La superstición en la novela histórica romántica española (1)

Además de esos elementos generales de fantasía y misterio, y los que contribuyen a dar a la novela ese «color local» y un tono de medievalismo más o menos convencional, existen otros motivos repetidos, a saber: 1) la superstición; 2) la reaparición de personajes supuestamente muertos; 3) la ocultación de la personalidad de algún personaje; 4) el uso de prendas; y 5) el empleo del fuego (u otras catástrofes) para crear incidentes dramáticos. Comencemos examinando lo relativo a la superstición[1].

EspectroSon innumerables en la novela histórica romántica las referencias a espectros, visiones, sombras, espíritus malignos y un larguísimo etcétera de creencias supersticiosas. El narrador suele hablarnos desdeñosamente de aquellos «siglos de superstición», del «vulgo bárbaro y lleno de supersticiones», murmurador y fantasioso, anhelante siempre de historias mágicas y maravillosas, o de los moros, a los que se denomina tal vez «hijos de la superstición». Un personaje de Los caballeros de Játiva, el soldado Boluda, expresa así su miedo a unos supuestos fantasmas:

—¡A qué negarlo! Sé luchar con los vivos; sé escalar una muralla coronada de combatientes, sé penetrar en lo más grueso de un cuerpo enemigo en lo más recio de la pelea; cuanto hagan los hombres puedo hacer yo; pero no me des visiones ni ánimas en pena, porque dejo de ser hombre y me convierto en niño medroso y espantadizo (p. 146).

Otros personajes, en cambio, afirman no creer en tales supercherías, como Hassan, en la misma novela, que dice a En García que las historias de la princesa encantada encerrada en la Torre del Sol no son sino cuentos «de viejas y gente desocupada» (p. 116). Y otro exclama: «… desdichado del duende que procurara acercarse a mí. ¡Puede que del primer revés!…» (p. 145). De forma similar, don Alonso, personaje de Bernardo del Carpio, rechaza la creencia en el supuesto fantasma de Roldán: «Ojalá que yo le viera, para probar si mi espada bastaba para hacerle estar quieto en su tumba» (p. 175)[2].


[1] Puede consultarse el interesante artículo de Guillermo Carnero «Apariciones, delirios, coincidencias. Actitudes ante lo maravilloso en la novela histórica española del segundo tercio del XIX», Ínsula, mayo de 1973, núm. 318, pp. 1 y 14-15. Distingue tres elementos en la literatura fantástica contemporánea, lo maravilloso sobrenatural, lo maravilloso psicológico y lo maravilloso reductible por la razón. Después rastrea su presencia en varias novelas históricas, para concluir que en ellas todo se limita al tercer tipo de lo maravilloso.

[2] Remito para más detalles a Carlos Mata Induráin, «Estructuras y técnicas narrativas de la novela histórica romántica española (1830-1870)», en Kurt Spang, Ignacio Arellano y Carlos Mata (eds.), La novela histórica. Teoría y comentarios, Pamplona, Eunsa, 1995, pp. 145-198; 2.ª ed., Pamplona, Eunsa, 1998, pp. 113-151.

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