Bien sabida es la trascendencia y el legado inmenso que ha dejado tras de sí la ingente figura de santa Teresa de Jesús[1]. Más allá de su santidad, de su acción como reformadora del Carmelo, de su labor como escritora y su impronta en el terreno espiritual, la santa de Ávila ha dado lugar a muchas recreaciones, en diversas artes (pintura, escultura, etc.) y también —lo que ahora me interesa— en la literatura. En el terreno literario, su figura ha sido evocada en todos los géneros: teatro, poesía, ensayo y, por supuesto, en la narrativa. En las próximas entradas, tras ofrecer un listado con el corpus de obras que muestran su presencia en la ficción narrativa española contemporánea (siglos XX y XXI), me detendré en el análisis de la novela El castillo de diamante (2015) de Juan Manuel de Prada, una de las de mayor interés y mayor calidad literaria de cuantas aparecieron en torno al centenario teresiano de ese año.
Antes de entrar en materia, y a modo de preliminar, señalaré tres premisas de las que parten mis reflexiones. La primera es, aunque resulte un hecho bastante obvio, que la novela histórica está de moda de unas décadas a esta parte. Basta con acercarse a la sección de novedades de cualquier librería para comprobarlo. Hay para ello poderosas razones de márquetin (premios, estrategias editoriales…), a lo que se suma el sostenido gusto por la historia (la sentencia ciceroniana «Historia, magistra vitae» sigue teniendo valor y vigencia a día de hoy: en un mundo complejo como el nuestro, saber de nuestro pasado nos ayuda a entender mejor nuestro presente, de forma que podamos afrontar en mejores condiciones nuestro futuro). Además, la novela histórica se desarrolla con mayor intensidad en épocas de crisis, entre otras razones porque es un molde que permite establecer paralelismos entre el pasado y el presente (y por ello es, también, un subgénero que se presta a la carga ideológica, en un sentido conservador o progresista). En las primeras décadas del siglo XIX, tras el éxito de Walter Scott y las Waverley Novels, los imitadores del maestro escocés fueron legión en toda Europa: escribir “a la manera de Scott” se convirtió en garantía de éxito editorial[2]. Mutatis mutandis, hacia finales del siglo XX el éxito de Umberto Eco con El nombre de la rosa (que —entre otras cosas— es una memorable novela histórica) relanzó el subgénero, y no solo en esa modalidad de ʻuna investigación detectivesca ambientada en algún momento de la Edad Mediaʼ; a ese cultivo del género se ha sumado la modalidad de la novela “del código” (asimilable en ocasiones —no siempre— al subgénero novela histórica).
La segunda premisa es que la novela histórica, en los últimos tiempos, siente predilección por el Siglo de Oro español, y así, no resulta difícil encontrar a distintos escritores áureos convertidos en personajes de ficción. El asunto, por supuesto, no es nuevo, pues ya desde el Romanticismo aparecen con frecuencia Cervantes, Lope de Vega, Quevedo o Villamediana (y algo menos Garcilaso, Calderón, Tirso o Góngora) protagonizando relatos de ficción histórica, ya sea como personajes principales, ya interviniendo en ellos de forma secundaria. Sin embargo, esta tendencia se ha multiplicado considerablemente en las últimas décadas (sobre todo en lo que llevamos de siglo XXI, podría decirse).
La tercera y última premisa es que a la novela histórica “le sientan muy bien” los centenarios. Un ejemplo señero lo tenemos con Cervantes; en lo que va de siglo se han acumulado las conmemoraciones cervantinas: en 2005, de la Primera parte del Quijote; en 2013, de las Novelas ejemplares; en 2014, del Quijote de Avellaneda; en 2015, de la Segunda parte del Quijote y de las Ocho comedias y ocho entremeses; en 2016, de la muerte del escritor, y en 2017, de la publicación póstuma del Persiles. Pues bien, en todos esos años hemos visto aparecer un verdadero aluvión de novelas con Cervantes convertido en personaje de ficción (y no hablo ahora de las recreaciones narrativas de don Quijote, que es otra materia distinta). Algo similar ocurrió con el centenario del nacimiento de santa Teresa en 2015, momento en el que se dieron a las prensas bastantes recreaciones novelescas de su vida, algunas en el año 2014 (adelantándose un poco a la conmemoración), varias más en el 2015 y algunas otras rezagadas que se sumaron en el año 2016, valga decir, en el “post-centenario”[3].
[1] Ver especialmente para su legado y trascendencia Esther Borrego y José Manuel Losada (eds.), Cinco siglos de Teresa. La proyección de la vida y los escritos de Santa Teresa de Jesús. Actas selectas del Congreso Internacional «Tan alta vida espero. Santa Teresa o la llama permanente de 1515 a 2015». Universidad Complutense de Madrid, 20-23 de octubre de 2015, Madrid, Fundación María Cristina Masaveu Peterson, 2016; y Esther Borrego y Jaime Olmedo Ramos (coords.), Santa Teresa o la llama permanente. Estudios históricos, artísticos y literarios, Madrid, Centro de Estudios Europa Hispánica (CEEH), 2017. Para el personaje de santa Teresa de Jesús, en general, remito también a Joseph Pérez, Teresa de Ávila y la España de su tiempo, Madrid, Algaba, 2007; Rosa María Alabrús y Ricardo García Cárcel, Teresa de Jesús. La construcción de la santidad femenina, Madrid, Cátedra, 2015; o Carlos Ros, Teresa de Jesús: vida, mensaje y actualidad de la santa de Ávila, Madrid, San Pablo, 2015, entre otros muchísimos trabajos posibles.
[2] Ver para estas cuestiones Carlos Mata Induráin, «Estructuras y técnicas narrativas de la novela histórica romántica española (1830-1870)», en La novela histórica. Teoría y comentarios, ed. Kurt Spang, Ignacio Arellano y Carlos Mata, 2.ª ed., Pamplona, Eunsa, 1998a, pp. 113-151; y «Retrospectiva sobre la evolución de la novela histórica», en La novela histórica. Teoría y comentarios, ed. Kurt Spang, Ignacio Arellano y Carlos Mata, 2.ª ed., Pamplona, Eunsa, 1998b, pp. 11-50.
[3] Me centraré exclusivamente en la novela histórica, pero lo mismo podríamos decir con relación a otros subgéneros literarios: la literatura infantil y juvenil, la novela gráfica, el ensayo, el cine… y otras modalidades de recepción del personaje. Para más detalles remito a mi trabajo: Carlos Mata Induráin, «Santa Teresa de Jesús en la ficción narrativa española contemporánea: El castillo de diamante (2015) de Juan Manuel de Prada», en Esther Borrego Gutiérrez y Carlos Mata Induráin (eds.), Teresa de Jesús y su legado. Santidad y escritura. 400 años de su canonización, Madrid / Frankfurt am Main, Iberoamericana / Vervuert, 2024, pp. 511-530.
