Características de las novelas históricas de Navarro Villoslada

Todas las novelas históricas románticas —y, entre ellas, las tres de Francisco Navarro Villoslada[1]— presentan unas características comunes: localización preferente en una Edad Media, tópicamente idealizada, cristiana y caballeresca; narrador omnisciente, en tercera persona, que trata de crear una sensación de verosimilitud con frecuentes alusiones a crónicas ficticias; personajes planos, esquemáticos (los protagonistas suelen ser un héroe y una heroína, altamente idealizados, que se aman, pero que han de sufrir la persecución de algún odioso antihéroe); manejo de unas mismas técnicas y estructuras, y de unos mismos recursos de intriga para mantener el interés del lector, etc.

Trafalgar, de Pérez GaldósLa moda de la novela histórica con características románticas siguió en los años 50 y 60, en una verdadera avalancha de títulos, debidos especialmente a los autores que escribían por entregas o para los folletines de las publicaciones periódicas (Ramón Ortega y Frías, Florencio Luis Parreño y, sobre todo, Manuel Fernández y González), de mucha menor calidad literaria[2]. En cambio, en los 70 el modelo cambiaría, pasando a estar constituido por los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós, que representan una forma mucho más moderna y realista de entender la novelización de la historia nacional (no ya la poética Edad Media, sino una época mucho más cercana al autor, si no contemporánea).


[1] Para este autor ver Carlos Mata Induráin, Francisco Navarro Villoslada (1818-1895) y sus novelas históricas, Pamplona, Gobierno de Navarra (Dpto. de Educación, Cultura, Deporte y Juventud-Institución Príncipe de Viana), 1995. Y para su contexto literario remito a Carlos Mata Induráin, «Estructuras y técnicas narrativas de la novela histórica romántica española (1830-1870)», en Kurt Spang, Ignacio Arellano y Carlos Mata (eds.), La novela histórica. Teoría y comentarios, Pamplona, Eunsa, 1995, pp. 145-198; 2.ª ed., Pamplona, Eunsa, 1998, pp. 113-151.

[2] Para el conjunto de la producción de la novela histórica romántica española, ver especialmente Juan Ignacio Ferreras, El triunfo del liberalismo y de la novela histórica (1830-1870), Madrid, Taurus, 1976.

Novela histórica vs. Episodio nacional

Otra cuestión interesante que podríamos considerar al tratar de las novelas históricas es la siguiente: ¿qué distancia temporal entre el presente del autor y la historia narrada es necesaria? La crítica ha señalado una separación mínima de unos cincuenta años[1], que, en cualquier caso, no deja de ser una cifra arbitraria. Para Juan Ignacio Ferreras, las novelas históricas pueden construirse de tres formas distintas, por lo menos: «o alejándolas en el tiempo y llegando a lo que pudiéramos llamar novela arqueológica; o alejándose hasta la generación de los abuelos; o, finalmente, escribiendo acerca de la actualidad histórica contemporánea o muy presente»[2].

Creo que sería útil establecer una distinción entre novela histórica y «episodio nacional contemporáneo», reservando este término para aquellas obras que no alejan demasiado su acción en el tiempo, esto es, para aquellas que novelan acontecimientos históricos vividos —o que pudieron llegar a ser vividos— por el autor, como sucede con las cinco series de Episodios Nacionales de Pérez Galdós, en las que se recogen los acontecimientos de la historia de España desde unos años antes de la guerra de la Independencia (la batalla de Trafalgar) hasta la Restauración borbónica[3].

Trafalgar, de Pérez Galdos


[1] Cf. Biruté Ciplijauskaité, Los noventayochistas y la historia, Madrid, José Porrúa Turanzas, 1981, p. 13.

[2] Juan Ignacio Ferreras, La novela en el siglo XVII, Madrid, Taurus, 1987, pp. 56-57.

[3] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «Retrospectiva sobre la evolución de la novela histórica», en Kurt Spang, Ignacio Arellano y Carlos Mata (eds.), La novela histórica. Teoría y comentarios, Pamplona, Eunsa, 1995, pp. 13-63; 2.ª ed., Pamplona, Eunsa, 1998, pp. 11-50.