Araucanos y españoles en «Los españoles en Chile» (1665), de Francisco González de Bustos (2)

En principio, funciona en la comedia de Los españoles en Chile la axiología indios=bárbaros / españoles =civilizados. Pero hay que hacer notar con Lee que existe una transposición de los valores europeos al entorno indígena: no es solo que los indios juren por Marte, Apolo o Júpiter; ocurre además que los valores de cortesía, gentileza, fineza, elegancia, valentía, hermosura, bizarría, propios de los personajes españoles, son portados también por los indios. Dicho de otra forma, las mujeres araucanas quedan equiparadas en su comportamiento y forma de expresión a las damas españolas, e igualmente los varones indios a los galanes europeos.

Guacolda y Lautaro
Guacolda y Lautaro

Esto se aprecia sobre todo en sus comportamientos amorosos y en los diálogos que mantienen los enamorados, quienes utilizan el lenguaje galante, abundante en imágenes petrarquistas y neoplatónicas (dama=sol, ojos=luceros, etc.). Podemos copiar a modo de ejemplo el primer diálogo amoroso que se establece entre Caupolicán y Fresia:

CAUPOLICÁN.- Fresia querida,
si a dar a este horizonte nueva vida
tu soberana luz ha madrugado…

FRESIA.- Si a verte de laureles coronado
la aclamación te llama…

CAUPOLICÁN.- … si por deidad la adoración te aclama,
segura está de Arauco en ti la gloria.

FRESIA.- … en ti asegura Chile su vitoria.

CAUPOLICÁN.- Prodigio valeroso
en quien se unió lo fiero con lo hermoso,
pues, para asombro bélico de España,
armada Aurora luces la campaña[1].
Tú sola has de vivir; mintió el acento
que pobló con mi nombre el vago viento
cuando mi aplauso arguyo
de que me aclame el orbe esclavo tuyo,
pues claro se percibe
vivir Caupolicán, si Fresia vive.
Deja, pues, dueño mío
(cuando a tus pies se postra mi albedrío)
el arco soberano,
que ocioso pende de tu blanca mano;
depón a aqueste indicio tus enojos,
pues hieren más las flechas de tus ojos.

FRESIA.- A tu noble fineza agradecida
estoy, Caupolicán, tuya es mi vida,
cuando a quien menos que tu aliento fuera
mi altiva presunción no se rindiera (fol. 1v[2]).

Es notable el carácter galante y caballeresco de su relación: Fresia da valor al brazo de Caupolicán, que se quema en las luces de sus divinos ojos, etc. También Tucapel, enamorado igualmente de Fresia, utiliza para dirigirse a ella el mismo registro amoroso (el enamorado galán se asimila a la salamandra que, según la tradición animalística, no se quemaba en el fuego, que es aquí metafórico fuego de amor):

TUCAPEL.- Escúchame, Fresia hermosa,
divina araucana bella,
en cuyas luces anima
el sol sus flamantes rayos
para que amanezca el día:
no me espanto que al amor[3]
tu altivez hermosa rindas,
que en tu mismo cielo tienes
los astros con que te inclinas.
Solo siento, cuando hay tantos
en Arauco que te sirvan
y que te adoren, pues yo
al combate de tus iras
ha mil siglos que en tus ojos
ardo salamandra viva,
que a un español, que a un cristiano,
ciegamente inadvertida,
entregues tu amor, sin ver
que te ofendes a ti misma (fol. 10v).

De la misma forma, también Rengo, enamorado de Gualeva, emplea expresiones similares (aquí se trata del «rigor tirano» de la «bella ingrata», de la «amada enemiga», insensible al «amante cuidado» de su pretendiente):

RENGO.- Pues, Gualeva, ¿desta suerte
pagas mi amante cuidado?
[…]
Hable tu rigor tirano,
si aquí puede haber disculpa,
o me pagará tu culpa
este alevoso cristiano (fols. 16v-17r)[4].


[1] La princeps lee este verso «armada Aurora luzes la acompaña», que enmiendo.

[2] Todas mis citas son por la edición príncipe de 1665 (Los españoles en Chile, en Parte veinte y dos de Comedias nuevas, escogidas de los mejores ingenios de España, Madrid, Andrés García de la Iglesia, a costa de Juan Martín Merinero, 1665), pero modernizando las grafías y la puntuación.

[3] La princeps trae «el amor», que enmiendo.

[4] Para más detalles remito a Carlos Mata Induráin, «Rebeldes y aventureros en Los españoles en Chile (1665), de Francisco González de Bustos», en Hugo R. Cortés, Eduardo Godoy y Mariela Insúa (eds.), Rebeldes y aventureros: del Viejo al Nuevo Mundo, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2008, pp. 161-186.

Araucanos y españoles en «Los españoles en Chile» (1665), de Francisco González de Bustos (1)

Desde la perspectiva de los personajes españoles de Los españoles en Chile, el indio araucano es «el bárbaro rebelde»[1] (así lo denomina el Marqués, fol. 6v[2]). El indómito araucano representa la barbarie; de hecho, la designación de bárbaro, bárbaros es la usual a lo largo de toda la comedia para referirse a los indios, bien como vocativo a ellos dirigido, bien para designarlos, y para calificar sus costumbres, cuando no están presentes en escena (así, encontramos sintagmas como bárbaro asqueroso, bárbaro ciego, bárbaro suplicio[3]…). A su vez, los araucanos utilizan con frecuencia la designación de cristiano, cristianos para referirse a sus antagonistas (cristianos soberbios, viles cristianos, alevoso cristiano, soberbios cristianos…), alternando con las formas español, españoles. El objetivo de estos es someter aquellas tierras, porque «Chile ha de ser del rey» (fol. 21r). Estas referencias a la conquista del territorio y su incorporación a la Monarquía Hispánica apuntan levemente en las conversaciones entre el Marqués y sus capitanes, y también en el desenlace, cuando Tucapel pide el bautismo a don García en nombre de todos los indios:

TUCAPEL.- Yo soy, señor, que a tus plantas
vengo a pedirte perdón,
con estos que me acompañan
rendidos a tu clemencia,
de la ceguedad pasada
y el bautismo, que en la ley
que ya adoramos cristiana
vasallos queremos ser
del grande león de España.

TODOS.- ¡Bautismo, señor, bautismo! (fol. 23r).

Sin embargo, como ya quedó apuntado en una entrada anterior, ni el aspecto histórico de la guerra de conquista ni sus implicaciones religiosas constituyen la parte nuclear de la comedia ni alcanzan un desarrollo mayor. Las cuestiones que verdaderamente importan al dramaturgo no son las de la incorporación de un nuevo territorio a la Corona y la conversión de nuevas almas a la religión católica, sino las aventuras amorosas que culminarán convencionalmente con bodas múltiples tras la muerte de Caupolicán: don Diego con doña Juana, Tucapel con Fresia y Rengo con Gualeva.

«La bella Guacolda. Traje de las chilenas desde Coquimbo hasta el valle de Arauco». Dibujo incluido en la crónica manuscrita de fray Diego de Ocaña (1608), publicada con el título A través de la América del Sur
«La bella Guacolda. Traje de las chilenas desde Coquimbo hasta el valle de Arauco». Dibujo incluido en la crónica manuscrita de fray Diego de Ocaña (1608), publicada con el título A través de la América del Sur.

Como ha escrito Lee:

El conflicto amoroso que domina la obra reduce el tema araucano a un papel de subordinación en función del desarrollo y resolución del mismo. Las guerras de conquista son, entonces, el factor tangencial introductor del desorden (don Diego deja a doña Juana para ir a la guerra en Chile) y es así, tangencialmente, como el autor trata el problema bélico. Ninguno de los personajes, españoles o araucanos, discute sobre el conflicto político-religioso, sólo se reconocen unos a otros como cristianos y no cristianos, diferencia que se resuelve también dentro de unos marcos fijos y predecibles. La obra termina con la conversión masiva de los araucanos al cristianismo tras la muerte de Caupolicán […]. Sin embargo, si bien la obra elude el reconocimiento de los araucanos en su otredad, dentro de un marco ideológico definido por el concepto del orden, este mundo es, implícitamente, la antítesis de lo deseable. Si doña Juana y los españoles representan el Bien, Fresia y los suyos representan el Mal y por lo tanto sus aspiraciones no pueden ser logradas[4].


[1] Y, al decir de Cacao, Caupolicán «está en lo rebelde endurecido» (fol. 21r).

[2] Todas mis citas son por la edición príncipe de 1665 (Los españoles en Chile, en Parte veinte y dos de Comedias nuevas, escogidas de los mejores ingenios de España, Madrid, Andrés García de la Iglesia, a costa de Juan Martín Merinero, 1665), pero modernizando las grafías y la puntuación.

[3] Otros insultos en boca de los españoles: canalla, locos, perro, perra, galgo

[4] Mónica Lucía Lee, De la crónica a la escena: Arauco en el teatro del Siglo de Oro, Ann Arbor, UMI, 1996, pp. 217-218. Para más detalles remito a Carlos Mata Induráin, «Rebeldes y aventureros en Los españoles en Chile (1665), de Francisco González de Bustos», en Hugo R. Cortés, Eduardo Godoy y Mariela Insúa (eds.), Rebeldes y aventureros: del Viejo al Nuevo Mundo, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2008, pp. 161-186.