Historia y literatura, de la mano en la novela histórica

He tratado de repasar en sucesivas entradas algunos aspectos generales relativos a la novela histórica, deteniéndome particularmente en la relación entre historia y ficción en este subgénero narrativo. He insistido en que la historia es un acercamiento científico a la realidad histórica y la novela histórica, un acercamiento artístico, literario: el historiador debe ceñirse a la verdad histórica y el novelista ha de atenerse a la verdad novelesca, y ambas aproximaciones se complementan. En la novela no cuenta tanto la verdad o la objetividad, como que se trate de una historia bien contada, de ahí que se permitan al novelista ciertas licencias y falsificaciones en el tratamiento de los personajes y los hechos históricos, siempre que se mantenga dentro de unos límites: tiene libertad para deformarlos, pero no hasta el punto de hacerlos irreconocibles o falsos. Por otra parte, la objetividad total es imposible, incluso para el historiador, porque es un hombre inserto en una sociedad y en un tiempo concretos: «El historiador no pertenece al ayer, sino al hoy», señala Edward H. Carr, y el mero uso del lenguaje «veda la neutralidad al historiador»[1].

NovelaHistorica

La novela histórica, situada entre la historia y la literatura, puede narrar y explicar los acontecimientos con mayor viveza y emoción, sin la gravedad del relato puramente histórico, puede revivir el pasado, infundir vida nueva a ese material, penetrar en los caracteres principales de una época o una sociedad, en suma, calar en su esencia. No existe una incompatibilidad entre historia y literatura; la historia supone rigor, fidelidad, exactitud, y la novela aporta fantasía, imaginación, en una palabra, ficción literaria. La presencia de elementos históricos en una obra literaria no solo no la destruye como tal, sino que puede contribuir poderosamente a embellecerla y enriquecerla. Todo se reduce a una cuestión de proporciones, a que ambos elementos, el histórico y el ficcional, se mezclen en la cantidad y de la manera adecuadas (siempre y cuando, claro está, esa mezcla esté hecha además con arte).

Gracias al carácter ejemplarizante de la historia, la novela histórica constituye además un género que ayuda a la reflexión del hombre, ya que le obliga a pensar sobre el transcurso del tiempo. El hombre contemporáneo es consciente de sí mismo y de la historia, como nunca antes lo había sido. Presente y pasado se hermanan en la novela histórica: por un lado, la visión del pasado se ilumina con los conocimientos del presente y, a su vez, la comprensión del pasado enriquece la del mundo actual y nos hace mirar con ojos nuevos al porvenir; el hombre que se interroga sobre su pasado desea saber de dónde viene para saber mejor lo qué es y hacia dónde camina. Contribuye, asimismo, a recuperar nuestra memoria histórica, la memoria colectiva de un pueblo y, por tanto, a profundizar en nuestra libertad.

En la novela histórica, la historia y la literatura se dan la mano, y de ese colocar la una cabe la otra resulta un diálogo, constructivo y a la vez ameno, entre pasado y presente, una reactualización de la experiencia pasada. La novela histórica es, por tanto, una invitación a la historia, una invitación a ampliar el conocimiento de nuestro propio pasado y, en definitiva, el conocimiento de nosotros mismos porque, en frase de Witold Kula, «sin la historia, la sociedad humana nada sabría de sí misma»[2].


[1] Edward H. Carr, ¿Qué es la historia?, trad. de Joaquín Romero Maura, Barcelona, Seix Barral, 1967, p. 34.

[2] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «Retrospectiva sobre la evolución de la novela histórica», en Kurt Spang, Ignacio Arellano y Carlos Mata (eds.), La novela histórica. Teoría y comentarios, Pamplona, Eunsa, 1995, pp. 13-63; 2.ª ed., Pamplona, Eunsa, 1998, pp. 11-50.

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Acerca de insulabaranaria

Soy Catedrático acreditado de Literatura española, investigador y Secretario del Grupo de Investigación Siglo de Oro (GRISO) de la Universidad de Navarra (Pamplona), Secretario del Instituto de Estudios Auriseculares (IDEA, Madrid / Nueva York) y Secretario de la Asociación de Cervantistas. También correspondiente en España de la Academia Boliviana de la Lengua. Mis principales líneas de investigación se centran en la literatura española del Siglo de Oro: comedia burlesca, autos sacramentales de Calderón, Cervantes y las recreaciones quijotescas y cervantinas, piezas teatrales sobre la guerra de Arauco, etc. También me he interesado por la literatura virreinal (en especial la de ámbito chileno), la literatura española moderna y contemporánea (drama histórico y novela histórica del Romanticismo español, novela de la guerra civil, cuento español del siglo XX…) y la historia literaria de Navarra.

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