«Prosa española» (1977) de José Luis Tejada: el símbolo de la casa

Como hemos podido comprobar en las entradas anteriores, los principales temas del poemario Prosa española[1] de José Luis Tejada son dos: 1) una reflexión sobre la situación de España tras la guerra civil: el autor ve necesaria en el presente una reconciliación nacional, superadora del pasado, que garantice a todos los españoles un futuro libre y esperanzado[2]; y 2) una llamada a vivir la fraternidad universal de todos los seres humanos, hermanos en Cristo[3].

Para aludir a la situación española, José Luis Tejada recurre en distintas ocasiones a un símbolo claro, el de la casa común. Así, en el poema «Desde mi punto muerto» leemos los versos: «Rencor, memoria muerta, ¿hasta qué día / seguirás infectándonos la casa, / cegando los resquicios al olvido, / emponzoñando incluso la nostalgia?» (p. 14). La imagen reaparece en «Letra para una joven cantante»: «Parece ser —no me lo han dicho— que algo anda mal dentro de casa» (p. 18). Y también en «Cuestión», que empieza con la pregunta: «¿Fue necesario edificar la casa / esta, sobre tamaño monte de escombros vivos» (p. 19). En «Oración por los españoles sin España» se habla de «esta lágrima / que desborda la casa»; y más adelante se desarrolla la idea; el símbolo, teñido hasta ahora con tintes negativos, se carga de matices positivos al augurar que los exiliados, cuando vuelvan a España, se acercarán al calor del fuego de la casa: «Y cuando asomen por la puerta inmensa / de tus lindes […] / que nadie les pregunte […], / que sólo quieren / arrimar más la silla a tu candela» (p. 24). España será para ellos no solo el fuego, sino también el pan y el agua que necesitan para vivir[4]. En suma, ahora el poeta defiende con sus versos la construcción de una España diferente, vista como una casa cómoda y habitable en la que todos tengan cabida.

Casa

En la tercera parte, esa imagen de la casa no se referirá solo a España, sino que se extenderá a todo el mundo. Así, «Dices tú…» es una invitación a no cerrar la cancela del hogar, para que los demás no queden fuera, «privados de tu mesa y tu calor». En cambio, en la sección tercera, «La casa», de «Si alguien mata a Caín», se reitera este símbolo en su lectura negativa: «La casa fue una resta, no una suma»[5].

Volviendo a España, es interesante otra imagen que nos la presenta como un vestido desgarrado: en «Hablando en plata», el poeta protesta: «que ya está bien de desgarrones / sobre la pobre piel de España» (p. 17, tomando la imagen de la superficie de la península como una piel de toro extendida); en el soneto «Exules filii Hispaniae» leemos: «Que ya no más desgarren tus costuras» (p. 21); y en «Oración por los españoles sin España» se dirige a ella como «remendadora de tu propio cuero» (p. 23). En «Desde mi punto muerto» Tejada llama a España «madre común» («y es la madre común la que está en juego», p. 15); y lo mismo en «Oración por los españoles sin España», donde se habla de «Madre común España», y luego de «madre abuela» (pp. 23 y 24); en fin, hay que recordar que el título de la tercera parte del poemario es «Tierra madre», que puede aludir tanto a España como al mundo. Otras imágenes interesantes, aunque menos repetidas, con alusiones únicas, nos presentan a España como una novia con varios pretendientes, cada uno de los cuales quiere que sea de una forma distinta (en «En qué consiste ser español», donde afirma que solo sabemos «matarnos y morir» por sus pedazos, p. 22); también como flor marchita (en «Exules filii Hispaniae», p. 21) y como rosa y viuda fiel (en «Oración por los españoles sin España», p. 23)[6].


[1] José Luis Tejada, Prosa española, Conil de la Frontera (Cádiz), Imprenta La Cañaílla, 1977.

[2] Es preocupación presente en otros libros poéticos de Tejada; por ejemplo, en la «Evocación final» de Para andar conmigo señalaba que era necesario ventilar los campos de Castilla (podemos leer España) «de los rastrojos cárdenos del odio / y de un rencor de brozas amarillas».

[3] Aunque en este poemario no se tocan temas religiosos, esa fraternidad universal que proclama Tejada está basada, se insiste, en que todos somos hijos de Dios.

[4] Tejada no evita alusiones que pudieran resultar sangrantes, como los elevados precios de la vivienda (p. 33) o la referencia a los estraperlistas (p. 36).

[5] Y sigue así: «“Lo mío” fue un “no tuyo”. Signos “menos” / dibujaban la tranca de una puerta, / la lanza, la alambrada del lindero. // Y le crecieron dientes como almenas / a la casa por cima de los techos / y los duros portales se estrellaron / contra las frentes de los más pequeños» (p. 57).

[6] Para más detalles remito a Carlos Mata Induráin, «Nosotros, la libertad y España en el poemario Prosa española (1977) de José Luis Tejada», en Ana-Sofía Pérez-Bustamante Mourier (ed.), José Luis Tejada (1927-1988): un poeta andaluz de la Generación del medio siglo, El Puerto de Santa María, Ayuntamiento de El Puerto de Santa María, 2000, pp. 169-180.

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