«El amor hace milagros» de Pedro Benito Gómez Labrador: valoración

A modo de resumen, puede afirmarse que esta comedia El amor hace milagros[1] de Pedro Benito Gómez Labrador nos ofrece tres núcleos de interés: 1) en primer lugar, el propio hecho de ser una recreación quijotesca, un eco más de los muchos generados por la inmortal novela cervantina; como ya he señalado, en ella la presencia de los personajes de don Quijote y Sancho es más bien testimonial, y se da además la comentada sanchificación de Ginesillo y quijotización de Basilio; 2) un segundo aspecto es de orden sociológico; me refiero a ese conflicto amor / interés, en el marco del debate dieciochesco sobre los matrimonios de los hijos, la libertad de elección de los jóvenes, etc.; y 3) en fin, quizá la cuestión más interesante, sería de orden artístico-literaria: se trataría de ver en qué medida esta obra publicada en 1784 refleja —si es que realmente lo hace— una cierta sensibilidad prerromántica o se trata, sencillamente, de un sentimentalismo neoclásico[2].

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Como he tratado de mostrar a lo largo de varias entradas anteriores, el Basilio y la Quiteria de Gómez Labrador no son, ciertamente, héroes románticos: estamos todavía lejos de 1834-1835, años de eclosión del Romanticismo, y sería exagerado considerarlos así, pero no deja de ser cierto también que se perciben tanto en su retrato (en sus actitudes, comportamientos y palabras) como en la atmósfera o tonalidad general de la obra (las alusiones a la fortuna, al hado, la posibilidad —meramente apuntada— de su posible muerte por amor…) algunos atisbos de los rasgos que, unas décadas después, caracterizarán al drama romántico español[3].


[1] Pedro Benito Gómez Labrador, El amor hace milagros. Comedia nueva, tomada del capítulo veinte del Libro II de la historia de don Quijote de la Mancha, Salamanca, en la imprenta de la viuda de Nicolás Villargordo, 1784. En la actualidad estoy preparando una edición anotada de esta obra.

[2] De hecho, en varias obras literarias neoclásicas se percibe una marcada presencia del sentimentalismo. Como escribe Emilio Martínez Mata, introducción a Leandro Fernández de Moratín, El sí de las niñas, Madrid, Cátedra, 2003, p. 52: «La exaltación del sentimiento que se produce en Europa desde mediados del XVIII no se opone a la razón, al contrario, es un componente esencial de la Ilustración».

[3] Remito para más detalles a Carlos Mata Induráin, «“¿Por qué me has tirado, Amor, / todo el metal de tu aljaba?”: el episodio de las bodas de Camacho en El amor hace milagros (1784), de José Benito Gómez Labrador», eHumanista/Cervantes, 1, 2012, pp. 103-119.

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