproducen solo el Canto I en Francisco de Quevedo, Un Heráclito cristiano, Canta sola a Lisi y otros poemas, Barcelona, Crítica, 1998, pp. 635-676. De entre la bibliografía reciente sobre esta obra, destacaré el trabajo de Marcial Rubio Árquez, «Modelos literarios y parodia quevedesca: algunas notas sobre el Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando enamorado», La Perinola. Revista anual de investigación quevediana, 20, 2016, pp. 203-220.

[2] La descripción de los gigantes se completa en II, vv. 241-248.

[3] Compárese con la descripción, seria, del caballo de Astolfo (II, vv. 73-88).

[4] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «Aspectos satíricos y carnavalescos del Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando el enamorado de Quevedo», Rivista di Filologia e Letterature Ispaniche, III, 2000, pp. 225-248.

El «Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando el enamorado» de Quevedo: la jocosidad disparatada (3)

Luis_Pacheco_de_NarváezExaminaremos ahora la onomástica burlesca y el «lenguaje de la plaza pública» en este poema de Francisco de Quevedo[1]. Tenemos, por ejemplo, que Angélica llama a Grandonio la Chasca (v. 11; la nota de Arellano y Schwartz recoge la interpretación de Alarcos: «El poeta nos dice que la linda Angélica, hablando inconsideradamente y a bulto, aplicaba al rey Grandonio el calificativo de la Chasca. Teniendo presente que chasca significa entre otras cosas ‘ramaje que se coloca sobre la leña para hacer carbón’ y que el bueno de Grandonio era ‘arisco de testuz’, como un toro, se comprenderá el sentido y el porqué de tal apodo»; y añaden que Malfatti recuerda, sin embargo, que Cervantes nombra a una «Juana la Chasca», vendedora de embuchados popular en Madrid, que quizá sea aludida aquí. Por otra parte, el nombre de don Hez (v. 317) es un juego disociativo con el apellido Narvá-ez (con posible alusión a Luis Pacheco de Narváez, el famoso enemigo de Quevedo).

Bajo el epígrafe de «lenguaje de la plaza pública», acuñado por Bajtin, incluyo el empleo de palabras con connotaciones jocosas, vulgares o groseras, las propias de la germanía o las que resultan humorísticas por su fonética, los insultos y apodos… Tenemos, por ejemplo, barrigas (v. 81), murria (v. 92), bahorrina (v. 133), embutir ‘comer’ (v. 276), carda, tarugo (v. 318; carda puede remitir a gente de la carda, en germanía ‘valentones, rufianes’ y tarugo ‘zote, necio’), gurullada (v. 377), guadramañas (v. 411), chamuscar (v. 456) y chicharrando (v. 502) para aludir a la ‘llama amorosa’, zacapella ‘riña’ (v. 583), tabahola, vulgarismo por batahola (v. 593), escurrir la bola (v. 597), modorra (v. 864), engarrafar (v. 905), trancazos (v. 910), rebullirse (v. 930), añusga (II, v. 9), puto (II, v. 22), chisgarabís (II, v. 28), mandinga (II, v. 45), regoldando muertes (II, v. 48), trampantojo (II, v. 62), cogujada (II, v. 91), cholla (II, v. 92), nonada (II, v. 93), bazucada (II, v. 94), garabís (II, v. 95), cocar (II, v. 102), guedeja (II, v. 148), chafarrinada (II, v. 153), burrajear (II, v. 154), gorgojos (II, v. 163), despatarrado (II, v. 171), borrasca (II, v. 228), panza (II, v. 258), mondongo ‘tripas’ (II, v. 260), despachurra (II, v. 265), zurra (II, v. 267), chuchurra (II, v. 269), jeta (II, v. 279), testuz (II, v. 280), chamorrara (II, v. 337), a puro torniscón (II, v. 364), machucar (II, v. 369), carduzar (II, v. 373), zuño (II, v. 400), carantamaula (II, v. 439), enguizgar (II, vv. 443), marimanta (II, v. 448), pringarse (II, v. 453), cochambre (II, v. 454), tirria (II, v. 529), chicota (II, v. 537), berriondo (II, v. 556), atolondra (II, v. 567), testa (II, v. 571), espeluzna (II, v. 616), matalote (II, v. 637), etc.[2]


[1] Manejo la edición de Malfatti: Francisco de Quevedo, Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando el enamorado, introducción, texto crítico y notas por María E. Malfatti, Barcelona, Sociedad Alianza de Artes Gráficas, 1964, que cito con ligeros retoques. He consultado también, aprovechando sus espléndidas notas, el texto de Arellano y Schwartz, que reproducen solo el Canto I en Francisco de Quevedo, Un Heráclito cristiano, Canta sola a Lisi y otros poemas, Barcelona, Crítica, 1998, pp. 635-676. De entre la bibliografía reciente sobre esta obra, destacaré el trabajo de Marcial Rubio Árquez, «Modelos literarios y parodia quevedesca: algunas notas sobre el Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando enamorado», La Perinola. Revista anual de investigación quevediana, 20, 2016, pp. 203-220.

[2] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «Aspectos satíricos y carnavalescos del Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando el enamorado de Quevedo», Rivista di Filologia e Letterature Ispaniche, III, 2000, pp. 225-248.

El «Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando el enamorado» de Quevedo: la jocosidad disparatada (2)

QuevedoEn el Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando el enamorado de Francisco de Quevedo[1] son bastante frecuentes las frases hechas, los refranes y las muletillas lingüísticas; en rápido recuento, encontramos las siguientes: hablando a trochimochi y abarrisco (v. 12), hacer pucheros ‘llorar’ (v. 83), dábase a los demonios (v. 97), escogidos a moco de candiles (v. 114), a puto el postre (v. 138), alusión a la frase hecha «Rábanos y queso tienen [o llevan, o traen] la corte en peso» (vv. 151-152), a fe de macarrones (v. 180, que parodia expresiones habituales del tipo «a fe de caballero», «a fe de quien soy»), en figura de romero (v. 260), a cachetes (v. 276, que parodia la expresión «a puñados»), ser cornudo hasta los codos (v. 324), a los diablos se da (v. 352), dar un beso al jarro (v. 356), traer al retortero (v. 358), hecho una uva ‘borracho’ (v. 363), tener cagado el bazo (v. 373), no se me da de Satanás un higo (v. 573), a tú por tú (v. 701), los demonios se daban a sí mismos (v. 887), moler como cibera (vv. 911-912), escoger como en peras (v. 945). Y en el Canto II: a la morra (II, v. 2), dándose al diablo (II, v. 20), correr con la mosca (II, v. 96), cagó el bazo ‘enfadó, molestó’ (II, v. 172), no decir oste ni moste (II, v. 257), diciendo y haciendo (II, v. 345), en un daca las pajas (II, v. 425), no se le cubrirá al infierno pelo (II, v. 548), va con los diablos (II, v. 585), sin saber dónde y cómo (II, v. 666).

Como creaciones léxicas jocosas encontramos zurdería (v. 188, calcado seguramente sobre morería); desgalalonaré los paladines ‘dejaré a los paladines sin Galalón, lo mataré’ (v. 370); otros desviñan la cabeza a chorros (v. 380; desviñar es neologismo quevediano, en donde viña funciona como ‘borrachera’: se quitan la borrachera echándose chorros de agua por la cabeza); pelamesa (v. 400); claviculando (v. 660), esto es, haciendo invocaciones con la Clavicula Salomonis, famoso tratado de ciencias ocultas; demonichucho y diabliposa (v. 661), acrónimos formados con avechucho y mariposa, porque alude a unos diablos voladores; cachidiablos (v. 663), que juega con la paronomasia de «casi diablos» ‘diablos de poca importancia’); Rabicán (vv. 679-680) juega con la disociación rabí-can: ‘doctor de la ley entre los judíos’ y ‘perro’, ambos vocablos insultantes); se desendiable y desendueñe (v. 704; el neologismo desendueñar está forjado sobre desendemoniar o desendiablar, en un chiste contra las dueñas, asimiladas a diablos); no sabe lo que se diabla (v. 880); un diablísimo (v. 954); dacas (II, v. 202, en rima con piltracas del v. 204); te desabrocharé las coyunturas (II, v. 316); me calvara … perro chino (II, vv. 339-340; calvar ‘quedar calvo’, como los perros chinos, que no tenían pelo); marido en pena (II, v. 552, calcado sobre alma en pena, expresión que aparecía en II, v. 207); marido en pena y boda perdurable (II, v. 553); desendiable (II, v. 555). Tales son algunos de los «monstruos idiomáticos» —al decir de Sabor de Cortazar— creados por Quevedo[2].


[1] Manejo la edición de Malfatti: Francisco de Quevedo, Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando el enamorado, introducción, texto crítico y notas por María E. Malfatti, Barcelona, Sociedad Alianza de Artes Gráficas, 1964, que cito con ligeros retoques. He consultado también, aprovechando sus espléndidas notas, el texto de Arellano y Schwartz, que reproducen solo el Canto I en Francisco de Quevedo, Un Heráclito cristiano, Canta sola a Lisi y otros poemas, Barcelona, Crítica, 1998, pp. 635-676. De entre la bibliografía reciente sobre esta obra, destacaré el trabajo de Marcial Rubio Árquez, «Modelos literarios y parodia quevedesca: algunas notas sobre el Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando enamorado», La Perinola. Revista anual de investigación quevediana, 20, 2016, pp. 203-220.

[2] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «Aspectos satíricos y carnavalescos del Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando el enamorado de Quevedo», Rivista di Filologia e Letterature Ispaniche, III, 2000, pp. 225-248.

El «Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando el enamorado» de Quevedo: la jocosidad disparatada (1)

El territorio de la literatura burlesca ofrece al escritor del Siglo de Oro ancho campo para hacer alarde de su ingenio y dar buena muestra de su agudeza verbal en sus múltiples variedades: dilogías, juegos de palabras, disparates, perogrulladas, etc. En esta y las siguientes entradas trataré de ordenar estos elementos microtextuales del poema de Francisco de Quevedo[1] relativos al plano de la agudeza verbal y conceptual.

Comenzaré por la revisión de las dilogías y otros juegos de palabras. En el v. 15 se afirma que Galalón es par de Judas: Quevedo juega con el sentido Par ‘caballero’ y con el de ‘igual, parejo’, significando que Galalón es tan malo como Judas. El sintagma cerrados de barba y de mollera (v. 162) es un ceugma chistoso: cerrado de barba se decía del que tenía una barba tupida y espesa, mientras que cerrado de mollera al torpe y poco inteligente. En los vv. 177-178 leemos: «Vinieron italianos como hormigas, / más preciados de Eneas que posones»: son preciados de Eneas, el héroe troyano, porque según la leyenda de la fundación mítica de Roma esta fue fundada por Eneas; pero se juega con enea ‘planta’, de la que se hacen los asientos de las sillas (posón es «lo mismo que posadero en el sentido de asiento», Autoridades).

Eneas2

La expresión barba de mal ladrón, cruel y pía (v. 186) supone una agudeza de contrariedad; anotan Schwartz y Arellano:

es barba cruel por la crueldad y condición formidable del personaje; es pía por el color (dilogía entre ‘piadosa’, que se opone a cruel, y “el caballo u yegua cuya piel es manchada de varios colores, como a remiendos”, Aut); el mal ladrón no es Gestas, el que murió crucificado sin arrepentirse (aunque hay un juego con él), sino el mal francés o sífilis, que causa efectos catastróficos en el pelo y barbas.

Hay un chiste paronomástico con aguadas / aguados (vv. 254-256). Otros juegos explicados con precisión por Schwartz y Arellano, a cuyas notas remito: corito en piernas (v. 257); ropilla (v. 290), dilogía entre «la ropa pobre u de poca estima» y «vestidura corta con mangas y brahones», Autoridades); daban todos (v. 322), chiste entre ‘dar dinero’ y ‘dar golpes’; parecer (vv. 437-440), dilogía entre ‘aspecto, hermosura del rostro’ y ‘opinión del letrado’; revolver caldos (v. 587), juego con el sentido literal ‘revolver caldos comestibles’ y el figurado de la frase hecha (algo parecido en el v. 688, revuelto, dilogía entre los sentidos ‘enemistado, desazonado’ y ‘caballo fogoso’); clines de cabo de cuchillo (v. 845). En el Canto II encontramos nuevos juegos y chistes: canas / canillas (II, v. 70); un caballo «más manchado / que biznieto de moros y judíos» (vv. 193-194); rodado, dilogía (II, v. 195); «más largo que paga de tramposo» (II, v. 248); casco ni casquillo (II, v. 335); «hilo a hilo, con llanto costurero, lloraba» (II, v. 433); perros / emperrado (II, vv. 563-564); «Monta a caballo, mas tampoco monta» (II, v. 609[2]), etc.[3]


[1] Manejo la edición de Malfatti: Francisco de Quevedo, Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando el enamorado, introducción, texto crítico y notas por María E. Malfatti, Barcelona, Sociedad Alianza de Artes Gráficas, 1964, que cito con ligeros retoques. He consultado también, aprovechando sus espléndidas notas, el texto de Arellano y Schwartz, que reproducen solo el Canto I en Francisco de Quevedo, Un Heráclito cristiano, Canta sola a Lisi y otros poemas, Barcelona, Crítica, 1998, pp. 635-676. De entre la bibliografía reciente sobre esta obra, destacaré el trabajo de Marcial Rubio Árquez, «Modelos literarios y parodia quevedesca: algunas notas sobre el Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando enamorado», La Perinola. Revista Anual de investigación quevediana, 20, 2016, pp. 203-220.

[2] Tal vez habría que leer mejor «tan poco monta».

[3] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «Aspectos satíricos y carnavalescos del Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando el enamorado de Quevedo», Rivista di Filologia e Letterature Ispaniche, III, 2000, pp. 225-248.