Retomo hoy la serie de poemas “sevillanos” con este soneto de Nuevas canciones (1917-1930) de Antonio Machado, en el que se mezclan la evocación de la ciudad y la casa natal, el Palacio de las Dueñas (brevemente, en los dos primeros versos) y el recuerdo nostálgico del padre, Antonio Machado Álvarez, «Demófilo».
Esta luz de Sevilla… Es el palacio
donde nací, con su rumor de fuente.
Mi padre, en su despacho. —La alta frente,
la breve mosca, y el bigote lacio—.Mi padre, aún joven. Lee, escribe, hojea
sus libros y medita. Se levanta;
va hacia la puerta del jardín. Pasea.
A veces habla solo, a veces canta.Sus grandes ojos de mirar inquieto
ahora vagar parecen, sin objeto
donde puedan posar, en el vacío.Ya escapan de su ayer a su mañana;
ya miran en el tiempo, ¡padre mío!,
piadosamente mi cabeza cana[1].
[1] Cito por Antonio Machado, Nuevas canciones (1917-1930), ed. de Ángel L. Prieto de Paula, en Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, sección «Sonetos», IV.

Gracias por ese amor que enseñas. La literatura, la bella, nacida para ser besada con el corazón y detenida ante los ojos para trasladarla, después a todas las grietas del Alma, merece ser conservada y mostrada a los paseantes, como yo, que buscan el banco sombreado y alejado, atento siempre para acoger y dialogar con la paz y la serenidad trascendente que transmiten tus envíos.
Muchas gracias por sus amables palabras. Saludos cordiales y un abrazo,
Carlos Mata Induráin