Poesía de Navidad: «Encarnación», de Pedro Miguel Lamet, SJ

Hace unos días, en el tiempo de Adviento, reproducía aquí un par de sonetos de Pedro Miguel Lamet, SJ (Cádiz, 1941- ), «Isaías» y «María», pertenecientes a su libro La luz recién nacida. Cancionero de Adviento y Navidad. Copio hoy otro soneto del mismo libro, dedicado este a la «Encarnación», que se construye como un apóstrofe al «niño mío» (v. 1; la voz lírica habla luego de «tu silencio», v. 5; «tus abrazos», v. 7; «tu eterna algarabía», v. 14).

Giovanni Battista Tiepolo, Natividad (1732). Basílica de San Marcos, Venecia (Italia)
Giovanni Battista Tiepolo, Natividad (1732). Basílica de San Marcos, Venecia (Italia)

El poema, que no requiere mayor comentario, canta la alegría «de admirar cómo Dios se hizo palpable» (v. 12), esto es, evoca poéticamente el gozoso misterio de la Palabra divina encarnada en forma humana.

La Palabra se hizo carne.
(Juan, 1, 14)

Nace en mí tu palabra, niño mío,
como arrullo de sol en estos pazos,
y se rompe la noche en mil pedazos
al fundirse de amor el viento frío.

Brilla en mí tu silencio en el vacío
que colma de calor estos ribazos
y el mundo se deshace en tus abrazos
al saber qué mar buscan nuestros ríos.

Ya no existe en la tierra desconsuelo
ni en la vida pavor insuperable
que pueda destruir esta alegría

de admirar cómo Dios se hizo palpable
y mi carne es su carne hecha un anhelo
de danzar en tu eterna algarabía[1].


[1] Pedro Miguel Lamet, SJ, La luz recién nacida. Cancionero de Adviento y Navidad, Bilbao, Ediciones Mensajero, 2016, p. 95. El poema había sido publicado previamente en la web La página de Pedro Miguel Lamet, el 24 de diciembre de 2014, en una entrada bajo el título «La mayor explosión de la historia», con una variante, «en mis regazos», en el v. 2. Se reprodujo también, con la misma variante, en ReligiónDigital.org, el 22 de febrero de 2015, con el epígrafe «La mayor explosión de la Historia», donde se lee este comentario explicativo del autor: «La Encarnación es la mayor explosión de luz de la Historia y la Navidad su manifestación. Desde entonces nuestra carne es divina y nuestro abrazo multiplica esa explosión de amor que se actualiza».