«Burrito santo», de Juana de Ibarbourou

Pues seguimos todavía en el tiempo litúrgico de Navidad, copiaré hoy una composición de Juana de Ibarbourou —Juana Fernández Morales, que usó como nombre literario el apellido de su esposo— (Melo, Uruguay, 1895-Montevideo, 1979). La de esta escritora, «Juana de América», que fue nombrada también «Mujer de las Américas», constituye una de las voces líricas más personales de la poesía hispanoamericana de comienzos del siglo XX. Entre sus libros de poesía se cuentan títulos como Las lenguas de diamante (1919), El cántaro fresco (1920), Raíz salvaje (1922), La rosa de los vientos (1930), La mancha de humedad (1944), Perdida (1950), Azor (1953), Mensaje del escriba (1953), Romances del destino (1955), Oro y tormenta (1956), La pasajera (1967), Angor Dei (1967) o Elegía (1968). Existe además una edición de su Obra completa, en cinco volúmenes al cuidado de Jorge Arbeleche (Montevideo, Instituto Nacional del Libro, 1992).

El Greco, La huida a Egipto (h. 1570). Museo del Prado (Madrid).

«Burrito santo» —un soneto de versos dodecasílabos, con cesura al medio, y rimas agudas en los vv. 2, 4, 6, 8, 11 y 14, que le imprimen un ritmo musical, muy en la línea de la lírica modernista— aborda otro tema tradicional de este tiempo de Navidad, la huida a Egipto de la Sagrada Familia tras la adoración de los magos de Oriente[1].

Borriquillo blando[2] de la Virgen María,
manso borriquito[3] que llevó a Jesús
con su Santa Madre que el Egipto huía
una noche negra sin astros ni luz[4].

¡Lindo borriquito de luciente lomo!:
hasta el niño mío te venera ya,
y dice, mirando tu imagen en cromo:
—¿Es el de la Virgen que hacia Egipto va?

¡Dulce borriquito, todo mansedumbre!:
nunca a tus pupilas asomó el vislumbre
más fugaz y leve del orgullo atroz;

y eso que una noche sin luna ni estrellas
por largos caminos dejaste tus huellas,
llevando la carga sagrada de Dios![5]


[1] Comp. Mateo, 2, 13-15: «Cuando se marcharon [los sabios de Oriente], un ángel del Señor se le apareció en sueños a José y le dijo: —Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y quédate allí hasta que yo te diga, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo. Él se levantó, tomó de noche al niño y a su madre y huyó a Egipto. Allí permaneció hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que dijo el Señor por medio del Profeta: “De Egipto llamé a mi hijo”».

[2] blando: en otras versiones «blanco».

[3] borriquito: en otras versiones «borriquillo».

[4] luz: ha de leerse con seseo, para la rima consonante con Jesús; y lo mismo sucede más abajo (vv. 11 y 14) con atrozDios.

[5] Cito el texto por la antología Nos vino un Niño del cielo. Poesía navideña latinoamericana del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, EDIBESA, 2000, pp. 153-154.

«El tintero maravilloso», soneto cervantino de Justo Olarán Chans

El uruguayo Justo Olarán Chans (Paysandú, departamento de Paysandú, 1884-Buenos Aires, 1963) fue un poeta que se estableció en Argentina durante su juventud. Entre su producción se cuentan títulos como El bargueño sellado (1937), Estampas de la Boca del Riachuelo (1938), Glosario cervantino (1938), Bodega lírica (1939), Romancero uruguayo (1940) o Galería española. Sonetos (1947), libro publicado con ilustraciones de Carlos Vergottini (Marius). Su Glosario cervantino. Escolios líricos al «Quijote» (Buenos Aires, Imprenta López, 1938), un conjunto de sonetos dedicados a Cervantes y sus personajes literarios, fue una obra que alcanzó bastante popularidad en su tiempo. Sirva como pequeña muestra de su tono y contenido el que figura bajo el epígrafe de «El tintero maravilloso»:

CervantesConPluma

De aventuras de trasgos y gigantes,
de donaires y alegres devaneos,
de proverbios, sentencias y escarceos,
está lleno el tintero de Cervantes.

De don Quijote tiene los desplantes,
del malicioso Sancho los granjeos,
y las burlas y bromas y manteos
del Caballero y Escudero andantes.

Tiene también de la filosofía
de sentido profundamente humano
aquel tintero la sabiduría;

Y henchido como está, desborda ufano
y derrama en la rica escribanía
su puro contenido castellano[1].


[1] Cito, con algún ligero retoque, por Juan Uribe-Echevarría, Cervantes en las letras hispano-americanas (Antología y crítica), Santiago de Chile, Ediciones de la Universidad de Chile, 1949, p. 150.