La introducción del Romanticismo en España (y 2)

Al hablar de la introducción del Romanticismo en España debemos recordar algunos otros factores y circunstancias:

  • La polémica entre Böhl de Faber y Mora (desarrollada en los años 1814 y 1818). La discusión se establece en septiembre de 1814 a propósito del teatro calderoniano y las tres unidades. Juan Nicolás Böhl de Faber, cónsul alemán en Cádiz, publica en El Mercurio gaditano un artículo en el que defiende a Calderón y hace una apología de la libertad del dramaturgo. Con el seudónimo Mirtilo gaditano, le replica en el mismo periódico su amigo José Joaquín de Mora, que es partidario de la tendencia neoclásica y, por tanto, de las normas y las unidades. Böhl de Faber, buen conocedor de la literatura española, sostiene unas ideas similares a las de los hermanos Schlegel: identifica Romanticismo con la corriente literaria tradicional española que arranca de la Edad Media (lo popular, lo heroico, lo monárquico…), pasa por el Siglo de Oro (Calderón y el teatro áureo…) y llega hasta el siglo XIX. Para él, hay toda una tradición romántica continuada, y las notas más destacadas de ese romanticismo trans-histórico serían el carácter medievalizante y el catolicismo. En cambio, para Mora el Romanticismo debe ser un movimiento actual, de su siglo.
  • La revista El Europeo (publicada en Barcelona desde octubre de 1823 hasta abril de 1824) es igualmente importante para la difusión del Romanticismo en España. Fue fundada por Luis Monteggia, Buenaventura Carlos Aribau y Ramón López Soler, autores que también vuelven la vista a la Edad Media y los valores del cristianismo. Sus modelos son Chateaubriand, Manzoni y Scott. De hecho, López Soler imita (parafraseando e incluso traduciendo algunos fragmentos) las novelas históricas de este último en Los bandos de Castilla o El caballero del Cisne (1830), cuyo prólogo se ha considerado uno de los primeros manifiestos del Romanticismo en España.
  • La figura de Agustín Durán (1793-1862). Este erudito publicó en 1828 un estudio sobre el teatro español con este significativo título: Discurso sobre el influjo que ha tenido la crítica moderna en la decadencia del teatro antiguo español y sobre el modo con que debe ser considerado para juzgar convenientemente de su mérito peculiar. Como Böhl de Faber, Durán defiende el teatro nacional del Siglo de Oro y la libertad creadora de los dramaturgos, frente a la incomprensión que sintió por él la crítica neoclásica del XVIII. Durán debe ser recordado además por su ingente labor de recopilación y publicación, en dos tomos, del Romancero general (1828-1832), nueva muestra del interés de la época por los temas medievales.
  • Otros manifiestos románticos. El primer escritor que propone un intento de definición del movimiento romántico es Antonio Alcalá Galiano, autor del famoso prólogo a El moro expósito (1833) del duque de Rivas, que se considera uno de los principales manifiestos del Romanticismo español. Efectivamente, en él se plantea qué es y cómo debe entenderse el Romanticismo. Para Alcalá Galiano, se trata de un movimiento actual, propio del siglo XIX, y la piedra de toque la constituyen los modelos extranjeros, sobre todo lord Byron, Víctor Hugo y Alejandro Dumas. Por otra parte, la «Canción del pirata» de Espronceda (publicada en 1835) vendría a ser el manifiesto lírico del Romanticismo español.

ElMoroExposito

  • Las influencias extranjeras. Los autores más significativos son: en Alemania, Johann Wolfgang Goethe (1749-1832), con dos obras fundamentales, Werther y Fausto; y también Schlegel, Schiller, Heine…; en Inglaterra, MacPherson (creador de los poemas de Ossian), Young, Richardson, Goldsmith, Radcliffe, Scott, lord Byron…; y en Francia, Gautier, Merimée, Dumas padre, Victor Hugo, Delavigne, el vizconde d’Arlincourt
  • El regreso de los exiliados en 1834. Factor importantísimo en la difusión del Romanticismo es la influencia que ejercen a su vuelta a España los escritores exiliados (principalmente en Francia e Inglaterra) tales como Espronceda o el duque de Rivas. Estos habían leído a los escritores románticos europeos que acabamos de citar, e incluso tuvieron ocasión de entrar en contacto con algunos de ellos. A su regreso tras las amnistías políticas de 1833-1834, difunden en España la nueva estética. De esta forma, asistimos al triunfo simultáneo del liberalismo (en política) y del Romanticismo (en literatura). Los años que van de 1834 a 1844 constituyen la gran década del movimiento romántico español. Se da un cambio en las formas literarias, en la sensibilidad, en la actitud frente a la condición humana: en definitiva, una nueva visión de la vida. Triunfa el drama romántico y se acentúa la moda de la novela histórica a la manera de Walter Scott.
  • La abundancia de tertulias y sociedades: las nuevas ideas literarias circulan en los lugares de encuentro de los escritores, que son, entre otros, El Parnasillo, el Ateneo de Madrid y el Liceo Artístico y Literario.
  • La aparición de revistas importantes: podemos destacar El Artista (1835-1836) y No me olvides (1837-1838).
  • En fin, no olvidemos que surgen en contra diversas arremetidas antirrománticas, como el famoso artículo satírico y caricaturesco «El Romanticismo y los románticos» (1837), de Mesonero Romanos[1].


[1] Esta entrada está extractada de la introducción a José de Espronceda, El estudiante de Salamanca, ed. de Mariela Insúa Cereceda y Carlos Mata Induráin, Madrid, Cooperación Editorial, 2005 (col. Clásicos Populares, 14). Considérese, por tanto, el texto como coautoría de Insúa y Mata.

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