Cervantes y Shakespeare, y su posible encuentro, en «La leyenda del ladrón» (2012) de Juan Gómez-Jurado (3)

En lo que respecta a la presencia de Shakespeare en Sevilla, la novela en La leyenda del ladrón[1] nos lo muestra como un simpático borrachín que vive en la taberna del Gallo Rojo, donde entrará a servir Sancho. Como España e Inglaterra están en guerra en ese momento, no se presenta como inglés, sino que se hace pasar por irlandés. De esta forma se explican las razones de su marcha de Inglaterra:

Aunque procuraba no pensar en ellos para no sentir aún más el peso de la soledad, en aquel momento recordó a sus hijos. Hacía muchos meses que no conseguía dinero suficiente para enviar a casa, y se preguntó si todos estarían bien. Su esposa era demasiado egoísta y demasiado estúpida como para aprender a escribir o mandarle noticias. Por enésima vez en su vida lamentó haber dejado preñada a una mujer ocho años mayor que él y con la que se había casado a la fuerza. Apenas se soportaban, y marcharse lejos de ella en busca de fortuna había sido un auténtico alivio (p. 587).

William Shakespeare

Y se ofrecen a continuación algunos datos sobre su trabajo como actor:

Llevado por su deseo de triunfar en el teatro, se había unido a una troupe de cómicos itinerantes que hacían una gira de dos años por el continente, visitando lugares de los que nunca antes había oído hablar, como Verona, Venecia o la propia Sevilla. El talento de Guillermo para la interpretación era bastante justo, algo que compensaba intentando improvisar sobre el escenario. Para ello sí que estaba dotado, mucho más que sus compañeros. Esto había ocasionado roces y peleas que habían acabado con la paciencia del director y resultado en su expulsión de la compañía. Había terminado viviendo en un cuchitril de mala muerte llamado el Gallo Rojo, maldiciendo su suerte, atrapado por la guerra con España y por el agujero perpetuo de sus bolsillos (pp. 587-588).

En un determinado momento Shakespeare le cuenta a Sancho la leyenda de Robert Hood, bandido honesto, leit motiv repetido a lo largo de la novela (de hecho, Sancho aspirará a ser como ese Robert Hood, un ladrón honesto y bondadoso)[2]. En esta ficción narrativa, Cervantes y Shakespeare, presentados por el joven, se hacen buenos amigos:

Guillermo le contó lo difícil que habían sido para él aquellos años, con un ardor y una pasión que llenaban de colores y sensaciones el relato. Había sido maestro de inglés en varias casas de jóvenes nobles y comerciantes, un trabajo que había acabado con su paciencia y que le daba para malvivir. Hubo días en que tuvo que deslizarse en las cocinas de las casas para robar algo de comer. Cuando no aguantó más las impertinencias de los mocosos malcriados, cambió la hambrienta profesión de maestro por la aún más hambrienta profesión de actor. Con su pobre castellano todos los papeles a los que podía aspirar eran secundarios y sin frase.

—He sido guardia, pastor y piedra. Y árbol, maldita sea. Juro que si algún día escribo una comedia digna de tal nombre no pondré un solo árbol en ella (p. 582).

El comentario no deja de ser humorístico pues, recordemos, en el Acto III de Macbeth una aparición le avisa al protagonista: «Mantén el ánimo valeroso: serás invencible y glorioso hasta que el bosque de Birnam veas moverse y avanzar hacia ti». Luego, en el Acto IV, Malcolm ordena a sus soldados: «¡Que cada uno arranque y lleve consigo una rama para ocultarse tras ella!». Y entonces el Coro exclama: «¡El bosque de Birnam está moviéndose!».

Un detalle interesante es que, tras entablar conocimiento y mantener largas conversaciones, Shakespeare y Cervantes se inspiran mutuamente para algunas de sus futuras obras literarias. El inglés le cuenta al español que la leyenda de Robert Hood, el bandido justiciero, había afectado profundamente a su común amigo Sancho. Esto supone la “chispa” de inspiración para el personaje protagonista del Quijote:

—Supongo que una buena historia puede trastornar al hombre más sereno —dijo el inglés, apurando la jarra.

[…]

Cuando se volvió hacia el comisario, vio que éste tenía la mirada fija en un punto de la pared, y parecía encontrarse muy lejos de allí. Murmuraba algo entre dientes, algo que Guillermo no pudo captar. Tan sólo entendió la palabra «molinos», que para él no tenía ningún significado (p. 507).

A su vez, Cervantes habría sido quien la brindó a Shakespeare el argumento de Hamlet, al hilo de unos comentarios referidos al deseo de venganza que ha anidado en el joven Sancho de Écija:

—Vos no le convertisteis en un ladrón —dijo al cabo de un rato Miguel—. Eso era algo que él llevaba dentro, por los motivos equivocados.

—Temo, no obstante. Ser la causa de haberlo provocado. Y de haberle obligado a buscar venganza. La más baja e inútil de las pasiones.

Miguel sonrió.

—La venganza. Es curioso, don Guillermo, pero recientemente llegó a mis oídos una trágica historia que le sucedió a un príncipe de Dinamarca hace cuatro siglos… (p. 591) [3].

[1] Cito por Juan Gómez-Jurado, La leyenda del ladrón, Barcelona, Planeta, 2012.

[2] «Robin Hood fue una amalgama de tres individuos distintos: un campesino proscrito del bosque de Barnsdale en torno a 1225; Robert Hood de Wakefield, soldado del ejército rebelde del conde de Lancaster que luego estuvo al servicio de Eduardo II en 1324 […] y Fulk Fitz Warine, uno de los barones que se alzaron contra el rey Juan entre 1200 y 1215» (Valdés Miyares, «Robin Hood, historia y leyenda de un proscrito», s. p.).

[3] Para más detalles remito a mi trabajo: Carlos Mata Induráin, «Cervantes (y Shakespeare) en La leyenda del ladrón (2012), de Juan Gómez-Jurado», en Emmanuel Marigno y Carlos Mata Induráin (eds.), La recepción de Cervantes: huellas, recreaciones y reescrituras (siglos XVII-XXI). La réception de Cervantes: traces, recréations et réécritures (XVIIe-XXIe siècles), New York, Instituto de Estudios Auriseculares (IDEA), 2024, pp. 203-223.

 

Cervantes y Shakespeare, y su posible encuentro, en «La leyenda del ladrón» (2012) de Juan Gómez-Jurado (1)

El autor ha señalado en alguna entrevista que, en su novela[1], Cervantes es un secundario de lujo. Efectivamente, no ocupa el lugar protagónico, sino que aparece en determinados momentos de la acción global: 1) en el «Prólogo», en su primera jornada como comisario de abastos, salva al niño Sancho de Écija. Luego desaparece de la acción narrativa durante un buen trecho del relato. En el «Interludio» (situado entre los capítulos XLIV y XLV, ocupando las pp. 487-497) se rememora su rescate de Argel por fray Juan Gil y se ofrecen datos relativos a sus cinco años y medio de cautiverio. Por último, en el tramo final de la novela, Sancho le ayuda en una partida de cartas en el garito de Gonzalo Ramos, el Florero, y le presenta a Shakespeare. A partir de ahí Cervantes y Shakespeare, que se hacen amigos, ayudarán juntos a Sancho de Écija.

Shakespeare y Cervantes

Esta es la primera descripción que se ofrece de Cervantes (aunque su nombre no se revelará hasta el final de este apartado introductorio de la novela, para los conocedores de la biografía del autor del Quijote resulta claro de quién se trata):

Un hombre enjuto y de rasgos afilados encabezaba el grupo […]. Estrenaba aquella jornada el cargo de comisario de abastos del rey, encargado de reunir el trigo para la Grande y Felicísima Armada que Felipe II estaba preparando para invadir Inglaterra. Como antiguo soldado que era, aquel encargo llenaba al nuevo comisario de orgullo y responsabilidad. Sentía que iba a contribuir a la gloria que iba a conquistarse en los próximos meses. Si no podía sostener él mismo un mosquete —pues en una batalla librada dieciséis años antes había perdido el uso de una mano— al menos podría alimentar a quienes los empuñasen (p. 11).

Y con estas líneas refleja el narrador sus pensamientos, en estilo indirecto:

Tampoco sería tarea fácil. Los campesinos y terratenientes no verían con buenos ojos las requisas de grano. El comisario portaba vara alta de justicia, así como permiso para romper cerraduras y saquear los sitios, sin más obligación que dejar a cambio un pagaré real. Un pedazo de papel por el fruto de sus esfuerzos no sería bien recibido por quienes doblaban el espinazo sobre la tierra, especialmente cuando era notoria la lentitud de la Corona a la hora de satisfacer las deudas en las que tan alegremente se embarcaba (pp. 11-12).

Insisto: todavía no se ha mencionado su nombre, pero para el lector avisado ya queda suficientemente claro quién es este comisario de abastos. Sea como sea, para que no quede ninguna duda, su identidad se explicita al final de este prólogo, cuando deja al niño que ha salvado en el orfanato, en manos de un fraile:

El comisario volvió a montar, pero cuando iba a ponerse en marcha el anciano agarró el bocado del animal.

—Esperad, señoría. ¿Quién debo decirle que es su salvador, para que le tenga en cuenta en sus oraciones?

El hombre guardó silencio un momento, con la mirada perdida en las calles tenebrosas de Sevilla. Estuvo a punto de negarse a responder, pero había pasado por demasiados malos tragos en la vida, demasiadas pruebas y sinsabores como para desperdiciar una oración a cambio de sus seis escudos. Volvió sus ojos tristes hacia el fraile:

—Decidle que rece por Miguel de Cervantes Saavedra, comisario de abastos del rey (p. 21)[2].


[1] Cito por Juan Gómez-Jurado, La leyenda del ladrón, Barcelona, Planeta, 2012.

[2] Para más detalles remito a mi trabajo: Carlos Mata Induráin, «Cervantes (y Shakespeare) en La leyenda del ladrón (2012), de Juan Gómez-Jurado», en Emmanuel Marigno y Carlos Mata Induráin (eds.), La recepción de Cervantes: huellas, recreaciones y reescrituras (siglos XVII-XXI). La réception de Cervantes: traces, recréations et réécritures (XVIIe-XXIe siècles), New York, Instituto de Estudios Auriseculares (IDEA), 2024, pp. 203-223.

Características de «La leyenda del ladrón» (2012) de Juan Gómez-Jurado: el subgénero de esta novela

La enumeración de las principales características de la novela[1] nos permitirá acercarnos a la cuestión del subgénero narrativo al que pertenece. Estamos, a mi juicio, ante una novela histórica de aventuras, con los ingredientes propios de este tipo de relato: 1) la división maniquea del universo novelesco en héroes (Sancho, Clara) y sus coadyuvantes (Monardes, Bartolo, Josué), por un lado, y villanos (Vargas, Monipodio) y sus secuaces (De Groot, Gabriel Soutino el Cuervo, Catalejo, Maniferro), por otro; 2) acumulación de lances y aventuras que se suceden con un ritmo que pudiéramos calificar de “cinematográfico” (duelos de espada, peleas, persecuciones, asaltos, etc.); 3) una historia de amor con personajes que buscan su propio destino y su libertad (Sancho y Clara), y que tienen deseos de venganza y justicia (Sancho). Se aprecia en la novela una rigurosa documentación histórica, aunque sin alardes de erudición, de forma que la lectura no se hace pesada. Al contrario, estamos ante una redacción fluida, que hace ágil y ameno el discurrir de los acontecimientos.

La leyenda del ladrón, de Juan Gómez-Jurado

Otra característica destacada la constituyen los paralelismos que se establecen entre el tiempo en que se ambienta la acción y nuestros días, el de los lectores contemporáneos: por un lado, se presenta una época de crisis, marcada por la pobreza y las desigualdades sociales, la existencia de políticos y gobernantes corruptos, la venalidad (o parcialidad) de la justicia, siempre favorable a los poderosos y cruel con los más desposeídos. En este contexto se inserta la presencia del protagonista, Sancho, personaje que sueña con la justicia y la libertad. En segundo lugar, se destaca la “invisibilidad” (o escasa presencia) de la mujer en la sociedad. Y, en ese sentido, tenemos al personaje femenino, Clara, que trata de ser libre y tomar las riendas de su destino a través del ejercicio de la profesión médica en un momento en que esta era fundamentalmente cosa de hombres.

Cabe destacar también, como no podía ser de otra manera, la importancia de la materia y la intertextualidad cervantinas. Por un lado está la propia inclusión de Cervantes como uno de los personajes (ya he señalado que no es el protagonista central, pero sí que tiene cierta relevancia). A esto hay que sumar la amistad que se entabla entre el (futuro) autor del Quijote y Shakespeare, que pasan mucho tiempo «hablando de historias y de gentes» (p. 648). Sus diálogos servirán, entre otras cosas, para hacer surgir la inspiración mutua para obras que escribirán próximamente. Añadamos asimismo la amistad de Cervantes y Sancho, que también servirá de inspiración para una futura historia, nada menos que el Quijote (un personaje que lucha por la justicia y la libertad, y el episodio concreto del acuchillamiento de los toneles de vino, que mencionaré en una próxima entrada). En fin, no debemos olvidar la inclusión de Monipodio —un personaje ficticio cervantino inserto en esta otra ficción novelesca— y la descripción del hampa sevillana, que remite en última instancia, obviamente, a Rinconete y Cortadillo, junto con otros elementos diversos de intertextualidad cervantina repartidos a lo largo de todo el relato[2].


[1] Cito por Juan Gómez-Jurado, La leyenda del ladrón, Barcelona, Planeta, 2012.

[2] Para más detalles remito a mi trabajo: Carlos Mata Induráin, «Cervantes (y Shakespeare) en La leyenda del ladrón (2012), de Juan Gómez-Jurado», en Emmanuel Marigno y Carlos Mata Induráin (eds.), La recepción de Cervantes: huellas, recreaciones y reescrituras (siglos XVII-XXI). La réception de Cervantes: traces, recréations et réécritures (XVIIe-XXIe siècles), New York, Instituto de Estudios Auriseculares (IDEA), 2024, pp. 203-223.

«La leyenda del ladrón» (2012) de Juan Gómez-Jurado: estructura y argumento

Examinemos ahora la estructura y el argumento de La leyenda del ladrón[1]. Ofrezco primero la división externa de la novela, que nos brinda información acerca de las fechas exactas en las que se sitúa la acción de la historia:

—«Prólogo. A mitad de camino entre Écija y Sevilla. Septiembre de 1587» (pp. 9-21)

—«Octubre de 1588 a marzo de 1589» (caps. I-XXVII, pp. 23-218)

—«Abril de 1589 a agosto de 1589» (caps. XXVIII-XL, pp. 219-332)

—«Septiembre de 1590 a abril de 1591» (caps. XLI-LIV, pp. 333-486)

—«Interludio. Once años antes» (pp. 487-497)

—[Continúa la cronología de «Septiembre de 1590 a abril de 1591»] (caps. XLV-LXX, pp. 498-645)

—«Epílogo» (pp. 647-654)

La leyenda del ladrón, de Juan Gómez-Jurado

A los materiales que forman la parte propiamente narrativa habría que añadir una serie de textos preliminares y postliminares, a saber:

—[Una nota sobre la aplicación de realidad aumentada para smartphones] (p. 5)

—[La dedicatoria] «A la memoria de José Antonio Gómez-Jurado, que me enseñó a apreciar una buena historia» (p. 7)

—«Nota del autor sobre algunos personajes y hechos históricos de La leyenda del ladrón» (pp. 655-659)

—«Agradecimientos» (pp. 661-662)[2] 

El argumento se puede resumir, en unos pocos párrafos, así: Miguel de Cervantes, comisario de abastos de Su Majestad, salva al joven Sancho, al que halla junto a su madre muerta por la peste en una venta del Camino Real entre Sevilla y Écija, la venta de Griján. Lo deja en el orfanato de la Hermandad del Santo Niño de Sevilla al cuidado de fray Florencio. Cual buen samaritano, aporta para su cuidado seis escudos de oro, que —se dirá más adelante— serán la mejor inversión de su vida[3].

Siguen luego las historias —que se enlazarán— de Sancho y de su amiga Clara. Un día Sancho de Écija, que vive en el orfanato sevillano donde fue recogido y trabaja como esportillero, roba una moneda del cargamento de oro del rico comerciante Francisco de Vargas. Surge así el enfrentamiento con De Groot, el lugarteniente de Vargas. Comienza pronto el aprendizaje para la vida de Sancho: el enano Bartolo será el encargado de enseñarle el noble arte de Caco[4] (es decir, el robar sin ejercer violencia). Por su parte, Clara es una joven esclava, hija de la esclava caribe Catalina y de Francisco de Vargas (quien la desea sexualmente, pese a saber que es su hija). Sancho empieza a trabajar con Castro en la taberna del Gallo Rojo, donde conoce a Guillermo de Shakespeare, un vagabundo borrachín, actor y escritor que finge ser irlandés (porque España e Inglaterra están en guerra en ese momento, y sería peligroso afirmar que es inglés). Se da luego la presentación de Monipodio, conocido como «el Rey de los Ladrones», y su Corte del hampa sevillana, en evidente guiño y homenaje al Rinconete y Cortadillo cervantino. Clara encuentra la protección de Nicolás de Monardes, un médico —personaje este histórico, de figura bien conocida— que se muestra dispuesto a enseñarle el oficio. Tiene lugar después el asesinato del enano Bartolo a manos de Catalejo y Maniferro, por orden de Monipodio. Surgirá así el deseo de venganza de Sancho, que deberá quedar aplazado un tiempo porque el muchacho es detenido por ladrón[5].

El siguiente tramo narrativo nos presenta a Sancho en galeras, donde traba amistad con el negro Josué. Ambos lograrán recuperar la libertad cuando un jabeque tunecino echa a pique la galera San Telmo en la que reman. Sigue luego el año de formación de Sancho con el maestro espadero Joachim Dreyer en la localidad de Castilleja de la Cuesta (Sevilla), quien le enseña el arte de la esgrima[6].

Gracias a la herencia de Monardes, Clara obtiene su libertad, aunque prosigue el acecho de su padre sobre ella. Sancho y Clara terminan enamorándose. El joven puede ejecutar ahora su plan de venganza contra Monipodio, cuando los Fantasmas Negros debilitan su organización delictiva y el hampón pierde todo su crédito en Sevilla. A su vez, Sancho ayuda a Cervantes en un garito de juego. Vargas secuestra a Clara y pide un rescate de 20.000 escudos. Para poder pagarlo, Sancho roba el oro —200 centenes— de la Casa de la Moneda[7]. Con la ayuda de Cervantes y Shakespeare, el muchacho logra desacreditar a Vargas, que había acaparado todo el trigo de Sevilla, causando la hambruna del pueblo. Consiguen también liberar a Clara y mueren De Groot y Vargas[8].

Además, en un interludio narrativo, se recupera la historia de Cervantes rescatado de Argel, al tiempo que se ofrecen algunos detalles sobre su cautiverio[9].

Nos acercamos así al final de la novela. Los protagonistas se despiden en el muelle de Sevilla, dispuestos a emprender una nueva vida (como en el final del Buscón quevediano). Shakespeare se dispone a regresar a su país, donde intentará que se representen algunas obras dramáticas que se le han ocurrido durante el tiempo que ha pasado en España. Cervantes también tiene una historia —la de don Quijote, claro está— que «Bien contada podría ser brillante» (p. 652). Sancho, Clara y el negro Josué se embarcan para las Indias, donde podrán iniciar otra vida, buscar su lugar en el (Nuevo) mundo y ser libres. Así pues, el relato se cierra con este final esperanzado, y que queda abierto para una posible continuación[10].


[1] Cito por Juan Gómez-Jurado, La leyenda del ladrón, Barcelona, Planeta, 2012.

[2] Hay que sumar diez marcas de respuesta rápida (códigos QR) situadas en las pp. 34, 48, 58, 144, 171, 226, 299, 420, 535 y 580.

[3] «Prólogo. A mitad de camino entre Écija y Sevilla. Septiembre de 1587»
(pp. 9-21).

[4] Asistimos a este diálogo: «—Pero ¿tú de dónde sales, niño? Creo que tendré que trabajar mucho contigo si es que de verdad quieres dedicarte a este oficio. / —¿A qué oficio?/ —¿A cuál va a ser? Al noble arte de Caco, a la redistribución de la riqueza, a la incautación de excedentes. Al robo, vamos» (p. 38).

[5] «Octubre de 1588 a marzo de 1589» (caps. I-XXVII, pp. 23-218).

[6] «Abril de 1589 a agosto de 1589» (caps. XXVIII-XL, pp. 219-332).

[7] Tendríamos aquí una versión avant la lettre de La Casa de Papel, con Cervantes en funciones de El Profesor, planeando el golpe perfecto y fundiendo el oro para transportarlo mejor.

[8] «Septiembre de 1590 a abril de 1591» (caps. XLI-LIV, pp. 333-486 y XLV-LXX, pp. 498-645).

[9] «Interludio. Once años antes» (pp. 487-497).

[10] «Epílogo» (pp. 647-654). Nótese, en fin, que el relato adopta una estructura circular, pues empezaba con la llegada de la flota de Indias y acaba, precisamente, con la partida de la flota a las Indias. Para más detalles remito a mi trabajo: Carlos Mata Induráin, «Cervantes (y Shakespeare) en La leyenda del ladrón (2012), de Juan Gómez-Jurado», en Emmanuel Marigno y Carlos Mata Induráin (eds.), La recepción de Cervantes: huellas, recreaciones y reescrituras (siglos XVII-XXI). La réception de Cervantes: traces, recréations et réécritures (XVIIe-XXIe siècles), New York, Instituto de Estudios Auriseculares (IDEA), 2024, pp. 203-223.

«La leyenda del ladrón» (2012), de Juan Gómez-Jurado, una exitosa novela de aventuras históricas

Hasta donde se me alcanza, no existe bibliografía (académica) acerca de esta novela, que data del año 2012[1] (y que ha conocido diversas ediciones, en distintos formatos, incluyendo una app con realidad aumentada[2]), aunque sí hay muchas reseñas y comentarios en Internet (blogs, foros de lectura, grupos de Facebook sobre novela histórica…) y algunas entrevistas al autor en prensa y digitales[3]. En este sentido, es útil recordar la «Nota del autor sobre algunos personajes y hechos históricos de La leyenda del ladrón», que figura al final de las distintas ediciones. En la edición conmemorativa de 2021 se añade un «Prólogo» explicativo. En fin, el autor dio cuenta de la génesis de la novela, comentando el trabajo de documentación histórica que llevó a cabo y otras cuestiones relacionadas con su redacción en una serie de ocho entradas aparecidas en ZendaLibros entre el 16 de abril y el 25 de mayo de 2016, «Cómo escribí La leyenda del ladrón», que resultan de gran utilidad.

Juan Gómez-Jurado, La leyenda del ladrón

Un detalle que llama la atención es que las contracubiertas de estas ediciones, y lo mismo los textos promocionales de la novela, no aluden (al menos no directamente) a Cervantes y a Shakespeare, nombres que, sin duda alguna, podrían haber sido un buen “gancho” comercial. Así, este es el texto promocional de la primera edición, del año 2012:

Una aventura épica en la majestuosa Sevilla del XVI

Prepárate a transportarte a la Sevilla del XVI, a un fascinante mundo de mendigos y prostitutas, nobles y comerciantes, espadachines y ladrones. El amor, la pasión y la venganza son los pilares de esta magistral novela de aventuras en torno a un niño salvado misteriosamente de la muerte, que crecerá para erigirse en la última esperanza de los desfavorecidos. El destino de Sancho y el de quienes le rodean hunde sus raíces en los secretos orígenes de la literatura. Su historia te cambiará para siempre.

Este otro, algo más amplio, es el texto promocional de las ediciones de bolsillo:

Una aventura épica

Andalucía, 1587. En medio de un pueblo arrasado por la peste, uno de los comisarios de abastos del rey Felipe II encuentra a un niño que aún se aferra a la vida. Arriesgando su carrera, lo rescata de las garras de la muerte y lo lleva a Sevilla, sin poder imaginar lo que acabará suponiendo ese acto.

Una Sevilla en la que ricos y pobres luchan por sobrevivir

Unos años más tarde, el joven Sancho se encuentra en las calles de una sociedad moldeada por la pobreza, la guerra y las intrigas. Abandonado a su ingenio y voluntad, crecerá para convertirse en el defensor de los desfavorecidos y las causas justas, y junto a sus compañeros tendrá que enfrentarse a un desafío de cuya resolución dependerá el mismo destino de la ciudad de Sevilla.

Una historia que te cambiará para siempre

La leyenda del ladrón despliega en sus páginas una magistral historia de aventuras, esperanza y amor en la Sevilla del siglo XVI, en la que los protagonistas batallarán contra las injusticias y adversidades para encontrar su lugar en el mundo.

En fin, transcribo también el texto promocional de la edición conmemorativa de 2021:

La leyenda del ladrón despliega en sus páginas una extraordinaria historia de aventuras, esperanza y amor en la Sevilla del siglo XVI, en la que los protagonistas batallarán contra las injusticias y adversidades para encontrar su lugar en el mundo. Con esta nueva y lujosa edición, con ilustraciones y prólogo de Juan Gómez-Jurado, se rinde homenaje a esta novela magistral del autor de Reina Roja en su 10.º aniversario[4].


[1] Las citas son por esta edición: La leyenda del ladrón, Barcelona, Planeta, 2012.

[2] Se indica en la app oficial de La leyenda del ladrón: «Con esta aplicación de realidad aumentada podrás disfrutar de contenidos inéditos de la nueva novela de Juan Gómez-Jurado. Captura las marcas que encontrarás en las páginas del libro y accede a vídeos, podcasts, concursos y documentación extra que darán una mayor dimensión a tu lectura. ¡Disfruta de una experiencia de lectura única con tu smartphone!».

[3] Ver por ejemplo Piña, 2012 y «La leyenda del ladrón (Juan Gómez Jurado). Oro, tinta y esperanza» (2012).

[4] Para más detalles remito a mi trabajo: Carlos Mata Induráin, «Cervantes (y Shakespeare) en La leyenda del ladrón (2012), de Juan Gómez-Jurado», en Emmanuel Marigno y Carlos Mata Induráin (eds.), La recepción de Cervantes: huellas, recreaciones y reescrituras (siglos XVII-XXI). La réception de Cervantes: traces, recréations et réécritures (XVIIe-XXIe siècles), New York, Instituto de Estudios Auriseculares (IDEA), 2024, pp. 203-223.

Cervantes y Shakespeare en «La leyenda del ladrón» (2012) de Juan Gómez-Jurado

En esta y en sucesivas entradas pretendo un acercamiento a la novela La leyenda del ladrón (Barcelona, Planeta, 2012), de Juan Gómez-Jurado, relato de corte histórico repleto de aventuras en los que se hacen presentes —aunque no como personajes protagónicos— los escritores Miguel de Cervantes y William Shakespeare[1]. Tras recordar algunos datos relativos al autor, que ha sido considerado «el Ken Follet español», y después de comentar la estructura general de la novela, me centraré en la semblanza que en ella se ofrece de ambos escritores, con su posible encuentro, esta vez en Sevilla. Cervantes aparece retratado en su faceta de comisario de abastos para la Armada Real, por tierras andaluzas (si bien se evocan otros momentos de su vida, como por ejemplo su cautiverio en Argel). En el caso de Shakespeare, el novelista enfoca su evocación en unos años oscuros de su biografía para presentarlo en España y hacerlo coincidir en la capital hispalense con Cervantes, con quien termina entablando una curiosa amistad que resultará mutuamente inspiradora. Pero comencemos recordando algunos datos sobre el autor.

Juan Gómez-Jurado
Juan Gómez-Jurado. Fuente: web del escritor.

De acuerdo con la semblanza que entrega la propia página web del escritor, Juan Gómez-Jurado (Madrid, 1977) es periodista y escritor, autor de varias novelas de gran éxito, traducidas a cuarenta lenguas. Las obras sobre el universo de Antonia Scott (El paciente, Cicatriz, Reina Roja, Loba Negra y Rey Blanco, todas ellas publicadas en Ediciones B) «se han convertido en el mayor fenómeno de ventas del thriller español y han consagrado a su autor como uno de los máximos exponentes del género a nivel internacional». La plataforma Amazon Prime ha adaptado Reina Roja como serie, «en uno de los proyectos audiovisuales más esperados a nivel internacional», el cual se estrenó el 29 de febrero de 2024. Gómez-Jurado colabora con varios medios de comunicación y es el cocreador de los podcasts Todopoderosos y Aquí hay dragones[2].

Como narrador, sus primeras novelas fueron Espía de Dios (2006), Contrato con Dios (2007) y El emblema del traidor (2008), a las que se sumaron otros títulos posteriores: La leyenda del ladrón (2012), El paciente (2014), Cicatriz (2015), Reina Roja (2018), Loba Negra (2019) y Rey Blanco (2020), Todo arde (2022) y las siguientes entregas de esta nueva serie, Todo vuelve (2023) y Todo muere (2024). Su última novela, recién publicada, es Mentira (2026). A estas obras hay que añadir sus relatos de literatura infantil, entre ellos los diversos volúmenes de las series Alex Colt y, junto con Bárbara Montes, Rexcatadores y Amanda Black.

Gómez-Jurado es un escritor muy presente en las redes sociales. Cabe recordar la polémica que en febrero de 2011 mantuvo en ese espacio virtual con Alejandro Sanz por los derechos de autor: «La piratería no existe», afirmó el escritor, poniendo en marcha la campaña 1libro1euro (ofrecía su bestseller Espía de Dios a cambio de una donación de un euro a la ONG Save the Children). Sus tres primeras novelas están a la venta en Amazon por 1,49 € en su formato electrónico; y La leyenda del ladrón salió por 9,49 € en formato e-book en la misma plataforma, a pesar de estar publicada por Planeta. Aparte de los mecanismos de marketing habituales, Gómez-Jurado convoca presentaciones de sus novelas para blogueros, pero no de forma selecta, sino abiertas a cualquier persona. El autor ofrece además webinarios gratuitos para escritores noveles sobre cómo escribir una novela. Es, además, un autor que invita a sus lectores a dialogar con él en redes sociales[3].


[1] No es esta la primera vez que se plantea el posible encuentro de ambos escritores. Como certeramente escribe Zenón Luis-Martínez (2016, p. 11), «En sus biografías sobre Cervantes y Shakespeare, Luis Astrana Marín especuló con un encuentro entre ambos con ocasión de la ratificación en 1605 en Valladolid del Tratado de Londres. Este improbable encuentro ha seguido alimentando ficciones históricas y fantasías literarias». Véase ese trabajo de Luis-Martínez para las evocaciones de Borges y Burgess, y también Gregor, 2016 y Ruiz Mantilla, 2020. Recordaré, entre los más recientes encuentros desde la ficción, la película británico-española Miguel y William, una comedia romántica de la directora y guionista Inés París, estrenada en 2007 y protagonizada por Elena Anaya, Malena Alterio, Will Kemp y Juan Luis Galiardo; un mini-relato de Antonio Mora Plaza incluido en su libro En la biblioteca de mi abuelo Berto (Madrid, Éride Ediciones, 2009: ver Mora Plaza, 2016); la novela del escritor colombiano Nahum Montt Hermanos de tinta (2015); la pieza teatral del cubano José Carlos Somoza Miguel Will. El encuentro espiritual de dos genios: Miguel de Cervantes y William Shakespeare (representada en Madrid, en el Anfiteatro Gabriela Mistral de la Casa de América, el 27 de mayo de 2016, bajo la dirección de Vladimir Cruz); o, desde el terreno de la novela gráfica y la ilustración, Shakespeare & Cervantes (2018), guion de Jorge Carrión, ilustraciones de Javier Olivares. En otro orden de cosas, también se relaciona a ambos escritores en la quinta entrega de la serie policiaca Los Misterios de Channing, protagonizada por el inspector Germán Cortés, El misterio entre Cervantes y Shakespeare (2018), de Margotte Channing. Para la posible influencia del Cardenio cervantino en la perdida pieza homónima de Shakespeare-Fletcher ver especialmente Chartier, 2011; y desde el punto de vista de la ficción, la novela Cardenio (2016), de Carlos Gamerro. Sobre las coincidencias temáticas de los dos autores, ver Calero, 2016.

[2] Este es el enlace a su página web.

[3] «Y a ti, lector, por haber convertido mis obras en un éxito en cuarenta países, gracias y un abrazo enorme. Un último favor: si has pasado un buen rato, escríbeme y cuéntamelo» (La leyenda del ladrón, p. 662). E indica sus datos de contacto: juan@juangomezjurado.com; twitter.com/juangomezjurado. Para más detalles remito a mi trabajo: Carlos Mata Induráin, «Cervantes (y Shakespeare) en La leyenda del ladrón (2012), de Juan Gómez-Jurado», en Emmanuel Marigno y Carlos Mata Induráin (eds.), La recepción de Cervantes: huellas, recreaciones y reescrituras (siglos XVII-XXI). La réception de Cervantes: traces, recréations et réécritures (XVIIe-XXIe siècles), New York, Instituto de Estudios Auriseculares (IDEA), 2024, pp. 203-223.