Personajes del «Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha» de Francisco de Ávila: Dulcinea

Aunque en el Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha de Francisco de Ávila[1] Dulcinea es un personaje referido, sin intervención directa —igual que en la novela cervantina—, su importancia es notoria. Aparece tópicamente descrita e idealizada por don Quijote: «sol de su belleza» (v. 138), «bella infanta» (v. 172), «sol clarífico / de aquesa bella infanta» (vv. 209-210), «la voz divina de la infanta» (v. 218), «la hembra de mis bellos ojos» (v. 224).

dulcinea

Se trata de la «Dulcinea encantada», según dice don Quijote y corrobora el ventero, que le sigue el humor; tanto es así, que dispondrá lo necesario para que la moza de la venta, Marina, represente el papel de Dulcinea. Al principio don Quijote afirma que acude al castillo para que ella le arme caballero, pero pronto se olvida de esto. Por todo el mundo corre la fama de «la beldad y gracia de la infanta / Dulcinea del Toboso» (vv. 100-101), y don Quijote desea casar con ella:

DON QUIJOTE.- Dame ya por señor deste castillo
y esposo desta infanta, por quien muero.

SANCHO.- ¿Es hermosa, señor?

DON QUIJOTE.- No hay en el mundo
mujer más celestial ni más hermosa.
Su frente es de marfil, sus ojos soles,
los cabellos son oro de la Arabia,
los labios de coral, sus dientes perlas,
la barba bella más que la escarlata,
y toda junta viene a ser de plata.

SANCHO.- Pues ¿hasla visto alguna vez por dicha?

DON QUIJOTE.- Yo, no; nunca.

SANCHO.- Pues dime, ¿cómo sabes
que tiene aquesas partes Dulcinea?

DON QUIJOTE.- Parécemelo a mí.

SANCHO.- ¡Gentil locura!
¡Plegue a Dios que no sea algo patoja,
tuerta de un ojo y de nariz longuísima,
que suele haber por estos atochares
mujer que mata de un regüeldo a un hombre.

DON QUIJOTE.- Por extremo has andado, Sancho Panza.

SANCHO.- Soy hombre de valor y de crianza (vv. 149-167).

Hay varios detalles interesantes en este pasaje, en el que se da primero la descriptio idealizadora (calcando un pasaje de Quijote, I, 13[2]) y después la parodia de la descriptio en boca de Sancho, esto es, la «Dulcinea sanchificada». Don Quijote confiesa que nunca la ha visto, y su «Parécemelo a mí» del v. 161 es similar al «píntola en mi imaginación como la deseo» (I, 25, p. 285). Por otra parte, la indicación de Sancho de que la dama pudiera ser patoja ‘con andares de pato, meneando el cuerpo de un lado a otro’, tuerta y nariguda recuerda el argumento con que se excusan los mercaderes toledanos, en I, 4, cuando don Quijote quiere que confiesen que no hay en el mundo doncella más hermosa que Dulcinea[3]; pero en esta ocasión esa suposición no suscita el enfado del colérico manchego. En fin, Dulcinea «aparece» en la secuencia final cuando, como sucede en el palacio de los Duques (Quijote, II, 35), una persona, en este caso no un paje sino la moza Marina (ridículamente vestida), interpreta el papel de princesa[4].


[1] Citaré por la edición de Carlos Mata Induráin, «Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha», en Ignacio Arellano (ed.), Leyendo el «Quijote». IV Centenario de la publicación de «Don Quijote de la Mancha», número monográfico de Príncipe de Viana, año LXVI, núm. 236, septiembre-diciembre 2005, pp. 935-945, con algún ligero retoque. Las citas del Quijote serán por: Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, ed. del Instituto Cervantes dirigida por Francisco Rico, Barcelona, Instituto Cervantes / Crítica, 1998, 2 vols.

[2] «… su nombre es Dulcinea […]; su hermosura, sobrehumana, pues en ella se vienen a hacer verdaderos todos los imposibles y quiméricos atributos de belleza que los poetas dan a sus damas: que sus cabellos son oro, su frente campos elíseos, sus cejas arcos del cielo, sus ojos soles, sus mejillas rosas, sus labios corales, perlas sus dientes, alabastro su cuello, mármol su pecho, marfil sus manos, su blancura nieve, y las partes que a la vista humana encubrió la honestidad son tales, según yo pienso y entiendo, que solo la discreta consideración puede encarecerlas, y no compararlas» (pp. 141-142).

[3] Dice uno de ellos: «… aunque su retrato nos muestre que es tuerta de un ojo y que del otro le mana bermellón y piedra azufre, con todo eso, por complacer a vuestra merced, diremos en su favor todo lo que quisiere» (p. 69).

[4] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «Don Quijote salta al teatro breve: el Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha, de Francisco de Ávila», en Germán Vega García-Luengos y Rafael González Cañal (eds.), Locos, figurones y quijotes en el teatro de los Siglos de Oro. Actas selectas del XII Congreso de la Asociación Internacional de Teatro Español y Novohispano de los Siglos de Oro, Almagro 15, 16 y 17 de julio de 2005, Almagro, Festival de Almagro / Universidad de Castilla-La Mancha, 2007, pp. 299-313.

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