«Te esperaré apoyada en la curva del cielo», de Ernestina de Champourcin

En el blog ya han entrado algunos poemas de Ernestina de Champourcin (Vitoria, 1905-Madrid 1999), una de las más destacadas voces femeninas de la Generación del 27: «Huida», «El beso», «Amor», «Búscame en ti. La flecha de mi vida…» y «Contemplación de María». En este rumbo que nos va llevando al año 27, recordaré hoy otra composición suya, la titulada «Te esperaré apoyada en la curva del cielo», perteneciente a su poemario La voz en el viento (1931). Dice así:

Paul Delvaux, Mujer ante el espejo (1936). Museo Nacional Thyssen-Bornemisza (Madrid, España).
Núm. de inventario: 520 (1972.9).
Paul Delvaux, Mujer ante el espejo (1936). Museo Nacional Thyssen-Bornemisza (Madrid, España).
Núm. de inventario: 520 (1972.9).

Te esperaré apoyada en la curva del cielo
y todas las estrellas abrirán para verte
sus ojos conmovidos.

Te esperaré desnuda.
Seis túnicas de luz resbalando ante ti
deshojarán el ámbar moreno de mis hombros.

Nadie podrá mirarme sin que azote sus párpados
un látigo de niebla.
Solo tú lograrás ceñir en tus pupilas
mi sien alucinada
y mis manos que ofrecen su cáliz entreabierto
a todo lo inasible.

Te esperaré encendida.
Mi antorcha despejando la noche de tus labios
libertará por fin tu esencia creadora.
¡Ven a fundirte en mí!
El agua de mis besos, ungiéndote, dirá
tu verdadero nombre[1].


[1] Cito por Antología poética [de la] Generación del 27. Selección, estudio crítico de Elena Escribano Alemán, Barcelona, Vicens Vives, 2026, p. 87.

«Lo infinito», poema de Carmen Conde

Aunque menos conocida que otros poetas que forman la nómina “oficial” y “mayor” del grupo poético del 27, Carmen Conde (Cartagena, 1907-Majadahonda, Madrid, 1996) es también una de las voces líricas destacadas de aquel momento. Además de su intensa labor docente y su firme activismo cultural —fundó junto a su esposo, Antonio Oliver Belmás, la primera Universidad Popular de Cartagena en 1931—, su producción literaria —cultivó, sobre todo, la poesía y el ensayo— destaca por una profunda sensibilidad hacia temas como el erotismo, la identidad femenina, la protesta social y la mística. En 1978 fue elegida para ocupar la silla «K» de la Real Academia Española, tomando posesión al año siguiente con un discurso titulado Poesía ante el tiempo y la inmortalidad, con lo que se convirtió en la primera mujer académica de número en la historia de la docta casa.

Su evolución poética va desde un intimismo inicial, con influencias de Juan Ramón Jiménez, hasta una poesía de madurez de tono marcadamente existencial. Entre sus poemarios destacan Brocal (1929), Júbilos (1934), Ansia de la gracia (1945), Mujer sin Edén (1947), En un mundo de fugitivos (1960), Derribado arcángel (1960) o La noche oscura del cuerpo (1980). En 1967 publicó Obra poética (1929-1966), volumen que le valió el Premio Nacional de Poesía, siendo también la primera mujer en recibir este galardón.

Ahora que nos vamos acercando al Centenario de la Generación del 27, conviene recordar estas voces menos conocidas y transitadas por la crítica, que no encuentran lugar —o lo encuentran menor— en los manuales de la historia literaria española. Copiaré hoy, sin necesidad de mayor comento, su poema «Lo infinito», perteneciente a su poemario Ansia de la gracia (1945).

Paul de Vos, Concierto de aves (siglo XVII). Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (Madrid, España). Academia Colecciones, Museo, núm. de inventario: 1489.
Paul de Vos, Concierto de aves (siglo XVII). Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (Madrid, España). Academia Colecciones, Museo, núm. de inventario: 1489.

Tú vives en el Alba.
Los pájaros te aclaman.
De túnicas de aves te viste la alegría.
¡Qué aurora la que exaltas!
¡Qué noble luz la tuya!
Te escuchan las mañanas y las noches
porque eres como un río,
porque eres como un corzo.

Sentirte a ti que pasas
rozándome las rosas y los ayes…
Doler en tus rodillas, estrujada
por riscos y malezas…

Y que un céfiro de alondras venga dulce,
que tú llegues aventando mis heridas…
Ser mujer y tuya, ¡qué inefable
fundirse la conciencia entre tus brazos![1]


[1] Cito por Antología poética [de la] Generación del 27. Selección, estudio crítico de Elena Escribano Alemán, Barcelona, Vicens Vives, 2026, p. 119.

El villancico «Ha nacido desterrado» de Concha Méndez

De Concha Méndez —nombre literario de Concepción Méndez Cuesta (Madrid, 1898-Ciudad de México, 1986)— ya han quedado recogidos en el blog varios villancicos suyos («De la miel y del azúcar…», «Una cañita de azúcar…», «El panaderito», «Sopitas de almendra» y «Caballito, corre»). Vaya para esta mágica Noche de Reyes —noche de inocencia e ilusión, para chicos y grandes— otro texto, tan breve y sencillo como los anteriores.

Sandro Botticelli, Adorazione dei Magi (1475). Galleria Uffizi (Florencia, Italia).
Sandro Botticelli, Adorazione dei Magi (1475).
Galleria Uffizi (Florencia, Italia).

Ha nacido desterrado,
perseguido por un rey[1],
pero otros reyes le siguen
—esta vez para su bien—.
Son los magos que de Oriente
algo le van a ofrecer[2].


[1] perseguido por un rey: el rey Herodes I el Grande, que ordenó la matanza de los Inocentes ​(niños menores de dos años) en la época del nacimiento de Jesús.

[2] Lo cito por la antología Porque esta noche el Amor. Poesía navideña del siglo XX, introducción y selección de poemas por Miguel de Santiago y Juan Polo Laso, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1997, p. 197.

«Letrilla de la Virgen María esperando la Navidad», de Gerardo Diego

La Virgen sueña caminos,
está a la espera…
La Virgen sabe que el Niño
está muy cerca…

Como antológico poema de Navidad de Gerardo Diego ya hemos reproducido aquí su célebre «La palmera» (editado en ocasiones con el título de «Canción al Niño Jesús»). Vaya para hoy, tercer domingo de Adviento, otro poema suyo, la «Letrilla de la Virgen María esperando la Navidad», perteneciente a sus Versos divinos (1938-1941). Diego, lo sabemos, es un consumado maestro en la recreación de la poesía popular, y así lo demuestra también con este poema que, con su estructura anafórico-paralelística (y la repetición del estribillo, con variantes), subrayada por el quebrado «con qué», expresa la incertidumbre de la joven María —que se dirige primero a los elementos de la naturaleza: luna, brisa y arroyuelo, y luego al ángel Gabriel y a su esposo José— ante la inminente llegada del Niño y los cuidados que requerirá el recién nacido.

Virgen María encinta

Cuando venga, ay, yo no sé
con qué le envolveré yo,
con qué.

Ay, dímelo tú, la luna,
cuando en tus brazos de hechizo
tomas al roble macizo
y le acunas en tu cuna.
Dímelo, que no lo sé,
con qué le tocaré yo,
con qué.

Ay, dímelo tú, la brisa
que con tus besos más leves
la hoja más alta remueves,
peinas la pluma más lisa.
Dímelo y no lo diré
con qué le besaré yo,
con qué.

Pues dímelo tú, arroyuelo,
tú que con labios de plata
le cantas una sonata
de azul música de cielo.
Cuéntame, susúrrame
con qué le cantaré yo,
con qué.

Y ahora que me acordaba,
Ángel del Señor, de ti,
dímelo, pues recibí
tu mensaje: «He aquí la esclava».
Sí, dímelo, por tu fe,
con qué le abrazaré yo,
con qué.

O dímelo tú, si no,
si es que lo sabes, José,
y yo te obedeceré,
que soy una niña yo,
con qué manos le tendré
que no se me rompa, no,
con qué[1].


[1] Cito por Guillermo Suárez, SM, María, belleza de Dios. Cien poemas marianos, Madrid, SPM. Servicio de Publicaciones Marianistas, 2010, núm. 24, p. 39.

«Venus moderna», de Elisabeth Mulder

Añado hoy a los poemas «Rebeldía» y «Canción de marinero en la noche», de Elisabeth Mulder (Barcelona, 1904-Barcelona, 1987), poeta de la Generación del 27, su «Venus moderna», publicado en su poemario Embrujamiento (1927). Comenta José Luis Ferris que esta primera obra poética de la autora fue recibida con éxito por la crítica,

pero también con algo de escepticismo y de curiosidad, ya que muchos gacetilleros pensaban que tras el nombre de Elisabeth Mulder se escondía un autor que prefería ocultar su identidad. Se creó así cierto misterio y un clima de confusión que la propia Elisabeth había fomentado firmando algunos de sus poemas y artículos con el seudónimo de Esfinge o Elena Mitre[1].

Jove decadent (1899), de Ramón Casas. Museo de Montserrat (Monistrol de Montserrat, Barcelona).
Jove decadent (1899), de Ramón Casas. Museo de Montserrat (Monistrol de Montserrat, Barcelona).

Venus grácil y coqueta
de la andrógina silueta
y la artificiosa pose,
fascinas como un abismo
porque tu decadentismo
corre del placer en pos.

Figurita estilizada,
gentilmente envenenada
de ultracivilización.
Encantadora poupée,
sin prejuicios y sin fe
ni en su propio corazón.

En tu alma inconsciente y fría
la satánica jauría
colocó su pabellón,
y con fresca risa loca
nos lo muestras en tu boca
pintada de bermellón.

Tu indiferente cinismo
rima con el esnobismo
de tu elegancia triunfal.
Tu belleza no es la eterna,
pero eres chic y moderna,
gentil, alegre y banal.

Venus frágil y bonita,
deliciosa muñequita
fragante y artificial,
que te cuidas con esmero
para darte a don Dinero
porque es tu único ideal[2].


[1] José Luis Ferris, en Mujeres del 27. Antología poética, 6.ª impresión de la 1.ª ed., Barcelona, Planeta, 2025, p. 215.

[2] Cito por Mujeres del 27. Antología poética, introducción y edición de José Luis Ferris, pp. 221-222.

«Canción de marinero en la noche», de Elisabeth Mulder

De Elisabeth Mulder (Barcelona, 1904-Barcelona, 1987), poeta de la Generación del 27, copiaba ayer su soneto «Rebeldía». Añado hoy su romance «Canción de marinero en la noche», perteneciente a su poemario Poemas mediterráneos (1949).

Mario Galarza, Mujer con toalla en la playa (Artelista, 2021).
Mario Galarza, Mujer con toalla en la playa (Artelista, 2021).

La noche trae mi esperanza
rodando sobre la arena.
¡Mejilla de estrella virgen,
garganta de luna llena!
La noche trae mi esperanza
con la ropa medio puesta,
¡espalda de nardo fresco,
vientre en flor de primavera!
Ola, un puñado de sal
para ungir a mi morena,
la de los senos tan suaves
como capullos de seda,
la de los muslos de plata
como agujones de estela.
Gaviota que bate el viento
comiéndose los planetas,
cuando piques en el mar
para besar las sirenas,
tráeme ramas de coral
que ciñan a mi morena
por la hebra de su cintura
al lecho de playa en fiesta.
Ya cae otra estrella herida,
ya huye cantando otra vela,
ya va entornando la luna
sus grandes ojos de enferma…
¡La noche trae mi esperanza
rodando sobre la arena![1]


[1] Cito por Mujeres del 27. Antología poética, introducción y edición de José Luis Ferris, 6.ª impresión de la 1.ª ed., Barcelona, Planeta, 2025, pp. 230-231.

«Rebeldía», un soneto de Elisabeth Mulder

Elisabeth Mulder (Barcelona, 1904-Barcelona, 1987) forma parte de la nómina femenina de la Generación del 27 y del grupo de «Las Sinsombrero». Fue escritora (cultivo la poesía, la novela, el cuento y el teatro), traductora, periodista y crítica literaria. Se ha señalado que, en el terreno poético, pasó de un simbolismo decadentista atormentado al equilibrio clásico del novecentismo. Entre sus títulos poéticos se cuentan Embrujamiento (1927), La canción cristalina (1928), Sinfonía en rojo (1929), La hora emocionada (1931), Paisajes y meditaciones (1933) y Poemas mediterráneos (1949). En el año 2010 fue rescatada, junto a diecinueve nombres más, por Pepa Merlo en la antología Peces en la Tierra. Antología de mujeres poetas en torno a la Generación del 27 (Madrid, Fundación José Manuel Lara). En 2018 se publicó Sinfonía en rojo. Prosa y poesía selecta, con introducción de Juan Manuel de Prada (Madrid, Fundación Banco Santander).

Mujer rompiendo unas cadenas

A su poemario Sinfonía en rojo (1929) pertenece este soneto titulado «Rebeldía»:

Señor, ya no más hiel; quiero un momento
ser yo quien el atroz látigo empuñe.
Hastiado de lo injusto del tormento
el león que hay en mí protesta y gruñe.

Señor, ni sumisión ni mansedumbre
quiero; no soporto lo inicuo de mi yugo.
Soy rayo, río, volcán, soy muchedumbre,
no tolero cadenas ni verdugo.

Señor, ya no más hiel, que mi garganta
la inhumana ponzoña más no aguanta.
Mi corazón, congestionado, estalla…

Y una roja visión me va exaltando…
¡Si he de morir, Señor, que sea matando,
como muere el soldado en la batalla![1]


[1] Cito por Mujeres del 27. Antología poética, introducción y edición de José Luis Ferris, 6.ª impresión de la 1.ª ed., Barcelona, Planeta, 2025, pp. 225-226.

«Soñar, siempre soñar», un soneto de Lucía Sánchez Saornil

Como poeta, la producción de Lucía Sánchez Saornil (Madrid, 1895-Valencia, 1970) —que usó el seudónimo literario Luciano de San-Saor— se adscribe principalmente al movimiento ultraísta. Además de escritora y periodista, fue una destacada militante anarquista y luchadora por la emancipación de la mujer. Como escribe José Luis Ferris, «La figura de Lucía Sánchez Saornil va indefectiblemente unida al Ultraísmo, movimiento de vanguardia del que fue pionera, y al anarcofeminismo, por su enérgico papel en la lucha sindical, su antifascismo y su tenaz defensa de los derechos de la mujer»[1]. Su obra poética está formada por Estuario (1925, poemario anunciado en la revista Tobogán, que no llegó a publicarse), Romancero de Mujeres Libres (1938; hay edición facsímil del año 2020); Siempre puede volver la esperanza (poemario inédito de hacia 1960); Poesía, edición de Rosa María Martín Casamitjana (Valencia, Pre-Textos, 1996) y Corcel de fuego, edición e introducción de Nuria Capdevila-Argüelles (Madrid, Ediciones Torremozas, 2020), que recoge poesía del periodo 1914-1931.

Sirva como pequeña muestra de su quehacer poético este soneto suyo titulado «Soñar, siempre soñar» y fechado a finales de los años sesenta.

Fotografía de Jay Soundo
Fotografía de Jay Soundo (https://unsplash.com/).

Has jugado y perdiste: eso es la vida.
El ganar o perder no importa nada;
lo que importa es poner en la jugada
una fe jubilosa y encendida.

Todo lo amaste y todo sin medida.
¿Cómo puedes sentirte defraudada
si fuiste por amor crucificada
con un clavo de luz en cada herida?

Sobre urdimbres de olvido van tejiendo
lanzaderas de ensueño otra esperanza
de un morir cotidiano renaciendo.

Porque un nuevo entusiasmo nos transporta
a otro ensueño entrevisto en lontananza
y en la vida, el soñar, es lo que importa[2].


[1] José Luis Ferris, en Mujeres del 27. Antología poética, 6.ª impresión de la 1.ª ed., Barcelona, Planeta, 2025, p. 89.

[2] Recogido en Lucía Sánchez Saornil, Poesía, ed. de Rosa María Martín Casamitjana, Valencia, Pre-Textos, 1996. Lo cito por Mujeres del 27. Antología poética, introducción y edición de José Luis Ferris, p. 100, restituyendo la mayúscula al comienzo del segundo verso.

Un soneto de Josefina de la Torre: «Cuando veo mi imagen reflejada…»

De Josefina de la Torre (1907-2002), poeta canaria de la Generación del 27, he traído al blog estos días sus poemas «¡Gritar, gritar a la luna…», «¡Cómo temblaban mis labios…» y «Qué repetido deseo…». A su poemario Medida del tiempo (inédito hasta 1989) pertenece este soneto, de tono dolorido y gran fuerza expresiva:

José Gutiérrez Solana, [Mujer ante el espejo] (1963). Calcografía Nacional (Madrid), núm. de inventario: E-6724.
José Gutiérrez Solana, [Mujer ante el espejo] (1963). Calcografía Nacional (Madrid), núm. de inventario: E-6724.

Cuando veo mi imagen reflejada
en la luna impasible del espejo,
siento cómo me duele su reflejo
tan fiel a mi verdad enajenada.

Esta forma que late y se rebela,
un tiempo fue de amor y fue de vida;
y aún hoy, que huellas saben de su huida,
queda una voz para su luz en vela.

Pero un día vendrá el irremediable
que a este espejo me asome, ya acabada.
Y la raíz de fuego insobornable 

que crece en mi interior, aún no saciada,
conmoverá la cárcel indomable
con su llanto de ruina abandonada[1].


[1] Lo cito por Mujeres del 27. Antología poética, introducción y edición de José Luis Ferris, 6.ª impresión de la 1.ª ed., Barcelona, Planeta, 2025, p. 289.

«Qué repetido deseo…», de Josefina de la Torre

Tras «¡Gritar, gritar a la luna…» y «¡Cómo temblaban mis labios…», de Josefina de la Torre (1907-2002), poeta canaria de la Generación del 27, añado hoy «Qué repetido deseo…», también de Poemas de la isla (1930). Se construye con versos octosílabos, que presentan algunas rimas asonantes, de forma esporádica.

La dormeuse (1932), de Tamara de Lempicka. Colección privada.
La dormeuse (1932), de Tamara de Lempicka. Colección privada.

Qué repetido deseo,
todo igual y siempre el mismo,
distinto y otro, inconsciente,
confundido y tan preciso,
se me va quedando dentro
escondido y dueño solo,
perdido y presente siempre.
Altas noches, muros largos,
patios de la madrugada.
Y mi deseo rodando
—número de circo— libre.
Una y otra vez, alerta
dando la voz en mis sienes,
centinela de mi pecho,
fiel compañero constante.
Qué repetido deseo
tan inseguro y tan firme,
ignorada certidumbre.
Distancia, viento y espacio[1].


[1] Lo cito por Mujeres del 27. Antología poética, introducción y edición de José Luis Ferris, 6.ª impresión de la 1.ª ed., Barcelona, Planeta, 2025, p. 283.