«Los cinco libros del consuelo de la Filosofía»: Boecio, Agustín López de Reta y Vicente Rodríguez de Arellano

Tres autores intervinieron, de manera distinta, en la obra que vamos a comentar: Los cinco libros del consuelo de la Filosofía de Anicio Manlio Severino Boecio, traducidos en prosa y verso por don Agustín López de Reta, caballero navarro, natural de la villa de Artajona. Publícalos don Vicente Rodríguez de Arellano, Madrid, por Gómez Fuentenebro y C.ª, 1805. Se hallará en su librería, calle de Carretas[1]. El primero, Boecio, quien en el siglo V escribió, en latín, su tratado De consolatione philosophiae; en segundo lugar, el navarro Agustín López de Reta, que la tradujo al español en el XVII; y, finalmente, el también navarro Vicente Rodríguez de Arellano, que publicó esa traducción, hasta entonces inédita, a comienzos del XIX. Bueno será, por tanto, recordar algunos datos esenciales acerca de estos tres personajes, antes de centrarme —en próximas entradas— en el comentario de la traducción de López de Reta.

Boecio (Ancius Manlius Torquatus Severinus Boetius), nacido en Roma hacia 480 y muerto en 524, fue un filósofo neoplatónico cristiano. Cónsul de su ciudad natal (510), estuvo al servicio del rey ostrogodo Teodorico. Acusado de realizar prácticas mágicas y de concomitancias con los bizantinos, fue encarcelado y ejecutado en Pavía. Su obra principal, De consolatione philosophiae, escrita en la prisión, intenta conciliar el platonismo y el aristotelismo desde una postura cristiana. En ella argumenta que la felicidad sólo se logra a través de la contemplación del Bien y de la práctica de la virtud. Son importantes, además, sus escritos sobre aritmética, geometría, música, y sus traducciones y comentarios a cerca de los tratados lógicos de Aristóteles, los Tópicos de Cicerón y la Isagoge de Porfirio[2].

Boecio

Agustín López de Reta (Artajona, Navarra, 1631-1705), sacerdote, fue miembro de la veintena y procurador en las Cortes de Olite de 1688. Como escritor, tradujo Los cinco libros del consuelo de la Filosofía de Anicio Manlio Severino Boecio y acabó la Vida de Nuestra Señora de Antonio Hurtado de Mendoza, escrita en verso, añadiendo al final tres composiciones líricas propias, según indica el título completo del libro, que es como sigue: Vida de Nuestra Señora. Escribíala don Antonio Hurtado de Mendoza. Continuábala don Agustín López de Reta. Y añade dos romances, a Cristo en el Sacramento y a Cristo en la Cruz. Y una paráfrasis del Padre Nuestro. Dedícala a la muy ilustre señora doña Leonor de Arbizu y Ayanz (Pamplona, por Martín Gregorio de Zabala, 1688). Estos poemas nos hablan de un escritor con gran facilidad versificatoria; por lo demás, profunda erudición y amplio manejo de recursos estilísticos y retóricos son dos de las notas características de las obras de López de Reta, así en prosa como en verso[3].

Vicente Rodríguez de Arellano y del Arco (Cadreita, Navarra, ?-Madrid, 1815) fue un abogado y escritor que se hizo muy popular como autor dramático y poeta. En el ámbito de la lírica, dedicó una silva a la muerte de Carlos III, bajo el título Navarra festiva en la aclamación de su católico monarca el señor D. Carlos IV (Pamplona, Imprenta de Benito Cosculluela, 1789); ese mismo año dio a las prensas, también en Pamplona, Extremos de lealtad y valor heroico navarro; y años después publicó un tomo de Poesías varias (1806). Como dramaturgo, desarrolló una intensa actividad en Madrid entre 1790 y 1806, aunque su mérito literario no sea excesivamente alto. Compuso, tradujo y refundió numerosas obras dramáticas: El atolondrado, El celoso don Lesmes, El domingo o el cochero, El esplín, Jerusalén conquistada por Godofredo de Bullon, La mujer de dos maridos, Las tardes de la Granja, etc. En prosa escribió El Decamerón español o Colección de varios hechos históricos raros y divertidos (1805). Se le debe también una traducción de Estela, novela pastoral de Florian (1797), y cuenta igualmente con varias traducciones de Ducray-Dumenil[4].


[1] Manejo copia del ejemplar existente en la Biblioteca de la Universidad de Sevilla, sign. Yraña 1/4/4.

[2] Para más detalles, remito a Anicio Manlio Boecio, La consolación de la Filosofía, trad. del latín por Pablo Masa, prólogo y notas de Alfonso Castaño Piñán, 5.ª ed., Buenos Aires, Aguilar, 1977; y Boecio, La «Consolaçión natural»: traducción castellana medieval, con glosas, de la «Consolatio philosophiae» de Boecio, ed. crítica con introducción y notas de Pablo A. Cavallero, Buenos Aires, Instituto de Estudios Grecolatinos Francisco Novoa, 1994.

[3] Para el autor, véase Antonio Pérez Goyena, Contribución de Navarra y de sus hijos a la historia de la Sagrada Escritura. Notas históricas y bio-bibliográficas, Pamplona, Imprenta de Jesús García, 1944, pp. 73-75; Manuel Iribarren, Escritores navarros de ayer y de hoy, Pamplona, Editorial Gómez, 1970, p. 141; y Fernando Pérez Ollo, Gran Enciclopedia Navarra, Pamplona, CAN, 1990, vol. VII, p. 123. Por mi parte, le he dedicado atención en mi libro Navarra. Literatura, Pamplona, Gobierno de Navarra, 2004, p. 100b, y en mi antología Poetas navarros del Siglo de Oro, Pamplona, Fundación Diario de Navarra, 2003, pp. 181-92.

[4] Pueden verse más datos y bibliografía en Carlos Mata Induráin, Navarra. Literatura, Pamplona, Gobierno de Navarra, 2004, pp. 110a-111a.

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