El padre Fabo de María, poeta: «Ruiseñores» (1914): temas religiosos

No son demasiados los literatos navarros que escriban en las dos primeras décadas del siglo XX: dejando aparte a Arturo Campión, cuya trayectoria arranca del siglo anterior, y a Félix Urabayen, también destacado novelista, podríamos mencionar unos pocos nombres más como los de Federico Urrecha o Ezequiel Endériz. Pues bien, por esas mismas fechas escribe igualmente el padre Fabo, de cuya producción literaria —y en concreto de su obra poética— intentaré ofrecer unas pinceladas en esta y en las entradas siguentes.

Retrato de Pedro Fabo Campo, por Francisco Maduro. Fuente: https://www.ecured.cu/
Retrato de Pedro Fabo Campo,
por Francisco Maduro.
Fuente: https://www.ecured.cu/.

El padre Fabo del Purísimo Corazón de María (Marcilla, 1873-Roma, 1933), de la orden agustina, aunque nacido en España, se nutrió en América, a donde pasó en 1895. Al año siguiente se ordenó sacerdote en Bogotá y llegaría a ser nombrado, en 1904, prior del convento del Desierto de la Candelaria. Cuenta en su haber con varias obras de tipo histórico, lingüístico, religioso, autobiográfico y de crítica literaria, y es autor de tres novelas (El doctor Navascués, 1904; Corazón de oro, 1914; Amores y letras, 1920) y un poemario (Ruiseñores, 1914). Es la suya una narrativa de sabor decimonónico, maniquea en la presentación de los universos novelescos y con una marcada intención moralizante (al final, en sus relatos, «los buenos» son premiados y «los malos» terminan recibiendo su justo castigo), sin grandes alharacas en cuanto a técnicas narrativas. Más que en su calidad literaria el interés de estos relatos estriba en su valor sociológico. En sus dos primeras novelas, en las que da entrada a personajes y paisajes americanos, el padre Fabo desarrolla al binomio campo (valores positivos) vs. ciudad (valores negativos), e introduce el elemento indígena (los indios guajivos, habitadores de las extensas llanuras de Casanare), lo que vincula a esas obras con la novela indianista americana (Cumandá, de Juan León Mera, La vorágine, de José Eustasio Rivera, etc.).

Una parte de su producción poética quedó recogida en el libro Ruiseñores (Barcelona, Luis Gili Librero-Editor, 1914), que se presenta bajo el lema «Canta et ambula» de san Agustín. Los principales temas de la poesía del padre Fabo podrían clasificarse en los siguientes apartados: «Temas religiosos», «Temas didáctico-moralizantes», «El arte y la creación poética», «Poemas de circunstancias» y «El paisaje y la naturaleza. Temas americanos».

Los temas religiosos son los más reiterados en el poemario. Encontramos composiciones dedicadas a distintos santos: «Dúo lírico» (fray Luis de León y san Juan de la Cruz, el ruiseñor agustino y la tórtola carmelita, forman «un dúo de eterno amor», p. 6), «San Agustín, «Al beato Querubín» y «Al Patriarca San José». Dios se hace presente con frecuencia en estos poemas: «¡Silencio!» (la soledad y el silencio son compañeros de Dios; más aún: el silencio es Dios), «Plegaria» (iniquidad del yo lírico frente a la eterna bondad de Dios), «Dios» (soneto en el que se ofrecen pruebas de su existencia) y «Voces de la Creación» (el hombre invita al sol, al agua, al aire y a la tierra a dar gloria al Creador). Varias composiciones se inspiran en pasajes o motivos bíblicos: «Ósculo traidor» (el beso de Judas), «Agar», «Huyendo a Egipto» (huida de la Sagrada Familia, con la indicación final: «que nunca muere abandonado el santo, / que siempre triunfa la honradez cristiana», p. 39), «Cántico fúnebre», poema que destaca por la musicalidad de sus rimas agudas:

Confiesa, confiesa con lúgubre acento
tu grande derrota, ¡oh, nación de Israel!
Repasa, si puedes, con breve recuento
los muertos y heridos de aquel campamento
que bravos lucharon ganando el laurel (p. 45).

«Noche Buena» es un villancico con léxico y ropaje modernista. Copio el principio:

Despertad, doncellitas de Engadi,
nazarenas, surgid sin tardanza
del lecho, y vestíos
las mejores galas;
brazaletes de sardios y de ónices,
cinturones de múrice y grana,
escofietas, cintillos,
ramilletes de flores galanas,
cachemiras de Persia y de India,
délficas sandalias,
de Bagdad brocados
y del Cairo gasas,
y ocurrid a Belén, que ha nacido
el Mesías del mundo (p. 59).

Otros títulos: «Super flumina» (glosa del salmo en quintillas), «El ruiseñor» (primer milagro del Niño Jesús), «Prófugo», «Viernes Santo», «¡Jerusalén, Jerusalén!» (Jesús maldice a la ciudad salomónica porque es infame), «El corazón de Jesús», «Aleluya» (amanecer en Tierra Santa, es primavera, Cristo resucita…) o «La mano de Jesús». El soneto «Iscariote» es interesante porque, a través de una acumulación de verbos y encabalgamientos, se recrea la angustia y desesperación del apóstol traidor:

Es Judas; entra al templo furibundo;
treinta monedas por el suelo arroja,
confiesa el deicidio, desaloja
el sagrado recinto, vagabundo

avanza, corre, un vértigo profundo
acométele, el crimen lo acongoja,
torvo es su rostro, la mirada roja,
el huelgo fuerte, el corazón inmundo;

asciende a un árbol, el cordel amarra
a su cuello, suspéndese de un bote,
su agonía es fatídica, violenta,

y muere maldiciéndose, y lo agarra
con sus uñas Satán, y el Iscariote
de bruces cae al suelo y se revienta (p. 69).

En fin, a la Virgen María están dedicados varios poemas:«María» («nombre divinísimo», «gayo nombre», p. 12), «El corazón de María» (contrafactum a lo mariano de una famosa rima de Bécquer), «Flor de mayo», «Mis amores» (letanía con los nombres de la Reina y Madre del Amor), «La rosa», «La obra maestra», «Reina de la paz», «Virgen y Madre» (acaba así: «Es Madre de Jesús, porque fue Pura; / es Pura, porque fue de Jesús Madre», p. 190) y «Tota Pulchra» (elogio, en dodecasílabos, de las bellezas de María)[1].


[1] Para más detalles, remito a mi trabajo: Carlos Mata Induráin, «El P. Fabo de María, poeta: Ruiseñores (1914)», Río Arga. Revista de poesía, 99, tercer trimestre de 2001, pp. 27-32.

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