La comicidad verbal en el «Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha» de Francisco de Ávila

Varios de los personajes del Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha de Francisco de Ávila[1], incluido don Quijote, usan términos vulgares como reconcomio, bodigo (v. 72), zarandajas (v. 143), regüeldo (v. 165), gargajo (v. 256) o frases hechas y expresiones coloquiales como irse con los diablos (v. 2), va de cuenta (v. 30), quedar a escuras (v. 127), tener las tripas hechas rajas (v. 144), estar hecho un estafermo (v. 199), dormir la zorra entre esos trigos (v. 237), todo saldrá después en la colada (v. 254), ser bienvenida como el agua de mayo (v. 305), ser un contento (v. 309), sol de hebrero (v. 344). El lenguaje coloquial se refuerza con insultos: borracho (vv. 228, 236, 243), vil andante (v. 229), necio (v. 284); algún juramento: por vida de Sancho (p. 252); y un refrán: «Piquen al pueblo, amigos, que aquí hay pulgas» (v. 95).

En cualquier caso, el apartado más productivo es el de las dilogías y juegos de palabras, como este basado en la homofonía de Mancha (topónimo) / mancha:

DON QUIJOTE.- Con eso dejaré nombre en la Mancha.

SANCHO.- Hartas manchas tenemos sin que busques
otra mancha mayor para dejalla (vv. 76-78).

Otra dilogía se basa en las distintas acepciones de velar (v. 283), en un pasaje en el que se juega con ‘velar las armas’ y ‘velar a los muertos’, significado operativo porque Sancho dice que están «muertos de hambre». Similar es el juego dilógico de tragar la tierra ‘desaparecer’ y ‘morir’ (vv. 262-263). Otro chiste verbal surge a propósito de la palabra cadena; don Quijote la ofrece como recompensa tópica a un criado, pero Sancho la entiende en otro sentido:

DON QUIJOTE.- Si esta grandeza alcanzo, Sancho Panza,
al cuello te he de echar una cadena.

SANCHO.- ¡Plegue a Dios que algún día no me vea,
por tu temeridad y tu locura,
metido en una sarta de galeotes,
rapadita la barba y los bigotes! (vv. 270-275).

Galeotes

Más interesante es la dilogía de caballero (‘caballero andante’ y ‘miembro de la nobleza’), pues el sentido en que interpreta Sancho la palabra introduce un indudable elemento de crítica social[2]:

VENTERO.- ¿A qué se obliga el noble caballero
que se tiene por tal?

DON QUIJOTE.- A muchas cosas.

SANCHO.- A no pagar jamás lo que debiere,
a gastar, mal gastado, el mayorazgo;
a jugar, a putear, a darse a vicios,
y no emplearse nunca en buenas obras (vv. 286-291).

Otro recurso verbal es la onomástica burlesca: como vimos, los caballeros que forman la ficticia corte de Dulcinea son el Señor de Sarna, Cangilón de Capadocia, el gran Condestable Papandujo y el Almirante de Modorra. La mención de cada uno de esos nombres da paso a un chiste. Del primero se especifica que es «sangre ilustre del Sabañón barbado» (v. 327). En Cangilón de Capadocia no hay que descartar la alusión sexual a través de la disociación capado; de él se dice que «come muy bien […] morcillas», o sea, que es literalmente un «príncipe de la sangre» (hay chistes similares en algunas comedias burlescas). También la mención de Papandujo se completa con un chiste de Sancho: «Pues échenle entre pajas, no se pierda» (v. 336), ya que papandujo es «pasado de maduro, como sucede en las frutas» (DRAE).

Otro apartado notable de comicidad verbal viene dado por la inclusión de rimas jocosas y esdrújulas: don Quijote / cogote (vv. 60-61); y, en el baile final, don Quijote / almodrote (vv. 312-313 y 349-350) y poco más adelante bigote / don Quijote / almodrote (vv. 356-358). Además, debemos mencionar el soneto pseudo-amoroso de rimas esdrújulas ridículas que declama el caballero, en el que apreciamos también alguna creación verbal jocosa (ándigo por ando, en rima con rostro pándigo):

DON QUIJOTE.- Paredes tenebrosas y escurísimas,
rejas de hierro fuerte y celebérrimo,
escuchad, si queréis, mi mal intérrimo,
si es que estáis a mi pena piadosísimas.
Pero, ¡ay de mí!, que os hallo muy altísimas
y tengo aqueste pecho tan pulquérrimo,
que, aunque quiera llorar mi mal acérrimo,
os hallo siempre crueles y durísimas.
Decidle de mi parte al sol clarífico
de aquesa bella infanta por quien ándigo
de la misma color que están los dátiles,
que me muestre su pecho más magnífico,
que no es razón que tenga el rostro pándigo
quien goza de unas luces tan errátiles (vv. 201-214).

Otro interesante juego se da con los superlativos en –ísimo:

DON QUIJOTE.- … en mí tendréis un rey aplacentísimo.

SANCHO.- Y en mí tendréis un flaco escuderísimo (vv. 341-342),

donde creo que es patente la influencia de un célebre pasaje de la Segunda Parte del Quijote. En efecto, el empleo humorístico del sufijo superlativo en –ísimo recuerda el momento en que Sancho, tras la intervención de la dueña Dolorida (que usa las formas poderosísimo, hermosísima, discretísimos, cuitísima, Manchísima, escuderísimo…), introduce muchos otros superlativos cómicos, aplicando también el sufijo a adjetivos, a sustantivos e incluso a un verbo:

—El Panza […] aquí está, y el don Quijotísimo asimismo, y, así, podréis, dolorosísima dueñísima, decir lo que quisieridísimis, que todos estamos prestos y aparejadísimos a ser vuestros servidorísimos (II, 38, p. 940)[3].


[1] Citaré por la edición de Carlos Mata Induráin, «Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha», en Ignacio Arellano (ed.), Leyendo el «Quijote». IV Centenario de la publicación de «Don Quijote de la Mancha», número monográfico de Príncipe de Viana, año LXVI, núm. 236, septiembre-diciembre 2005, pp. 935-945, con algún ligero retoque. Las citas del Quijote serán por: Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, ed. del Instituto Cervantes dirigida por Francisco Rico, Barcelona, Instituto Cervantes / Crítica, 1998, 2 vols.

[2] Ver Alfredo Baras Escolá, «Una lectura erótica del Quijote», Cervantes: Bulletin of the Cervantes Society of America, 12.2, 1992, pp. 79-89, p. 85.

[3] Ver para más detalles Carlos Mata Induráin, «Don Quijote salta al teatro breve: el Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha, de Francisco de Ávila», en Germán Vega García-Luengos y Rafael González Cañal (eds.), Locos, figurones y quijotes en el teatro de los Siglos de Oro. Actas selectas del XII Congreso de la Asociación Internacional de Teatro Español y Novohispano de los Siglos de Oro, Almagro 15, 16 y 17 de julio de 2005, Almagro, Festival de Almagro / Universidad de Castilla-La Mancha, 2007, pp. 299-313.

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